jueves, 27 de junio de 2013

|Equilibrio| -- Introducción

Ya lo vieron, tan claro como lo supo Gretze; el futuro ineludible según ella. Pero cambiar el futuro es lo que hago, así que luché.


Fracasé, pero antes y después ocurrieron algunas cosas que ustedes probablemente querrán leer.

Lectores.

Nunca había tenido que lidiar con lectores.

Pero por escrito es más fácil: puedo pensar antes de anotar, elegir con cuidado las conjugaciones del verbo que tantos problemas me dan, corregir; y no habrá quejas de que voy muy rápido.

Antes de que les cuente como fue que llegué a ser asesinado por ese tipo detestable, tienen que saber un par de cosas sobre la persona que yo era: un muchacho de casi dieciocho años que no hubieran podido llamar común en todo el universo conocido. Pero, si mi opinión importa, yo no era tan diferente a las demás personas. Sí, podía saber algunas cuestiones sin necesidad de investigarlas. Sí, tenía el futuro más claro que el adivino promedio, porque sabía organizar información, obtener las piezas que faltaban y comprender. Pero, en el fondo, era sólo otra persona con mis propias capacidades y limitaciones.

Yo no lo sabía.

Entendía que nadie tenía el futuro tan claro como lo tenía yo, y por eso ni siquiera era capaz de percibir el presente y el tiempo de la forma en que lo hacían los demás. Aún los otros adivinos vivían en el presente, y yo... lo recordaba. El presente y el futuro, para mí, eran pasado.

Estaba al tanto de que no era el único que vivía con una capacidad excepcional, pero eso no cambiaba el hecho de que nadie podía comprenderme por completo.

Ese sentimiento de exclusión era, en parte, la razón por la que me había obsesionado con el concepto de que todo ser vivo es sólo la mitad de una esencia, en La Tierra las llaman almas gemelas. 
Después de cinco años buscando a la mía en todos los futuros que se me ocurrían, acabé por aceptar que no íbamos a encontrarnos.

Me resigné cuando encontré algo en lo que yo hacía falta, un maestro y un grupo de gente que también se había convertido en excepción y que al menos intentaban comprender. Y cuando digo que encontré todo eso, me refiero a que era parte de uno de los futuros posibles.

Durante cinco años investigué y tomé decisiones. Pero nada de eso lo podía poner en práctica todavía. Primero debía dejar La Tierra en el momento correcto y, aún antes, debía poner las cosas claras en mi casa.

En eso estaba yo, preparando mi nueva vida, volviendo realidad mis recuerdos, cuando Sofía metió las de caminar.


~~ Ángel

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