sábado, 18 de agosto de 2012

Trabajo Sucio

Colección: La Ruta del Adivino

Imágen derivada de The orange room (por F. Gambín)


Mi perfil de trabajo en La Sociedad era extenso y fácil de resumir. Así que, ¿vamos de una vez al resumen? Bien. Desarrollar actividades peligrosas que representan algún beneficio a La Sociedad o alguno de sus mundos miembros. 
¿Vamos a comprar una invaluable prenda en un mundo donde se entra fácilmente pero se sale en pedazos? Que vaya Áled. ¿Hay que darle malas noticias a alguno de los Buscadores de Soluciones con habilidades de nivel y mal carácter? Que vaya Áled. ¿Perseguir a un asesino serial? Áled.
Es increíble que mi pacto incluya cosas que nadie hubiera pensado que serían necesarias. Como ir a registrar información en la guerra de un mundo no libre. Resulta que normalmente las investigaciones las realiza un Buscador de Soluciones o un Contador de Memorias, gente que sabe como llegar a esos mundos sin dañar nada. Pero al no haber nadie capaz de sobrevivir en un campo de combate, yo acabé tomando notas en Gehi. 
Allí están siempre matándose por algo, según me comentaron. En mi visita, lo hacían porque una nación conocida como Igesib estaba convirtiendo en esclavos a algunos individuos del país vecino. Los intelectuales de Biegee acabaron por determinar que sí se les permitía por más tiempo, acabarían esclavizando incluso a gente importante, y lo resolvieron como se resuelve todo en ese mundo: con hechizos letales, bombas y patadas.
Debí sentarme y anotarlo, ¿no es así? Pero mandar a un Vigilante de Paz a hacer trabajo de observación es un plan muy malo. Conseguí ver la guerra en silencio, viviendo en Igesib como un visitante de otra nación, defendiéndome sin llamar la atención cuando hizo falta. 
Pero pregunté que hacían con los esclavos (una palabra que no me resultaba familiar)  y dos cosas cambiaron. 
Primero, me delaté. "¿En que reino vives?" preguntó el jardinero a quien le pregunté. Un buen tipo, muy abierto y curioso. Uno que espero sepa cumplir su palabra, por qué a la larga acabó por convencerse de que había algo raro sobre mi procedencia y aunque yo nunca acepté nada, él se despidió con un "Guardaré tu secreto". 
Segundo, me di cuenta de cómo funcionaba lo de la esclavitud. Cómo se llevaban contra su voluntad a quien se dejara. Secuestraban niños y adultos por igual, y les asignaban tareas duras sin dar a cambio más que un tiempo de comida y una celda donde dormir. Las palizas ante los fracasos o la desobediencia... las malas condiciones de vida... Lo que se supone que yo quería evitar cuando apliqué para unirme a La Sociedad. No quise quedarme a verlo. 
Hice el  temido viaje a través de cinco naciones y conseguí una audiencia en El Trono. Esas fueron como tres veintenas de días en que no anoté nada sobre la guerra, más una intromisión de nivel medio en un mundo no libre. Y si no les gusta, que me despidan, porque ese no sería mi trabajo pero sí mi vocación. 
Nunca supe quien de los que me recibió era el gobernante. No era relevante, lo importante es que la orden fue emitida. Los esclavos debían volver a su hogar. Así se hizo. Pero eso empeoró la hostilidad entre ambas naciones. Supongo que debí haber esperado eso. 
Hice el viaje de regreso para seguir con mi horrible tarea. Algo había de esclavitud en mi contrato: lo desagradable del trabajo. Pero alguien tenía que hacerlo, y yo era de los que podían.
—Una habitación, por favor —solicité en una posada diferente a la anterior, para evitar al jardinero que sabía demasiado ya. Ahora me quedaba cerca de la frontera, pero del lado de la nación ofendida.
En ese momento llegó alguien; simplemente apareció a mi lado, era evidente que había viajado con magia, lo cuál era común por ahí.
—Ya le consigo una llave... ¿Y el pequeño?
—Quiero la mejor que tenga —dijo el jovencito, que ya tenía edad para que le disgustara ser llamado pequeño, pero no se quejó. 
Le miré, sin motivo, y lo reconocí. Me pareció muy extraño, pero no comenté nada. Él nunca se fijó en mí. 
—¿Eres un delegado, pequeño? —dijo, mientras buscaba sin éxito.
—Sí señora.
—¿Delegado? —me entrometí.
—Muchos de los Propietarios envían delegados para la compra —explicó la mujer, luego se dirigió al chico—. Ya sólo tengo regulares... Hay mucha gente aquí en tus mismos asuntos. Cómo trajeron los esclavos de Igesib, todos los compradores están llegando a la ciudad.
—Está bien —el niño parecía contrariado. 
Pero más contrariado estaba yo. Abandonar mi tarea asignada, viajar de mala manera, rogar para ser escuchado.... ganarme una amonestación.... Todo para que los esclavos siguieran siendo esclavos, pero ahora en su nación. 
¿Cómo es que nadie me había advertido que eso funcionaba así? ¡Ah, claro! Para que se lo advirtieran al próximo andaba yo documentando. Cómo dije, alguien debe hacer las cosas desagradables. 
¿Alguien está leyendo esto? Sólo pregunto. Me ha entrado curiosidad sobre los lectores. 

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