viernes, 20 de julio de 2012

eMdV: (Al mal paso) ... darle prisa

Lo sieeeeento mucho... si es que dejé a alguien esperando el capítulo.
Problemas técnicos. Pero, Aquí ando al fin.



Ir a la Ficha de está historia
----------------------



La pieza de cristal que colgaba de su cuello lo hacía sentir seguro. La magia guardada en el cubo, tan atractiva para él, no era una tentación si no un aliento. En cambio, la presencia de sus compañeros le aterraba. La última vez había perdido amigos. Echó un vistazo a Félix, preguntándose si era cierto que bastaba con que no entrara en la misma habitación que ocupaba Kamnaid.
El propio Félix no tenía dudas sobre eso. Lo que sí le preocupaba era que para llegar al dictador tendrían que pelear contra demasiadas personas, y él prefería evitar los heridos en ambos bandos. Le había pedido a Franzisko que esperaran hasta conocer un hechizo para entrar directamente al lugar; siempre había alguno que no era contrarrestado y, ahora que recuperaba su capacidad de percepción, era cuestión de tiempo para que Franzisko lo supiera. ¡Pero el hombre no podía esperar! ¿Acaso no había aprendido nada sobre la prisa?
Sí, había aprendido; pero cada día que pasaba Kamnaid recuperaba su poder. Además tenía confianza en este plan. Félix no confiaba, pero los demás sí.
De modo que, para poder entrar por la puerta principal, tuvieron que derribar primero una de las pequeñas rejas que solía haber aquí y allá en los muros de aquella ciudad y enfrentar en el patio a los guardias exteriores. De algún modo, mantenían más o menos libre del combate a Emilio, como si necesitaran protegerlo.
A fuerza de puñetazos, patadas, flechas y magia, lograron pasar a través de ellos, dejando varios heridos, un muerto y muchos inconscientes. No obstante, los ocho que seguían en condiciones les siguieron al interior, luchando todavía por detener la amenaza. Fuera no quedaba nadie defendiendo la fortaleza y, dentro, los guardias ocultos comenzaron a mostrarse. Cuando surgieron los dos primeros entre las sombras, fueron vencidos casi con facilidad. Nuevamente, Franzisko puso a Emilio en una posición segura y, antes de avanzar, enfrentaron y derrotaron a los que les seguían.
Así, cuando volvieron a ponerse en movimiento, fue tan sencillo como hacer que Emilio avanzara tras ellos, para reducir al mínimo su necesidad de combatir. Cuando llegaron al recibidor como tal, se volvió más difícil, pero lo mantuvieron protegido. Por fin el muchacho tuvo que decir algo.
Frak, esto es fácil, y no hace falta que me...
Es fácil, pero prefiero que llegues fresco al sótano.
Tenía sentido. Emilio iba a disculparse y poner un pero: no creía que fuera mejor llegar fresco... pero no llegó a decir nada porque su tutor debía saber lo que hacía y porque un evento inesperado lo hizo perder aquel curso de pensamiento. El hermano de Tanya había aparecido a su derecha, entre una leve perturbación en el aire que pareció una corriente natural y duró menos de un segundo. En un ambiente hechizado para evitar los viajes, el hechizo que acababa de usar el terráneo podía tener efectos anormales.
Tiene razón, mejor que ahorres energía. Pero hay mejores maneras, como ir directamente. Por cierto, mi hermana está allá ―señaló hacia arriba, su hermana y su prima casi no eran visibles debido a las posiciones que ocupaban en la plataforma―, ¿no es un verdadero apoyo?
Emilio abrió la boca para preguntar qué hacían ellos ahí, cómo estaba Tanya, cómo habían resuelto la imposibilidad de viajar mediante magia en ese lugar.... No dijo nada.
Bueno, ahora voy a mandarte al sótano. ¡No te acobardes!
Pronunció un hechizo diferente a los que había usado para viajar solo o con las chicas, pues no debía viajar él mismo. Al instante Emilio desapareció sin dejar más rastro que sus huellas en la fina película de polvo que cubría el suelo.
Por una fracción de segundo, Ángel fue el único al tanto de la situación delicada en la que se había puesto. Pero Tanya vio al guardia bajito correr con un hacha hacia él, incluso antes de que el propio Ángel lo viera realmente. Lo difícil para Tanya era apuntar con frialdad pese al peligro que corría su hermano si ella fallaba, pero confió en que su padre lo resolvería si hacía falta y, con eso, consiguió concentrarse. Lo difícil para Ángel era no retroceder cuando el atacante se encontrara demasiado cerca. No podía retroceder, porque justo entonces había una espada demasiado cerca de su espalda.
A pesar de todo, tenía miedo. Cerró los ojos y pensó en el futuro. Sintió la ráfaga de aire causada por el filo de la espalda que fue contenida por un movimiento seguro de Franzisko, un segundo después, abrió los ojos y vio caer herido al que se acercaba de frente.
Suspiró aliviado.
Todo tal como lo había previsto, sin un segundo de error... Todo bien. Pero seguía sin poder pronunciar la palabra que lo regresaría al sitio donde estaban las chicas.
Estás bien ―Franzisko no necesitaba ser perceptivo para saber el susto que había pasado su hijo.
Era una afirmación, y Ángel la agradeció. Demasiado cerca, Eva enfrentaba a otro sujeto salido de las sombras, así que el muchacho calculó que era cuestión de segundos para que se presentara la siguiente amenaza que él debía manejar. Aún con la respiración agitada, pronunció correctamente el hechizo y desapareció junto con Félix.
Un guardia reveló su posición antes de suspender un ataque dirigido a un hombre que ya no estaba ahí.
Aquí arriba sirves más, créeme ―dijo Ángel, un poco más sereno, pero todavía con el corazón un poco acelerado.
El rubio asintió y comenzó a murmurar un hechizo que tomaría trabajo pero no sería afectado por ninguna magia de anulación.
¡Angelito, como atraes el peligro! ―fue la frase con que les recibió Soham, sin perder de vista su próximo blanco.
¿Lo sabías? ―preguntó Tanya― ¿O tuviste la suerte de congelarte?
Sabía.
Y si sabías, ¿para que demonios fuiste? ―Soham no creía que lo hubiera hecho por amor a la adrenalina.
Porque cuando lo hice viajar sin decirle nada se confundió tanto que lo arruinó todo.
¿Qué? ―Félix abandonó la ejecución del hechizo cuando casi lo concluía, y de inmediato se obligó a si mismo a volver a empezar y no hacer caso a esa confusa conversación.
Sí, Angelito, ¿cuándo hiciste eso? ―Soham no cambió su postura pero miró a Ángel con expresión acusadora.
¿No me estabas oyendo? Lo arruinaba, por supuesto que no lo hice.
Dijiste que lo hiciste, Ángel ―explicó Tanya, pacientemente, sin abandonar su tarea―. Ahora cuesta más entenderte.
Ah, sí, es que saber cosas que no han pasado me hace confundir los tiempos del verbo ―era cierto: para él era un recuerdo como cualquier otro, aunque ya no fuera a ocurrir.
Hubo un momento, muy breve, en el cual solamente hablaba Félix, murmurando el hechizo. Pero Soham tenía una pregunta y no le daba la paciencia para esperar hasta salir de ahí.
A todo esto, E.T., ¿por qué nos ocultaste que ves el futuro?
Tanya escuchaba, pero no con demasiada atención. Estaba liberando el camino para que su padre pudiera alcanzar el sótano con facilidad, pero con Soham en otros asuntos, tenía que ocuparse también de detener a los atacantes que Eva no veía venir en aquel laberinto.
No era importante. Y fíjate a donde lanzas flechas.
¿En cuantos mundos no es importante ver el futuro? ―dijo Soham, con ironía, abandonando nuevamente su tarea en lugar de comenzar a fijarse.
En ese momento Félix concluyó su hechizo y todo se volvió sencillo para Tanya, había más luz y se percibía diferente cada sitio ocupado por un guardia. Desde aquel sitio, ahora, todos eran perfectamente visibles. El hombre, que preparó inmediatamente su arco y la única flecha que necesitaba, comprendió muy rápido las intenciones de la joven, y se ocupó de proteger a Eva dejando que la chica le abriera camino a Franzisko.
Conocer el futuro sólo es una habilidad si la comprendes ―continuó Ángel como si de pronto no tuviera interés en lo que sucedía en aquel lugar―. Y hasta hace poco que la adquirí, así que no tenía idea de nada. Era tan relevante como el color de mis ojos.
¡Mala comparación viniendo de ti! ―se burló su prima― ¿Te acuerdas que Rocío te rechazó porque no eras ojitos azules como le gustaban a ella?
¡Tanya, me mentiste! ―soltó Ángel― Dijiste que era porque me llevaba seis años.
La chica se sobresaltó y bajó su arco sólo durante el tiempo necesario para dirigirse a su hermano:
Claro que te mentí ―se notaba en su tono que le irritaba tanta interrupción―, porque eras tan bruto que podías conseguir lentes de contacto y acabar como el esclavo de esa zorra; pero era cierto que eras demasiado joven para eso. Ahora cállate que necesito concentrarme.
El más absoluto silencio precedió a la celebración de Tanya, que consiguió inutilizar a tres personas con la misma flecha: el herido había chocado contra otro haciendo que este se atravesara en la trayectoria del hacha de un tercero, que a su vez se dislocó el hombro intentando evitar el golpe accidental contra su compañero.
Los tres se recuperarían, pero la terránea había logrado su objetivo: Franzisko se encaminaba al sótano. Félix estaba impresionado ante tanta suerte, pero más le había interesado el buen desempeño que la chica había mostrado antes. Sí, era un poco lenta para tirar, pero eso hacía más impresionante que hubiera funcionado tan bien.
Eso fue perfecto ―sonrió Soham.
Pero Ángel se limitó a emitir un gruñido.
¿Qué? ― Tanya prácticamente reclamaba esa actitud tan fuera de lugar.
Pues que no tenía que haber entrado.
¿No?
Lo dijeron tres a la vez: Félix confundido, Soham disgustada, y Tanya con preocupación.
―¿Que no se nota? Si hasta intenté distraerte, mujer —respondió el adivino, exasperado.
Me lo hubieras dicho...
Uy, sí, como tanto caso me hacías. No importa, yo lo arreglo ―sonaba muy molesto por esa nueva responsabilidad que recaía en él―. Ustedes ocúpense de mantener fuera del sótano a los guardias... y lejos de nosotros.




---------------------
Leer Capítulo Siguiente

0 personas tienen su opinión:

Publicar un comentario

Deja tu crítica.