lunes, 30 de septiembre de 2013

|Equilibrio| 12 - Cada segundo cuenta

Tal como esperaba, Eckard utilizó una de las brújulas que había traído su hermano. Su deseo era eliminar a uno de los individuos que habían vuelto de la muerte. No viajó una vez sino dos, tan rápido que se mareó.
El primer salto causó un poco de caos en La Tierra, pues las alarmas de la bóveda de un banco famoso se activaron por su breve presencia. El segundo le dejó en un campamento abandonado en las Cuevas de Luz.
Cuando se sintió menos aturdido, revisó el lugar y trató de emplear la brújula para perseguir a quien fuera que lo había evadido. El mundo al que llegó esta vez era árido y no había rastros de ninguna vida por ahí.
Convencido de que algo había fallado, intentó concentrarse en un nuevo objetivo, está vez un adivino, pero eso era una actividad inútil porque la brújula ya había determinado un blanco y no sería Eckard quien lo cambiara, porque era incapaz de ceder. Confundido y frustrado, descubrió que estaba perdido. No conocía el sitio y no sabía como volver a casa.

lunes, 23 de septiembre de 2013

|Equilibrio| 11 - Parálisis

Después de tanto pensarlo, yo sabía que aquel parque antiguo y destartalado era un buen escenario para conocer a la chica y que volvería a casa en una pieza. Había decidido cuales eran las palabras más sensatas que podía dirigirle, aunque no tenía idea de si provocarían el efecto que yo quería causar en ella.
Lo primero que noté al llegar, fue el resplandor del sol en ese día nublado. Después de tanto tiempo bajo la luz artificial en casa de mi prima, se me hacía muy difícil mantener los ojos abiertos en el exterior.
Ella llegó antes de que mi vista se adaptara por completo, pero aún así alcé la mirada para verla a los ojos cuando le hablara. Se detuvo de inmediato cuando hice eso. Más que mejor, considerando que el movimiento interrumpido buscaba atravesar mi garganta con un Acervo en forma de daga. ¿O debo decir que era una aguja? Era tan delgada que yo no llegué a verla realmente, sólo sabía.

domingo, 15 de septiembre de 2013

|Equilibrio| 10 - Destino

¡Tres elementos de La Sociedad, bien preparados y supuestamente muy capaces!
En fin, ¿quién era yo para criticarlos? No fui capaz de decirles el punto exacto en que estaba la brújula, después de todo.
Con dos brújulas nuevas en manos de los inquisidores, yo estaba muy malhumorado cuando llegó la hora de colaborar con el que Gretze consideraba su destino.
Gretze. Debería dejar que ustedes sepan quién es antes de comentar que ella fue la segunda en recomendarme que me resignara a ser asesinado por un sujeto que no tenía razones para matarme. Oh, bien; ya es tarde. Pero aún así voy a contarles sobre ella.
Nació en Lien; eso significa que es una creyente de la Naturaleza como divinidad, que desperdició siempre su capacidad de modificar el entorno con su voz y que alguna vez vivió en preciosa libertad.
Ella veía el futuro de una forma muy similar a la mía, pero lo manejaba muy distinto. Quizá fue por nuestras naturalezas, o por lo que creíamos... O simplemente las circunstancias fueron distintas, después de todo, la primera vez que yo vi el futuro, también creí que no podía evitarlo. De no ser por una casualidad, quizá yo habría acabado como esta mujer a quien lo primero que se le ocurrió es que cada criatura viva debe respetar el curso de los eventos. Siendo una chiquilla de unos 10 años, renunció a la libertad de ser una hija de la Naturaleza como cualquier otra para convertirse en una esclava del futuro probable. Si “se enteraba” de que su mejor amiga se casaría con el hombre que ella amaba, los presentaba en el momento y lugar que ya estaba predeterminado. Realmente ocurrió así, no lo estoy inventando. Le rompió el corazón a Gretze, pero “era el destino”.
¡Lo siento tanto por ella! La gente de Lien tiende a subutilizar sus habilidades, pero ella llevó esa costumbre al límite.
Era el tipo de persona que podía aceptar de buena gana ser asesinada durante la cacería de adivinos, si ese era el destino.
Según supo, la visita de Eckard sucedería en el Décimo Templo. Era el edificio más viejo y alto de su región, preservado como el monumento de los primeros extranjeros que en su momento habían sido privilegiados en Lien porque se presentaron como emisarios de la diosa Naturaleza. No merecían menos que un edificio enorme, con una vista preciosa, los mejores materiales posibles, una estructura que aprovechaba el clima para dar la mejor temperatura posible todo el año, y más habitaciones de las necesarias.
Al darse cuenta de que un desconocido intentaría asesinarla ahí, ¿que hizo la señora? Exacto: agarró su bolso y visitó el edificio sin motivo alguno.
Esperó a Eckard unos cinco minutos. Y cuando lo vio aparecer frente a ella, retrocedió los cuatro pasos predestinados y le dijo lo que sabía que le diría:

lunes, 2 de septiembre de 2013

|Equilibrio| 9 - Sencillo

¿Mala suerte? ¿Destino ineludible?
¡Como no!
¡Torpeza mía era eso! No pude saber en qué, pero algún error había cometido. Era la única explicación lógica. La metida de pata pudo ser de Gerusa o de Iuner, pero era mi función haberlo previsto y dar las instrucciones para evitarlo.
Más tarde, cuando tuviera un momento libre, me aburriría de buscar explicaciones para aquel descuido; todo en función de que no se repitiera. Pero, por el momento, tenía frente a mí a los tres enviados de la Sociedad, mi paisana, y el conquistador. Ninguno estaba feliz, ni siquiera Áled, que había tenido un éxito parcial en las Cuevas de Luz. Quizá, porque el único logro era suyo, se veía cohibido a la hora de decir que al menos habíamos salvado una vida; o quizá no sabía manejar una muerte.
No busqué los motivos del inventor ni los de nadie. Sencillamente me disculpé y les hice saber que ya buscaría más tarde la fuente del problema. Si eso les bastaba o no, era cosa de ellos. Luego, di vuelta a la página:
Ahora habrá que concentrarnos en lo que viene. Necesitamos información sobre las brújulas...
Y no puedes saber nada de ellas ―rezongó Rubén.
No soy el único perceptivo en catorce planetas, ¿verdad? ―le respondí, sin la menor gentileza: yo no necesitaba que cualquier matón viniera a señalarme mis problemas―. Y ahora que lo pienso prefiero que te vayas desde ya.
¿Intentas echarme, enano? ―se burló el aludido.
Dijiste que cooperarías con tal de deshacerte de esos tres. Y tu próximo aporte, más útil que el anterior ―¿hice mal en burlarme de aquel previsto fracaso?―, es en el Décimo Tercer Mundo. Buscas a una mujer llamada Eredieven; te dejaré justo frente a su casa, no te preocupes cuando ella salga, porque sé que será ahí donde la encontrará Eckard; no puedo especificar cuanto tiempo tendrás que esperar, pero entre más pronto te vayas, mejor para todos.
Fue cosa de minutos: una vez que dejé al inmortal en su mundo de origen, regresé con el grupo. Estaba muy orgulloso de lo convincente que había sido, hasta que la muchachita de cientos de años de edad abrió la boca:
Oye, Ánjel... es decir... Ángel. Uhm... tengo una duda. Eso de hace un momento... ¿era una mentira o una teoría sin mucho fundamento?
Se ganó una sonrisa y una respuesta.
Mentira. Es que yo puedo tolerarlo pero Hayden no. Es más: no se lo mencionen.
¡Hayden! ―se alarmó Carmen― ¡No puedes traerlo! Para empezar, sabrá de Rubén; además, está...
Se interrumpió pero me negué a concluir por ella.
¿Sí?
Pues... ―tuvo que buscar una palabra que lo definiera, y al final no fue tan difícil― Está deprimido.
¿Ya te contaron cual es el tratamiento para la depresión aquí?
Sí lo sabía:
Trabajar hombro a hombro con Rubén puede ser “una actividad de importancia vital que exija absoluta concentración, dedicación y...” todo eso. ¡Pero ni es “grata” ni le llenará de satisfacción personal!
Por eso mandé a Rubén a perseguir el reflejo de la luna. Mientras él está lejos, veremos que se hace con esa depresión. Todavía no sé como arreglar ese asunto de Hayden. Tengo mucho en mente como para verlo a él como prioridad. Aún así, hace falta hacerlo reaccionar con “gentileza”, antes de que se estrelle contra un muro. Por mientras, a lo nuestro. Seguro ya hicieron cuentas de que estamos como al inicio: ellos perdieron una brújula y obtuvieron otra. Cuando se encuentre un poco menos muerto, Eckard estará tras una adivina; pero al parecer yo tendré que ocuparme de ella.
¿Tú? ―Gerusa no pudo guardarse su escepticismo.
Tampoco me gusta ―confesé―, pero así es con Gretze: siempre se queda con el primer futuro que ve. Si no voy, la muy bruta se quedará ahí parada. En todo caso, es mejor; así ustedes tres van a ocuparse de Dak. Harán falta muchas manos está vez: sucede que con dos brújulas juntas, me es imposible ver como se darán las cosas.
Al menos pude explicarles a que hora y desde donde llegaría el criminal.
¿Y la otra brújula? ―preguntó Áled― La que se llevó el niño...
Con la buena suerte que tienen esos tres, seguro que ninguna brújula los pondrá en el camino de Ameriev de nuevo. Pero sí hace falta, sabrá evitar que se la quiten.
A esta sincera respuesta se le sumaba que no quería abrir infinitos futuros tratando de recuperar un trasto que no necesitaba.
¿Y la chica? ―inquirió el psicópata― ¿Es que otra vez está predestinada a salirse con la suya?
Más me vale que no. Pero también de eso tendré que hacerme cargo solito por esta vez.
Tendrás un día ocupado.... ―murmuró Carmen.
Dos.
Las preguntas siguientes fueron sobre lo que sí tendrían que hacer los miembros de la sociedad. Se demoró lo necesario y tan pronto como acabé ahí, volví a La Tierra, pero no a mi casa. Ni siquiera a mi país.
Esta vez el lugar era uno más ordenado. Una habitación que el día anterior era un basurero, pero ya no.
Así que sabes ―comprendió el otro perceptivo, ahora un poco más informado y menos alcoholizado―. Estaba a punto de hablar con Álvaro... ya debes estar al tanto de que él y yo estamos conectados y eso... En todo caso, supongo que tú viniste para llevarme a Ogha.
En efecto, a eso iba; de modo que eso fue lo que hice. Carmen ya estaba preparando la estadía de ese amigo del que se había distanciado; ambos lo sabíamos, y mientras ella se ocupaba en sus asuntos de anfitriona, nosotros fuimos a temas menos felices.
Te lo dije antes: yo tengo preguntas y tú tendrás respuestas.
Esperemos que sí.
Primero, debes saber lo posible sobre las brújulas.
Supongo que no es como “compass”. No sé de más brújulas que las terráneas.
Pude haberle detallado todo lo que yo sabía. Pero, me parece una falta de cortesía explicarle obviedades a un perceptivo. Después de unos cinco minutos de mutismo, él estaba al tanto de lo que era una brújula, que cultura las había construido, un poco de su historia, cuantas eran y como lucían todas. Varios minutos: o seguía un poco lento por todo ese alcohol, o todavía no alcanzaba los niveles que yo le había conocido en todos esos futuros truncados.
Ajá, vamos bien ―comenté, al darme cuenta de que él ya estaba informado―. Ahora que las conoces, ¿dónde están?
¿Todas? ―se sorprendió.
Claro.
Que tu sepas sobre varias de ellas, lo hace fácil... pero las otras... están ocultas. Como eso que me estás queriendo esconder. Por medios diferentes, claro, pero el resultado es el mismo.
Así que sabes que te oculto algo, pero igual viniste.
No me importa. Sé qué no afecta a tu objetivo; aunque sí tiene que ver con la forma en que lo vas a alcanzar. Al final decidí que no me importa. Eres una persona bastante confiable.
¿Lo soy? ―dudé.
Sí, claro, yo sabía dar uso a mis habilidades pero... también sabía mentir como el mejor. ¿De donde sacaba él que yo era confiable?
Según tus resultados, tus intenciones... y la opinión de los que te conocen. Contando a Ameriev, por cierto: la investigación más difícil de mi vida.
Te falta encontrar esas brújulas. Y sus leyes.
¡Ah!, la segunda es fácil: exceptuando a los nidauvie, el portador no puede indicarles que buscar, sólo se guían por el deseo o la necesidad; sólo se liberan de su objetivo bajo algunas circunstancias: el cambio de portador o que éste muera, la renuncia absoluta o la conquista, y que un blanco deje de existir o tenga un cambio tan dramático que ya no lo reconozca; nada las aleja de su objetivo excepto por los secretos de perceptivos, lo cuál es adecuado dado que las brújulas confunden a los perceptivos también.
Enemigos naturales ―interrumpí.
Algo así.
Bien. Es bueno saberlo, por si acaso.
No servirá mucho, quiero decir, ¿cuantos secretos puedes sostener? Porque la brújula simplemente omitirá a esos adivinos y señalará a otros. Me parece que estos muchachos no tienen objetivos muy delimitados.
Lo ideal sería capturarlos―acepté―. Pero hasta entonces, habrá que ganar tiempo; romper algunas de las brújulas o esconder un objetivo que no podemos proteger.
Es buena idea... uhm, pero tienes que esconderlos antes de que la brújula los marque. Y debes ocultarlos de todo.
Mala suerte para Rubén, entonces: yo sólo lo estaba ocultando para Hayden. No probaría mi suerte exigiéndome demasiado, no por su vida. Además, ya había sido señalado por una brújula.
¿Y que hay de los inmortales? ―recordé en ese momento―, ¿los pierde después de una muerte temporal?
Sí ―contestó él, asintiendo con la cabeza.
Y el portador vuelve a casa cuando la brújula pierde el rastro....
O cuando el portador pierde la brújula, aunque se demora un momento en comprender esas cosas. Y “casa” es el sitio exacto de donde vino.
Sí, eso pensé.
Hay un retraso con los inmortales... o con las muertes y cambios drásticos. Creo que es porque se confunden.
Eso me parecía. Bien, mantenme informado. Y ¿qué hay de la primera pregunta?
Pregúntale a Sofía.
No quiere meterse. Según ella se basta sola. Tiene razón, pero igual acabará viniendo. Por desgracia eso tardará un poco.
Pues usaré ese tiempo para ver si alguien más sabe algo ―era el camino más largo para un perceptivo―. Pero eso va más allá de las respuestas sencillas.
Está bien.
¿Por qué no simplemente van y los arrestan? ―quiso saber el perceptivo deprimido.
Por el momento ignoro su ubicación. En todo caso no he logrado ver un escenario en el que eso salga del todo bien. De vez en cuando intento encontrarlo... Claro que podemos matar a Rackel o destruir el acervo. Mi primera opción era convencerla de que andan equivocados, pero como que no va a ser tan sencillo. ¡Opciones hay! Es cosa de hacer posible una de ellas, y todos felices.
Yo no; pero al menos estoy “vivo”. Supongo que tienes razón respecto a eso de que debo continuar.
Lo sabía, sí. Pero a veces no basta saberlo, y Hayden permanecía en ruta de colisión. No sería su cuello lo que se rompiera.