jueves, 26 de julio de 2012

eMdV: Materiales fuertes y negativas firmes




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La habitación en el segundo piso era un sitio lo bastante encerrado para necesitar luz artificial en un mundo en el que la luz estaba en la atmósfera misma. O era eso, o el mito era cierto: la luz provenía de los ojos abiertos de sus gobernantes de todas las épocas, pero aquí no había ninguno de ellos. Aquí reinaba la intensa luz blanquecina de las velas de papel que parecían flotar en sus soportes de pared.
Lo primero que Franzisco vio con esta luz, fueron los escalones más bajos. Luego, oculto por la escalera misma, un brazo tendido en el suelo, que al bajar dos escalones pudo comprobar que no estaba atado al cuerpo de su propietario.
Había subido desde el sótano y otra vez debía bajar, para llegar de una vez a la habitación. Al acabar de bajar pudo ver casi todo el panorama frente a él, no había mucho que percibir: las velas, las paredes envejecidas demasiado cerca una de otra, el piso de tierra y las hortalizas destruidas(no había demasiada tierra para elegir en aquel mundo), el hacha de Emilio a pocos centímetros del brazo desprendido... y Kamnaid apoyando su rodilla izquierda sobre el pecho de su hijo para mantenerlo en el suelo mientras hacía esfuerzos para alcanzar su garganta con una espada corta.
Nada de lo cual preocuparse. Emilio lo mantenía a raya con la ventaja de conservar ambos brazos y era cuestión de tiempo antes de que invirtiera los papeles.
La magia que Kamnaid había recuperado no era mucha y, aunque sabía darle buen uso, ya había olvidado como vencer con poca ventaja.
Pero comenzaba a recordar.
Había sabido aprovechar el instante en que la perdida de su brazo había causado ese segundo de duda que Emnaid no sabía controlar. Con un solo brazo no había conseguido repetir el movimiento con el que casi había matado al muchacho antes, pero lo había desarmado y había alcanzado a hacer un par de heridas sin importancia cerca de su garganta.
La oportunidad había terminado. Frente a un oponente que atacaba con habilidad, no había ni pizca de duda en el muchacho.
Aún a sabiendas de que su ayuda no hacía falta, pues Emilio ya estaba recuperando el control sobre la situación, Franzisko se apresuró a usar magia muda para quitarle fuerza y concentración al oponente. Nunca lo había dominado bien y no duraría el efecto, pero fue más que suficiente para que Emilio apartara de un empujón al dictador.
Una pared invisible comenzó a cerrarse alrededor del Kamnaid. No había una forma lo bastante confiable para encerrarlo, así que tendría que dejar que las paredes destruyeran al oponente, no podía permitirse indulgencia. Se repetía que el dictador era un enemigo y no una víctima.
Un enemigo que, por cierto, había contrarrestado rápidamente el hechizo que Franzisko había puesto sobre él, y estaba más preparado de lo que su hijo esperaba.
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Tanya...
¿Uhum? ―mientras su prima lanzaba flechas sin ton ni son, y Félix derribaba enemigos eficientemente, la joven seguía muy concentrada para lograr su cometido.
La desventaja de ellas era que no sabían causar daño como para detenerlos pero sin matarlos. Y Ángel no iba a ayudar con eso ni que le pagaran. Así que se estaban demorando demasiado y de no ser por Félix, y Eva que había quedado sola frente a la entrada al sótano, la llegada de un grupo más las hubiera superado. Por eso Tanya no hacía mucho caso cuando su hermano le habló en aquel momento.
Debes tener presente que somos hermanos y todas esas cursilerías que me decías la vez pasada.
¿Qué...? ―estaba demasiado concentrada en su deber como para ponerse a adivinar a que se refería su hermano menor.
Soham, menos capaz de concentrarse en la vida real que en un videojuego, lo vio de reojo mientras comenzaba a preguntar:
¿De que te dis....?
En ese tiempo, Ángel respiró profundo y reunió valor.
Y justo cuando Soham se interrumpió, Tanya sintió la presión de las manos de Ángel sobre su espalda. Intentó en vano mantener el equilibrio, mientras Soham emitía un reclamo que completó demasiado tarde. Tanya gritó con todas sus fuerzas mientras la gravedad se imponía.
*****
Kamnaid apenas si evadió un nuevo golpe del muchacho; nada de ir directo a darle su merecido, aunque eso parecía que iba a hacer. Franzisko incluso avanzó hacia ellos (no se trataba de una distancia importante) para intervenir, pero en último momento el dictador hizo algo diferente: atacó hacia el inmortal. Sabía que era ahí donde estaba su triunfo: en la habilidad más valiosa del Universo Conocido. Necesitaba un solo golpe: la herida correcta y no tendría que preocuparse por ninguna posible desventaja.
Fue ahí cuando les llegó desde el piso inferior el grito de Tanya.
Como el padre sobreprotector que hacía tiempo no podía ser, olvidó por un instante de Emilio y se volvió hacia las gradas sin fijarse en las consecuencias, lo cual convirtió el plan perfecto de Kamnaid en una cortada sin importancia en la espalda del inmortal.
Sin un ataque en su contra, Emilio no fue demasiado afectado por la repentina perdida de concentración en su propia pelea.
Ella está bien ―informó Franzisko, con un tono de orgullo en la voz que causó curiosidad aún en el dictador, para luego ponerse exigente―. Ya hemos tardado bastante. Termina.
Miedo y... necesidad. Ambas sensaciones volvían con fuerza cada vez que Emnaid pensaba en el cubo que llevaba consigo. No creía que le hiciera bien tomar la magia, pero ¿cuando se había tratado de eso? Era Kren. Tanya, si podía extenderse. Pero él tenía, como todos, un rol en su mundo y ya lo había evadido bastante.
Determinación. Resultados. El cubo era una de esas cosas tan básicas que sólo podía haber sido creada por la raza más compleja conocida.
Ni siquiera se sentía diferente, pero de un momento a otro tenía la habilidad de hacer que las cosas ocurrieran sin pronunciar hechizos y al parecer sin esfuerzo de ningún tipo. No eran hechizos mudos, que tenían su método y era más complejo que la simple pronunciación de una palabra o frase. Ésta era magia bastante difícil de encontrar, que no cambiaba la esencia del muchacho pero hizo increíblemente fácil encerrar a Kamnaid en un octaedro de paredes mágicas.
¡No vas a encerrarme! ―bramó el dictador― ¡No hay material que me contenga!
Ahí estaba de nuevo: la obligación de matarlo. Franzisko sintió tristeza por el muchacho que aceptaba aquel destino con un claro gesto de sufrimiento... hasta que de un momento a otro lo vio cambiar de expresión. En lugar del dictador heredero, responsable por Kren, había sólo un niño encaprichado; no ese que sentía culpa o miedo, sino uno que buscaría la forma de evadir lo que no quería..
Franzisko no se preocupó ante la posibilidad de que Emilio decidiera que no podía matar a Kamnaid.
Hay uno ―anunció.
Señalo el colgante en forma de cubo tan pronto como tuvo la atención del joven que lo llevaba.
No había nada que aquel material no pudiera contener.
En un acto que tenía más de simbólico que de práctico, el muchacho arrancó el cubo de cristal de estrella de su cuello, y lo lanzó contra el octaedro que se cerraba alrededor de Kamnaid. La implosión fue la de siempre: demasiado brillante y, aún más, breve.
El cristal cayó al suelo sin emitir sonido. Por un momento, sufrió sacudidas que venían de su interior, pero luego, nada. Emilio levantó su vigésimo cuarta prisión en miniatura y la sostuvo con descuido.
Ya está.
¿Ya está? ―rezongó Emnaid― Se supone que voy a gobernar un mundo, Frak.
Eso sí.
Lo siento, estoy siendo grosero como si fuera tu culpa.
Estas preocupado. Y además no te gusta la idea. Pero, seguro aprenderás a...
¿Vas a ayudarme?
¡Por supuesto que no! ―la voz tajante de Ángel provenía de las escaleras.
Lo dejaron terminar de llegar, y entonces Franzisko estuvo a punto de dar explicaciones sobre la situación complicada que le esperaba a Emilio. Pero Ángel no le dio tiempo para empezar siquiera.
Ni se te ocurra. Ya le dedicaste bastante de tu vida a este tipo ―el resentimiento con el que lo dijo, fue la prueba que le faltaba a Emilio para estar seguro que toda la mala voluntad que le tenía el terráneo se debía a que por culpa suya Franzisko había estado lejos.
Supongo que es cierto ―dijo el nuevo dictador por herencia e imposición―. Estoy.... abusando.
Y en grande ―ahora sabía que su padre volvería a casa, y fue capaz de hablarle a Emilio sin enojo―. Mejor ve a decirle a tus nuevos guardias que se estén tranquilos. Nosotros ya nos vamos.




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Julio 28

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