lunes, 30 de diciembre de 2013

|Equilibrio| 20 - Esa chica.

Martín me lo dijo ―informó Hayden―. Y tiene que tener razón.
No quiero ponerme a tratar de averiguar de que hablas ―respondí―. Sólo dime.
Sí, sí. A eso voy.
Me explicó lo que yo ya sabía sobre la relación de vida y muerte que tenía un inmortal con su contraparte, si es que tenía alguno. Eso había servido para que la mente superior de Martín llegará a la conclusión más obvia: que si Rubén vivía, su contraparte podía haber vuelto con él.
¿Y pasaste la noche intentando averiguar si esta viva?

I did! But, I don't know... I started...
Mientras nosotros hablábamos, el español curioseaba un mapa del universo conocido, formado por diferentes capas que se superponían y con un complicado código de colores para señalar la naturaleza de cada uno de los mundos. Al ver que Hayden finalmente había perdido la compostura al grado de no fijarse en que idioma estaba hablando, decidió intervenir.
Después de unas horas dijo que no sabía. Le he sugerido que busque con calma, un mundo por vez. Su amiga le ha conseguido esto ―no lo señaló, pero era obvio que se refería al mapa― y ha buscado toda la noche. Está demasiado cansado para seguir, pero quizá tu puedas...
Estoy más cansado que él ―me negué.
Intentaron convencerme. Par de imprudentes.
Y a todo esto ―quise saber―, ¿porque te interesa tanto, Martín?
No hay un motivo... ¡Sólo mira como está!
Sí, lo observaba perfectamente. Nunca había visto la versión entusiasta de Hayden. Y sí se le veía muy bien. Pero seguía sin entender porque le interesaba eso al genio.
Así de buen niño eres ―comenté.
Me has pillado: soy un santo de incógnito ―dijo, en son de broma.
Ni tan incógnito. Lástima que toda esa buena vibra no aplica para la gente que te quiere. Ahí tienes a Sofía, que fue enjuiciada y condenada en menos de un minuto.
¿A ti no te parece que todo... esto se debe a su egoísmo?
Sí, claro ―pero yo no era el alma gemela de Sofía y mi enojo no la había hecho llorar.
Angel ―interrumpió Hayden―, ¿en serio no puedes ver siquiera si está viva...?
No que yo sepa ―pero su expresión cambió para mal tan rápido que no pude evitar agregar algún tipo de consuelo―. Pero últimamente ando percibiendo mentiras, así que no soy confiable.
Es posible... que Sofía lo sepa ―se le notaba a leguas que el genio llevaba toda la noche intentando no decir eso―. Yo podría irme a algún lado mientras ella...
¿Cómo cuanto vas a tardar en perdonarla? ―preguntó Hayden.
No sé.
Ella es así, después de todo.
Creí que podría cambiarla.
Pero uno no puede cambiar a la gente a la que ama. Es parte de quienes son.
Bien dicho, Hayden. Como le había cambiado la actitud. Sería una lástima romper esa burbuja. Pero por mucho que quisiera conservar aquella versión tan oghense, pasaría tarde o temprano. Así que fui a buscar a la perceptiva que tenía más posibilidades que nadie de resolver aquel pequeño misterio.
Estaba quedándose dormida, pero se enteró de mi presencia y me recibió con mal genio:
Caray, ¿no ves que intento dormir?
Lo siento es que...
Ya sé, ya sé. Me enteré de lo que hablaban. He estado vigilando a Martín. Tanto que no te vi venir, figúrate.
¿Puedes enfocarte tanto?
Sí, claro. Pero esto ha sido involuntario. Estoy muy preocupada por él. No quiere verme, y entiendo que soy una carga para él. Pasar la vida haciendo de... ―se interrumpió y dejó a un lado ese tono de culpa que me resultaba tan irritante― Sin embargo, lo quiero. Puedo ayudarle sin estar a su lado dando problemas ―finalmente, fue al punto:―. Pero no encontré a la muchacha. ¿Sabes qué es raro? No sé si está viva. Me enteré cuando regresó a la vida Rubén; y sé que el otro hermano de esos dementes del Décimo primer mundo sigue bien muerto. Pero no tengo idea sobre ella.
Pues sí es raro.
Tendrás que decirle eso a su novio. Lo lamento.
No me creerá.
¿Por qué no?
No sé, me ha perdido la confianza: es como si le hubiera ocultado algún secreto terrible.
Muy gracioso, pero eso no me distrae de los hechos. Te referiste al asunto en futuro imperfecto. Me basta y sobra con eso para saber que mientes. Sólo quieres que vaya contigo porque te falta un perceptivo.
Sobre todo una perceptiva que puede enterarse de todo lo que le de la gana; pero eso no es todo. También te va bien a ti.
No, Ángel. No hay nada que yo pueda decir para que Martín...
Eso no es cierto. Pero tienes razón: no le dices nada. Vamos. No tienes nada mejor que hacer ahora.
Llevas razón en eso.
Y así fue como recluté, por fin, a Sofía.
Cuando llegamos a la sala, estaba sólo Hayden. Escuchó la explicación que le daba Sofía, pero no perdió el buen talante. Le quedaba un último recurso.
No ―Sofía dio el primer golpe a la esperanza restante.
¡Pero...!
No voy a hacer eso de nuevo.
¡Si pudiste traerlo a él!
Y mira el desastre que he causado.
¡Antes no te importaba! ¿Qué se supone que cambió? Ahora vas a salir con que no puedes distinguir el bien del mal por ti misma...
Puedo. Pero no me importa. En lo que él afecta es en que no quiero decepcionarlo haciendo las cosas mal. Pero no es el único motivo. Antes yo no sabía las consecuencias, ahora sé.
¡Pero siempre hay problemas! En todos los mundos hay dictadores, conquistadores, justicieros.... People is insane, that's it!
Lo sé. Pero todo el mundo se adapta a las locuras habituales, se preparan para el rumbo que llevan las cosas. No lo puedo modificar de nuevo, justo cuando comenzamos a adaptarnos a la nueva realidad.
No sirvió ninguno de los argumentos de Hayden. No quiso ni siquiera decirle cómo lo había logrado. Ese era uno de esos aspectos de la vida cuya información teníamos que buscar por medios comunes porque no teníamos percepción al respecto.
Al final, el muchacho perdió el entusiasmo.
Si ella vive... si esos asesinos la encuentran... ―me dijo, suplicante―. Sé que la posibilidad es baja, pero aún así...
Sabré si una brújula señala a Rita. Eso del futuro me funciona mejor. Ahora sé cuál era el problema en ese aspecto, y no era nada extravagante; el conflicto es con otros adivinos, así que no habrá problemas con ella. No sufras por esa parte.
Aún estoy enojado contigo ―informó.
Lo sé.
¿Sí crees que está muerta?
Que sigue muerta, Hayden. La situación no es...
Como siempre, no entiendes nada. Tú consigues siempre lo que quieres, así que no se puede esperar que entiendas nada.
Si la buscaste en todos los mundos habitados y la mitad del resto, yo no creo que...
Ya sé.
Estaba más apagado ahora que antes. Dijo que se iría cuando Álvaro regresara del Décimo primer mundo. El Guarda de la Paz llevaba un tiempo buscando a Dak y sus hermanos con los métodos que tenía a la mano; sus resultados no eran mejores que los míos. Estaría de regreso esa tarde, y decidí resignarme a que Hayden se fuera entonces.
Al menos ahora contaba con Sofía. Sólo tenía que asegurarme de que solucionara su situación con Martín. No era tan difícil como podría parecer.
¿Ah no? ―soltó Sofía, de pronto.
¿Qué?
A mí me parece bastante difícil.
Vaya. Parece que también lees la mente.
No, sólo hay un mundo en donde pueden hacer eso; y yo soy del todo terránea. Es sólo que me enteré. Así que... ¿cómo dices que puedo resolverlo?
Ya te dije antes que sí hay algo que podrías decir. Pero si yo te digo que es, no tendría sentido.
Imaginaré que sabes lo que dices. En fin. Hay algo que tengo que comentarte.
¿Sí? ¡Es cierto! Habías venido a eso. ¿Qué es?
Sé porqué estás... equivocándote. Si así quieres llamarle.
¡Maravillosa noticia!
Escucho.
Estás convencido de haber visto algo errado. Lo curioso es que es algo del futuro, pero tú estás forzando a tu percepción a desmentirlo. Así que no funciona y has perdido la noción de la línea temporal... más que de costumbre.
¿Futuro? ― dudé.
Hay unos cuantos motivos para que los adivinos duden de la información anticipada. Por lo general, no saben que son adivinos; o no les gusta lo que ven. O se ven ante lo que Jimiece llamó un “futuro estúpido”, también conocidos como futuros incoherentes. Yo no pasaría por eso. Siendo perceptivo, en lugar de decidir si algo tenía sentido o no, averiguaba como era posible...
No sé ni como decírtelo sin que me llames mentirosa. En lo personal tampoco le veo la lógica. Pero... Empecemos con lo que sí sabes: ¿quién es Collete?
No lo sé...
Cuéntame algo de ella. Lo que sea.
Usa un uniforme gris en su colegio. Al principio no sabía que era un uniforme porque no es como los de la Tierra.... Está obsesionada con las cintas para el cabello, y cuando una se daña la agrega a un adorno en la cabecera de su cama. A menudo se enoja conmigo porque intento decirle que hacer; a veces le va bien y vuelve tan feliz como si yo no me hubiera metido; a veces le va mal y vuelve llorando y diciendo que debió haber hecho caso... Hubo un tiempo en el que se paraba frente a la puerta y me prohibía salir cuando se daba cuenta que yo iba a hacer algo arriesgado...
Porque ella ve el futuro.
Sí. Tú ya sabes todo esto.
Porque ya me informé sobre el asunto: como tú lo sabes, yo lo sé.
¿Y entonces para qué te lo estoy contando?
Porque es más fácil que entiendas lo otro si tienes esto en mente. ¿Por qué es adivina esta chica?
Su pregunta venció al involuntario impulso de averiguar que era “lo otro”. Yo confiaba en ella como algunos confiaban en mí: a pesar de que la lógica indicaba lo contrario.
Eso no se puede explicar como... Es... Empezó a la misma edad que para mí; pero antes de eso ya sabía cada futuro del que yo me enteraba; así que nos gusta creer que es por mí.
Así que, ¿quién dices que es Collete?
Mi hija ―lo supe mientras lo decía, y viceversa. Pero ya lo sabía. Desde la primera vez que vi quives blancas en mi futuro, yo sabía que Collete era mi única hija.
Y de niña te seguirá de un lado a otro; pero se romperá la frente un par de veces tratando de ser independiente conforme vaya creciendo.
Le enseñé lo que iba a enseñarme Laór ―dije, olvidando una vez más cuál tiempo era cual.
¿Sobre la adivinación? … ¡Ah, sí! Esa frase que lo hizo algo así como famoso. “Yo no elijo futuros, yo los hago”, ¿así era?
Collete, como adivina, es muy torpe. Sin embargo se toma muy en serio lo de crear sus propias opciones. Aún cuando no consigue obtenerlo. Es absurdo, ¿sabes? Porque al final Laór tuvo que morir, y yo más de una vez fui incapaz de...
Es que lo estás entendiendo mal. Una persona puede buscar nuevas posibilidades, crearlas a fuerza de informarse y manipular algunas... variables, como les dices. Es probable que no sean bonitos y te garantizo que en todo caso alguien sale perdiendo de algún modo. Te lo dice quien le robó a la muerte.
Pero nos los creamos en lugar de seguir una ruta ya escrita. Supongo que tiene cierta lógica.
Para obtener lo que queremos. Laór podría dejar que tú vayas a ayudar a su alumna, como has hecho con otros. O podría dejarla morir. Pero eligió destruir la brújula y así cuidar de ambos. Aún cuando ya eres capaz de cuidar de ti mismo.
Era un poco triste que al final se tratara de eso.
Ya sabe que planeas disculparte, por cierto. Y que te diré que no hace falta.
Así que no lo hago.
Mírate. En el fondo esto es noticia vieja para ti. Y te lo acabo de decir. Collete no heredó eso.
No...
¡Ah! Ya dijiste que no es muy buena adivina.
Tampoco de las peores. Sólo que no tiene la perceptividad para estudiar lo que descubre. No lo usa demasiado, tampoco. A veces, se fija en detalles que puede alterar a tiempo. A veces viene a preguntarme ―no pude evitar sonreír―. Al final igual hace lo que se le antoja.
Bien acabas de decir que tú le enseñaste eso.
Tal vez ella se sentía lo bastante respaldada como para ser un desastre natural y modificar lo que se supone que sólo un adivino cambia, pero sin ver el futuro. Quizá lo hubiera decidido por su cuenta si no me hubiera tenido ahí para enterarme antes que ella.
¿Y quien es la madre?
¿Qué?
¿Quién es la mamá de Collete?
No se trataba de preguntármelo y encontrar respuesta, porque ya lo sabía. Había soñado con ella también. Pero... eso.... ¡Ese era el futuro estúpido por excelencia!
Pero... ―no estaba listo para decir nada, pero no soportaba estar ahí sin decir palabra mientras la perceptiva esperaba una respuesta.
Sofía estaba disfrutando mi reacción.
No pongas tan mala cara, Ángel ―se burló.
Es que ella es...
¿Tú opuesto? En algunos mundos dicen que de eso se trata. ¿Qué tan malo puede ser? Tú ves venir el peligro y ella lo enfrenta; sus riñas no durarán ni un segundo porque tú no tendrás las fuerzas para discutirle nada; no tendrás más remedio que hacer algo con tu vida porque ella no podría vivir sin un objetivo... Y tu cobardía no te servirá de mucho al lado de una mujer obsesionada con sus propias responsabilidades y... Oye, ¿es por eso?, ¿es porque saca lo mejor de ti?
En donde crecí, se dice que “el ladrón juzga por su condición”. La perceptiva estaba haciendo eso. Pero yo encontraba irrelevante ese detalle que significaba tanto para ella.
Es otra cosa.
¿A ver, cuál?
Supongo que ella sabía lo que era. Pero lo que yo necesitaba era decirlo, así que me estaba exigiendo que hiciera lo mejor para mí. O quizá llegué a esa conclusión porque eso es lo que yo le hubiera hecho a otro adivino incapaz de aceptar algo que vio venir.
Es que sabe todo con sólo verme a los ojos.
Sí, ya sé que dije que me aterraba. Y quizá también es cierto. Creo que no estaba listo... o tal vez la parte aterradora era descubrir que la tenía entre mis enemigos. Hay gente a la que le damos poder sobre nuestras vidas. No es divertido que alguien a quien quisieras dárselo esté tan... decidida a matarte.
¿Cómo no iba a asustarme eso?
¿Cómo podía creer eso?
Pero explicaba mi obsesión por convencerla, y esa impresión de estar siempre en desventaja. Sin embargo, ahora que entendía eso, era más fácil entender a la propietaria del acervo. Porque podía aceptar que la conocía.
La había visto regañar a su gemelo cuando llevaba sus actividades demasiado lejos y convencer a Dak de ponerse de pie y corregir sus errores. La había soportado cuando se me ponía moralista. La había consolado cuando no lograba cumplir sus propósitos... sus nobles propósitos principalmente guiados por ese increíble instinto suyo.
Había estado seguro de que la responsabilidad y la perseverancia con que asumían su objetivo hacía más eficientes a mis enemigos actuales. Ahora sabía que podía usar eso a mi favor...
¿Ángel?
No contesté. Estaba organizando mi futuro cercano.
Ella supo eso y decidió esperar. No volvió a abrir la boca hasta que volví a concentrarme en el presente.
Que raro. Yo creía que intentarías ver desde el futuro hacia atrás... Eso que haces siempre...
Y lo haré. Pero antes tengo que reunir algo de fuerzas, ya sabes.
Cierto, no andas muy enérgico. ¿Te digo lo que pasó con el soldado?
¡Oh! Sí por favor ―por poco y olvido esa parte―. Y hubo uno esta mañana...
Illao ―confirmó ella.
Una oleada de información que no pedí me hizo sentir mareado y... triste. Yo no conocía en persona a Illao, pero algo sabía sobre él porque era la mente maestra detrás de unos cuantos descubrimientos importantes. En la realidad truncada, que por fin empezaba a parecer un sueño y no un recuerdo, el anciano estaba a cargo de la seguridad en el Laboratorio de Ogha... o iba a estarlo cuando éste comenzara a funcionar. Antes sería parte del equipo de Álvaro, como representante de La Sociedad en su mundo, y después de tantos años en Ogha, ya parecía haber nacido ahí. Su espíritu científico era tal, que haría mucho más que ocuparse de la seguridad en el laboratorio. En cierto modo era ilegal que interviniera tanto en la labor de investigación, pero nadie lo detendría porque lo hacía de maravilla. Si acaso, considerarían cambiarlo de puesto para que pudiera hacerlo sin romper ninguna regla, pero algunos requisitos académicos lo impedían. El hombre no tenía interés en titularse de nada, sólo intervenía cuando algo llamaba su atención.
En esta realidad, en cambio, la mayoría de sus inventos no llegaban a existir y la población Oghense sufriría los efectos de una epidemia que él hubiera neutralizado en sus primeros brotes.
Hice cuentas y deduje que a estas alturas Illao debía ser un elemento nuevo en el grupo de Álvaro y definitivamente no era un anciano. Me abordó un sentimiento de culpa que por lo general no sufría: Illao no tendría información sobre el futuro hasta dentro de unos treinta años; era uno de los adivinos a los que yo podía y debía salvar.
Pero no había intervenido. Y me faltaban fuerzas para averiguar como había sido, por suerte Sofía estaba contándome los hechos así que no me desmayé por una investigación involuntaria.
Eckard lo había encontrado sólo, documentando sus progresos en un proyecto personal, una especie de generador de energía que Sally tendría que terminar. La pelea, según Sofía, tenía detalles que ella hubiera preferido no saber y que por lo mismo no mencionó. Illao podía ser un poco lunático al sentirse amenazado. Pero de nada le sirvió volar el brazo de Eckard y la mitad de su propia habitación. Antes de que alguien tuviera el valor de ir a averiguar la fuente de las explosiones, Eckard ya había matado al pobre hombre.
Lo has tomado muy mal ―dedujo la perceptiva.
Illao era importante. Pero.... ya es tarde, ahora cuéntame que tal le fue al conquistador.
Muerto también. Dak está muy herido, pero ganó la batalla.
Resultó ser que Dak entró peleando, y el corazón de Aduka se detuvo antes de que supiera que había llegado el otro.
Aduka lo vio venir pero no comprendió nada ―comentó Sofía.
Fueron sus compañeros de escuadrón los que pelearon contra Dak. Y la fama del Octavo mundo sobre sus letales conquistadores se vio demostrada una vez más: en el tiempo que le tomó apagarse al cerebro de Aduka, ellos estuvieron cerca de matar al mago.
¿Y donde estaban Gerusa y su compañera? En la salida. Habían intentado estar presentes, pero los conquistadores asumieron sus posiciones de batalla y si les permitieron irse fue porque no querían entrar en pleito directo con La Sociedad.
Dos vidas perdidas; en vano.
Los “heroicos” cazadores de adivinos habían mejorado y yo seguía sin tener nada. Sabía bien que no podía salir a decirle a Rackel que debía dejarme vivir y calmar a sus hermano porque de alguna forma ella y yo íbamos a enamorarnos. Era capaz de matarme más rápido.
Así que... ¿qué haría cuando volviera a verla? Es bien sabido que este tipo de información le hace perder el control a la gente. Debía tener todo bien preparado. Más tarde podría ver hacia atrás, verificar como había llegado a una situación en la que Eckard sólo era un cuñado fastidioso... Pero hasta que tuviera las fuerzas y el tiempo para eso, debía evadir a la chica.
Decidí usar la técnica que le había funcionado a Sofía: largarme de inmediato. Así no arruinaría nada.
Y tú ―pregunté, al volver a la realidad presente―, ¿hablarás con Martín?
Sofía se sorprendió un poco cuando le hablé de forma tan repentina. Me miró en silencio por un segundo y finalmente respondió que no sabía que podía decirle. Según la perceptiva, él tenía razón y ella no tenía excusa. No podía decir que lo lamentaba, porque lo habría repetido mil veces.
Pero que sepas que lo harías de nuevo no significa que no lo lamentes, ¿o sí?
Ella no entendió mis palabras, así que se quedó pensativa.
Antes de que pudiera volver a decir algo, escuchamos cierto revuelo en el pasillo. Al salir a ver, descubrimos un grupo cerca del recibidor. Entre ellos estaban Martín, Carmen y Hayden.
Álvaro está muerto ―me explicó Sofía, antes de que yo intentara averiguar.
No le daba mucha importancia porque Álvaro era una de esas personas que no se quedan muertas mucho tiempo. Los inmortales no son tantos, apenas duplican la cantidad de adivinos, pero se hacen notar porque la mayor parte de ellos usan su inmunidad para causar o resolver problemas. Desde luego, el caso de Álvaro era el segundo. Y aunque su mundo era muy pacífico, solía sufrir muertes temporales a causa de algún invasor o de sus tratos con la sociedad.
El corrillo se disolvió pronto, cuando todos vieron que aquello no era ni nuevo ni grave. Sólo quedaron los tres terráneos, y un oghense que debía llevar al inmortal a sus habitaciones si no despertaba pronto.
Pero Álvaro abrió los ojos casi de inmediato. Su primera preocupación fue calmar a los que se mostraban tan preocupados por él.
No fue nada. Una equivocación menor. Además, fue un esfuerzo bien recompensado. La próxima vez que me encuentre al traidor, lo reconoceré por su cojera.
Aunque al salir de casa había ido a buscar a los cazadores de adivinos, había tenido que abandonar esa tarea para ocuparse de un conflicto interno que llevaba un tiempo presentándose. Un fulano había decidido que, siendo el hombre más sabio de su mundo, debía gobernarlo. No era el primer tonto que pensaba eso.
El tipo parecía tener cierta ventaja frente a Álvaro, quizá sí tenía una mente excepcional o estaba muy informado. Además había conseguido mantener oculto su rostro y con él su identidad. Pero el encargado principal del orden en Ogha se ocuparía de él... Una extremidad a la vez, si hacía falta.
No me preocupaba.
¡Oh! Tenía que hablar contigo ―me dijo Álvaro, de pronto.
¿Sí?
No creo que yo pueda encontrar a esos tres tampoco. Resulta que los gemelos son delincuentes ―yo ya sabía eso―. Han escapado por años del incansable sistema de justicia del Décimo Primer Mundo. En otras palabras, están muy bien escondidos.
Buen punto. Esa gente era increíblemente organizada y a la hora de atrapar a un niño que robaba ropa y comida eran los más eficientes del universo, los gemelos tenían una gran ventaja al haber aprendido todo lo necesario para ocultarse de ellos.
Espero que tus métodos sean tan diferentes de los suyos, que los gemelos no estén preparados para eso.
Con esa posibilidad, Álvaro abandonó su actitud pesimista.
Además, seguro querrás un desafío mayor que perseguir a un hombre que arrastra su pierna izquierda y que sabe exactamente a que hora irás a golpearlo.
No es que le sirva mucho esa información. Pero sigue siendo tan peligroso como esa chica que anda tras de ti.
Esa chica... ahora yo también andaba tras ella.
Creo que suspiré.

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Jimiece era una adivina de Lunk; parecía ser muy precisa porque se ignoraba toda información incompleta. Un tiempo después de enviudar, supo que su esposo volvería a su casa furioso, rompiendo cosas, después del paso de un huracán. No consideró para nada que pudiera ser cierto pues “Si es cierto que él es un odioso cuando se enoja, pero que venga a romper mi cristal de ornamento después de muerto es un futuro estúpido”. Poco a poco fue ignorando toda información anticipada. Entre otras consecuencias, su pueblo fue destruido por el huracán 5 años después; cuando las cámaras de muerte se dañaron, la de su esposo recibió oxigeno por primera vez desde su muerte: el hombre resultó ser inmortal; y su furia era porque pensó que lo habían enterrado vivo.

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