viernes, 15 de junio de 2012

eMdV: El delfín de Oro Verde




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Delmian y Eva habían sido preparadas para el combate físico y ambas parecían ser inmunes al dolor y tener excelentes reflejos. Eva estaba mucho más informada sobre la forma de combate de su oponente, de lo que pudiera estar la otra sobre el estilo de Mar Verde. Pero eran más poderosas las técnicas de Kren, que la extranjera no empleaba. Eso le daba poca ventaja a la guerrera Kreen, y con Félix fuera de combate, la otra sentía bastante presión.

Soham se había quedado esperando que Ángel le dijera que hacer, pero Tanya lanzó un solo golpe tan pronto como tuvo oportunidad. Una patada violenta y nada más. Destruyó la rodilla de Delmian y eso bastó para que Eva pudiera hacerse cargo.
Contra las ordenes directas que varios días antes había dado Emilio, Eva no se detuvo cuando vio la oportunidad de cortarle la cabeza a su oponente precisamente con la espada que había usado ella contra Franzisko.
Ante la escena, Soham sintió deseos de vomitar pero se controló respirando rápido. Tanya ya no estaba mirando. Por un momento había parecido que iba hacia Franzisko, pero en cambio estaba levantando el delfín que había caído al romperse la cadena.
Emilio estaba ocupándose de la herida de su tutor, aunque sabía que no tenía sentido. Tal vez su madre hubiera podido sanarlo, pero él definitivamente no podía.
Lo siento, Frak, no la vi ―dijo, con voz quebrada.
Estaré bien ―el herido hablaba con dificultad.
Entonces, todo el entorno cambió de repente.
Viajaron sin saber bien como, pues nadie había escuchado al perceptivo más joven murmurar un hechizo. Ya era su costumbre no avisar. En un instante estaban en un solitario cementerio en La Tierra: la primera idea que se le había ocurrido a Ángel, porque ahí no serían ser vistos.
No estoy muy convencida… ―dijo Eva, caminando hacia Emilio y Franzisko, no le había alterado el reciente viaje porque llevaba un buen tiempo acostumbrada a esos saltos― Fue un golpe muy directo y matar es lo que ella hace... hacía.
Fue clara porque, según ella, no había ningún sentido en decirle palabras de consuelo.
Félix comenzaba a despertar. A pocos pasos del grupo, Soham había cedido a sus nauseas y no daba una imagen muy agradable. Tenía lágrimas en los ojos pero si alguien preguntaba diría que era porque se sentía enferma por el viaje. Franzisko estaba bañado en sangre. Emilio, que ya había desistido de atender la herida, seguía sosteniéndolo y también estaba cubierto de sangre.
Ángel se acercó a ellos con el ceño fruncido. Estaba confundido, pero ya se le había pasado el susto. Estaba a dos pasos de Emilio y su tutor cuando su hermana se interpuso en su camino.
¿Dónde conseguiste esto? ―exigió Tanya, apartando a Emilio para poder ver a la cara a Franzisko― ¿Dónde?
¡Oye! ―Emilio reaccionó con disgusto inmediatamente, pero no intentó usar la fuerza para alejar a Tanya― ¡Déjalo en paz!
¡Está muriendo y yo necesito saber de donde sacó esto! ―explicó Tanya con brusquedad y luego insistió en su pregunta.
Tanya… ―dijo Ángel, pero su voz fue ahogada por la de su hermana.
Contéstame ―insistió Tanya, con voz potente.
Félix se incorporó, confundido.
¿Y ahora por qué hay pelea? ¿Ella perdió la flecha?
Esto es muy raro ―dijo Eva, en respuesta.
Franzisko estaba mal por la perdida de sangre y lo intimidaban las preguntas y actitud de la joven, porque podían significar una sola cosa. Al fin pudo responder:
Es mía.
Esperaba preguntas, pero en lugar de eso ella hizo ademán de que iba a golpearlo, causando que Eva estuviera a punto de sujetarla por los codos.
¡Mentira! ―gritó Tanya.
Es que él… ―Ángel volvió a intentar hablar.
Espera ―dijo la mayor, con claro tono de regaño, cono una madre furiosa con el niño que sigue gritando mientras ella intenta conseguir alimentos al crédito.
Ángel suspiró, no estaba acostumbrado a que Tanya lo dejara para más tarde.
Sí es mía. Me la entregó una humana hace mucho tiempo…
No sabes ni lo que dices ―dijo ella, aún con enojo pero sin gritar―¡El dueño de esto era inmortal! Tú no.
Kamnaid me quitó esa habilidad. Pero ahora la tengo de regreso.
¿Tú…? ―dudó Tanya.
Entonces, ¿sí estarás bien? ―dijo Emilio, aliviado.
Eso fue lo que dije ―sonrió Franzisko, un tanto conmovido por la reacción de su pupilo.
Tanya no reaccionó tan bien. Le lanzó el dije (con cadena rota incluida) a Franzisko y, con los ojos llenos de lágrimas, le gritó cambiando de a poco su tono de voz de la furia a la tristeza:
¡Sabes todo de él y nada de tu hija! ¡Te odio! ¿Estabas en Kren cuidando al hijo del dictador? Maldita sea, ¡yo te creía muerto! Tú... simplemente te haces odiar.
Olvidándose de Soham y de Ángel, Tanya corrió. Sabía que había una estación de autobús cerca pero ella se fue en la otra ruta, pues el plan era seguir corriendo hasta llegar a casa.
¡Tanya! ―se quejó Ángel, fastidiado por la reacción de su hermana.
A diferencia de ella, él no estaba sorprendido en lo más mínimo respecto al hombre que tenía enfrente: llevaba buen rato sabiendo perfectamente que el tutor de Emilio, el hombre lo bastante terco para conspirar contra Kamnaid, no era otro que su padre. Había estado lejos de casa todo ese tiempo, tanto que Ángel acababa de verlo en persona por primera vez, porque algo había ido mal cuando visitó Kren bajo instrucciones de la sociedad.
Es que ella no sabe ―dijo, mirando con tristeza a Franzisko―. Sé que parece que debía decírselo pero... no es así. Ella... no te preocupes, así es siempre que se enoja, pero... ―suspiró tan exasperado como impaciente― al final, acaba por entenderlo.
Ángel conocía de más de una forma el sufrimiento que aquello causaba a su padre, pero no podía quedarse con él ahora. Con todo, eran más poderosas las ganas de consolar a la muchacha que era su modelo a seguir y que también sufría.
Logró mantener sus pensamientos en orden. Primero debía explicarle todo a su prima. Hablar con su hermana en el momento justo...
Soham caminó con él hasta la estación de autobuses, y ahí tendrían que esperar casi dos horas.
Los que se quedaron en el cementerio estaban desconcertados.
¿Son… ellos? ―dijo Eva.
No puedo creer que yo no lo supiera… Estando tan cerca… ―dijo Franzisko.
Tenías tu habilidad controlada y... ella no es como tú la describías.
No ha cambiado nada, Eva. Es responsable, sensible... y temperamental.
Emilio sabía que la descripción era justa.
Félix los llevó con magia a la casa que habitaban en esa ciudad, alquilada con dinero falso, mágico si se quiere decir de otra forma. Emilio esperaba que su tutor descansara, pero él estaba de maravilla, no había estado tan lleno de energía en casi dos años.
Para los terráneos fue bastante más difícil: Tanya llegó a casa rendida y más tarde iba a dolerle todo, pero ahora estaba todavía bajo la influencia del enojo y las endorfinas liberadas a causa el ejercicio. Por su parte, Ángel y Soham habían estado tanto tiempo esperando al autobús que llegaron a casa largo rato después. Pero al menos habían tenido tiempo de hablar sobre lo que pasaba.
Porque Soham no había entendido nada. Ella no se había dado cuenta de que el hombre se llamaba exactamente igual que el padre de Tanya, y debido a su ataque de ansiedad anterior, no había podido hacer caso a la joya que aquel hombre llevaba, un obsequio de Mirtala, cuando era algo mayor que Tanya. Ángel y su hermana habían tenido joyas similares aunque él había perdido la suya: un gato. Era una especie de tradición familiar.
Lo tenía todo claro cuando pasó el autobus, así que el viaje había sido silencioso. Una vez en casa, siguieron los sollozos de Tanya hasta la cocina.
Estaba sentada en una de las sillas del desayunador, sujetándose el estómago con las manos y apoyando la frente en la cerámica del mueble.
Soham no sabía que hacer y se quedó en el umbral. Ángel se acercó y solamente acarició el cabello de raíces negras de su hermana. Unos segundos después, cuando ella estuvo más tranquila, le dijo que tendría que perdonar a su padre.
¿Por qué no sabía? ―dijo Tanya, levantando la cabeza, fijando su mirada enrojecida en la de su hermano― ¿Qué tipo de perceptivo no sabe de su familia?
No quería saber. Estaba un tanto paranoico y pensó...
¿Y esperas que lo perdone? ―dijo ella, incrédula.
¡Pero lo hizo por ustedes! ―intervino su prima― Tenía miedo de que si él sabía ellos sabrían y ustedes iban a estar en riesgo... Aunque igual encontraron como arriesgarse.
Tanya sólo pudo mirar fijamente a su prima, confusa.
Sí tienes paciencia, te lo explico ―dijo Ángel, cuando su hermana puso expresión desconcertada y pareció entender que había algo que no sabía―. A papá lo enviaron a verificar la probabilidad que había de meterse en los asuntos de Kren. Ya imaginarás cuanto tuvo que involucrarse, y en un inicio estuvo bien, pero cuando concluyeron que era cosa interna, él no pudo simplemente dejarlo. Su compañera y él se quedaron en Kren por una coincidencia: Kamnaid le impuso ser tutor de su hijo único... que vendría a ser Emilio. Papá podía largarse o seguir fingiendo que no tenía a donde ir y todo eso. Se quedó.
Soham oía sin interés pues había escuchado una versión más detallada de los hechos. Tanya, en cambio, estaba muy concentrada. Miraba a su hermano con la paciencia que nunca antes le había tenido, y lo dejaba que hablara sin hacerle preguntas ni recordarle que debía detener el discurso para respirar.
Tenía un plan sumamente sencillo y perfecto, que sólo funcionaría si él lograba representar su papel: educaría a Emnaid... Emilio. El heredero tendría la lealtad a Kren que ellos desarrollan siempre, y un puñado de ideas Oghenses. Ahí tienes, el sucesor perfecto para una sociedad que ha sufrido. Pero, como te dije, le entró la paranoia ―Ángel negó con la cabeza, apesarado―. Primero, no quería saber de nosotros para que no supiera nadie más. Luego se desesperó, lo hizo todo con prisa y fracasó. Kamnaid lo asesinó y tomó su habilidad de inmortal. Al parecer no le llamaba la atención la posibilidad de saber cosas. Papá sobrevivió por su inmortalidad, pero la perdió. Y aunque después vino tan cerca, no sabía de nosotros, y no podía buscarnos porque ahora sí que Kamnaid nos usaría para vengarse del insulto que él le hizo al volver a Emnaid en su contra. No usar su habilidad para saber sobre nosotros era más difícil cada vez, y empezó a bloquearla casi por completo.
Tanya se quedó muda un rato. Ese asunto de protegerlos, le sonaba más paranoico de lo que podía esperar de su padre. Pero, ¿acaso sabía que esperar? ¿De él, o de quien fuera?
Él lo ha pasado muy mal ―era casi una pregunta.
Ángel asintió.
Y yo… ¿Cómo hice un berrinche así? Fui tan grosera... ―se interrumpió, al recordar que su padre no era al único al que había juzgado sin escuchar ninguna explicación― Y también con Emilio fui una pesada. ¿Emilio siempre ha sido... enemigo de Kamnaid?
Es una forma de decirlo.
No podías saberlo ―dijo Soham― Todo lo que ha pasado… Te confundiste, no es tu culpa. Ángel, ¿desde cuándo sabes todo eso? ―su tono se volvió acusador― Porque hubiera venido de maravilla algún aviso...
Cuando Tanya hizo el berrinche ―dijo Ángel.
Mentir cada vez le parecía más sencillo, a pesar de que lo hacía sentir... solo.




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