lunes, 30 de diciembre de 2013

|Equilibrio| 20 - Esa chica.

Martín me lo dijo ―informó Hayden―. Y tiene que tener razón.
No quiero ponerme a tratar de averiguar de que hablas ―respondí―. Sólo dime.
Sí, sí. A eso voy.
Me explicó lo que yo ya sabía sobre la relación de vida y muerte que tenía un inmortal con su contraparte, si es que tenía alguno. Eso había servido para que la mente superior de Martín llegará a la conclusión más obvia: que si Rubén vivía, su contraparte podía haber vuelto con él.
¿Y pasaste la noche intentando averiguar si esta viva?

lunes, 23 de diciembre de 2013

|Equilibrio| 19 - Lo que hace falta, y lo que no.

¿Qué haces aquí? ―pregunté, confundido.
Se trataba de Sofía, que llegaba junto a su media naranja. Si le estaba yendo de maravilla, ¿por qué me buscaba? Yo estaba seguro de que no la vería mientras no necesitara mi ayuda.
No te equivocas tanto ―sonrió ella, a sabiendas de que yo necesitaba que me dijeran las respuestas ahora que dudaba de mi instinto―; la idea fue de Martín, pero quizá yo hubiera venido de todos modos... O no.
En ese momento alguien más llegó al edificio. Sofía se quedo fría, primero porque pensó que era Eckard quien llegaba, y luego porque en realidad era alguien a quien cuyo encuentro temía tanto o más. Yo me llevé un susto similar al suyo, pero me resigné porque mis cuatro opciones de escape estaban destinadas al fracaso.

domingo, 22 de diciembre de 2013

Fin del camino

Colección: La Ruta del Adivino


Le pregunto si de esto se trató desde siempre. Una cama vieja pero tibia, en una noche como cualquier otra. Dijo que no. Qué sería en la mañana.

Tengo que sonreir, pero la duda sigue molestandome. ¿No es un poco... sencillo? ¿Común? Dice que no. Que para él esto es excepcional. Y, para conformarme, asegura que yo perdía algo de vista. Organiza su último pequeño discurso:

>>Es el final, mi amor. Lo que la gente no parece entender es que el  final no es un instante. Es un resultado. Una colección de recuerdos. Es el ciclo que se está cerrando, lo que queda del resto de la historia. Así que no: nada fue para llegar aquí, al contrario, estoy aquí por todo lo demás. Esto no era lo que necesitaba, es sólo el final inevitable de tener todo lo que quise.

>> Una niña secuestrada se convirtió en una esposa leal. Un empleado de La Sociedad vino a salvar mi vida y acabó inventando la fruta que yo necesitaba para todas mis recetas. El universo se movió a su antojo, y todos fueron quienes fueron. Yo, obtuve lo que pude. Todo me trajó aquí. Todo me trajo a ustedes.

Por la mañana, cuando llegan mis hijos con sus hijos, se despide de cada quien con una instrucción simple. Algunas están bañadas de futuro, otras de presente. En todas, hay afecto.

Estoy asustada.

Sus últimas palabras son: "sé la misma de siempre", y yo prometo que lo seré. Pero no sé si pueda, casi todo lo que sé que he sido, lo incluía a él.

Este es el microrelato #18 del desafío de Diciembre.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Compañía

El anciano héroe llegó con una petición que me dejó perpleja. Quería tener un nuevo compañero de trabajo.

-Usted ya tiene un compañero -comenté sin pensar.

-Así es. Pero necesito otro. Alguien joven, supongo.

-Ha. Por lo general me hacen solicitudes sobre sus habilidades, no sobre la edad -dije, y luego agregué en confidencia-. Aunque supongo que sí les interesa.

-¡Regeneración! -casi gritó, inspirado.

-¿Quiere un joven inmortal?

-No, no importa. Con que sea inmortal basta.

Entonces me di cuenta que estaba pensando en la longevidad del potencial compañero.

-Interesante.

-¿Qué?

La única persona que estaba libre en todo el laboratorio, y quizá en toda la sociedad, era precisamente un inmortal. Nadie en su sano juicio habría trabajado con él, y él no quería salir de su habitación. Sin embargo, éste hombre ya tenía un pie en la tumba y su actual compañero era inmune a la otra habilidad del joven inmortal que habitaba la bóveda.

Así que le expliqué la historia del joven asesino, le expliqué cual era el riesgo de bajar a saludarlo, y cambió de opinión. Supuse que él tampoco quería trabajar con el bebedor de vidas, y tenía razón.

Él no entró a la bóveda, pero por la tarde trajo a alguien que lo haría: su pequeño compañero.

Parecía un adolescente, mucho menor que el hombre que se temía matar una vez más, y una criatura si se le comparaba con su actual compañero. Era menor que ambos, en efecto, pero no era un adolescente. Su raza tenía esa apariencia eso era todo.

Y aunque le causaba curiosidad la persona a la que iba a conocer, su mente estaba concentrada en el anciano al que veía como un padre y una conversación que apenas se había atrevido a conversar: la tarde anterior había confirmado que su amigo pronto iba a morir.

No estaba enfermo, ni herido, pero no era posible que viviera más de 120 años. Quizá ni siquiera llegaría a los 100. Para la mayoría eso era bastante tiempo, pero para él era poco tiempo, y él era muy joven para perder a su padre.

Entonces comprendí.

El anciano le dijo al muchacho que dentro de la bóveda había un hombre muy sólo, que no podía hacer amigos porque temía lastimar a la gente, pero la posibilidad de que lástimara a alguien era mayor porque la soledad le daba poder a su lado oscuro.

-Tú lo arreglarás, le ayudarás a conectarse con el mundo -dijo.

Pero no era lo que pensaba. Lo que el anciano buscaba, era que su púpilo no se quedara solo.


Este es el microrelato #14 del desafío de Diciembre.

lunes, 16 de diciembre de 2013

|Equilibrio| 18 - Apego

Fem bostezó.
Llevaba doce horas tendido en el muelle cuando yo llegué. No es muy sencillo expresar en palabras esa sensación de frío y debilidad que me embargó tan pronto como estuve cerca de él. Me había detectado de inmediato y me analizaba de la única forma que le parecía útil.
No eres la persona a la que estoy esperando ―determinó un instante después.
Que suerte... ―me senté para no caerme―. Pero supongo que no vas a devolverme esos veinte años de vida que acabas de quitarme.

lunes, 9 de diciembre de 2013

|Equilibrio| 17 - Sueños y agotamiento

Mientras yo soñaba felizmente con campos de quives blancas, mi familia se llevaba un buen susto. Antes de que mi tía llamara una ambulancia, Soham sugirió que T fuera a buscar a “ese médico que es amigo del tío Frako”. Al principio mi hermana no entendió una palabra, pero luego se fue –de mala gana– y cuando regresó la acompañaba Hayden.
Sou convenció a su mamá de que debía hacer otra cosa (limpiar el desastre que había quedado del almuerzo, quizá) y en la habitación de Soham quedaron sólo mi tío, T y Hayden... también yo, pero estaba dormido. Mis sentidos ya se habían vuelto a conectar pero no recuerdo que su conversación afectara mis sueños en lo más mínimo.
Creía que ibas a traer al inmortal... ¿cómo se llamaba?
Álvaro ―contestó mi hermana―. Pero él dijo que mejor viniera Hayden. Supongo que por ser perceptivo tendrá... idea de lo que pasa.
Está cansado.

lunes, 2 de diciembre de 2013

|Equilibrio| 16 - Errado

Los ojos de Eckard recuperaron su brillo casi de inmediato. Respiró sin ningún rastro de la agitación de hacía un momento.
¿Eckard?
Hermanita, ¡son cuatro brújulas!
¿Tantas? ¿Pues de dónde vienes?

lunes, 25 de noviembre de 2013

|Equilibrio| 15 - Infinidad


Otro fracaso.
Aieme había intentado atacar al inmortal justo al mismo tiempo en que Gerusa lo hacía. Chocaron entre sí, y ella cayó al suelo en la posición más vulnerable posible. Todos reaccionaron rápidamente, más allá de mi predicción original en la que la adivina intentaba correr y el ataque de Gerusa habría permitido que huyera.
Eckard recibió un golpe lo bastante fuerte para perder el conocimiento, pero una fracción de segundo antes, había clavado su arma en el cuello de la pobre mujer.
Sus hijos estarían declarados como huérfanos durante unos meses, antes de que su padre los encontrara. En su empleo sería reemplazada por una joven entusiasta que de otra forma se hubiera dedicado a viajar entre mundos, liberando al suyo muy pronto.
¿Es que no sabías que eso pasaría? ¿O creías que iba a ser de otro modo? ―quiso saber Gerusa.

viernes, 15 de noviembre de 2013

|Equilibrio| 14 - Esfuerzos frustrados


Por algún motivo me estaba mirando fijamente. No era como la primera vez que nos miramos, porque en está ocasión más que descifrarme, lo que pretendía era vigilarme. Aún así, su mirada me impedía concentrarme en otras cosas.
Estar ahí, dormido y vulnerable, frente a la chica que había decidido acabar con mi vida, no era seguro.

miércoles, 9 de octubre de 2013

|Equilibrio| 13 - Rateros de toda talla.

Oseve no daba una como adivino.
Nunca.
A veces sabía alguna cosa sobre el futuro, pero cuando intentaba intervenir era incapaz de ver los resultados. Claro que se metía de todos modos, cuando le parecía que debía. Eso no había evitado que su hermana fuera secuestrada y sus padres, asesinados. Pero había salvado su propia vida, aunque no de la forma que uno imaginaría. No. Simplemente, saber que había posibilidades de un futuro, le había llevado a luchar por su vida cuando se hubiera podido rendir a la muerte.

lunes, 30 de septiembre de 2013

|Equilibrio| 12 - Cada segundo cuenta

Tal como esperaba, Eckard utilizó una de las brújulas que había traído su hermano. Su deseo era eliminar a uno de los individuos que habían vuelto de la muerte. No viajó una vez sino dos, tan rápido que se mareó.
El primer salto causó un poco de caos en La Tierra, pues las alarmas de la bóveda de un banco famoso se activaron por su breve presencia. El segundo le dejó en un campamento abandonado en las Cuevas de Luz.
Cuando se sintió menos aturdido, revisó el lugar y trató de emplear la brújula para perseguir a quien fuera que lo había evadido. El mundo al que llegó esta vez era árido y no había rastros de ninguna vida por ahí.
Convencido de que algo había fallado, intentó concentrarse en un nuevo objetivo, está vez un adivino, pero eso era una actividad inútil porque la brújula ya había determinado un blanco y no sería Eckard quien lo cambiara, porque era incapaz de ceder. Confundido y frustrado, descubrió que estaba perdido. No conocía el sitio y no sabía como volver a casa.

lunes, 23 de septiembre de 2013

|Equilibrio| 11 - Parálisis

Después de tanto pensarlo, yo sabía que aquel parque antiguo y destartalado era un buen escenario para conocer a la chica y que volvería a casa en una pieza. Había decidido cuales eran las palabras más sensatas que podía dirigirle, aunque no tenía idea de si provocarían el efecto que yo quería causar en ella.
Lo primero que noté al llegar, fue el resplandor del sol en ese día nublado. Después de tanto tiempo bajo la luz artificial en casa de mi prima, se me hacía muy difícil mantener los ojos abiertos en el exterior.
Ella llegó antes de que mi vista se adaptara por completo, pero aún así alcé la mirada para verla a los ojos cuando le hablara. Se detuvo de inmediato cuando hice eso. Más que mejor, considerando que el movimiento interrumpido buscaba atravesar mi garganta con un Acervo en forma de daga. ¿O debo decir que era una aguja? Era tan delgada que yo no llegué a verla realmente, sólo sabía.

domingo, 15 de septiembre de 2013

|Equilibrio| 10 - Destino

¡Tres elementos de La Sociedad, bien preparados y supuestamente muy capaces!
En fin, ¿quién era yo para criticarlos? No fui capaz de decirles el punto exacto en que estaba la brújula, después de todo.
Con dos brújulas nuevas en manos de los inquisidores, yo estaba muy malhumorado cuando llegó la hora de colaborar con el que Gretze consideraba su destino.
Gretze. Debería dejar que ustedes sepan quién es antes de comentar que ella fue la segunda en recomendarme que me resignara a ser asesinado por un sujeto que no tenía razones para matarme. Oh, bien; ya es tarde. Pero aún así voy a contarles sobre ella.
Nació en Lien; eso significa que es una creyente de la Naturaleza como divinidad, que desperdició siempre su capacidad de modificar el entorno con su voz y que alguna vez vivió en preciosa libertad.
Ella veía el futuro de una forma muy similar a la mía, pero lo manejaba muy distinto. Quizá fue por nuestras naturalezas, o por lo que creíamos... O simplemente las circunstancias fueron distintas, después de todo, la primera vez que yo vi el futuro, también creí que no podía evitarlo. De no ser por una casualidad, quizá yo habría acabado como esta mujer a quien lo primero que se le ocurrió es que cada criatura viva debe respetar el curso de los eventos. Siendo una chiquilla de unos 10 años, renunció a la libertad de ser una hija de la Naturaleza como cualquier otra para convertirse en una esclava del futuro probable. Si “se enteraba” de que su mejor amiga se casaría con el hombre que ella amaba, los presentaba en el momento y lugar que ya estaba predeterminado. Realmente ocurrió así, no lo estoy inventando. Le rompió el corazón a Gretze, pero “era el destino”.
¡Lo siento tanto por ella! La gente de Lien tiende a subutilizar sus habilidades, pero ella llevó esa costumbre al límite.
Era el tipo de persona que podía aceptar de buena gana ser asesinada durante la cacería de adivinos, si ese era el destino.
Según supo, la visita de Eckard sucedería en el Décimo Templo. Era el edificio más viejo y alto de su región, preservado como el monumento de los primeros extranjeros que en su momento habían sido privilegiados en Lien porque se presentaron como emisarios de la diosa Naturaleza. No merecían menos que un edificio enorme, con una vista preciosa, los mejores materiales posibles, una estructura que aprovechaba el clima para dar la mejor temperatura posible todo el año, y más habitaciones de las necesarias.
Al darse cuenta de que un desconocido intentaría asesinarla ahí, ¿que hizo la señora? Exacto: agarró su bolso y visitó el edificio sin motivo alguno.
Esperó a Eckard unos cinco minutos. Y cuando lo vio aparecer frente a ella, retrocedió los cuatro pasos predestinados y le dijo lo que sabía que le diría:

lunes, 2 de septiembre de 2013

|Equilibrio| 9 - Sencillo

¿Mala suerte? ¿Destino ineludible?
¡Como no!
¡Torpeza mía era eso! No pude saber en qué, pero algún error había cometido. Era la única explicación lógica. La metida de pata pudo ser de Gerusa o de Iuner, pero era mi función haberlo previsto y dar las instrucciones para evitarlo.
Más tarde, cuando tuviera un momento libre, me aburriría de buscar explicaciones para aquel descuido; todo en función de que no se repitiera. Pero, por el momento, tenía frente a mí a los tres enviados de la Sociedad, mi paisana, y el conquistador. Ninguno estaba feliz, ni siquiera Áled, que había tenido un éxito parcial en las Cuevas de Luz. Quizá, porque el único logro era suyo, se veía cohibido a la hora de decir que al menos habíamos salvado una vida; o quizá no sabía manejar una muerte.
No busqué los motivos del inventor ni los de nadie. Sencillamente me disculpé y les hice saber que ya buscaría más tarde la fuente del problema. Si eso les bastaba o no, era cosa de ellos. Luego, di vuelta a la página:
Ahora habrá que concentrarnos en lo que viene. Necesitamos información sobre las brújulas...
Y no puedes saber nada de ellas ―rezongó Rubén.
No soy el único perceptivo en catorce planetas, ¿verdad? ―le respondí, sin la menor gentileza: yo no necesitaba que cualquier matón viniera a señalarme mis problemas―. Y ahora que lo pienso prefiero que te vayas desde ya.
¿Intentas echarme, enano? ―se burló el aludido.
Dijiste que cooperarías con tal de deshacerte de esos tres. Y tu próximo aporte, más útil que el anterior ―¿hice mal en burlarme de aquel previsto fracaso?―, es en el Décimo Tercer Mundo. Buscas a una mujer llamada Eredieven; te dejaré justo frente a su casa, no te preocupes cuando ella salga, porque sé que será ahí donde la encontrará Eckard; no puedo especificar cuanto tiempo tendrás que esperar, pero entre más pronto te vayas, mejor para todos.
Fue cosa de minutos: una vez que dejé al inmortal en su mundo de origen, regresé con el grupo. Estaba muy orgulloso de lo convincente que había sido, hasta que la muchachita de cientos de años de edad abrió la boca:
Oye, Ánjel... es decir... Ángel. Uhm... tengo una duda. Eso de hace un momento... ¿era una mentira o una teoría sin mucho fundamento?
Se ganó una sonrisa y una respuesta.
Mentira. Es que yo puedo tolerarlo pero Hayden no. Es más: no se lo mencionen.
¡Hayden! ―se alarmó Carmen― ¡No puedes traerlo! Para empezar, sabrá de Rubén; además, está...
Se interrumpió pero me negué a concluir por ella.
¿Sí?
Pues... ―tuvo que buscar una palabra que lo definiera, y al final no fue tan difícil― Está deprimido.
¿Ya te contaron cual es el tratamiento para la depresión aquí?
Sí lo sabía:
Trabajar hombro a hombro con Rubén puede ser “una actividad de importancia vital que exija absoluta concentración, dedicación y...” todo eso. ¡Pero ni es “grata” ni le llenará de satisfacción personal!
Por eso mandé a Rubén a perseguir el reflejo de la luna. Mientras él está lejos, veremos que se hace con esa depresión. Todavía no sé como arreglar ese asunto de Hayden. Tengo mucho en mente como para verlo a él como prioridad. Aún así, hace falta hacerlo reaccionar con “gentileza”, antes de que se estrelle contra un muro. Por mientras, a lo nuestro. Seguro ya hicieron cuentas de que estamos como al inicio: ellos perdieron una brújula y obtuvieron otra. Cuando se encuentre un poco menos muerto, Eckard estará tras una adivina; pero al parecer yo tendré que ocuparme de ella.
¿Tú? ―Gerusa no pudo guardarse su escepticismo.
Tampoco me gusta ―confesé―, pero así es con Gretze: siempre se queda con el primer futuro que ve. Si no voy, la muy bruta se quedará ahí parada. En todo caso, es mejor; así ustedes tres van a ocuparse de Dak. Harán falta muchas manos está vez: sucede que con dos brújulas juntas, me es imposible ver como se darán las cosas.
Al menos pude explicarles a que hora y desde donde llegaría el criminal.
¿Y la otra brújula? ―preguntó Áled― La que se llevó el niño...
Con la buena suerte que tienen esos tres, seguro que ninguna brújula los pondrá en el camino de Ameriev de nuevo. Pero sí hace falta, sabrá evitar que se la quiten.
A esta sincera respuesta se le sumaba que no quería abrir infinitos futuros tratando de recuperar un trasto que no necesitaba.
¿Y la chica? ―inquirió el psicópata― ¿Es que otra vez está predestinada a salirse con la suya?
Más me vale que no. Pero también de eso tendré que hacerme cargo solito por esta vez.
Tendrás un día ocupado.... ―murmuró Carmen.
Dos.
Las preguntas siguientes fueron sobre lo que sí tendrían que hacer los miembros de la sociedad. Se demoró lo necesario y tan pronto como acabé ahí, volví a La Tierra, pero no a mi casa. Ni siquiera a mi país.
Esta vez el lugar era uno más ordenado. Una habitación que el día anterior era un basurero, pero ya no.
Así que sabes ―comprendió el otro perceptivo, ahora un poco más informado y menos alcoholizado―. Estaba a punto de hablar con Álvaro... ya debes estar al tanto de que él y yo estamos conectados y eso... En todo caso, supongo que tú viniste para llevarme a Ogha.
En efecto, a eso iba; de modo que eso fue lo que hice. Carmen ya estaba preparando la estadía de ese amigo del que se había distanciado; ambos lo sabíamos, y mientras ella se ocupaba en sus asuntos de anfitriona, nosotros fuimos a temas menos felices.
Te lo dije antes: yo tengo preguntas y tú tendrás respuestas.
Esperemos que sí.
Primero, debes saber lo posible sobre las brújulas.
Supongo que no es como “compass”. No sé de más brújulas que las terráneas.
Pude haberle detallado todo lo que yo sabía. Pero, me parece una falta de cortesía explicarle obviedades a un perceptivo. Después de unos cinco minutos de mutismo, él estaba al tanto de lo que era una brújula, que cultura las había construido, un poco de su historia, cuantas eran y como lucían todas. Varios minutos: o seguía un poco lento por todo ese alcohol, o todavía no alcanzaba los niveles que yo le había conocido en todos esos futuros truncados.
Ajá, vamos bien ―comenté, al darme cuenta de que él ya estaba informado―. Ahora que las conoces, ¿dónde están?
¿Todas? ―se sorprendió.
Claro.
Que tu sepas sobre varias de ellas, lo hace fácil... pero las otras... están ocultas. Como eso que me estás queriendo esconder. Por medios diferentes, claro, pero el resultado es el mismo.
Así que sabes que te oculto algo, pero igual viniste.
No me importa. Sé qué no afecta a tu objetivo; aunque sí tiene que ver con la forma en que lo vas a alcanzar. Al final decidí que no me importa. Eres una persona bastante confiable.
¿Lo soy? ―dudé.
Sí, claro, yo sabía dar uso a mis habilidades pero... también sabía mentir como el mejor. ¿De donde sacaba él que yo era confiable?
Según tus resultados, tus intenciones... y la opinión de los que te conocen. Contando a Ameriev, por cierto: la investigación más difícil de mi vida.
Te falta encontrar esas brújulas. Y sus leyes.
¡Ah!, la segunda es fácil: exceptuando a los nidauvie, el portador no puede indicarles que buscar, sólo se guían por el deseo o la necesidad; sólo se liberan de su objetivo bajo algunas circunstancias: el cambio de portador o que éste muera, la renuncia absoluta o la conquista, y que un blanco deje de existir o tenga un cambio tan dramático que ya no lo reconozca; nada las aleja de su objetivo excepto por los secretos de perceptivos, lo cuál es adecuado dado que las brújulas confunden a los perceptivos también.
Enemigos naturales ―interrumpí.
Algo así.
Bien. Es bueno saberlo, por si acaso.
No servirá mucho, quiero decir, ¿cuantos secretos puedes sostener? Porque la brújula simplemente omitirá a esos adivinos y señalará a otros. Me parece que estos muchachos no tienen objetivos muy delimitados.
Lo ideal sería capturarlos―acepté―. Pero hasta entonces, habrá que ganar tiempo; romper algunas de las brújulas o esconder un objetivo que no podemos proteger.
Es buena idea... uhm, pero tienes que esconderlos antes de que la brújula los marque. Y debes ocultarlos de todo.
Mala suerte para Rubén, entonces: yo sólo lo estaba ocultando para Hayden. No probaría mi suerte exigiéndome demasiado, no por su vida. Además, ya había sido señalado por una brújula.
¿Y que hay de los inmortales? ―recordé en ese momento―, ¿los pierde después de una muerte temporal?
Sí ―contestó él, asintiendo con la cabeza.
Y el portador vuelve a casa cuando la brújula pierde el rastro....
O cuando el portador pierde la brújula, aunque se demora un momento en comprender esas cosas. Y “casa” es el sitio exacto de donde vino.
Sí, eso pensé.
Hay un retraso con los inmortales... o con las muertes y cambios drásticos. Creo que es porque se confunden.
Eso me parecía. Bien, mantenme informado. Y ¿qué hay de la primera pregunta?
Pregúntale a Sofía.
No quiere meterse. Según ella se basta sola. Tiene razón, pero igual acabará viniendo. Por desgracia eso tardará un poco.
Pues usaré ese tiempo para ver si alguien más sabe algo ―era el camino más largo para un perceptivo―. Pero eso va más allá de las respuestas sencillas.
Está bien.
¿Por qué no simplemente van y los arrestan? ―quiso saber el perceptivo deprimido.
Por el momento ignoro su ubicación. En todo caso no he logrado ver un escenario en el que eso salga del todo bien. De vez en cuando intento encontrarlo... Claro que podemos matar a Rackel o destruir el acervo. Mi primera opción era convencerla de que andan equivocados, pero como que no va a ser tan sencillo. ¡Opciones hay! Es cosa de hacer posible una de ellas, y todos felices.
Yo no; pero al menos estoy “vivo”. Supongo que tienes razón respecto a eso de que debo continuar.
Lo sabía, sí. Pero a veces no basta saberlo, y Hayden permanecía en ruta de colisión. No sería su cuello lo que se rompiera.

jueves, 29 de agosto de 2013

|Equilibrio| 8 - Ese futuro llamado "Muerte" (parte II)


Ahí estaba Ameriev, esperando a que vinieran a matarlo, y contándole a Áled de que se iba a morir.
Ahora veo porque no le gustas a Ángel y a Gerusa.
Uhm... No. Ángel es el único que entiende. Sabe que debemos conocerlos para elegir. El busca una vida perfecta, yo busco una muerte perfecta; pero a la larga es lo mismo. Pobrecito, tiene el terrible problema de no saber distinguir lo que si pasará de lo que no. Arrastra culpas, rencores y traumas de lo que no pasó.
Cierto.
Se ve que te cae mejor que tú a él.
No es eso. Tiene miedo de mí.
Cierto.
¿Ah sí?
Porque voy a matarlo.
Error. Me asustaba porque me hacía torpe. Donde él estaba, yo me equivocaba sin motivo. Veía un futuro y ocurría otro. O, peor todavía, descubría miles de futuros y no tenía idea de que los definía: entre más intentaba entender, más futuros aparecían. Un segundo con Ameriev era como enloquecer.
Pero... ―Áled estaba confundido con la noticia de que aquel niño acabaría con mi vida― si te agrada...
No importa lo mucho que lo intente, cada vez que lo conozco, acabo por matarlo. Un día, una semana, veinte años después; pero lo mato. Por accidente, por que no tengo opción... A veces él es el que se equivoca, pero el caso es que acaba muerto. Incluso hay algunos casos en los que me pide que lo haga, pero si quieres saber de eso pregúntale a él, yo sé cuales son pero no como van a ocurrir. No es asunto mío.
¡Pero eres tú quien lo mata!
No siempre. Sólo si lo conozco.
¡Ah! Eso dijo él, que no iba a conocerte si podía evitarlo.
Hay una sola manera de evitarlo. Me parece que es posible que yo tenga lo que quiero aunque lo conozca, pero mis mejores posibilidades están en no hacerlo. Así que debo pedirte que le digas.
Yo le digo, ¿que tiene que hacer?
No lo parece ―advirtió el adivino de “finales”―, pero es lo mejor para todos. Ustedes lograrán su propósito, yo lograré el mío. Incluso es la mejor opción para los asesinos. Pero requiere sacrificio.
Supongo que no hay una opción sin sacrificios, pero... me suena muy raro que haya una sola posibilidad...
Hay muchas otras formas de que esto termine, pero no me las preguntes a mí, recuerda que yo sólo veo la muerte ―en efecto se había esforzado mucho para ver sus propios finales con tanta claridad que había visto toda su vida―. Sé de las muertes que pueden poner fin a la cacería, nada más.
Dímelas.
Rubén mata a Rackel; esas son treinta y cinco. La hermana de Ángel mata a Rackel; esas son tres. Ángel mata a Dak; esa es una. Emnaid mata a Dak; dos...
¿Quién es Emnaid?
Quizá todavía no lo conoces... es el alma gemela de la hermana de Ángel. También lo llaman Emilio, creo.
Sí, aún no lo conozco. Anda, cuéntame otro final, antes de que llegue el asesino.
Tenemos tiempo. Hay dos en las que a Rackel la mata el adivino al que va a buscar, pero no cuentes con eso. Y mi favorita, la que me parece más apropiada, es en la que Ángel enfrenta a Rubén.
Ehm... Dijiste que sólo veías muertes. Además, ¿qué gran diferencia implica eso...?
Es que Ángel morirá en esa pelea. ¿Qué esperabas, que ganara?
Y se le hacía tan chistoso al muy maldito. ¡A pesar de que era más incompetente que yo en lo referente a combate!
¿Cómo puede eso ser la mejor opción? Intentamos detener a los asesinos, no colaborar con ellos.
Ameriev encontró muy divertida esa respuesta. Echó a reír como el niño que aún era. Yo, que nunca había visto reír a Ameriev en la realidad en que lo conocí iba a conocerlo, sabía interpretar esa risa. Porque conocía ese sentimiento: la satisfacción de saber algo que los otros no.
Claro, Ameriev lo tenía todo bien planeado, pero NO gracias. Yo era muy joven para morir por el bien común. Mejor soportaba uno de los numerosos accidentes y equivocaciones que me esperaban si tropezaba con aquel crío más adelante. Si se preguntan porque alguien como yo elegiría una muerte ridícula en lugar de una muerte heroica, es porque no me conocen. ¿Dónde estaban cuando Ameriev dijo que lo que yo buscaba era una vida – no una muerte – perfecta? Y si el pensaba que yo tomaría el consejo de quien tenía altas probabilidades de matarme, estaba muy equivocado.
Así pues, mientras yo me burlaba de las esperanzas que aquel pequeño tuviera sobre mi muerte, Áled y él seguían hablando sobre finales. Donde Gerusa y muchos otros habían tenido miedo, Áled estaba simplemente impresionado. Le gustaba ver a un niño tan pequeño determinado a obtener el final perfecto.
La platica terminó repentinamente, cuando Ameriev dio dos pasos a la izquierda para quedar oculto tras una roca en la entrada de un pequeño laberinto para los niños. Ese movimiento dejó a Áled justo a la derecha de un individuo que acababa de llegar. Sí, ustedes saben quién era y cómo llegó.
Él sabía que la brújula lo pondría frente a la persona que debía matar. Y ahí solo estaba Áled: un inventor que contra la lógica y sus instintos no atacó directamente al otro, sino que intentó dar la vuelta hacia su derecha y regresar. Con eso consiguió “no estar ahí” cuando el inmortal lanzó un golpe que hubiera sido muy efectivo y sólo le hubiera costado un poco de su sangre tan fácil de reponer.
En lugar de eso, Eckard estaba a dos pasos de un tipo entrenado para combatir y especializado en hacer el arma correcta para cada situación. Ni siquiera supo de donde habían salido los ocho dardos que alcanzaron su pecho y su cuello. Yo tampoco lo sé, a decir verdad; parece que los inventores tampoco. Áled es uno de esos que no necesita sostener algún material antes de crear algún objeto, aunque esa materia debe venir de alguna parte, no se ha descubierto de dónde. Las teorías más creíbles hablan de energía, o compuestos químicos imperceptibles para los sentidos humanos.
Como sea, Áled se inventó esos ocho dardos con tanto veneno que hubiera bastado uno para matar a un gigante, pero tratándose de inmortales es mejor exagerar. Usualmente un inmortal descarta el veneno antes de que le cause verdadero daño, pero Áled había cubierto eso. Después de todo, lo había hecho antes. Este veneno actuaba de tal forma que el propio proceso de regeneración del objetivo se encargaba de distribuirlo más rápido. En dos segundos y medio, antes de que el último dardo tuviera algún efecto, Eckard ya estaba muerto.
El niño al que señalaba la brújula se acercó a Eckard y arrancó el pequeño instrumento de su inerte mano izquierda. De inmediato el hermano menor de Dak desapareció: la brújula ya no le retenía con su objetivo, porque este había cambiado de algún modo.
¿Me la das? ―solicitó Áled, mientras pensaba en lo mal que estaba haber perdido la oportunidad de capturar a uno de los inquisidores.
No ―respondió el niño, con sencillez.
¿Dices que... no? ―le tomó por sorpresa la respuesta.
La necesito.
Acto seguido, el adivino desapareció; Aled había salvado a la víctima, perdido la brújula y dejado escapar al criminal. Eso lo ponía en mejor posición que sus compañeros, pero no lo convertía en un ganador. Más bien se sentía confundido y derrotado. También le preocupaba no tener como volver a Ogha, donde debía reencontrarse con el grupo.
¡Vaya una preocupación tonta! Aunque él suele tener mala suerte con los viajes.
Simplemente le pedí a Iuner que usara su envidiable magia para traer a Áled. Ella, que guardaba la esperanza de que él hubiera tenido éxito, intentó traerlo junto a “sus acompañantes”. Pero Áled llegó sólo al lugar en donde nos reuníamos. La anciana con apariencia adolescente preguntó sin el menor tacto:
¿También perdiste?
Al menos salvé al niño, pero...
¿Y qué tal te pareció? ―preguntó Gerusa, ya con tono de burla.
Es un poco complejo para su edad...
¿No sentiste deseos de dejar que lo mataran? ―sugirió el insensible.
Nunca fue una opción ―respondió Áled, divertido―. Creo que él matón nunca supo que yo no era su objetivo....
Así que podría decirse que el monstruo te embaucó ―adivinó Gerusa, riendo.
Algo... Parece que lo tiene todo planeado.
Sólo sobre sí mismo ―aclaré―. Pero para eso debe afectar a mucha gente. Ya sabes, para garantizar ese final que desea con tantas ganas.
Pero hasta de ti... ―Áled no pudo evitar pensar en el conquistador que había regresado de la muerte― Eh... No querrás saberlo.
No quisiera, pero ya me enteré ―respondí, de mala gana.
Mírale el lado bueno.
¿Cuál? ―me ofendía que él recomendará eso cuando de mi muerte se trataba.
Ninguno de estos tres está en la lista de la gente que podría matarte.
¡Tenía razón! Debía haberlo pensado antes, pero aún era buen momento para considerar aquello como una buena noticia. Ameriev nunca omitía posibilidades; por lo general era incapaz de decirlas todas, pero eso no era problema para mí, ya que simplemente lo sabía porque él lo había descubierto. Siempre y cuando las brújulas no estuvieran interfiriendo con eso, aquella información era correcta.
¿A ustedes como les fue? ―Áled se dirigía a Iuner.
Perdimos y todavía me siento un poco enferma ―se quejó ella, con un tono lastimero que la hacía sonar aún más joven de lo que lucía.

lunes, 26 de agosto de 2013

|Equilibrio| 8 - Ese futuro llamado "Muerte" (parte 1)


Este capítulo es bastante largo. Dejaré una parte ahora y agrego el resto el jueves.
En una ciudad sobrepoblada de un mundo no libre, vivía un hombre alto, musculoso y de andar torpe, que solía contar las mejores bromas de su “barrio”. Se ganaba la vida tirando de la carreta más amplia y cómoda del país. Se divertía en luchas callejeras, donde unas monedas extra no faltaban. Yo hubiera enviado a Álvaro para que se ocupara del asunto, pero estaba haciendo falta en Ogha; sabía que todo iría mal si él no intervenía en eso y su responsabilidad estaba ahí, así que ni siquiera lo dejé buscar la forma de delegar sus responsabilidades. En cambio Rubén insistió en visitar al humilde luchador y cumplir la tarea que Álvaro hubiera ejecutado bien. Le advertí al conquistador que él no tendría tan buenos resultados, pero insistió en no quedarse de brazos cruzados y fue.
Vigiló toda la mañana al tirador de carretas. No había nada interesante que ver, salvo lo fuerte que era el conductor. ¿Y como no, si tenía la genética correcta y no hacía nada más que ejercitar? Como dije, el tipo era una bestia, pero una bastante mansa.
En el camino de ese buen hombre, fue donde la brújula de Rackel decidió poner a mi futura amenaza. Por suerte para ella, usó el instrumento de búsqueda cuando él hombre descansaba; de lo contrario habría sido atropellada primero por el conductor y luego por su carreta.
Bruja ―apuntó la mole de músculos y gentileza, sin demasiada sorpresa de tenerla enfrente.
No, en realidad vine gracias a esta cosa ―la cazadora de adivinos le mostró su brújula desde una distancia segura, mientras escudriñaba en la expresión de aquel desconocido.
En su mirada encontró un dejo de sorpresa y una absoluta complicidad.
Sabía que habían más... Aunque no se parece en nada la mía.
¿No? ―Rackel fingió curiosidad y ocupó su vista en la pieza que sostenía.
Debido a esa reacción, supe un dato inútil sobre la chica: toda expresión, según ella, podía ser fingida, pero la mirada no. Los ojos, tan difíciles de leer e imposibles de controlar, eran lo único confiable. Pero creía poder disimular la verdad en los suyos mirando hacia otra parte: distrayéndolos.
Si yo hubiera sabido controlar mis ojos para engañarla, hubiera sido información importante, pero al parecer ella tenía razón. Esos años de tomar y correr no habían pasado en vano; sabía juzgar a un individuo de su mundo o de otro y así era como planeaba tomar la brújula del gigante sin pelear. Me hacía gracia saber que no evadía la lucha porque él la superaba en fuerza unas ocho veces, si no porque parecía muy buen tipo como para “causar” que peleara con alguien tan pequeña.
Mostró tener mucha curiosidad por las diferencias entre las brújulas y aquello que pudieran tener en común: lo que las hacía funcionar. Incluso lo dejó sostener la de ella un momento; él parecía ser confiable. Lo era, a decir verdad. Una vez satisfecha su propia curiosidad, el conductor entregó el objeto a su propietaria; y se disponía a prestarle la suya (una muy simple, con forma de gota) cuando Rubén decidió que había visto suficiente.
El momento fue oportuno, pero su método resultó lamentable. Agredió a la chica simpática frente a su enorme nuevo amigo, causando que ambas brújulas cayeran al suelo separadas por un par de centímetros, sin rebotar ni emitir sonido alguno.
¿Cómo es que Rubén no adivinó lo que iba a pasar? Más aún, ¿cómo no recordó que le dije que no hiciera eso? Lleva razón ese dicho de que los necios sólo tienen un futuro.
En este caso el de Rubén no fue muy agradable: tras derribar a a la chica con aquella embestida, le toco recibir. Bastó un golpe del conductor para romperle un brazo y hacer que olvidara lo que estaba haciendo ahí. Con unas pocas palabras asociadas con la magia, consiguió poner de rodillas al grandulón, mientras montaba su arcabuz de dimensiones ridículas.
La flecha, que se veía menos enorme una vez que abandonó la pequeña arma, fue interceptada por un lazo brillante y resistente manipulado por Rackel.
La flecha se partió en dos, y la punta se clavó en el techo de la carreta vacía, mientras el resto caía al suelo con un sonido inaudible en el bullicio citadino.
El siguiente blanco del Acervo convertido en cinta fue Rubén, por supuesto. En pleno vuelo su extremo se tornó en una afilada punta que atravesó con facilidad el hombro del conquistador. No lamenté su dolor porque Rubén me cayó mal desde el comienzo, pero intuí que no podía ser bueno para nosotros que el arma sin forma de Rackel hubiera absorbido una vida más.
Debido a las propiedades letales del arma, no necesitaba causar heridas precisas; aunque Rackel podía hacerlo si se concentraba. El conquistador cayó, “muerto” aunque no parecía haber un motivo para ello. El acervo cambió de forma para salir de la herida y se encogió en la muñeca de su propietaria.
Mientras el lugareño daba golpecitos con la punta del pie al temporal cadáver en busca de señales de vida, la huérfana se fue directo a las brújulas y siguiendo un plan elaborado durante el proceso, utilizó la brújula para “volver a casa, sólo por esta vez”. La mitología terranea enseña que sí le pides un deseo a un genio debes tener mucho cuidado con las palabras y las interpretaciones secundarias; pero cuando sujetas una brújula y quieres algo, no hay margen de error.
El viaje se efectuó de inmediato y una vez concluido, la brújula volvió a quedar sin objetivo, esperando una nueva petición.
El hombre que acababa de ser asaltado, ni siquiera supo a donde fue la chica. Seguía buscando su brújula en el suelo cuando Rubén recuperó la vida y se fue a dar un paseo para no venir de inmediato a que yo le dijera “te lo advertí”. No es que yo fuera a hacerlo: el hombre era medio tonto, pero no hacía falta explicarle lo más obvio; podía verlo, sólo que no sabía como usar las verdades sutiles. No pueden todos ser tan fáciles de guiar como mi hermana, supongo.
Que Rubén perdiera el sentido al ser herido por el Acervo, significaba que el efecto disminuido que tenía aquel artefacto en Eckard se debía a la relación con la portadora y no a su inmortalidad. Después de todo, además de ser gemelos, ellos dos eran contrapartes. Una rareza más en la lista. ¿Qué sentido tiene ser contraparte de alguien que no sólo es de tu mundo sino que nació contigo?
Probablemente le servía como un pase libre frente al instrumento letal que utilizaba su hermana; y también implicaba una debilidad: si Rackel moría, Eckard también. Aunque, si uno lo piensa detenidamente, ellos eran tan unidos que era muy probable que él renunciara a su inmortalidad si la perdía a ella.
Rackel, mi temida amenaza, era también el punto débil de los cazadores; siempre y cuando superaramos el hecho de que era bastante letal para su complexión.
Todo eso lo había visto y pensado antes de que ocurriera, desde luego; y apenas si puse atención para verificarlo, pues al mismo tiempo estaba asegurándome que todo fuera de acuerdo al plan en el Tercer Mundo de Grista.
Desde el comienzo hubieron algunas cosas fuera de lugar. Se suponía que la victima estaría descalza, tomando un buen té y concentrada en el futuro cuando llegara el asesino. O estaría sirviendo el té cuando llegaran mis aliados.
En cambio lo que obtuvimos fue un escenario distinto y un orden de eventos un poco raro:
Idelia se ajustó sus botas de suela doble, se sirvió un té de zadao (una fruta importada de propiedades no comprobadas) y se sentó frente a la enorme chimenea que utilizaba para calentar sus prendas en invierno y concentrarse en el futuro siempre que lo viera todo difuso.
Las manos le temblaban, pero no dejó la taza en la mesa pese a que el líquido hirviente caía sobre su ropa de vez en cuando. Se obligó a respirar y ser paciente durante casi dos minutos, antes de que un par de desconocidos aparecieran frente a ella, caminando de tal modo que pareían venir de la chimenea.
¿Dos? ―se alarmó.
Aun ante la sorpresa, mantuvo su plan. Ese que yo hubiera visto si me hubiera puesto a pensar en el presente en lugar de ver sólo hacia adelante.
La pelirroja lanzó el té al rostro de “la chica”, sin saber si era la mejor opción o no. Lo era. A él no lo habría noqueado con los vapores de zadao, en cambió Iuner no tuvo tiempo ni de quejarse antes de caer inconsciente.
¡Hey, que te pasa! ―reclamó Gerusa, al mismo tiempo que sostenía a su compañera para evitar que golpeara contra el suelo de arena.
La tendió como pudo y no llegó a acomodarla muy bien porque la adivina intentó empujarlo hacia la chimenea.
¡Pero que demonios haces! ―insistió él, mientras la sujetaba por la muñeca y le aplicaba una llave para inmovilizarla― ¡Guarda esa energía para el asesino, adivina!
¿Ases... ?
Las miradas de ella y del mencionado asesino se encontraron en ese preciso momento. Ambos corazones se aceleraron, pero el de ella también se inflamó. Y siguió haciéndolo aún después de que el hombre enviado a protegerla se lanzará contra Dak. Este tipo tenía un alto nivel de concentración que había causado que le asesinaran la primera vez. En esta ocasión significó lo contrario.
Antes que rescatar a una adivina, él eficiente y calculador guarda de la paz quería apresar al criminal, y ya tenía todo bajo su control cuando la pelirroja cayó de bruces con el corazón hecho pedazos en un sentido mucho más literal que el que se había aplicado tantas veces a mi temprana juventud.
El supuesto psicópata ya tenía inmovilizado a Dak; éste ni siquiera había forcejeado demasiado, concentrado como estaba en su propia misión.
El logro del asesino era absoluto... aunque representara un porcentaje ridículo de su misión. En cambio el de Gerusa se desvaneció en el preciso instante en el que murió la víctima y la brújula llevó a su propietario al sitio del que había venido.
Una respuesta inmediata que nos sorprendió a los tres. ¿Acaso no había un retraso de varios minutos antes de que la brújula regresara al asesino a casa después de cumplirse el objetivo? La incognita me fastidiaba. Esperaba que Hayden tuviera más respuestas que yo.
Tampoco entendí que había salido tan mal. Nada había pasado como yo esperaba en el Tercer Mundo de Grista. Idelia estaba muerta y Gerusa tuvo que esperar a que su compañera de trabajo despertara para comunicarle que el asesino había escapado. Iuner incluso llegó a llorar: se dejó caer en los brazos de su compañero, para quien no significaba nada aquel cadáver, y lloró tanto por la muerte como por su primer fracaso.
Cuando se hartó de llorar, usó su magia para volver. No le hacía falta nada más que desearlo. Después de los nidauvie, la magia por determinación es la más impresionante, ¿no les parece? A mí en lo personal, me mata de envidia.
Y ya que el tren del pensamiento me lleva a las cuevas de luz, vean las cosas desde donde las vi: si había ido todo tan mal donde el plan era perfecto, ¿qué se podía esperar del joven nidauvie cuya sola presencia me volvía mediocre?
Yo había dejado a Áled en las cuevas de luz no mucho después de que Iuner usara su magia para ir a buscar a la pelirroja, que en paz descanse. Ahí había encontrado a unos niños peleando a la manera poco sutil de las “estrellas” como solía llamárseles antes de que se extendiera el nombre de su cultura.
El niño más grande ahogaba al más pequeño, no con sus manos, sino con esa habilidad que se parece a la magia pero resulta que no lo es. Una habilidad sin nombre, porque para los nidauvie no es nada y los demás le decimos “magia” tarde o temprano. Magia de estrella, eso es lo más cercano a un nombre que puedo encontrar para esa habilidad.
El niño más grande, el que estaba cerca de matar al que no tenía magia para defenderse, había empezado la pelea, pero a estas alturas, ya estaba solamente defendiéndose. Áled tuvo una impresión completamente distinta, pues no sabía lo que había ocurrido un momento antes: Ameriev había empezado a hacer “la lista”. Esa lista que aterrorizaba a todos a su alrededor. Esa lista con la que había hecho llorar a la niña que estaba con ellos, y había causado que los otros corrieran a buscar a sus mamás. Este niño, mayor y más violento, no había querido correr pero también temía escuchar. Y no lo culpo, pues su caso era uno de los más desagradables de oír.
Áled lo regañó al ver lo que hacía y por fortuna para el pequeño, aquel niño que de adulto no prestaría atención a ningún tipo de reclamo aún se impresionaba por la firmeza de sus mayores. Dejó de ahogarlo de inmediato, pero siguió mirándolo con hostilidad.
Al recuperar el aliento, el chico al que Áled debía salvar se dio el lujo de acabar lo que había empezado:
Andar por ahí peleando con todo el mundo es la razón por la que te matan en un noventa y dos por ciento de las veces, ¿sabías? Y son muertes muy feas. Pero ya no voy a describírtelas. Ésta es la última vez que me ves ―comunicó, y sin dar explicaciones, se volvió hacia Áled y le sonrió con afecto; no se sorprendan, los adivinos a menudo sentimos afecto o rabia por gente a la que no hemos visto en el presente―. Ven Áled, te conseguiré un escenario en el que no te mate ese muchacho.
¿Eh?
El pequeño adivino sólo se rió y siguió caminando. Áled lo siguió hasta una especie de parque de roca. Las bancas, los adornos, y cada uno de los pocos juegos, habían sido tallados en piedra. Había muy poco espacio y Áled se preguntó cómo podía ese ser un escenario óptimo. No era una pregunta retórica, era práctica. Todo sitio tiene sus ventajas y Áled sabía que debía diseñarse las armas correctas para el entorno en el que todo pasaría.
Llegará por tu izquierda.
Áled asintió, planeando el movimiento más apropiado.
No hagas lo que quieres hacer.
¿Qué?
El ataque más lógico, no lo hagas. Falla. Si no, lo herirás pero va a sanar, y luego me matará. Me parece que a ambos nos conviene más que yo viva. Ya verás, ese final va a encantarte.
¿... final?
El niño volvió a reír.
Morir antes que yo. Es una casualidad afortunada. Yo sólo quiero acomodar las cosas para mi final perfecto, pero tú saldrás beneficiado también. Pero me caes tan bien que un día te dejaré decirme que final quieres. Lo más probable es que elijas morir en un trabajo... aunque yo no recomiendo ese. Me gusta cuando te suicidas porque es una cosa muy romántica pero....
¿Qué?
... si te matas, tu hija se deprime así que yo te recomendaría la muerte por vejez que es más...
Por favor, detente.
Seguro que la lista le gustó a Áled tanto como a cualquiera. Debo ser la única persona que la conoció completa. Pero no en esta realidad, no. En la otra. El “pequeño monstruo” me había advertido que de alguna forma la versión que yo había descubierto no incluía los finales de las realidades alternas.
Parece que siempre fue capaz de ver esta y que, de algún modo, la posibilidad de que todo esto ocurriera siempre había existido, inaccesible para casi todos. Ameriev era una excepción... casi una Anomalía. Como ya habrán notado, este pequeño no veía fragmentos del futuro sino las posibles muertes de cada persona que conocía. Para no volverse loco con información incalculable, descartaba toda la que no le interesaba. Olvidaba esos finales ajenos y los descubría de nuevo cuando volvía a encontrarse con la persona a la que le correspondían, o cuando hablaban de ella. Pero tenía bien presentes todos sus finales y había estudiado su vida desde cada final que le interesaba hasta el presente, para asegurarse de que ocurriera lo necesario para llegar hasta ahí. Conforme pasaba el tiempo debía elegir uno de esos futuros, y una acción sencilla o compleja lo acercaba a un final y volvía imposible otro.
Sus opciones favoritas, sin embargo, habían sido imposibles en la realidad en que yo lo conocí y estaba un poco amargado. En esta realidad en cambio... ¡El maldito crío le había ayudado a Sofía para que esto se diera! Al parecer quería conocer a Áled. Hubiera buscado su dirección, ¿no? Sólo que... no tenía como. En las Cuevas de Luz el contacto con los extranjeros era mínimo y sólo podían salir como castigo. Y él ni siquiera tenía magia de estrella. Era el único adivino por ahí. Supongo que no se pueden tener ambas cosas.
Así que ahí estaba esperando a que vinieran a matarlo, y contándole a Áled de que se iba a morir.
Ahora veo porque no le gustas a Ángel y a Gerusa.
Uhm... No. Ángel es el único que entiende. Sabe que debemos conocerlos para elegir. El busca una vida perfecta, yo busco una muerte perfecta; pero a la larga es lo mismo. Pobrecito, tiene el terrible problema de no saber distinguir lo que si pasará de lo que no. Arrastra culpas, rencores y traumas de lo que no pasó.
Cierto.
Se ve que te cae mejor que tú a él.
No es eso. Tiene miedo de mí.
Cierto.
¿Ah sí?
Porque voy a matarlo.