lunes, 15 de julio de 2013

|Equilibrio| 5 - Huérfanos

No creo en la mala suerte, y mucho menos en el destino. Sé que no existen las coincidencias tampoco. El futuro es la delicada suma de un montón de variables que la gente manipula, crea y destruye en el presente. En el desarrollo de los eventos no hay misticismo, ni magia, ni más leyes que la tercera de Newton, o la Norma de Luzue si prefieren la versión más amplia y antigua.

Pero, la facilidad con la que Dak había encontrado a los gemelos, hacía parecer que estaba destinado a comenzar su “cacería de brujas”.

Destinados o no, tendrían obstáculos de sobra. De eso me haría cargo yo.
No estaba dispuesto a dejarme matar y no me ocultaría por el resto de mi vida. Tenía que deshacerme de esa amenaza para volver a mi tarea fundamental, la que había elegido como objetivo de vida: evitar la masacre en el laboratorio del Noveno Mundo.

Estos enemigos que me había encontrado no eran la mitad de lo que podía llegar a ser ese asesino cuando estuviera en su máximo. Pero ellos eran tres y tenían más convicción en su objetivo. Sobre todo, tenían un objetivo muy amplio, lo cual significaba muchas variables: el peor enemigo de un adivino.

Los gemelos eran jóvenes todavía, lo que en nuestras cuentas serían 17 años; aunque habían crecido desde que sus hermanos mayores habían muerto en la ejecución de una venganza inútil. La última vez que los había visto Dak, eran una niña hiperactiva y un niño inocente; ella escandalosa y él torpe. Con el tiempo se habían vuelto ágiles y silenciosos, además de ser los más rápidos en su locacióni. Así sobreviven los huérfanos en el Décimo Primer Mundo: tomando lo que necesitan sin ser vistos y corriendo más rápido que los delincuentes mayores. Tenían la ventaja de estar juntos y de que él fuera inmortal. El gemelo no practicaba ningún tipo de magia y, si bien tenía habilidad nata para manejar espadas, lo cierto era que no tenía ningún arma. La chica sólo poseía un artefacto heredado de su madre que, en resumen, permitía robar y almacenar vida.

Eso y mucho ingenio había sido suficiente para vivir relativamente tranquilos en un escenario hostil.

Tratándose de fuerza bruta ninguno de los dos llegaba demasiado lejos. Su gran habilidad era una con la que yo podía identificarme sólo en parte: sabían valerse de aquello con lo que contaban, sin importar lo poco que fuera.

Y ahora Dak tenía eso a su favor. Sus hermanos menores lo superaban en condición física y experiencia, puesto que él siempre había estado a salvo y había intentado ocultar las habilidades ajenas a su mundo, esas habilidades que representaban su única ventaja. Sin su propio gemelo, el belicoso que no había vuelto a la vida con él, Dak no tenía mucha oportunidad por su cuenta; sin embargo, ellos le obedecerían, pues confiaban ciegamente en el juicio de su hermano mayor y estaban muy agradecidos de que estuviera vivo.

Lo habían escuchado, con el mismo asombro de cuando eran niños, mientras les contaba sobre la traición de su madre adoptiva y como los adivinos corrompían el equilibrio del universo. Ahora lo creían. Quizá hubiera una duda en lo profundo, pero no reparaban en ella. Si Dak lo decía, tenía que ser verdad.

Luego Eckard, el gemelo, había sugerido usar brújulas de Nesdern para localizar a cada adivino, y asesinarlo. Algo bueno no se le podía ocurrir al delincuente. Su hermana, Rackel, había sentido miedo al pensar en ello, pero se lo calló como pudo. Pese a que asesinar no era un concepto agradable, si hacía falta no servía de nada alimentar temores o lamentos. Si no se hubiera tratado de una idea tan estúpida, ella me hubiera parecido muy similar a mi hermana. También fue la única con dos dedos de frente para notar que habían tantos adivinos que quizá nunca terminarían... por desgracia, las dificultades no la impresionaban.

De inmediato se habían hecho a la tarea de encontrar las brújulas: esos objetos de formas raras que permitían viajar siguiendo un objetivo. ¿Cómo se dieron cuenta tan rápido de que había brújulas en Kren? Para ser una sociedad que quiere vivir aislada del universo, el décimo primer mundo está demasiado bien informado.

Y ahora ya tenían dos. Uno de los artefactos tenía el contorno con que suele dibujarse un ojo, y aunque había dentro de él otras piezas curvas, a mí siempre me parecería que era un ojo. El otro estaba formado por varios cuadriláteros entrelazados, y debía ser el más sencillo de todos esos instrumentos.
En ese momento yo sólo conocía la apariencia de esos dos porque la muchacha que intentaría asesinarme los había visto. Ya que no podía monitorear las brújulas, tenía que conformarme con vigilar los movimientos del enemigo.

―¿Y ahora? ―el gemelo inmortal ni siquiera estaba cansado y no veía motivo para demorar la cacería.

―Según tengo entendido ―Dak le dio el “ojo” a su hermano menor, sin elogiar su energía porque no pasaba de ser la actitud adecuada― basta con querer conocer el paradero de tu objetivo y la brújula te lleva. No sé si habrá problemas con nuestro objetivo tan... ―la palabra para definirlo se le escapó durante un momento― general.

―¡Espera! ―exigió la chica.

―¿Qué? ―las dos voces sorprendidas pronunciaron casi a la vez aquella interrogante.

―¿Qué hay de mí?

―Pues... ―Dak no tenía idea de que responder.

―¡No voy a quedarme aquí esperando a que ustedes vuelvan! ―declaró Rackel― ¡No voy a ser la persona que se queda en casa a angustiarse!

―Pero... tú ni siquiera querías...

―¡Eckard, es obvio que se hará de todos modos! Si hay que hacer esto, no me dejarán por fuera.
Dak se quedó al margen de la discusión, pensando que era lo más apropiado.

―Mira, lo que pasa es que sólo son dos, y sí alguien debe quedarse... bueno, Dak es mago y yo...

―¡Yo soy más rápida que tú!

―No se trata de eso... la agilidad la tienes, pero ¡son adivinos! Y bueno, en una batalla real tú...

En el poco tiempo en que Eckard pronunciaba las últimas dos palabras, su gemela tiró de la cadena que adornaba su garganta, y esta se desprendió sin resistencia alguna. Por supuesto que el inmortal supo el rumbo que tomarían las circunstancias, pero no tenía la destreza para esquivar a su hermana, quien le azotó el brazo con la cadena y cerca estuvo de arrancárselo.

―¡Por Grista! ―exclamó, entre gritos y gestos de dolor― ¡No hacía falta que probaras nada!
Eckard se dejó caer al suelo mientras sostenía el brazo que, apenas sujeto al cuerpo, comenzaba a recuperarse.

―¡No soy inútil! ―señaló la dramática Rackel― ¿Me oyes?

No le oía con demasiada claridad, porque en su caso una herida causada por el arma conocida como Acervo funcionaba de forma diferente a la usual: le dejaba somnoliento en lugar de matarlo.

Con o sin demostración, Dak había decidido que una tercera asesina aceleraría el trabajo. Pero, sí, era bueno saber que Rackel no temía ver sangre.

―Eckard, tú trae una brújula para la risueña―sugirió el que se creía guarda del equilibrio.

―¿Y cómo voy a encontrarla? ―preguntó el inmortal, de mala gana.

Rackel le lanzó una mirada asesina. Y, ¿quién la culpa? Que estuviera medio dormido no era excusa para no enterarse de lo evidente, ¿o sí? Como sea, Eckard nunca fue un tipo listo.

―Iré yo ―decidió la gemela, mientras Dak se desvanecía frente a ellos, en busca de uno de los individuos que habían regresado de la muerte junto con él.

Eckard debió saber que era mejor que Rackel fuera, pero... bueno, siendo él, y encima medio dormido, ¿qué se podía esperar? Estaba tan decidido a hacerse cargo, que la brújula con forma de ojo le llevó al sitio indicado.

Vuelvo a lo mismo, ¿de donde tanta suerte? ¡Si llegaba a cualquier otra brújula, hubiera acabado mal! Pero, ¿a donde fue a dar?: ¡a la casa de Gaved! 

Gaved, un completo don nadie, que ni siquiera hubiera tenido que mencionar ahora si no hubiera poseído una brújula que le decomisó a uno de los que ellos llaman engendros: la gente con habilidades más allá del promedio. Después de las guerras, que ahora no vienen al caso, en ese mundo llegaron a la determinación de que nada bueno podía venir de esas “razas” capaces de saber algo que no pudieran percibir por sus cinco sentidos, efectuar acciones por medio de la magia, succionar la vida, crear objetos o criaturas, detener el tiempo... no es que haya evidencia de la existencia de la habilidad del tiempo... He divagado suficiente. Lo importante es que Gaved pensaba como todos en su mundo, y odiaba a los engendros.

Por eso, cuando vio a Eckard aparecer de la nada, el tipo iba a empezar a pedir ayuda para que colgaran al anormal.

―Busco una brújula ―pidió Eckard, demasiado afectado por el Acervo como para pensar en orden.

―¿Para qué la quieres, fenómeno? No tendrás nada de esta casa, ¿me oyes? Aquí somos gente decente.

―Mi hermano quiere cazar a los adivinos, y Rackel insiste...

―¿Cazar adivinos? ―el don nadie encontró muy interesante el asunto.

―Ya sabes, engendros que ven el futuro. Tenemos dos brújulas, pero me mandó a buscar otra.
Gaved permaneció en silencio mientras reflexionaba. No sabía si debía confiar en aquel extraño. En ley, sus objetivos eran lo que aquel honorable ciudadano del Décimo Primer Mundo consideraría correcto. Pero, ¿quién demonios confía en alguien como Eckard medio dormido?

Una palabra comprensible aquí, otra incomprensible por allá, y el inmortal se ganó su confianza. Además, tenía “el ojo” como evidencia de que no había llegado ahí utilizando magia. Así de sencillo llegó a manos de Eckard la brújula que más tarde me señalaría. Y de sus manos pasaría a las de Rackel, que sí tenía posibilidades de matarme.

He dicho “posibilidades”, lo cual no significa mucho si de mí se trata: sólo que tendría que fijarme en lo que hacía. Pero antes de ver el futuro, aproveché cierta información sobre el presente: Dak había conseguido matar a su víctima en lo que le tomaba a su hermano menor convencer a Gaved.

Sinceramente, creo que la única razón por la que lo consiguió fue que el hombre estaba feliz de la vida, convenciendo a una hechicera de colaborar con él en su nueva conquista, sin esperar amenaza más que la que podía representar ella si resultaba ser una patriota.

¿Qué aprendí de su combate? Que Dak hacía las cosas más rápido de lo que yo esperaba; eso sí, a costa de no planear casi nada. Que el conquistador que había regresado de la muerte no había cambiado gran cosa. Y , lo más importante: un par de datos sobre las brújulas.

Cuando el corazón de su víctima estalló, justo como lo había hecho unos ocho años antes el corazón de su madrastra, Dak supo que la brújula había abandonado ese objetivo completado y se preguntó como volvería a su mundo. No sabía usar magia para viajar, y en ningún momento había pensado en ello.

Él mismo no supo cómo, pero regresó al mismo sitio del que había partido. Me gustaría decir que yo sí lo supe, sin embargo esos pequeños artefactos seguían privándome de sus secretos. Pero Eckard sabía. ¡Si es que Gaved hasta le había dado un instructivo cuando yo no miraba! Y ni siquiera podía adquirir esa información de él. Sólo supe lo que dijo el delincuente somnoliento:

―El hombre que me dio esta brújula dice que cambian de objetivo cuando lo cumplimos y que eso nos regresará al sitio de donde llegamos.

―¿Qué más te dijo?

Me corresponde dar las gracias a Rackel por tan sabia pregunta; pero su hermano no coordinaba, o al final resultó que Gaved no había dicho gran cosa. Eckard sólo explicó que las brújulas eran muy frágiles y que si se rompían el viaje de regreso era inmediato. Y que su mecenas les deseaba éxito en su proyecto.

La pieza que les había obsequiado el don nadie era más delgada que las otras, pero pesaba lo mismo. Tenía partes muy finas, que más parecían hebras de algún tipo de hilo muy rígido y fuerte, unidas a una pieza que me recordaba al tajitu; sólo que el yin estaba formado por hebras más gruesas del mismo hilo firme, y el yang era representado por su ausencia. Admito que es difícil explicarlo, y ni siquiera debía ser un dato relevante, después de todo, la mayor parte de los artefactos fabricados por los adoradores de Nesdern tenían formas caprichosas, guiadas por su concepto de belleza. Suponía, y al menos en eso no me equivocaba, que si las brújulas hacían todas lo mismo, sus apariencias variadas no tenían importancia.

Me gustaban. Sabiendo tan poco sobre su funcionamiento, y siendo que compartía el concepto nesdern de la belleza, yo seguía viéndolas como adornos cuando no estaba pensado en romperlas por ser una amenaza.

Y la que yo encontraba mas “bella” era, precisamente, la nueva adquisición de los cazadores. La que me señalaría pronto. “La brújula de Rackel”.

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