martes, 12 de marzo de 2013

Incoherencia

Llega temprano. Sabe que ella no estará aquí hasta dentro de unas horas, pero él necesita anticiparse y preparar el terreno, porque sabe que ella no estará aquí por mucho tiempo. Sabe que la verá sólo un instante, y eso si está en el sitio correcto en el segundo más apropiado.


Cree saber cuando será el momento, y ahora está seguro de que éste es el lugar. 


Pero hay tanto que puede salir mal, que no se atreve a sentir esperanza.


Pero, ¿acaso no hay esperanza en el sólo hecho de haberse presentado?, ¿o en la seguridad de que podrá felicitarse más tarde, cuando la tenga a su lado como en esos días en que el futuro era claro y el presente, feliz?


Oh, sí. La esperanza es lo único que queda para un hombre como éste, y nada más lo mueve. Ni siquiera las visiones, cada vez menos constantes, del futuro posible.


200 minutos después, la observa, tal como lo anticipó hace un par de días. Aún ahora que lo ven sus ojos, no puede creer que lleve tanta joyería y ropajes tan sofisticados. Más que nunca, le duele en lo más profundo de su alma ver lo delgada y pálida que luce en medio de sus lujos.


Hay una belleza triste y una decoración excesiva en donde una vez hubo pura ternura, y la alegría explosiva ha desaparecido de esos ojos plomizos para dar paso a un vacío sin tregua.


Ese vacío ha sido la condena de un hombre, y la ira de éste se refleja constantemente en su amplia colección de esclavos, sirvientes y socios. Aunque su observador sólo puede notar que se refleja en su rostro, alguna vez atractivo y confiable, ahora agotado y lleno de un sufrimiento innecesario.


¡Ah! Pocas cosas tiene este universo, tan destructivas como la obsesión de un hombre poderoso.


He ahí el joven que perdió a esta mujer, tan obsesionado como el que la retiene; aunque la vean con ojos diferentes, ambos intentan encontrarla con metodos equivocados y aunque están destinados a perderla siempre, no saben detenerse. Pero sólo uno de los dos puede ordenar la muerte del artista que preparó las joyas, la comida, la pieza músical... ¡todos esos obsequios que no pudieron convencerla de amarlo! Sólo uno de los dos puede dañar a cientos porque ha perdido el juicio debido a la frustración.


El otro sólo puede correr a su encuentro en una estación de transporte de un mundo que no conoce.


No puede siquiera alcanzar la mano que ella extiende hacia él antes de desaparecer a una palabra de su secuestrador. Sólo se deja caer en ese espacio que ella dejó vació, y llora el nombre de su hermana mientras la esperanza vuelve a fingir su muerte hasta que haya un rumor, una visión del futuro, un encuentro casual... lo que sea que le permita ver de nuevo a los ojos a la chica que sólo se ha resistido al suicidio porque sabe que él la sigue buscando.


En un sitio que su hermano desconoce, ella mira hacia un muro. Odia viajar de este modo, y odia cuando él está tan cerca y no logra alcanzarla.


A ella le tiene sin cuidado ser salvada pero, su hermano... Ella tiene que estar con vida si él la encuentra de nuevo. Hasta entonces, sigue oyendo promesas y amenazas vacías. No sabe corresponder a este hombre por dos simples motivos: su corazón roto pertenece a otro y, aún más importante, no soporta que alguien intente darle órdenes, comprarla o encerrarla. No hay obsequio, banquete o amor en éste universo que puedan convencerla de que este hombre no es alguien despreciable.


Lo triste es que tiene que admitir, que también es despreciable aquel joven que la ama pero no podía darle banquetes, obsequios asombrosos, o una frase que hiciera dudar al "caballero" de su decisión de casarse con ella. Sí, claro que la ama, pero ¿y si este hombre tan poderoso eligiera matarlo en lugar de respetar su posición? Eso no serviría. Así que los dejó ir, y como única penitencia, le llevó porla noticia al hermano de ella y luego siguió con su miserable vida.


Quizá este universo está descompuesto si, mujer, amado, hermano y secuestrador, pueden estar en lo correcto y tan equivocados a la vez.

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