viernes, 6 de julio de 2012

eMdV: Al mal paso...




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Cuando llegó a la casa, todos estaban ahí. Félix parecía tener algún problema con los planes de Franzisko, y discutían fuertemente mientras Eva afilaba su más antigua herramienta, arma y recuerdo: una navaja obtenida en los días en que se dedicaba a la pesca. Victoria estaba jugueteando con la joya que sostenía entre sus manos, y fue la única que se comportó como si lo estuviera esperando.
Te traje un regalo ―anunció risueña.
Lo sé ―había estado seguro de ello desde que supo que habían asaltado a la directora, pero ahora podía verlo ahí, en las manos de la chica; completamente transparente y atado a una cadena que no importaba en lo más mínimo... lleno de apetecible energía de la que llamaban magia...
Uy, no sabía que la deseabas tanto ―Victoria estaba algo sorprendida por la expresión en el rostro de él, pero aún así mantenía el tono de broma.
Extendió la mano con el cubo de cristal de estrella, pero él no lo recibió.
¿Y bien? ―insistió ella, manteniendo el ofrecimiento.
No comprendía qué lo detenía, si estaba tan embelesado ante el objeto y su contenido, sin mencionar que debía tomar lo que había dentro y “terminar de una vez”... Victoria imaginó que el muchacho tenía miedo del siguiente paso. Pero se equivocaba. Sí bien Emilio no estaba muy ansioso por ir a la pelea que tenía enfrente, eso no significaba que pensara evitarla, o retrasarla.
Puedes tomarla, no estás robándola ―dijo Franzisko, sabiendo perfectamente cual era el problema―. Sólo debes cuidarla. Su dueño anterior buscaba lo mismo que tú, por eso la puso en el cristal de estrella, podría decirse que te la dejo para que hicieras esto, así que tómala, y hazlo.
Emilio tomo cadena y la colgó en su cuello en un movimiento rápido, como quien intenta evitar el dolor de un proceso demasiado largo. Pero no sacó la magia del cubo. No lo haría a menos que no tuviera opción, porque le gustaba demasiado esa magia y no quería ser como su padre: alguien que tomaba las cosas porque le daba la gana y no porque hiciera falta.
Necesitaba un momento para prepararse, y luego, cumpliría su parte en el asunto. Y acabaría con el problema aunque no sobreviviera. Primero fue por su hacha. Tan simple como eso, usaría su arma y está vez no dejaría que Kamnaid acabará usándola en su contra. Si no podía vencer su miedo, tendría que evitarlo.
Nunca lo había visto tan fascinado con... nada ―murmuró Félix, mientras el muchacho iba a buscar su arma.
Es que esa no es cualquier magia ―respondió Francisko―. Es normal que a él le guste.
No dio más explicaciones.
Emilio volvió pronto y miró a Francisko en busca de apoyo. Él le devolvió la mirada, pero no le dijo nada. No era necesario.
¿Listo, muchacho? ―dijo Victoria, acomodándose sus guantes.
No, pero voy a… ―se interrumpió y tuvo que preguntar―. ¿Vico, que haces?
Me preparo. Iré contigo.
No se te ocurra ―sonrió Eva―. Mi hermanita te amarrará si hace falta.
¡Pero necesitarán toda la ayuda posible y yo he estado...!
No podemos llevarte en contra de la voluntad de tu mamá...
Tiene que dejarme ir ―afirmó, convencida.
Se equivocaba. Tuvo que quedarse mientras Francisko, Félix y Eva acompañaban a Emilio. Era el heredero quien enfrentaría a Kamnaid, esa era la manera correcta de manejar la situación; los demás solo debían evitar que alguien lo detuviera.
*****
Tanya entró a su casa llamando a Ángel, quien respondió con un “Ven a la cocina”.
Hoy intentaron matarme ―explicó la nueva presa del dictador, mientras dejaba las cosas del colegio en su habitación―. Sou y yo pensamos que es porque Kamnaid está resentido conmigo pero, puede ser por cualquier otra razón y...
Ángel entró a la sala justo cuando ella volvía.
Lo sé. No te preocupes. Sólo te quiere matar a ti, y no tendrá tiempo de encontrar a alguien que pueda. Él no vendrá por ti, dadas las circunstancias.
¿Qué circunstancias? ―dudó ella.
¡Ah!, no sabes por qué quiere matarte. Es sencillo, hermanita. Hiciste lo que el creía imposible.
¿Herirlo? No puedo ser la única que...
Hay alguien más. Alguien que le ganó contra toda posibilidad ―tras decir esto, Ángel guardó silencio para que la mayor pudiera decir la conclusión más lógica.
Emilio.
Aún así no lo considera una amenaza. Después de todo, no lo mató cuando tuvo la oportunidad. No es capaz. Su conciencia lo traiciona. Pero ambos saben que Emilio tiene la responsabilidad de matarlo. Así que, ¿qué haces cuando debes matar a alguien y no puedes hacerlo?
La hija del estratega caído en desgracia, no tenía la menor idea de como responder a eso.
¿Qué hizo Kamnaid contigo? ―le ayudó el perceptivo, exasperado.
¡Mandar a alguien más! ―respondió, entusiasmada.
Y, hasta donde Kamnaid sabe, su hijo ya consiguió a ese alguien.
Yo ―murmuró ella, comprendiendo por fin―. ¡Pero si ya ni me estoy metiendo!
Él no sabe eso.
Aún así me preocupo por ti. ¿Que tal...?
Sería posible. Pero tendrá el tiempo. Emilio hace lo suyo.
¿Ahora mismo? ―se alarmó ante esa información, quien tan fácilmente se había resignado a perder el amor.
Mira que raro... ―dijo, pensativo, quien rara vez dudaba― Conjugué mal...
Y se fue a la cocina con ese aire de quien acaba de descubrir algo que no puede explicar. Dispuesta a pedir más explicaciones, su hermana lo siguió, pero se olvido de todo al ver que Ángel había sacado el arco de Mirtala y lo había dejado sobre el desayunador, junto a unas cuantas flechas y... otro arco.
¿Y eso? Dijiste que no estabas interesado en aprender a...
No lo alquilé para mí. Uno es para Sou y el otro para ti. Sí, imaginas bien, vamos a meternos en donde no nos llaman.
¿No estaba en manos de papá y Emilio?
Sí, así es. Pero les sirve la ayuda.
¿Puedes saber eso...?
¿Te llevas el de mamá? ―la cortó él.
Sí ―un instante después cambió de opinión―. ¡No, espera! Me sale mejor llevar este otro porque tiene mira...
Soham entró por la puerta de la cocina; iba de camiseta, jeans y tennis, lo cual la hacía difícil de reconocer.
A ver, ¿ahora qué? ―fue directa, y Tanya intuyó que Ángel la había llamado.
Emilio va a poner en su lugar a Kamnaid ―a juzgar por su expresión, algo en esa frase debía parecerle muy divertido a Ángel; pero no entró en explicaciones, y volviendo a ponerse serio, continuó―. Y decidimos darles una mano con...
Claro. Porque a mi me encanta el peligro y quiero morir joven ―dijo su prima con ironía―. Como sea, ¿exactamente que planeas?
Tomas un arco, y la mitad de las flechas, Félix usa magia en las flechas para que duren, no será el conjuro de lo infinito pero sirve. Y desde un sitio estratégico en el palacio, ayudamos a mantener ocupados a los que quieran meterse en la pelea.
Claro ―Soham emitió un gruñido antes de aceptar su mala suerte―. Quiero el que tiene mira, no voy a ir a arriesgar mi vida con un arco de juguete...
Ese arco de juguete es mucho mejor que el que elegiste ―dijo Ángel, ofendido.
¿Por qué tan dolido, Angelito?
Papá hizo ese arco cuando supo que a mamá le interesaban. Y además es cierto, es mucho mejor...
Pero es mejor si T usa ese, después de todo, ella tiene mejor puntería.
Mejor me hubieras conseguido un rifle. Digo, ya que voy a la guerra, mínimo me deberías conseguir un arma de verdad... Pero claro, como ustedes tienen magia...
Tanya soltó a reir, pero Ángel respondió muy serio:
Te sorprendería lo fácil que es que un adolescente consiga un arma de fuego... pero no sabrías que hacer con ella. Además, no seré yo quien les presente la pólvora a los kreen.
A todo esto, ¿para que vamos si se supone que Emilio tiene quien lo apoye?
Igual nos necesitan.
¿Desde cuándo eres adivino? ―rió Soham.
Uhm... difícil precisar. Digamos que “oficialmente” comenzó el día en que me fueron a proponer que nos metieramos en el camino de Kamnaid... Mucho más temprano, claro está.
Lo que supo sobre el futuro aquel día, no era algo divertido para contarle a su hermana.
¿Eres un adivino? ―se sorprendió Tanya.
Hasta ese momento, Soham creyó que Ángel bromeaba, pero la respuesta de él fue muy clara.
Sí. Soy el único perceptivo que además puede conocer el futuro. Al menos el único de nuestro tiempo. Más tarde habrá tiempo para aplaudirme. Ya tenemos que ir a Kren.
*****
Kamnaid ya no estaba viviendo en el mismo lugar, estaba rodeado de sus guardias y nadie tenía permitido entrar a verlo. Intentaba ocultarle a los kreen que había perdido el poder que temían, pero sabía que tarde o temprano lo sabría, por eso debía corregir ese problema. Estaba usando kamikazes para recorrer lugares convenientes en busca de habilidades, y había salido un par de veces, con mucha precaución, para robarlas.
Mientras no recuperase las habilidades más importantes, debía cuidar de sí mismo. Por eso estaba en un edificio que era una fortaleza en el exterior y un laberinto por dentro.
Fuera, varios arqueros vigilaban en las torres y otros guardias rodeaban las entradas, ya fuesen puertas o ventanas. Habían varios conjuros activos para neutralizar la mayor parte de la magia utilizada para viajar. Dentro, los guardias estaban distribuidos estratégicamente para aparecer por sorpresa ante cualquier intruso. Los kreen intuían que algo estaba mal, surgían entre susurros las teorías sobre un enemigo superior temido por su dictador, o la muerte de este. Pero nadie tenía valor de ir más allá.
El dictador estaba seguro.
Excepto porque seguía siendo mortal y su enemigo lo superaba en magia. ¿Cuándo había sido la última vez que él había luchado sin las habilidades robadas que ahora no tenía?
Estaba seguro, siempre y cuando Emilio no entrara. Y no entraría, para eso eran los guardias y la magia... Estaba todo bien organizado para que tuviera que enfrentar a un pequeño ejército. Nunca pasarían del recibidor.
Los guardias sabían que los invasores aparecerían. Los de mayor rango estaban al tanto de que esos intrusos irían con Emilio. En el fondo, esperaban que el muchacho lo consiguiera, ya les hacía falta un cambio. Pero no moverían un dedo en contra del dictador.
Había muchas paredes y columnas, aparentemente innecesariarias, facilitando el trabajo de los guardias. Algunas habitaciones eran octagonales, otras triangulares y unas pocas eran circulares. Había escaleras que volvían a su origen, o que se truncaban justo antes de alcanzar la segunda planta, donde actualmente se encontraba Kamnaid. La escalera que si llevaba a esa planta se encontraba en el sótano, pero había otras maneras de subir, según la condición física del visitante.
Entre la segunda planta y el recibidor octagonal, habían salientes donde se habían ubicado otros arqueros. Parecía estar en orden todo cuando algo pasó en la más alta de las plataformas: un par de chicas aparecieron de la nada. No tenía sentido para los guardias, de modo que los dos que ocupaban esa plataforma estaban inutilizados antes de terminar de preguntarse como habían llegado ahí, habiendo tanta protección para evitar que llegaran con magia.
Siguiendo las instrucciones de Ángel, ambas estaban cerca de la pared y fuera del alcance de los otros arqueros en cuestión de segundos. Desde su posición privilegiada, Tanya murmuró un hechizo que parecía tomar horas, y finalmente los arqueros de las demás plataformas, y un par de guardias que eran visibles para ella desde ahí, cayeron en un profundo sueño.
¿Los dormiste a todos? ―Soham se atrevió a inclinarse para ver.
No encontró a nadie despierto, pero Tanya sabía que nada podía ser tan sencillo.
Sólo funciona contra los que puedo ver, y no creo que pueda hacerlo de nuevo así que...
¿Por qué no?
Aunque la magia no se manifiesta en cansancio físico como lo que tú haces, también se le va acabando la energía a uno ―explicó Tanya―. Cada vez es más difícil concentrarse, aunque prácticamente uno sólo se fija cuando ha sido algo muy complicado, ¿comprendes?
Flechas serán, entonces ―asintió la otra.
En todo caso, era muy poco probable que todos les demás se mostraran al mismo tiempo.
Mejor no matarlos, ¿de acuerdo?
Así será más difícil.
Sólo entonces Ángel decidió presentarse finalmente. Y llegó conversando, animando a Soham a disparar con cuidado.
A todo esto, Angelito de paz, ¿por qué tú no vas a lanzar? ―preguntó su prima.
Porque soy torpe, ¿por qué más? No hagan nada hasta que aparezca la que atacó a Tanya ―se volvió a su hermana para darle una orden específicamente para ella―Mátala… o déjala inconsciente, es lo mismo ― después continuó hablando para ambas―. Luego… hagan lo necesario.
¿Cubrirlos? ―dijo Soham, y por algún motivo pensó en determinado videojuego del que se había aburrido.
Básicamente...
Y no olvides que aquí no debes herir a los nuestros ―insistió Tanya―. Sé que apuntar no te gusta, pero tendrás que...
¡Eso es en los juegos! Tendré cuidado.
Tranquila, lo haces bien.
¿Eso lo sabes? Es decir... ¿cómo adivino? ―dudó Soham.
Ángel se encogió de hombros.


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