domingo, 18 de noviembre de 2012

Sí, pero no lo hice

Colección: La Ruta del Adivino

La divinidad, ley o causalidad que rige el universo puede hacerse la graciosa algunas veces. Nunca se siente divertido cuando la broma se la hacen a uno.
Imagen de sxc.hu, con efectos.
Definitivamente no me dio risa que aquella loca se llevara a mi pequeña hija con un motivo desconocido para mí.
El peor enemigo de cualquier actividad, incluidos los rescates de niñas pequeñas, es la ignorancia. Cuando los niños vinieron y dijeron que una mujer se había llevado a Ámide, pero callaron ante cada pregunta nuestra, estuve cerca de entrar en la desesperación: no sabía quien, para qué o a dónde se la había llevado.
Pero, tengo mis contactos.
El enemigo natural de la ignorancia es un buen perceptivo, y cuento a un par de ellos como amigos míos.
¿Y tenías que venir aquí? —como que andaba descortés el muchacho.
Es que...
Se a que viniste. Es una cuestión de lógica, si viniste aquí precisamente porque yo puedo saber ese tipo de cosas.
Bien, entonces...
No puedo ayudarte —quien entiende a los perceptivos: ¡si acababa de decir que "sabe ese tipo de cosas"!—. Si te digo quien se la llevó, o para qué, sólo te dará un infarto. Y dónde están no lo sé. Pero conoces a alguien que sí sabe. Vete, ¿quieres?
¿Quién...?
Ameriev. ¿Qué tal si vas a tu casa y lo esperás allá?
Ah... sí —comprendí, pero todavía me sentía confundido.
En casa, mi compañera esperaba que yo volviera. Ya le habían contado lo ocurrido.
¿Sabes algo? —me preguntó.
Parece que debo esperar a Ameriev.
No entiend... —en lugar de expresar su preocupación, Zabie soltó un grito de sorpresa cuando el adivino apareció frente a mí, tan cerca de ella que prácticamente la empujó.
Vamos a las ruinas.
¿Ruinas? —pregunté, horrorizado al considerar que la coleccionista de miradas se hubiera llevado a mi pequeña.
¡No hay cientos por aquí! A donde llega la mujer que mató a su enamorado, ¡date prisa que ya me atrasé bastante esperando a que estuvieras lejos de ese problematico!
¿Ahora él lo consideraba problemático? Aunque he descubierto que los adivinos que realmente usan su habilidad consideran un problema a todo aquel que los hace cambiar de planes.
Como fuera, utilicé el instrumento de transporte que logré desarrollar con años de investigación y experimentos fallidos. Nos vimos frente a las ruinas de la leyenda, y Ameriev empezó a correr. Le seguí; en pocos minutos me di cuenta de que él seguía siendo más rápido que yo.
Lo perdí de vista y corrí sin cambiar de dirección por un momento, seguro de que me había perdido, pero de inmediato vi la casa. Al entrar a aquel lugar que parecía lo que fuera menos peligroso, escuché a la mujer que prometía lo más inverósimil posible:
... no te haré daño, sólo ven a...
¡Ay, por favor! —mi corazón dio un salto, ¡era ella!... sonaba muy molesta— Le sacas los ojos a todo el que conoces, y llevas una cosa que corta; ¡y quieres que yo te crea eso!
Oh, la asesina serial había insultado su inteligencia. Me hubiera detenido a sonreír de no ser por el grito histérico de la mujer.
¡Baja ahora mismo niña insoportable!
¡NO!— pobrecilla, estaba asustada pero intentaba ser firme.
Siguiendo los gritos, y el sonido de cristales rompiéndose y cajas cayendo, llegué al sitio en donde estaban justo cuando la demente intentaba sujetar a mi hija por la muñeca. Con la gracia de siempre, Ámide se resbaló entre sus manos y se perdió por la puerta más cercana. La mujer corrió trás ella y yo las seguí a las dos.
¡Zabita! —llamé, por el sobrenombre que ella misma se había puesto.
Un grito me advirtió que algo la había sorprendido. Comprendí que me había equivocado al llamarla, seguramente se había detenido y... No importaba, yo debía ir a buscarla: eso era todo.
De algún modo aquel pasillo llevaba a la misma sala hogareña por la cual ingresé. Ameriev estaba con Ámide, intentando calmarla, mientras la mujer le preguntaba a quién le había dicho sobre su casa. Me inventé algo simple y funcional: una navaja tan fina como una aguja. La lancé directo al cuello de la mujer y supongo que no fue coincidencia que Ameriev se interpusiera entre mi hija y aquella desagradable escena.
Zabita.
¡Papi!
Estaba tan acostumbrado a las salidas repentinas de Ameriev, que incluso me despedí de él. Pero se quedó. Me acompañó a casa y se quedó con mi familia mientras yo hablaba con las personas necesarias para que revisaran la casa de la coleccionista.
Cuando regresé, mi hija dormía en brazos de Zabie.
¿Ameriev se fue?
Está en el comedor.
Ameriev estaba preparando algún tipo de postre. Era bastante desordenado.
¡Hace meses que podrías haberme dicho donde vivía esa mujer!
Sí, pero no lo hice.
¿Acaso no secuestró a nadie desde entonces?
No me fijé —respondió, sorprendido—. Y ahora ya no puedo saberlo...
¿Cómo no revisaste...!
Pero el cortó mi regaño desde el inicio, argumentando que no podía controlarlo todo y que bastante le costaba asegurar su propio final. No dijo como encajaba en eso dejar que aquella loca secuestrara a mi hija, y no le pregunté.
Me dejó con la palabra en la boca y se dirigió a la sala. Cuando me animé a acompañarlo, lo encontré conversando con mi familia.
¿Cómo es que sabías de su casa...?
Mamá, eso es obvio, ¡sí tiene los ojos más bonitos del universo! Seguro ella lo llevó, como a mí.
Ameriev sonrió.
Creo que... mejor ya me voy.
¡Pero siempre te vas! —reclamó mi pequeña— ¿Por qué? ¡Si aquí todos te amamos!
Bien, a mí nadie me había pedido mi voto; Ameriev me caía bien, pero de ahí a tenerle aprecio... No lo conocía mucho. Zabie lo quería, eso sí.
El muchacho no fue capaz de responder a eso. Intentó decir algo un par de veces, y luego, derrotado, murmuró una sola palabra antes de salir por el frente:
Adiós.
Ámide estaba muy extrañada, pero Zabie le explicó que Ameriev debía ser muy solitario para saber como reaccionar a tanto afecto.
Bien, me temo que ya sólo resta una parada en este viaje. ¿Alguien se interesó alguna vez? Eso permanece oculto para mí.Es una lástima que no quedaran historias tan individuales como yo hubiera querido, pero los pasos para lograr un objetivo siempre están conectados, fue ilógico esperar algo distinto.

domingo, 21 de octubre de 2012

Respuesta inevitable

Colección: La Ruta del Adivino

Fotografía tomda de sxc.hu; con efectos.


—Sólo dice una respuesta verdadera —me advirtió el caballero elegante. 
—Así es —respondí.
—Sí ambos nos quedamos, le mentirá a uno de los dos. 
—Así es. 
—¿No te preocupa que te mienta?
—No. Ella querrá darme la respuesta correcta. 
—¿Así de influyente te crees?
No escuchamos los pasos de la mujer que entraba, descalza, a aquellos restos de edificio;

domingo, 14 de octubre de 2012

De paso

Colección: La Ruta del Adivino


Fotografía de Dieter Baumann con efectos de http://pixlr.com/o-matic/

No había visto a Ameriev en seis años. La ocasión anterior había sido terrible... y afortunada. Él había decidido que ya no quería ser esclavo y se había presentado en mi solitaria casa para pedirme un favor extraño. Decía que no podía irse sin ser perseguido. Y me prometió pagarme si hacía una buena oferta por su cara cabeza. 
Le "presté" todo lo que pude y me presenté en el sitio al que había jurado no volver. El tipo aceptó el dinero sin decirme una palabra, entró a las celdas, y volvió con una mujer. 
—Pero yo... 
—Tú quieres al extranjero. Pero no hay otro contenedor como ese, ¿sabes? Nunca te ajustaría esa suma. Ten un buen día.
Abrí la boca para quejarme. 
—¡Sin devoluciones!
En todo caso yo no hubiera sido capaz de exigirla. Es decir, había arruinado mi trato con el pequeño adivino, pero no podía regresar a su celda a la desvalida mujer que me seguía mirando con aprensión. 
La recordaba, a pesar de que hacía un año que había hecho de Edecan para nosotros. Lucía muy maltratada pero seguía teniendo la belleza triste de aquella ocasión.
La llevé a mi mundo y le di su libertad. También le di albergue un tiempo, mientras organizaba su vida. Cuando estuvo en condiciones de rentar una casa, le pedí que no lo hiciera. Le pedí que se quedara conmigo.
No sabía ni por qué, pero estaba acostumbrado a ella. Además ahora que se le veía menos triste y más limpia, era toda belleza. 
Ni entonces, ni después de unirnos, hablamos sobre su esclavitud. A sus cuatro años, nuestra hija seguía sin saber que Zabie había sido esclava y que yo la había comprado prácticamente por error.
Pero, entonces, a la hora de la cena, apareció Ameriev. Nos saludó a los tres por nuestro nombre. Cuando comprendí que es muchacho era el adivino al que le había ofrecido prestarle lo necesario para ser libre, entendí que era normal que supiera quienes eran ellas. Sin embargo me tomó por sorpresa la inmediata respuesta de mi amada: 
—¡Ameriev! ¿Qué haces aquí? ¡Estas enorme!
—No realmente, pero no me vez desde hace años. ¡Estoy viejo!
Ya debía estar acerandose a los diecinueve. Quizá a los veinte. No era vejez en mi mundo.
—¿Ustedes se conocen? —pregunté, olvidando por completo responderle el saludo al inesperado visitante. 
—Eramos esclavos del mismo tipo, ¿no te acuerdas? Nos viste juntos cuando estuviste en las celdas.
No, no me acordaba. Por eso no se me había ocurrido siquiera advertirle que no lo mencionara frente a Ámide. No pensabamos contarle, y mucho menos ahora. ¿Acaso mi pequeña hija sabía siquiera lo que era un esclavo?
—¿Cómo... ? —no pude preguntarle como había logrado escapar sin mi ayuda, porque lo más apropiado era disculparme. Y, ¿que tipo de excusa era?
—¡Ah, eso de necesitarte para irme! Esperé unos días más. Como ya tenía otro contenedor él no estuvo tan eficiente a la hora de buscarme. 
No era posible que él no hubiera previsto eso. Sin embargo yo no iba a quejarme de como habían ido las cosas.
Además de soltar aquella pieza innecesaria de información, Ameriev fue a nuestro patio a cosechar las frutas del árbol que sembré por indicación suya. 
Luego desapareció de nuestras vidas una vez más. Al parecer sólo se había presentado ahí porque deseaba hacer un postre a base de Notal.

lunes, 8 de octubre de 2012

Azul Sangre

Colección: La Ruta del Adivino



Imagen de Matt Benson
Cuenta la leyenda que una mujer ronda estas ruinas por las noches. La gente más sensata supone que la leyenda fue causada por alguna joven desamparada que encontró refugio en este sitio hace tanto tiempo abandonado. Tienen razón, en parte.
Cuenta la leyenda que esa mujer le dice la verdad a quien se atreva a hacerle una pregunta. No importa cuál, recibirá respuesta. Eso sí, sólo a uno. Sí llegan más personas no contesta. Sí llegan personas diferentes, cada quien con su pregunta, le dirá la verdad sólo a uno. La gente más sensata piensa que esas son reglas que usa una vendedora de verdades, para darse importancia. Tienen razón, en parte. 
Cuenta la leyenda que esa persona que llega sola a hacer una pregunta, nunca vuelve a ser vista. La gente más sensata piensa que si se sabe que dice la verdad es porque sus clientes han vuelto a ser vistos, así que tal aseveración debe ser falsa. Tienen razón, en parte. 
Hace como quince años, cuando yo no nacía todavía, esta mujer era una jovencita, una niña que empezaba a crecer. Tenía un enamorado; un niño poco agraciado, tartamudo y medio inútil, que la conquistó con una sola mirada. 
Porque tenía los ojos muy bonitos.
Pero entonces comenzaron a burlarse de ella. Sus compañeros de estudios le ponían apodos y empezaron a hacerle los desplantes y bromas pesadas que antes dirigían al muchachito. No podía seguir siendo la novia del tartamudo, la compañera de el torpe... No lo soportaba. Pero tampoco podía dejarlo.
Un día como cualquier otro, él la llevó a las ruinas, y ahí conversaron largo y tendido, mientras ella se perdía en esos ojos. 
La primera vez que ella entró a las ruinas al atardecer. 
Unas dos horas después, aunque ya debían volver a sus casas, él se vio en la necesidad de preguntar:
—¿Cómo podría alejarme de sus burlas para siempre?
"Para siempre" es mucho tiempo. Y la posición de él... 
—No querrías oírlo. 
—Sí, dime. 
—Tendrás que morir. 
La primera verdad de las ruinas. 
Una verdad que a él le causó miedo por un instante, pero la puso a un lado con facilidad; no significaba mucho porque no pensaba morir pronto. Sin embargo fue una revelación para la chica. ¿Acaso no sería más fácil para ambos que él muriera de una vez? La tentación de ir tras esos ojos también iba a desaparecer. 
—Nos vamos ya, ¿verdad?
Ella simplemente asintió. Incluso caminó tras él por un momento. Parecería un arranque de inspiración que levantara esa bonita roca, pero no: el final del muchachito había sido decidido desde que hizo esa pregunta.
Dando saltitos que la hacían ver más como una niña y menos como una adolescente, lo alcanzó cerca de la puerta, y sin detener su paso lanzó un golpe más bien descuidado contra la cabeza de él, justo cuando lo rebasaba por la izquierda.
Así se desencadenó un torrente rubí, un dolor de cabeza, un grito de sorpresa y una mirada de confusión absoluta. ¿Que podía haber hecho para merecer un golpe repentino? ¿Si ella estaba enojada, porque mostraba su más dulce sonrisa?
Ella reflexionó sobre los resultados; necesitaba un golpe más intenso. 
Mientras ella pensaba, él se llevó una mano a la herida abierta, sólo para descubrir la sangre furtiva. La duda se convirtió en miedo entonces; y el miedo en terror cuando vio la roca acercándose de nuevo, ahora con más fuerza.
―¡Qué haces! ―se quejó, interponiendo su brazo en la trayectoria, con pobres resultados.
Aún cuando fue más débil que el anterior, el impacto sobre el área ya resentida causó más dolor. 
Atontado como estaba en este punto, intentó empujarla con la intención de largarse. Pero ella estaba más alerta y decidida. 
―Es lo mejor ―intentó explicar la jovencita que obtenía respuestas, mientras evadía el empujón y lanzaba un nuevo golpe.
Uno más acertado.
El tercer grito de dolor vino acompañado por el lamento del cráneo al romperse, y fue seguido por el golpe sordo de un muchacho que caía sobre su costado izquierdo. Sabía que todo estaba terminando, y cedió ante aquella verdad tan perturbadora como la que le había revelado su amada. Tendido como estaba, parecía dormir y estar preso en una pesadilla; pero el manantial de sangre ―ahora acompañada por la sustancia del pensamiento― desmentía aquella posibilidad.
La chiquilla sostuvo el aliento. Sorprendida por las sustancias que se mezclaban en tan rara manera. Sintió curiosidad suficiente para intentar tocar aquella masa, pero cuando lo hizo descubrió con terror que su admirador estaba consciente: él le obsequió una de esas miradas que la habían hecho aceptar lo inaceptable. Nunca había dolido tanto ver aquellos ojos, porque sabía que era la última vez.
Esa mujercita manchada de sangre ajena fue incapaz de controlar el llanto frente a la nueva verdad que descubría. 
Se abandonó a las lágrimas por largo rato, sentada en un rincón e incapaz de observar su obra. Pensando en lo injusto que resultaba todo aquello. ¿Acaso no había renunciado a su independencia, incluso a su dignidad, para poder ver esa mirada a diario? Y un momento de cobardía lo cambiaba todo. Ella había creído que era lo mejor, y no lo dudaba aún ahora, pero... ¿y su tesoro, su obsesión?
De pronto, ahora sí por inspiración, entendió que no tenía que ser así.  Corrió a  buscar, entre sus cosas, una lo bastante afilada. Tuvo que conformarse con su pluma.
Se acercó al individuo que no tenía coordinación para moverse pero se había arrastrado casi un metro desde que ella se apartara de él momentos antes.
Lo empujó para que quedará boca arriba y se sentó sobre su pecho por comodidad, pero con el efecto de que ahora él se quedaría quieto. 
Se concentró tanto y necesitó tanto esfuerzo, que llegó ha morderse la lengua hasta que un sabor metálico inundó su boca... pasando completamente desapercibido. Es comprensible que tampoco escuchara los quejidos débiles del individuo que no tenía fuerzas para apartarla y menos aún para escapar como hubiera querido. Aunque sí la molestó bastante ese movimiento involuntario de sus párpados.
Cuando creía que ya lo tenía, la inadecuada herramienta se enterró en donde no debía. La chica soltó un grito de disgusto. Se tomó un momento antes de atreverse a hacer nada más. Pero, ¿acaso debía resignarse a que se lo quedarán los gusanos? No, ella se había ganado esta joya con humillaciones y esfuerzo.
Pero antes de continuar, para evitar molestias innecesarias, terminó de conceder el deseo de su enamorado: nunca más volvería a recibir las burlas de esas personas. Sólo hizo falta golpear una vez más la parte izquierda de aquella poco agraciada frente.
Fue más precisa esta vez. Sus manos habían dejado de temblar y también aquella cortina destinada a  mantener a salvo aquel tesoro había dejado de moverse. 
Finalmente pudo sostener el záfiro incrustado en una esfera ensangrentada, y cuando se cansó de verlo lo colocó en la caja de su almuerzo que todavía guardaba algo de frío.
Supuso que debía seguir la tradición y entregarle el cuerpo a la naturaleza; pero ya era media noche y ella se había esforzado bastante, así que no tuvo ganas. Lo arrastró hasta el bosque, y ahí que la naturaleza lo recuperara a su manera. Lo hizo, sí: por medio de las alimañas.
El primer desaparecido en las ruinas.
Nadie pudo comprobar que ella tenía algo que ver. Pero lo sospechaban, así que tuvo que marcharse. Sólo la entristecía que su trofeo se hubiera echado a perder, así que aprendió a conservar los siguientes. 
Desde entonces ha estado creando una leyenda y coleccionando ojos negros, azules, rojizos, castaños... 
Sí me descuido tendrá unos ojos bicolores en su armario.

viernes, 21 de septiembre de 2012

¿El final que yo quiera?

Colección: La Ruta del Adivino

imagen de E. Hernandez

Ameriev era un niño afortunado, pero no lo sabía. 
Su madre, sobreprotectora y un poco demente, había decidido que su hijo no tenía porque tratar con las amenazas del mundo, en tanto ella viviera. Así que el pequeño niño conocía exactamente cuatro personas: Su padre, su madre y dos de sus hermanos. A la mayor no la conocía, porque su madre la contaba como un riesgo.
Ella no sabía de qué lo salvaba. Quería alejarlo del riesgo que corrían otros niños en las Cuevas de Luz, pero el observador de muertes no se parecía a ninguno de ellos. Existen un par de mundos en los que fácilmente habría pasado por enfermo: autismo en La Tierra, Madurez acelerada en el noveno mundo.... Su padre consideró que era sólo el signo de la rebeldía. Empezó a temer que alguna obsesión lo sacaría de su casa. Y luego dicen que la adivinación no es hereditaria. No. Es una broma, él hombre no era realmente adivino, pero acertó, durante cinco años, en cada suposición que hizo sobre su hijo, y sobre todo en esas dos.
Cuando la sobreprotectora madre falleció, sus hijos quedaron completamente huérfanos, porque su pareja se obsesionó con la idea de devolverle la vida. Sabía que era imposible, pero como no pensaba en otra cosa, se le declaró ambicioso y le dijeron que se fuera. Los tres niños quedaron bajo el cuidado de su hermana mayor. El día en que Isabaer llegó a la casa para despedirse de su padre y saludar a sus hermanos, él buen hombre hizo su última suposición sobre Ameriev. 
Cuando la joven mujer se le acercó. Ameriev lloró como si le lastimaran, y huyó de ella tan pronto como pudo.
—La gente tenía razón —supuso el padre del niño, recordando que éste había hecho tales rabietas que las personas que le habían ido a entregar un obsequio tras la muerte de su madre, según la tradición, se habían asustado—; ahora que ella no está y él puede ver a quien quiera, ya no es capaz de tratar con la gente. Ha estado aislado demasiado tiempo.
Su última suposición era, además, equivocada. 
Ameriev no había llorado porque no quisiera tratar con una persona nueva. Sus temibles berrinches no eran nada personal en contra de quienes le habían saludado tan amablemente. Sólo estaba asustado. 
Nunca antes había tenido consciencia de su habilidad. Sabía todas las formas en que podían morir sus cuatro conocidos, y había llorado a su madre varios meses antes que cualquiera. Pero como lo había sabido desde siempre, no creía que fuera nada especial. Ahora, que tenía que conocer de golpe todas las posibles muertes de cada persona con la que hablaba, daba miedo. No sabía que no era lo usual, así que no lo comentó con nadie. Pero le asustaba. 
Con el tiempo, se acostumbró a ver gente en el lecho rodeada por sus hijos al mismo tiempo que les veía tropezar y romperse el cuello; de vez en cuando, veía a un ambicioso morir fuera de las Cuevas de Luz y extrañaba a su padre. 
Un día, cuando el adivino casi alcanzaba los 8 años, llamó a la puerta una extranjera. Había conocido al padre distante. No les dijo que ella buscaba lo mismo que él, y que había venido a investigar la leyenda del oceáno sin fondo, en donde se suponía había magia que podía ser usada para lo que fuera; incluyendo revivir a los muertos. 
Sólo dijo que él estaba bien, que los extrañaba y enviaba saludos. 
—No tengas miedo, Ameriev —dijo, en algún momento de su breve visita—. Seguro que te sobran razones, pero lo que tienes es el poder de tomar la decisión más apropiada, sólo debes aprender a relacionar el presente con esos futuros que puedes ver. Para que tus actos sólo provoquen el futuro que quieres. 
—Entonces... ¿Puedo elegir lo que yo quiera?
—Sí.
—Pero va a disgustar a mucha gente. 
—Siempre se disgusta alguien. Como no puedes conformarlos a todos, tendrás que conformar sólo a uno. Te sugiero que ese seas tú.
—Entonces... quédate un día.
—¿Por qué? —interrogó ella, sin ver que relación tenían ambas cosas.
Se suponía que ella podía saber lo que quisiera, incluso las predicciones que otros hacían sobre el futuro. Pero no con éste niño. Los ojos de él veían más allá de la realidad en que vivían, y ella sólo podía conocer la realidad que habitaba. 
Por fortuna, no hacía falta, porque el niño quería decirle.
—Si te vas ahora te van a detener. Ni tú ni yo tendremos lo que queremos.
La chica sonrió. 

viernes, 14 de septiembre de 2012

El contenedor

Colección: La Ruta del Adivino


Toxic Smoke, de dknudsen

Otro día en el trabajo. Y en este caso, el trabajo volvía a efectuarse en Gehi. No era mi lugar favorito, pero hay que reconocerle que tienen una infraestructura preciosa. Supongo que, contando con esclavos, sólo falta creatividad para hacer maravillas en todos los materiales posibles. 
Además, sabían hacer negocios. No sólo intercambiaban esclavos, también vendían de todo un poco. 
Por eso estábamos ahí; íbamos a comprar un activo muy valioso: magia. 
Sí, ya sé, hay magia en muchos sitios y suena lamentable que haya que comprarla, pero es que algunos niveles de magia son bastante cotizados debido a que rara vez aparecen. No hablo de un don único, sólo de magia poderosa. Una que preferimos lejos de conquistadores, belicosos o problemáticos. Así pues, teníamos que participar en la subasta. Y ganar.
No es tan raro que la mayor parte de los involucrados fueran del décimo tercer mundo. Pero había cierta gente ahí, que no parecía tener motivos para querer magia de ningún tipo. La mayoría se jugó todo con las primeras piezas; habilidades contenidas en cajas mágicas, libros invaluables, e incluso un mago. 
"La siguiente maravilla del evento, no puede ser contenida ni por objetos ni por palabras, señores", anunció el anfitrión, un déspota que maltrataba a sus esclavos y estafaba a quien se dejara. Sus palabras provocaron en mí una muy natural curiosidad: ¿y entonces, como nos la entregarían? A juzgar por el código, esa era la magia que no podíamos perder. "Sólo pueden participar quienes tengan su propio contenedor, puesto que el nuestro no está a la venta. Es nuestro mejor contenedor, después de todo."
Miré al negociador, como en busca de explicaciones. Yo sólo venía por protección, y antes no había sentido curiosidad por los detalles de la compra. Pero nuestro experto ya estaba haciendo ofertas, y pronto se vio enzarzado en dura competencia con unos tipos de origen desconocido que parecían tener recursos ilimitados.
Tomó media hora antes de que el rival se viera rebasado por La Sociedad. Se le veía muy enojado. 
Cuando acabó la subasta, mientras todos retiraban sus piezas, una mujer se acercó a nosotros. 
—Su pieza está en otro sitio, acompáñenme. 
Sí su voz me dejó frío, más frío me dejaron sus ojos; ambos rasgos estaban llenos de tanta belleza como sufrimiento. Iba descalza. Nuestra "edecán" era una esclava y nos llevó a las habitaciones que toda su clase ocupaba. Las paredes eran de vidrio lila. El material más fuerte de aquel mundo, según dicen. Permitía que viéramos el hacinamiento y supongo que facilitaba las vigilancias o algo así. No es que aquellas personas sin voluntad necesitaran ser vigiladas. 
En la más pequeña sólo habían dos personas. Una anciana y un niño gravemente enfermo. 
Nuestra guía se detuvo justo al lado de la puerta, como dándonos espacio para entrar. En ese momento la anciana nos miró con terror. Al parecer era la emoción que les quedaba a los esclavos. Al menos había algo. En ella, en nuestra guía. Los demás eran cuerpos sin alma. 
—El amo vendrá en un momento —anunció la esclava mientras abría la puerta—. Pueden ejecutar una evaluación si gustan. Es el muchacho. 
Desde luego, no entendí. Pero el negociador al que acompañaba seguramente lo tenía muy claro, porque se acercó al niño enfermo y le dijo algo así como "A ver, ¿sabes lo que tienes?".
Él no reaccionó, y mi compañero no parecía necesitarlo. Lo obligó a incorporarse entre las mantas que le habían dejado en el suelo, ignorando un quejido de dolor emitido por el chico. 
Yo seguía en el umbral, pasmado. No tenía nada que hacer ahí dentro, y ojalá no hubiera tenido nada que hacer en aquella prisión. 
De pronto mi compañero de trabajo golpeó al niño en el rostro. Estuve cerca de intervenir, pero la esclava me detuvo con sólo su voz al preguntar: 
—¿Nunca ha visto una evaluación?
—No —respondí.
—Él estará mucho mejor cuando termine. Eso es un consuelo. 
La voz le temblaba. No creo que yo la tuviera tan impresionada como ella a mí, así que probablemente se trataba de miedo: supongo que no era apropiado que me estuviera hablando. La llegada del "amo" confirmó mis sospechas, porque ella apartó la vista de mí tan pronto como él apareció.
Vendedor y cliente intercambiaron palabras, todas compresibles por si mismas, pero el diálogo fue ajeno para mí. Luego mi compañero volvió a inclinarse sobre el enfermo. Y entonces, se quejó de algo. Un momento de confusión siguió, y luego el amo zarandeó al niño, lo levantó con fuerza y le golpeó, no con la "efectividad" que había mostrado mi compañero, sino con genuina ira. A mi lado, aún más horrorizada que yo, la esclava retrocedió y sollozó. 
En la habitación, donde la anciana veía la golpiza con apatía, mi compañero intentaba calmar la ira del anfitrión y me hacía señas para que no me metiera en el problema. Ya le habían advertido de mis "arranques de nobleza", supongo. 
La esclava triste no recibió ningún consejo parecido al que me ofrecía mi compañero, y trató de intervenir: 
—Amo, por favor... no lo lastime. 
—No te metas — la rabia se centró en ella por un momento, y fue un poco extraño ver que ella se quedaba firme mientras el se acercaba con el claro propósito de hacerle daño. 
—Señor, ¿será que ella puede convencerlo? —preguntó mi compañero.
El amo sujetó a su esclava por el cabello y la hizo caer al suelo, frente al muchacho que no podía mantenerse en pie por su cuenta. 
—Puede —sonrió—. Y si no, voy a matarla. 
—¿Por qué haces esto? Dijiste que ibas a quedarte quieto y hacer lo que te dijeran —la esclava se dirigió al niño con ternura maternal.  
Si no me hubiera conmocionado eso, de nada me hubiera servido enumerar mentalmente todas las armas que conocía para mantener la calma. 
El niño murmuró una respuesta.
—¡EXIGENCIAS! ¡DE UN ESCLAVO! —bramó el amo— ¡NO LAS TOLERARÉ!
—Señor. Tiene que cumplir con nuestro trato —comentó el negociante—, y la verdad es que no es cosa difícil... 
—¡LOS ESCLAVOS NO EXIGEN NADA! ¡NUNCA! 
Y dispuesto a enseñarle su lugar al pequeño, volvió a ponerlo de pie. 
El golpe siguiente me hartó. Tal como el niño, olvidé mi posición en aquel sitio y entre a la celda, a tiempo para sujetar el brazo de su amo antes de que le golpeara nuevamente. No soy una persona fuerte, de modo que lo que realmente le detuvo fue la sorpresa. Me miró, confundido. Yo era un cliente, pero le estaba faltando al respeto. No sabía manejar esa combinación. 
No me fijé más en él una vez que vi al niño sonreír aliviado. 
Con el cabello sobre el rostro, la piel en tono verdoso y la sangre en la barbilla, aquella sonrisa debía ser lamentable. Pero no. Él niño estaba "feliz de verme". Suspiró, agotado, y me habló tan alto como podía, es decir en un murmullo apenas audible: 
—Como te demoraste.
Reunió fuerzas para alzar la mirada, y entonces me di cuenta de dos cosas: que sus ojos estaban llenos de la voluntad que ningún otro esclavo ahí tenía, y que yo lo conocía. 
Esos ojos bicolor brillaban con el fuego de siempre. Yo no podía creer que él estuviera ahí, pero menos aún comprendía como es que nadie había notado que aún en tan malas condiciones, tenía todo bajo su control. ¡Si sus ojos lo gritaban! Como siempre. 
—¿Tienes algo dulce, Áled? Llevo como trece meses sin comer algo dulce.
—¿Ameriev, cómo acabaste aquí? —pregunté, mientras cerraba mi mano, sosteniendo una inexistente fruta.
El amo se mostró preocupado. A diferencia de la mayoría de las personas de su mundo, este hombre conocía bien las leyes de La Sociedad y sus negocios funcionaban bajo las leyes de la misma. Eso significaba que aquel pequeño esclavo era una afrenta que le podía traer problemas. 
—Una estrella sin magia hace buen contenedor —respondió el niño, con sencillez. 
—No tienes que quedarte —dije, abriendo mi mano para entregarle una fruta que ahora si estaba ahí.
Por si no lo sabían, no sólo puedo inventar armas. 
—¡No por favor! —dijo él, con voz triste, mientras tomaba la fruta— No puedo irme. No me lo pidas porque creeré que lo deseo más que nada, y no es así. Yo... —sollozó— voy a estar bien. Se trata de poco tiempo, muy poco tiempo, en comparación con lo que he pasado... No me lo pidas. 
—¿Es que a ti también te quebraron, niño? Porque recuerdo que dijiste que tomarías el camino que quisieras.
Sonrió. 
—Eso hago. Esta fruta.... no hay arboles de esto, ¿verdad? La inventaste sin modelo. 
—Sí. 
—Con razón no había podido encontrarla.... Deberías hacer una con semillas. El universo necesita árboles de Notal.
Y con el entusiasmo de quien tiene enfrente su comida favorita, él niño mordió aquella fruta para luego suspirar de gusto.
Sólo después de terminarla se dignó a hacer lo que se le había ordenado: entregarle la magia a mi compañero de trabajo, quien no venía de las Cuevas de Luz, pero también podía servir de contenedor. 
Para cuando mi compañero se dio por satisfecho, Ameriev se veía saludable, aunque cansado... y lastimado debido al coraje que había hecho pasar al tirano. La magia que no podía usar, lo había puesto enfermo. Para mi compañero, desde luego, era distinto. 
Antes de marcharnos, vi que la esclava de ojos azules me sonreía. Y le devolví la sonrisa sin pensar. 

sábado, 8 de septiembre de 2012

Una muerte menos

Colección: La Ruta del Adivino

Imagen de Amir Darafsheh, con efectos agregados.


Poco tiempo después de la confrontación por los esclavos, yo era una joven enclenque y cobarde. Tenía pocas razones para seguir con vida, y una sola para desear morir. 
Una poderosa razón. 
A diferencia de los demás esclavos, yo no estaba conforme. No se trata de las ganas que pudiera tener de ser libre, que si he de ser honesta, no quería...  ¿Cómo que por qué no? Cuando pasen hambre y su hermano menor se muera en el frío y sientan envidia de él, porque al menos ya no sentirá ese dolor espantoso del clima gélido penetrando en sus huesos; entonces vengan a decirme para que querría ser libre.

sábado, 18 de agosto de 2012

Trabajo Sucio

Colección: La Ruta del Adivino

Imágen derivada de The orange room (por F. Gambín)


Mi perfil de trabajo en La Sociedad era extenso y fácil de resumir. Así que, ¿vamos de una vez al resumen? Bien. Desarrollar actividades peligrosas que representan algún beneficio a La Sociedad o alguno de sus mundos miembros. 
¿Vamos a comprar una invaluable prenda en un mundo donde se entra fácilmente pero se sale en pedazos? Que vaya Áled. ¿Hay que darle malas noticias a alguno de los Buscadores de Soluciones con habilidades de nivel y mal carácter? Que vaya Áled. ¿Perseguir a un asesino serial? Áled.
Es increíble que mi pacto incluya cosas que nadie hubiera pensado que serían necesarias. Como ir a registrar información en la guerra de un mundo no libre. Resulta que normalmente las investigaciones las realiza un Buscador de Soluciones o un Contador de Memorias, gente que sabe como llegar a esos mundos sin dañar nada. Pero al no haber nadie capaz de sobrevivir en un campo de combate, yo acabé tomando notas en Gehi. 
Allí están siempre matándose por algo, según me comentaron. En mi visita, lo hacían porque una nación conocida como Igesib estaba convirtiendo en esclavos a algunos individuos del país vecino. Los intelectuales de Biegee acabaron por determinar que sí se les permitía por más tiempo, acabarían esclavizando incluso a gente importante, y lo resolvieron como se resuelve todo en ese mundo: con hechizos letales, bombas y patadas.
Debí sentarme y anotarlo, ¿no es así? Pero mandar a un Vigilante de Paz a hacer trabajo de observación es un plan muy malo. Conseguí ver la guerra en silencio, viviendo en Igesib como un visitante de otra nación, defendiéndome sin llamar la atención cuando hizo falta. 
Pero pregunté que hacían con los esclavos (una palabra que no me resultaba familiar)  y dos cosas cambiaron. 
Primero, me delaté. "¿En que reino vives?" preguntó el jardinero a quien le pregunté. Un buen tipo, muy abierto y curioso. Uno que espero sepa cumplir su palabra, por qué a la larga acabó por convencerse de que había algo raro sobre mi procedencia y aunque yo nunca acepté nada, él se despidió con un "Guardaré tu secreto". 
Segundo, me di cuenta de cómo funcionaba lo de la esclavitud. Cómo se llevaban contra su voluntad a quien se dejara. Secuestraban niños y adultos por igual, y les asignaban tareas duras sin dar a cambio más que un tiempo de comida y una celda donde dormir. Las palizas ante los fracasos o la desobediencia... las malas condiciones de vida... Lo que se supone que yo quería evitar cuando apliqué para unirme a La Sociedad. No quise quedarme a verlo. 
Hice el  temido viaje a través de cinco naciones y conseguí una audiencia en El Trono. Esas fueron como tres veintenas de días en que no anoté nada sobre la guerra, más una intromisión de nivel medio en un mundo no libre. Y si no les gusta, que me despidan, porque ese no sería mi trabajo pero sí mi vocación. 
Nunca supe quien de los que me recibió era el gobernante. No era relevante, lo importante es que la orden fue emitida. Los esclavos debían volver a su hogar. Así se hizo. Pero eso empeoró la hostilidad entre ambas naciones. Supongo que debí haber esperado eso. 
Hice el viaje de regreso para seguir con mi horrible tarea. Algo había de esclavitud en mi contrato: lo desagradable del trabajo. Pero alguien tenía que hacerlo, y yo era de los que podían.
—Una habitación, por favor —solicité en una posada diferente a la anterior, para evitar al jardinero que sabía demasiado ya. Ahora me quedaba cerca de la frontera, pero del lado de la nación ofendida.
En ese momento llegó alguien; simplemente apareció a mi lado, era evidente que había viajado con magia, lo cuál era común por ahí.
—Ya le consigo una llave... ¿Y el pequeño?
—Quiero la mejor que tenga —dijo el jovencito, que ya tenía edad para que le disgustara ser llamado pequeño, pero no se quejó. 
Le miré, sin motivo, y lo reconocí. Me pareció muy extraño, pero no comenté nada. Él nunca se fijó en mí. 
—¿Eres un delegado, pequeño? —dijo, mientras buscaba sin éxito.
—Sí señora.
—¿Delegado? —me entrometí.
—Muchos de los Propietarios envían delegados para la compra —explicó la mujer, luego se dirigió al chico—. Ya sólo tengo regulares... Hay mucha gente aquí en tus mismos asuntos. Cómo trajeron los esclavos de Igesib, todos los compradores están llegando a la ciudad.
—Está bien —el niño parecía contrariado. 
Pero más contrariado estaba yo. Abandonar mi tarea asignada, viajar de mala manera, rogar para ser escuchado.... ganarme una amonestación.... Todo para que los esclavos siguieran siendo esclavos, pero ahora en su nación. 
¿Cómo es que nadie me había advertido que eso funcionaba así? ¡Ah, claro! Para que se lo advirtieran al próximo andaba yo documentando. Cómo dije, alguien debe hacer las cosas desagradables. 
¿Alguien está leyendo esto? Sólo pregunto. Me ha entrado curiosidad sobre los lectores. 

lunes, 30 de julio de 2012

Viejos Conocidos

Colección: La Ruta del Adivino


Imágen: Nature in fury II 1, de Jesuino Souza

Ese día salió todo mal. Todo. 

Primero, nos perdimos. Mi nuevo compañero de viaje era más torpe que el anterior. Yo ya había empezado a trabajar en un instrumento que me permitiera viajar sin ayuda, pero no es fácil hacer objetos desde cero. Tenía mucho que entender sobre distancias y superposición. Así que no tenía más remedio que soportar al tipo éste. 

Llegamos a nuestro destino demasiado tarde. El objeto que debíamos recuperar estaba en terreno peligroso para entonces. Sugerí volver y fui tratado de cobarde.

—Bien, pero debemos quedarnos lejos de la cuidadora —tuve que ceder.

Amavdia.

Mi peor enemiga. Experta en el uso de todas las armas existentes en su mundo. No había forma de sorprenderla. Pero yo lo había hecho ya en dos ocasiones. ¿El truco? Yo no tomaba armas de su mundo, ni tenía que llevar ninguna desde el mío. Todo lo que uso lo construyo cuando lo necesito. De ahí que la cuidadora del anciano que tenía lo que buscábamos, tuviera tantas ganas de matarme. 

No pensaba darle el gusto, pero esas cosas no dependen por completo de uno, ¿o sí?
Pero la cadena de errores no se detenía, y mi compañero de viaje —empiezo a pensar que esto fue todo su culpa— dijo mi verdadero nombre frente al anciano. Todos los nombres de los locales son en español. El anciano y su servidumbre son los únicos extranjeros, y nosotros estábamos pretendiendo ser de aquel mundo no libre. 

Así que, el mafioso no tuvo un segundo de duda: llamó a sus vigilantes, mientras mi compañero trataba de arreglar el desastre tomando el objeto tan pronto como pudo. Para hacer eso, tuvo que alejarse de mí. Me interpuse entre los guardias y él. Fue todo bien por cosa de cuatro minutos. Luego llegó ella. 

Atractiva, amenazante y llevando un par de espadas desiguales. Odio esas espadas desiguales. No sé como pero vuelve a llevarlas cada vez que la veo, pese a que cada vez que he podido las he roto. 

Ese día no se pudo, era el día de que todo saliera mal, después de todo. 

Me venció, rompió un ventanal con mi peso, me persiguió, y me acorraló en la orilla de la terraza. ¿Y mi compañero? Seguro que en las oficinas, entregando el objeto que había llevado, dejándome atrás a mí. De pronto se había puesto eficiente el muy traidor. No confío en los viajeros, pero eso ni yo me lo esperé. 

El caso es que me vi sólo en la orilla de una terraza.... en un edificio ubicado en la orilla de un risco lo bastante alto para saber bien que estaría muerto antes de llegar al distante suelo. Pero, tenía una oportunidad: sorprender a mi rival. 

Un arma compleja, que había sido inventada por personas distintas en mundos diferentes cuando cada uno ellos ignoraba la existencia del universo. Hay uno en el que todavía no saben nada, pero sobre armas de fuego, bien que han evolucionado. 

La cuestión con las armas de fuego, es que yo no sabía muy bien como funcionaban por dentro. Pero estaba a punto de conseguir mi objetivo (y de que me alcanzara mi atacante, dándose el gusto de lanzarme al vacío), cuando alguien me sujetó por la muñeca. 

En el instante que me tomó dirigir mi vista a quien recién llegaba, creí que se trataba de mi traidor compañero, pasando por alto que esa mano era bastante más pequeña de lo que podrían ser las suyas. 

Era un niño. No pude evitar perder un poco la noción de todo cuando miré en sus ojos. No sabía a que distancia estaba Amavdia.

—¿Recuerdas los paracaídas, Áled? —preguntó el niño, risueño, mientras daba un paso hacia atras. Y otro. 

En mucho menos tiempo del que me toma describirlo, mi tobillo golpeó contra el borde y me precipité al vacío, mientras la artista de las armas cortaba el aire con su espada donde había estado mi cuello un momento antes. 

Por fortuna, yo sí recordaba los paracaídas. Salí de aquel día malo con sólo un golpe en el tobillo y una pregunta: 

—¿Dónde te he visto antes?

No saqué ninguna respuesta, porque el niño corrió sin decir palabra y... en mi defensa sólo puedo decir que los niños son rápidos y yo estaba cansado.

Sin embargo, recordé mucho más tarde. Logré recordar donde había visto aquellos ojos bicolor: una vez, hacía no tanto tiempo, yo había salvado su vida. Al recordarlo comprendí: el niño había decidido pagar su deuda.

Buen chico.

La Ruta del Adivino


Imagen de Steven Goodwin 
Ésta es una colección de relatos que narran las decisiones tomadas por Ameriev, el único adivino de su raza, para cumplir su objetivo de vida.  
Por lo general, los eventos serán enfocados desde el punto de vista de Áled, un inventor empleado en la Sociedad de Mundos Libres. 
No doy más detalles todavía, ya verán de que va éste asunto conforme vayan apareciendo los relatos. 
Como dato curioso, les cuento que en cierto modo todo esto se desprende de |Equilibrio|, una historia (en proceso a estas alturas) donde Ameriev tendrá una participación breve. Y de ahí, salió exigiendo que contara su vida. No lo haré. Pero, si escribiré algunos eventos decisivos.
Relatos:

Ahora sí, la historia está completa.

sábado, 28 de julio de 2012

eMdV: Reencuentro



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 ―...y de paso te llevas a tu hija, que empieza a pasar demasiado tiempo en mi casa después de clase ―dijo Ángel, desde el teléfono de la cocina―. … Sí, ya días. … Exactamente por eso, ¿como adivinaste? … Pues porque es mi prima, entre nosotros nos cubrimos.
¡Uy sí! ―rezongó Soham, sentada en el desayunador con un cubo de hielo apoyado en el índice, que se había lastimado al desmontar el arco―. Que forma de cubrirme.
Cheke tío, te veo entonces.

jueves, 26 de julio de 2012

eMdV: Materiales fuertes y negativas firmes




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La habitación en el segundo piso era un sitio lo bastante encerrado para necesitar luz artificial en un mundo en el que la luz estaba en la atmósfera misma. O era eso, o el mito era cierto: la luz provenía de los ojos abiertos de sus gobernantes de todas las épocas, pero aquí no había ninguno de ellos. Aquí reinaba la intensa luz blanquecina de las velas de papel que parecían flotar en sus soportes de pared.
Lo primero que Franzisco vio con esta luz, fueron los escalones más bajos. Luego, oculto por la escalera misma, un brazo tendido en el suelo, que al bajar dos escalones pudo comprobar que no estaba atado al cuerpo de su propietario.

viernes, 20 de julio de 2012

eMdV: (Al mal paso) ... darle prisa

Lo sieeeeento mucho... si es que dejé a alguien esperando el capítulo.
Problemas técnicos. Pero, Aquí ando al fin.



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La pieza de cristal que colgaba de su cuello lo hacía sentir seguro. La magia guardada en el cubo, tan atractiva para él, no era una tentación si no un aliento. En cambio, la presencia de sus compañeros le aterraba. La última vez había perdido amigos. Echó un vistazo a Félix, preguntándose si era cierto que bastaba con que no entrara en la misma habitación que ocupaba Kamnaid.

viernes, 6 de julio de 2012

eMdV: Al mal paso...




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Cuando llegó a la casa, todos estaban ahí. Félix parecía tener algún problema con los planes de Franzisko, y discutían fuertemente mientras Eva afilaba su más antigua herramienta, arma y recuerdo: una navaja obtenida en los días en que se dedicaba a la pesca. Victoria estaba jugueteando con la joya que sostenía entre sus manos, y fue la única que se comportó como si lo estuviera esperando.
Te traje un regalo ―anunció risueña.
Lo sé ―había estado seguro de ello desde que supo que habían asaltado a la directora, pero ahora podía verlo ahí, en las manos de la chica; completamente transparente y atado a una cadena que no importaba en lo más mínimo... lleno de apetecible energía de la que llamaban magia...

viernes, 29 de junio de 2012

Publicación completa de Contrapartes.

Este recopilatorio ha estado disponible en el catalogo de NLL por un tiempo.
Me pareció interesante dejarlo por aquí para su lectura. Como siempre, están invitados a dejar su opinión. 
Contrapartes

viernes, 22 de junio de 2012

eMdV: Motivación

Este capítulo está un poco más largo de lo habitual... había mucho que decir. 





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Emilio y Franzisko estaban sentados en los escalones del edificio abandonado en donde solían entrenar. Ninguno decía nada, sólo estaban ahí autocompadeciéndose un poco.
Franzisko se sentía culpable porque había estado a punto de extinguir su propio don por bloquearlo a propósito sin tener cuidado. Odiaba haber visto a sus hijos en aquellas circunstancias y sabía que no había hecho las cosas fáciles para nadie. ¿Y sí esta vez Emilio tampoco estaba listo? No quería repetir lo sucedido.
Emilio sabía que debía cumplir su parte. Por desgracia, eso no significaba que estuviera completando ninguna de sus responsabilidades. Estaba estancado en lo que ya no podía corregir. Y aún así, eso no era lo que tenía su atención ahora.

viernes, 15 de junio de 2012

eMdV: El delfín de Oro Verde




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Delmian y Eva habían sido preparadas para el combate físico y ambas parecían ser inmunes al dolor y tener excelentes reflejos. Eva estaba mucho más informada sobre la forma de combate de su oponente, de lo que pudiera estar la otra sobre el estilo de Mar Verde. Pero eran más poderosas las técnicas de Kren, que la extranjera no empleaba. Eso le daba poca ventaja a la guerrera Kreen, y con Félix fuera de combate, la otra sentía bastante presión.

domingo, 10 de junio de 2012

eMdV: ¿El mejor viaje posible?





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Faltaba menos de veinte minutos para las cuatro de la madrugada. Mirtala solía tomar algo (leche, agua... limocello) a esas horas y se quedaba dormida en la cocina un rato. Pero, está vez, cuando entró a la cocina encontró a Ángel durmiendo con brazos y cabeza apoyados en el desayunador. Lo miró con preocupación y lo despertó para preguntar que había pasado.
No es nada, mamá ―respondió él, demasiado despejado dado que apenas despertaba, y con tono distante.

sábado, 9 de junio de 2012

eMdV: Prioridades



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Franzisko recibió al grupo con entusiasmo, tomó la flecha de manos de Emilio antes de percatarse de que él estaba pálido y ausente.
¿Pasó algo malo? ―preguntó, atento a la reacción de Emilio pero esperando que la respuesta viniera de Eva.
Sin embargo, el muchacho contestó.
Tanya está jugando a cuidar la Tierra, dando vueltas por ahí. Viajando entre los mundos, acusando a mi padre con La Sociedad ―interrumpió la explicación bruscamente, para preguntar con aire pensativo―. Dime una cosa, Franzisko: si yo te hubiera dicho eso, ¿tú habrías sabido que ella estaría hoy en Kren?

sábado, 2 de junio de 2012

eMdV: El Museo

Mis disculpas por la demora, tuve problemillas técnicos. En fin, espero que no haya más de ello, pero por si acaso ahora intentaré llevar un capítulo programado :)  




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 ―Lo que digo es que yo no sé suficiente de él. Si no fuera por Ángel no sabría que su padre lo golpeaba ―explicó Tanya, y tras una pausa demasiado breve para que Soham dijera algo, agregó― No tengo idea siquiera de donde vivía antes, ¿saben?
Creí que te daba lo mismo... ―dijo Soham, sin cuidar el volumen de su voz, y luego, con voz ahogada y llena de entusiasmo:― ¡Te gusta en serio!
Ángel no estaba muy interesado en la conversación, le preocupaba más llegar al museo de Kren antes de las dos. Sus cálculos no habían incluido la charla de chicas y quizá estaban en la entrada menos apropiada.

sábado, 19 de mayo de 2012

eMdV: Kren



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 ―¿Vico?
La joven se dio la vuelta para poder ver a Emilio, quien le hablaba desde el umbral. Ella había ayudado a Eva a decorar la casa y se comportaba como si viviera ahí, con lo que entraba a habitaciones que parecían en desuso. Ahora mismo estaba buscando soledad para pensar, pero no tenía problema en atender a Emilio. Vico no era de las que se derrumbaban tan fácil, y ya había pasado el momento de llorar. Pero aún así... todo lo que estaba ocurriendo la superaba.

martes, 15 de mayo de 2012

eMdV: Sólo Personas




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Emilio estaba contando pétalos de rosa por pasar el tiempo, cuando se le ocurrió que a Tanya de seguro no le gustaría el ramo. Se sobresaltó cuando se abrió la puerta y supuso que debía ser su cita... pero no. Era el hermano. Debía ser un muchacho terriblemente celoso, porque en un par de ocasiones que se habían encontrado había percibido absoluta hostilidad.
Mientras la puerta se cerraba a sus espaldas, Ángel miró de reojo al otro, para luego seguir su camino como si nada. Dos segundos después salió Tanya, de jeans, camiseta y sandalias bajas, conversando con su prima, quien parecía muy disgustada por algo. Sin embargo, lo saludó amablemente antes de irse a su casa, dejando a los tortolitos en el portal.

viernes, 27 de abril de 2012

eMdV: Advertencia y Amenaza




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Eran las dos de la tarde. Estaban listos pero seguían sin animarse a viajar a Kren. Tanya no estaba del todo segura de que tan preparados estaban. ¡Iban desarmados a exigirle algo a un individuo que tenía controlado a todo un mundo!
¿Por qué se llaman así? ―preguntó Soham, sin razón aparente― Son magenta, no turquesa.
Los colores son un código ―contestó Ángel mecánicamente, y luego en tono de burla, prosiguió― ¿Creías que el nombre era por su color? ¡Ni que se tratara de pájaros! Los Kamikazes turquesa tienen diferentes colores, dependiendo del carácter de su fabricante.
¿Qué? ―exclamó Tanya, sorprendida― ¡Todos son del mismo color!