lunes, 23 de septiembre de 2013

|Equilibrio| 11 - Parálisis

Después de tanto pensarlo, yo sabía que aquel parque antiguo y destartalado era un buen escenario para conocer a la chica y que volvería a casa en una pieza. Había decidido cuales eran las palabras más sensatas que podía dirigirle, aunque no tenía idea de si provocarían el efecto que yo quería causar en ella.
Lo primero que noté al llegar, fue el resplandor del sol en ese día nublado. Después de tanto tiempo bajo la luz artificial en casa de mi prima, se me hacía muy difícil mantener los ojos abiertos en el exterior.
Ella llegó antes de que mi vista se adaptara por completo, pero aún así alcé la mirada para verla a los ojos cuando le hablara. Se detuvo de inmediato cuando hice eso. Más que mejor, considerando que el movimiento interrumpido buscaba atravesar mi garganta con un Acervo en forma de daga. ¿O debo decir que era una aguja? Era tan delgada que yo no llegué a verla realmente, sólo sabía.

Lo curioso es que ella no fue la única en congelarse. Cuando intenté hablar, me di cuenta de que me había olvidado de las frases tan cuidadosamente elegidas. ¿Acaso estaba más asustado de lo que había creído?
No. Eso no podía ser. Yo sabía lo que hacía. Me sentía inseguro, pero no aterrorizado hasta la parálisis. Me convencí de que no podía haber entrado en pánico por una situación en la que sabía que estaría bien; pero seguía sin recordar los argumentos que debía plantearle a la muchacha.
El hecho de que ella me estuviera viendo como si pudiera realmente descubrir cada pequeño pensamiento en mi atestada mente, tampoco era precisamente relajante. Una parte de mí hubiera preferido que no se hubiera detenido para mirarme a los ojos.
¿Y cómo se manejan esas cosas? Preguntando. Ya que no tenía resultados averiguando qué me había paralizado a mí, procuré saber qué la había detenido a ella. Eso sería útil de una forma u otra.
Rackel había visto algo en mis ojos que la había asustado y cautivado por igual. Si fue mi carácter o la determinación de convencerla, no lo sé. Tal vez sólo vio mis ganas de seguir con vida, o... el futuro. Lo que fuera, ella no podía comprenderlo, no podía leerme con la facilidad con la que había leído a tantas personas antes. Al parecer no conocía el lenguaje.
Mejor.
Porque en ese momento yo me di cuenta de que no tenía tantas ganas de ser comprendido como solía pensar en esos días en que me sentía sólo.
Aparté mis ojos de los suyos en un movimiento involuntario que por poco me cuesta la vida: ella recordó lo que hacía ahí, antes de que yo pudiera hacer el equivalente.
¡Ni siquiera me conoces! ―reclamé, al mismo tiempo que retrocedía un paso a sabiendas de que eso no me salvaría.
Humillación aparte, el tono suplicante bajo aquel reclamo sirvió de algo. La gemela perdió el aplomo, retrocedió sus dos pasos y me dedicó una mirada mortificada mientras intentaba responder algo.
Al menos pude recordar una palabra útil para largarme antes de que la asesina potencial recordara que tenía un objetivo y la convicción a medias de que era necesario matar a “estos desconocidos”, por el bien del indispensable equilibrio y de todas nuestras futuras víctimas.
Nuevamente viajé sin fijarme a dónde.
¡Ay!, ¿qué...? ―gritó mi hermana.
Al menos no estaba rodeada de gente, pero igual se enojó conmigo por sorprenderla.
Le permití rezongar porque estaba muy ocupado pensando. Creo que en algún momento me preguntó si me había pasado algo malo, y debo haber dicho que no.
Muy lejos de nosotros, en un mundo distinto, el gemelo de Rackel fue aún más impaciente que mi hermana.
¿Ahora ves porqué no te quería en esto? ―dictaminó cuando ella le hubo contado lo sucedido― No eres capaz de...
Me tomó por sorpresa, eso es todo. ―Y cómo el seguía mirándola con cierto grado de condescendencia, recurrió a un golpe bajo:―. Al menos no rompí mi brújula.
Estaba enojada. Había dudado el tiempo suficiente y ahora su hermano veía confirmada la teoría de que no podría matar una mosca. Desde su punto de vista todo era culpa mía, y se guardó ese enojo para dar eficacia a sus esfuerzos en nuestro próximo encuentro.
Pero más disgustado estaba yo.
Mi hermana podía verlo. Cuando nos reunimos con Emilio, él no lo pasó por alto tampoco. Soham sí, pero eso fue porque cuando llegamos a su casa ella seguía con toda la atención en el mismo videojuego de hacía rato, así que se conformó con saber que yo estaba vivo todavía.
Ninguno de los tres sabía que me había salvado por poco.
En todo caso, el problema no era ese. Yo estaba furioso porque había sido vencido en mi territorio. Si hubiera sido porque Rackel tenía más experiencia hubiera sido aceptable; pero no era el caso. Yo me había paralizado de miedo. ¡¿Desde cuando venía yo a tener ataques de pánico?! No podía ser la posibilidad de ser asesinado porque no era tan probable como todos esos futuros que antes no me habían asustado.
Debía ser esta situación tan compleja. Yo estaba demasiado inseguro. Me sentía vulnerable, y ella me lo había recordado cuando comenzó a estudiarme con la seguridad con la que yo solía estudiar a mi oponente y la curiosidad con la que descubría el futuro.
Por primera vez en años, no lo tenía todo bajo control; y ya no sabía como manejar eso. Horribles pensamientos para antes de dormir, pero no pude hacerlos desaparecer y tanta exploración del futuro me tenía agotado, así que colapsé mientras meditaba.
Parte de mis teorías llegaron durante el sueño, donde resultaba mucho más difícil distinguir el pasado y el futuro. Tuve la sensación de haber comprendido todo, pero sabía que me enfrentaba a una falacia debido a que las premisas no eran correctas.
Debía dejar de pensar, pero nunca aprendí a controlar mis procesos mentales cuando duermo. Una idea llevo a otra y poco a poco abandoné todo razonamiento, aunque no esa sensación de vacío...
Rackel se acercó y yo comprendí que lamentaba lo que había hecho. No sé si lo supe o lo leí en su mirada. ¿Lo imaginé...?
Rackel ―su hermano estaba impaciente.
Vete tú.
Pero...
Yo no quería saber lo que seguía.
Desperté antes de la medianoche. Tenía la certeza de dos hechos igualmente molestos: que alguien me vigilaba y que mi madre había tenido razón al pensar que yo no estaba listo para ocuparme de mí mismo sin ayuda.
La primera había sido una falsa impresión: estaba solo.
En cuanto a eso de estar preparado... Lo estaba cuando me disponía a irme, pero al parecer ya no. Tal vez ahora que no tenía el respaldo de años y años de información adelantada, yo no era el mismo que iba a abandonar La Tierra sin contar siquiera con Sou.
El recuerdo de un futuro en el que utilizaba a mi prima para sobrevivir a riesgos considerables, me hizo preguntarme cuando había sido la última vez que yo había enfrentado el peligro por mi cuenta.
En realidad no sabía como hacerlo. Con razón me había acobardado al estar delante de la inquisidora.
Problema resuelto, entonces. Era un hecho que la próxima vez, mi hermanita estaría en el medio, así que no había nada más de que preocuparse.
La mayor parte de esos razonamientos probarían ser errados, pero al menos fue suficiente para que yo durmiera tranquilo el resto de la noche; además, mi seguridad parecía haber regresado al día siguiente.
Había buenas noticias... aún no ocurrían, pero yo tenía la esperanza de que las sorpresas no fueran una constante y seguía dando por sentado todo lo que descubría en el futuro. Esta vez, las cosas pintaban tan bien que mi única misión sería no tocar nada.
Por lo general prefería intervenir pero, dadas las circunstancias recientes, agradecía tener un respiro.
Me pasé el día en Ogha, intentando encontrarle sentido a la situación con ayuda de Hayden. Pero él no podía entender el presente mucho mejor que yo, debido a la cualidad de las brújulas de interferir con la habilidad de “saber”. Después de mucho repetir las propiedades de aquellos artefactos, buscando una solución para desentrañar misterios como su ubicación, acabamos cayendo en un silencio que tampoco nos permitió pensar.
Hey, Angel ―otro que no pronunciaba mi nombre en español.
¿Dime?
Con él no era tan sencillo como con Sofía. Le gustaba hacer cosas “normales”, como ver alrededor y hablar en voz alta.
Tú.... ya me conocías, ¿verdad? I mean...
En otro futuro. Sí.
¿Era... mejor?
Lo siento. No. Y lo absurdo del caso es que debes reaccionar ahora. Antes.
¿Antes de qué?
Hayden aún era de los que a veces necesitan que otra persona responda, pero en esta ocasión no esperó. Mi secreto fue un muro en su búsqueda de respuestas, y le tomó un rato conformarse con eso.
Empiezo a pensar que hay algo malo en que ocultes información ―confesó.
Es una sospecha equivocada. El secreto es necesario y, aunque resulte inconveniente, jamás fue con malas intenciones.
No todos los días consigo ser tan sincero cuando oculto información.

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