viernes, 22 de junio de 2012

eMdV: Motivación

Este capítulo está un poco más largo de lo habitual... había mucho que decir. 





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Emilio y Franzisko estaban sentados en los escalones del edificio abandonado en donde solían entrenar. Ninguno decía nada, sólo estaban ahí autocompadeciéndose un poco.
Franzisko se sentía culpable porque había estado a punto de extinguir su propio don por bloquearlo a propósito sin tener cuidado. Odiaba haber visto a sus hijos en aquellas circunstancias y sabía que no había hecho las cosas fáciles para nadie. ¿Y sí esta vez Emilio tampoco estaba listo? No quería repetir lo sucedido.
Emilio sabía que debía cumplir su parte. Por desgracia, eso no significaba que estuviera completando ninguna de sus responsabilidades. Estaba estancado en lo que ya no podía corregir. Y aún así, eso no era lo que tenía su atención ahora.
Me odia igual ―suspiró.
¿Qué dices? Emilio, sabes que no tenía toda la información...
¿No la viste? Todavía me odia y ya sabe todo lo que yo hubiera podido decir en mi defensa... Supongo que tiene razón: en cualquier caso, yo le mentí.
Sólo estaba enojada. Y lo que pasó... ¡Todavía no puedo creer que estuvieran tan cerca!
Emilio se puso de pie repentinamente al escuchar que una de las oxidadas puertas se abría. Mientras la puerta repetía el sonido, probablemente para cerrarse, Franzisko le dijo que no era nada.
¡Basta de sufrir por el pasado! Tenemos que concentrarnos en terminar con lo que empezamos. Y corre prisa, no podemos dejar pasar tiempo suficiente para que vuelva a robar dones... Habría sido un desperdicio de la flecha y estaríamos como al inicio.
Era una lástima que ser atravesado por aquel objeto no dejara ni la menor huella de su paso en los seres vivos. Ni siquiera con un disparo como el que había ejecutado Tanya resulta.
Todavía no tengo el cristal ―dijo Emilio, pensativo. No tenía idea de como iba a conseguirlo.
Victoria te ayudará con el cristal ―dijo Franzisko―. Luego estarás listo.
¿Lo estaré? ¿Y si lo arruino todo de nuevo...? No siento que pueda hacerlo, ¿sabes? No porque sea él... Quiero decir... Lo detesto. Es en serio... lo odio en mi alma, por más que dijeras que no debía... Pero no fue suficiente. Odiarlo no es suficiente. Y ahora será peor porque yo tendré más poder que él si tengo el cristal.
¿Y eso te hará más difícil todo?
Claro, porque yo voy a ser el fuerte que aplasta a un débil. Esa vez fue todo lo contrario así que cada vez que conseguí dar un golpe me sentí bien... Y luego lo arruiné. ¡Qué idiota!
No fue tu culpa. Yo sabía que no estabas listo, incluso te solté lo de tu madre como si estar furioso fuera a servirte para matarlo. Porque sabía que el problema estaba ahí. Casi te matan por mi desesperación...
Eso era cierto. Si bien Emilio era indulgente con su guía, y Franzisko lo era con el muchacho, ambos lo recordaban muy bien:
Ninguna persona buena mataría a su propio padre... o a quien sea”, había dicho Emnaid, hacía años, seguro de que hasta ahí llegaría la discusión. Pero Franzisko había dicho que Kamnaid era una excepción. “Asesinó a tu madre”, había explicado, para después contar los desagradables detalles, y finalmente dejó llorar a su joven pupilo. No había dicho nada que no fuera verdad pero eso no calmaba su conciencia, porque lo había dicho todo con la intención de matar lo que el mismo había sembrado en Emilio: el respeto por cada vida sin importar lo inútil o dañina que fuera. En aquel entonces, esa estrategia había servido para que el muchacho aceptara el objetivo de matar a Kamnaid, pero no para que lo hiciera realmente.
Sí, había iniciado bastante bien, pero no logró hacerlo.
No recibió ayuda en el combate, pues sus únicos aliados, en ese entonces cinco, se habían dedicado a la tarea de enfrentar a los guardias y defensores de Kamnaid, que no eran pocos. Era un mal gobernante, pero aún así le debían lealtad. En un comienzo, los guardias internos fueron los únicos que reaccionaron, puesto que el ataque venía justamente de dentro. Ignoraban lo que hacía Emilio dentro de la sala del trono, ¿cómo podían imaginar lo que el muchacho hacía? Ante el ruido de su propia batalla, no escucharon la que había en esa habitación.
En desventaja, solo y demasiado joven, Emilio no tuvo miedo, quizá debido a la adrenalina o a algún desinterés en su persona copiado de la actitud de su tutor. En poco rato había logrado causar daño a su ahora enfurecido padre y a diferencia de él conservaba su hacha. Cerca del trono, logró derribarlo poco después de que los vencedores llegaran, reducidos a tres: Félix, Eva, Franzisko.
No intervinieron porque no hacía falta, todo estaba en su sitio. Pero el muchacho no fue capaz de matar al dictador.
Kamnaid utilizó su oportunidad. Le arrebató su arma y estuvo cerca de cortarle la cabeza. Franzisko intervino a tiempo. Salvó a su pupilo a costa de su muerte, convencido de que al fin de cuentas, sería temporal.
Eva, que no tenía prácticamente ningún talento para la magia, hizo uno de los pocos hechizos que le salían bien: dos palabras en su idioma natal, para viajar a su casa. Literalmente.
Félix, “Eva”, Franzisko y Emnaid aparecieron en un salón pequeño, donde apenas cabían entre la mesa de madera con sus ocho asientos y la pared de maziad (un material comparable al bambú de La Tierra). Eva sostenía a Franzisko, consciente de que su corazón latía de nuevo pese a que las heridas aún estaban a medio sanar.
Toda la familia estaba en plena comida y todos habían sido tomados por sorpresa. Pero Ineirl Igsiem, hermana menor de Eva, había imaginado con disgusto el motivo de tan intempestiva llegada. El grito de su hija: “¡Tía Vaem, estás herida!”, había sacado a todos de la burbuja de irrealidad que les rodeaba.
Eva se había ocupado de tranquilizar a su sobrina favorita, Uedia, y sólo después había respondido las preguntas de los mayores.
Tomó largo rato que Franzisko despertara, y cuando lo hizo, sabía que su situación había cambiado mucho. Ya no era inmortal. Ya no estaba en ventaja frente a Kamnaid. Necesitaban esperar y formar un mejor plan.
Les permitieron quedarse ahí. No sería mucho tiempo, sólo necesitaban decidir que harían después. Eso y que Emnaid sanara. Un sólo contrincante y ya tenía más heridas de las que le habían hecho a Eva o a Félix en todas sus vidas... Franzisko no tenía las cicatrices para probarlo, pero había sido herido mucho más en su pasado.
Uedia y los niños sentían curiosidad por Emilio y sus heridas, pero él no les dio ninguna información. Se recuperó poco después de que decidieran consultar la situación con La Sociedad de los Mundos Libres, aunque seguramente no les darían apoyo alguno. No pelearían por un heredero que había atacado al gobernante para derrocarlo... no importaba si era por el bien de su mundo, porque esa no era decisión de ellos.
Pero Franzisko se enteró de algo mientras esperaban a que el muchacho estuviera mejor, y cambiaron los planes. Encontró una pieza muy útil que pertenecía a Kren y había sido robada por un viajero coleccionista. Se había preguntado mil veces donde estaba aquel objeto, y por fin había obtenido una respuesta: estaba en La Tierra. Como resultado de un asalto común, el coleccionista había aborrecido aquel mundo y la joya había viajado de mano en mano hasta llegar a una presuntuosa directora de escuela. Esa pequeña joya contenía dos habilidades: magia muy poderosa y la capacidad de crear Kamikazes. Una de esas dos cualidades ya la tenía Emnaid, pero la otra le permitiría confrontar de nuevo a Kamnaid... cuando estuviera listo.
Todavía no habían terminado de preparar el plan cuando Kamnaid los encontró.
Era lo más normal, considerando que había enviado a varios individuos a buscarlos en diferentes sitios posibles: Ogha, Mar Verde, y algunos mundos relacionados con estos o con Kren. Entre tantas personas que los buscaron entonces, y tantas que los buscarían después, había sido el mismo quien los encontrara primero en ambas ocasiones. Pero en La Tierra había acabado muerto en un portal con una flecha clonada atravesándolo, mientras que en Mar Verde había logrado pasar desapercibido y llevar la noticia hasta Kamnaid.
El dictador no tenía ningún interés en aquel mundo, ni en ninguna de sus aldeas flotantes. Pero seguía furioso porque su hijo se hubiera vuelto en su contra.
Llegó a la aldea con sus mejores soldados, y destruyó todo. La aldea comenzaba a hundirse cuando él entró a la casa de Ineirl y su familia. No estaban ahí. No había nadie ahí.
Los niños habían muerto en el muelle con sus amigos, casi al inicio del ataque. Su padre estaba afuera, luchando contra los guerreros Kreen, el hijo mayor había muerto en esa lucha.
Emnaid había intentado quedarse y detener aquel desastre luchando o entregándose. Pero Félix lo había convencido de que no tenía sentido: ellos no eran capaces de vencer y Kamnaid no tendría piedad ya fuera que se entregaran o no. Con todo y los argumentos, el muchacho había viajado contra su voluntad. Ineirl había querido salir a combatir, o a buscar a sus hijos pequeños aún sabiendo que era demasiado tarde, pero tenía que pensar en Uedia. La muchacha estaba realmente aterrorizada y aún en La Tierra seguía llorando histérica.
Inicialmente se quedaron en aquel edificio abandonado, pero la hermana de Eva no quería quedarse ahí ni vivir con ellos, de modo que utilizaron dinero falso creado por Félix, para rentar casas habitables relativamente cercanas.
Ineirl incluso consiguió un trabajo real, de modo que pronto dejó de utilizar el dinero de Félix. Ella y su hija se convirtieron en “extranjeras” adaptándose a la ciudad. No querían tener nada más que ver con los asuntos de Kren, y volver a Mar Verde parecía un riesgo sin sentido: ya nada tenían ahí. Ineirl se cambió el nombre por “Inés” y no quería saber nada de los amigos de su hermana. En cambio su hija (ahora Victoria, por lo general Vico) seguía visitándolos y de pronto estaba muy interesada en aprender a combatir, para dicha de Eva.
Emnaid se presentó como estudiante en el sitio en donde trabajaba la actual poseedora del cristal que necesitaban. Se quedaron en una casa cercana a la de Inés. Iban a menudo al edificio para entrenar, y cuando Vico los acompañaba, Inés enfurecía, pero no hacía nada para detenerla.
Emilio y su grupo avanzaban en la oscuridad hacia un objetivo que era más necesario que agradable. Los restos de la aldea se quedaron en el fondo de alguna región de Mar Verde, siendo motivo de investigación para los vecinos y La Sociedad. Kren seguía decayendo bajo el mandato de Kamnaid. Y un día, por destino, casualidad o la misma naturaleza de cada uno, Emilio vio a Tanya y Tanya vio a un Kamikaze. Ángel también pudo ver algo nuevo.
Y varias vidas avanzaron en días lo que no habían avanzado en años.
Ahora, mientras Vico y su madre estaban en casa, recibiendo la información sobre los hechos del día anterior por boca de Eva, Félix estaba en algún sitio del edificio haciendo y revisando planos. No pensaba perder un instante. Había estado muy mal volver a caer bajo el control de Kamnaid pero al final todo había funcionado y debía preparar la próxima situación. Prepararla, sí. Esta vez ellos debían controlar la situación. No se encontraba muy bien, porque ser controlado por Kamnaid contra su voluntad tenía ese efecto y porque su compañera lo había golpeado con más fuerza de la que realmente se necesitaba para hacerlo perder el conocimiento. Pero sabía que todo acabaría pronto, y si se esforzaban suficiente, sería un buen final, uno que le permitiera ir a casa a él y a su madre... quizá postergaría su boda un tiempo para despedirse bien de su madre antes de mudarse con su esposa... Pero eso no lo había decidido, pues no sabía si realmente sería capaz de esperar más por una boda que se había postergado tanto. Pensándolo ahora, Franzisko era mejor persona de lo que pensaba él; le había averiguado si su familia había sido perseguida por Kamnaid. La respuesta era no, pues poco sabía Kamnaid sobre la familia de su esclavo, pero de todas formas se habían escondido ambas.
Mientras Félix reflexionaba sobre esto, su protegido estaba en los escalones pensando que no estaba preparado, recibiendo las palabras de confianza de Franzisko pero sin poder sentirse confiado.
Anímense ―dijo Ángel, que sabía mucho sobre muchas cosas pero nada sobre el edificio y había dado bastantes vueltas por él antes de dar con ellos―, T los perdona a los dos. Papá, no debes sentirte mal por arruinar tu plan, porque Kamnaid está drenando terráneos así que igual hubieras tenido que apresurarte. Y el cristal ahora es asunto de Vico, de modo que... ―se dirigió a Emilio―sólo falta que tú te decidas.
Lo dices como si fuera muy fácil...
No empieces a hacerte de rogar conmigo, Emilio. Ya me desagradas bastante sin ser un debilucho. Sí, sí, tu padre intentó matarte ―dijo Ángel sin la menor consideración―, pero saliste ganando porque te quedaste con el mío. Sí, tienes que derrocar a Kamnaid, pero tranquilo: no será un sujeto indefenso porque mientras tú lloriqueas él empieza a matar para recuperarse.
Pasó de Emilio y se dirigió a su padre.
Cuando sepas lo que él necesita aprender, enséñale. Puedes quedarte con él un rato más, necesita el apoyo... pero luego te quiero de regreso, que conste.
Y luego de esa instrucción tan clara, se marchó pues tenía el tiempo justo. Ahora eso no le angustiaba, mientras tuviera un plan específico, no importaba cuan frágil fuera.
 ―¿Y tú? ―preguntó Franzisko, mirando a Emilio como sugiriéndole que hiciera algo que no sabia que debía hacer.
Como no lo sabía, Emilio se limitó a mirarlo con expresión inquisitiva.
¿No vas al instituto? Aún tienes deberes ahí. Aún si Ángel tiene razón sobre dejárselo a Vico, estaría bien que estés cerca y podrías hablar con Tanya.
Ninguno de sus deberes incluía aprobar una asignatura. El muchacho miró con inquietud la ruta que había tomado Ángel para marcharse.
Él terráneo no había perdido tiempo para llegar al colegio. Era tarde, ya había iniciado el primer receso y sabía donde encontrar a su hermana, al contrario de Soham, que la buscaba en ese momento en el salón de clases.
Tanya estaba precisamente escondiéndose de Soham. En lo que ambas solían llamar mazmorras: las bodegas del sótano. En primer lugar no sabían para qué había un sótano en el edificio del instituto, en segundo, lo que ahí se guardaba era particularmente inútil y fácil de desechar.
En resumen, aquel lugar servía sólo para tres cosas: reuniones de parejitas, intercambio de cosas que no deberían intercambiarse en un colegio, y esconderse de gente que teme a la oscuridad y al desorden. Así pues, Tanya estaba leyendo uno de los libros de magia alumbrándose con una luz incorporada a su celular.
Vas a quedarte ciega si te acostumbras a hacer eso ―advirtió Ángel, mientras entraba sin abrir demasiado la puerta.
¡E.T.! ¿Qué haces aquí abajo?
Te busco. Creo que debo decirte que hables con él... Supera el asunto ese de que te mintió y todo eso. Después de todo, es lo que tu querías, ¿no? Deberías darle... otra oportunidad.
Lo dices de mala gana ―sonrió Tanya.
Puedes apostarlo. Porque lo odio. Quiero decir, ¿quien es él? Sólo un tipo como cualquiera con un padre horrible. Y le toca la chica, el modelo a seguir y la corona.
Ángel... ―Tanya pensó que ese era el momento del día en que debía callarlo antes de que dijera algo de lo que se arrepintiera después.
Y el mérito, encima, como si acobardarse fuera cosa de premiar...
Ángel.
¿Qué? ―Justo a tiempo, hora de callarse.
No va a quedarse todo eso, y si fuera cualquier tipo, estaría escondiéndose... o en Kren, esperando para heredar ―tras una breve pausa, continuó―. No tiene caso hablarle, él tiene su mundo y yo el mío. Y yo sólo quería que me dijeras porque me ―dibujó comillas con sus dedos índice y anular― “alientas a hablarle” si no quieres realmente que lo haga.
Porque estás... ―no había pensado mucho sobre como diría eso y mostrar sus preocupaciones no era lo suyo, ni siquiera ante su hermana, así que de pronto se sentía incómodo―No quiero que te maten o algo así.
¿Estás asustado porque no estoy curándome normalmente?
Ángel asintió, evitando mirarla.
No te preocupes... En realidad lo anormal es curarse así de rápido, ¿ves? Solo soy como tú. Estaremos bien.
No. No es cierto. Tú sobrevivirás a todo siempre porque eres inmortal, y yo sobreviviré a todo, siempre, porque estarás ahí. Lo sé como sabe la gente normal, por... intuición o como se llame. Y ahora que tus heridas no se cierran, no sé nada.
Prometo que no voy a ponerme en riesgo mientras no haya resuelto mi... problema de cicatrización. Es cosa mía, creo. No de Emilio... Antes de él era inmortal, y debo serlo de nuevo en algún momento. Y me cuidaré hasta entonces. Además, Ángel, aunque no sea inmortal puedo patear a cualquier atacante.
Sí ―Ángel asintió como si de pronto recordara que su hermana podía cuidarse―. Es cierto. Yo... debo ir a... Hay un asunto con Miranda.
¿Quién es Miranda?
Una... chica... Llevamos juntos la clase libre de...
¡Ángel! ¡No, cállate! No me des detalles de tus romances. ¡Largo de aquí!
Tú preguntaste ―dijo Ángel, encogiéndose de hombros mientras salía.
En la puerta se encontró a su prima, que se alegró de verlo porque significaba que Tanya sí estaba ahí abajo... Eso confirmaba que estaba evadiéndola, pero no le importó en lo más mínimo y entró.
Colocha...
Sou ―dijo la otra, con un tono que dejaba bien claro que no quería verla.
Ese muchacho vino al colegio con la única finalidad de hablarte...―Soham fue directo al punto, aunque no necesariamente lo hizo con claridad.
Pero Tanya entendió. Era mucho más lógico que Soham le pidiera que hablara con Emilio, pero tampoco lo había esperado... quizá porque no esperaba que su prima bajara hasta ahí. Y la idea la entusiasmaba, pero debía manejar aquello con madurez y seriedad.
Empezaba a explicarle a su prima las razones por las cuales no podía simplemente correr a los brazos del heredero Kreen, cuando algo se sintió diferente. Se puso en pie de un salto en el momento preciso para no estar ahí cuando algo se materializó a su lado lanzando un golpe con su bastón justo al sitio donde ella había estado.
A Tanya le pareció la parte del frente de un caballo, a su prima le pareció un fauno sin cuernos. Desde luego no era ni una cosa ni la otra. Era una criatura común de algún mundo, manipulada mediante un hechizo para obedecer a la mujer de abrigo blanco y botas pesadas que se materializó poco después, cerca de un montón de cachivaches que se derrumbaron sobre ella. Apenas si pudo mantener el equilibrio y salir de la tormenta de chatarra, con su ropa gris a causa de la acumulación de polvo y él cabello largo y rubio envuelto en telarañas. Soham no pudo evitar reirse, como no había podido evitar mirar hacia aquel punto cuando escuchó el ruido, a pesar de que mientras eso pasaba, la criatura seguía intentando dar bastonazos a Tanya. El primer golpe lo acertó Tanya, y otros varios sin demasiado efecto, hasta que la criatura logró golpearla y el bastón resultó ser capaz de causar profundos cortes, y con ellos somnolencia.
Soham supuso que era su trabajo confrontar a la mujer, pero no se engañaba: una bestia es una bestia, y por eso la habían mandado, pero aquella mujer físicamente torpe debía tener ventaja en alguna otra cosa, o no habría estado ahí. No quería averiguarlo, así que saltó sobre la “criatura sin cuernos” y de algún modo acabó dejándole a su prima la parte de enfrentar a la mujer.
Fue la mejor idea posible. La mujer sabía hacer conjuros poderosos, pero necesitaba algo de tiempo y Tanya no se lo dio. La dejó inconsciente con dos golpes que encontraba sencillos y eficientes. La criatura que trataba de deshacerse de Soham para poder perseguir a Tanya, inmediatamente dejo de luchar, y se mostró bastante confuso. Olisqueó un poco y luego se marchó tan rápido como había llegado.
Que raro―comentó Soham, mirando a la mujer inconsciente―. Yo te la dejé porque sabes hacer magia...
Los conjuros que podemos usar son muy largos; son para cosas que no puedo hacer, y patearla sí que podía ―dijo Tanya, verificando su peinado―. ¿Te hirió?
Como que estaba programado para ti... Apenas si me hizo caso... como a un gato cerca de la puerta.
No entiendo tus comparaciones ―pero hubo algo que sí comprendió―. Programado para mí... Me pregunto si esto es por mi papá, o si Kamnaid está resentido por lo de la flecha.
Sí fuera por tú papá, le habría mandado matones a Ángel, que en todo caso es el más fácil de golpear ―sabía que no era lo que buscaban, pero era la palabra más fuerte que se atrevía a usar―. Yo, la verdad, no creo que Kamnaid sepa que son familia. ¿Qué no dice Angelito que no le interesa la perceptividad? ―se encogió de hombros y concluyó― Nadie se lo puede haber contado.
No niego tu lógica, pero prefiero no confiarme.
Y...¿vamos a la enfermería o a tu casa? Tal vez debemos hablar con Ángel...
No hace falta ese alboroto, lo que necesito es limpiarme.
Pero te atinó más de una vez y tú...
Soy inmortal ―se encogió de hombros.
¡No estás sanando! ―señaló su prima, disgustada porque Tanya se hacía la fuerte sin necesidad.
Su prima sonrió como lo hacía Ángel cuando se hacía de rogar para dar una respuesta. Soham no sabía como interpretar eso porque nunca había ocurrido.
La inmortalidad es una cosa sencilla: si quieres vivir, vives. Y yo quiero. Tengo montón de razones.
Tenía problemas, eso era cierto, y la habían dominado hasta el momento. Pero ya era suficiente. Lo que Ángel había dicho era cierto: él dependía de ella. Y no era el único. Si algo le pasaba a ella, tanto Ángel como sus padres, Soham, y algún amigo que le quedara, sufrirían pero seguirían adelante; después de todo ella no se rodeaba de débiles. Enfrentarían su dolor y vivirían sin ella. Pero ¿era necesario? No realmente. Ella viviría para ellos mientras pudiera y... ¡oh, cierto! Ella podía vivir para siempre.
*****
Había tenido que ingeniárselas para ocultar sangre que no había logrado sacar de su camisa, pero fuera de eso estaba limpia. Llegó tarde a la primera clase después del receso, enterándose inmediatamente de la presencia de Emilio. Supuso que estaba de regreso en su camino original, buscar lo que necesitaba para vencer al dictador.
No era un error, pero tampoco era por eso que había vuelto. Vico acababa de ofrecerse a relevarlo en la tarea de encontrar el cristal que alguien había llenado con magia y que había viajado tanto como para permitir que dos personas compatibles se encontraran contra todo pronóstico.
Los errores cometidos por ambos ya no le parecían importantes a Tanya, pero Emilio quería disculparse. Así que en el cambio entre dos clases se acercó a ella, más nervioso que la primera vez que había llegado a hablarle.
¿Puedo hablar contigo? ―temía que le dijera qué no, y empezó a hablar atropelladamente―Será sólo un momento. Yo...
Sí, dime ―no había ninguna hostilidad en ella.
Sólo quería... ―el extranjero se obligó a exponer las cosas en orden y, aunque deseaba decir demasiadas cosas a la vez, fue breve― Tú tienes razón. Yo no debía ocultarte nada. Sabía que tu eras transparente y lamento mucho no haber correspondido como te merecías.
Estás perdonado ―sonrió Tanya―. Yo fui bastante grosera por mi parte...
Sí pero, fue mi culpa. No sabías nada...
Mentiste bastante ―asintió la inmortal―. No me dijiste que eras de Kren, y cuando hablabas de tu madre… Ángel dice que ella murió; yo no hubiera tenido que preguntar tanto sobre...
Pero todo lo que te dije sobre ella era verdad ―él la interrumpió para explicar―. No quería mencionar que mi padre la había asesinado. Contigo yo era feliz y no quería traer a cuento…
¡Y yo hablando del tema todo el tiempo!
Era diferente. Hablar contigo era… esperanzador. Aún más que hablar con Frak.
He estado juzgando mal a todo el mundo ―asoció ella ante la mención de su padre.
Culpa nuestra, por ocultarte la verdad. Habla con Frak. Ángel ya le dio toda una charla motivacional, pero...
Uhum.
¿Y, nosotros...?
Te quiero. Pero no viviré en Kren. Y parece que en la Tierra hago falta, por eso de los dictadores de otros mundos mandando Kamikazes... Y tú, debes... pues, ser dictador en Kren. No es una gran idea agarrar la tarea de estar juntos.
Pero... ―¿qué? No había nada que decir a eso. Nada que sonara razonable, por lo menos. De modo que él se quedó ahí, nada más mirándola, durante un rato, hasta que inició la siguiente clase.
Atendían a medias cuando un estudiante de otro curso abrió la puerta bruscamente y dijo con dramatismo: “Asaltaron a la directora”. Desapareció por el pasillo, seguramente a continuar dando el aviso en cada salón.
Hubo un breve silencio, mientras todos trataban de procesar aquella información. Luego la mitad de los estudiantes estallaron en risas o gritos de júbilo. Otros se preocuparon. Emilio adivinó lo que había pasado: Victoria había robado el cristal de estrella que, tras pasar por muchas manos, había ido a dar a una cadena en el cuello de la directora del colegio.
Él había ido ahí por eso, y se había extraviado, principalmente a causa de Tanya. Ahora, si en verdad Victoria tenía el cristal, él debía volver a Kren, y cumplir con sus responsabilidades. Quizá su falta de entusiasmo ante la idea también lo había retrasado un poco.
Buena suerte ―le dijo Tanya, quien había comprendido también. 





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Sábado 7 de julio. 

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