sábado, 3 de diciembre de 2011

Contrapartes Nº8 Secretos



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Secretos.

Rita no podía esperar más. Al principio Hayden no pudo responder que los demoraba, y para cuando supo que debían ir, Álvaro ya se había desmayado. Fueron a la escuela, con menos precisión que Álvaro, pues la explicación de Hayden no fue lo bastante buena para que Rita se orientara. Se dirigieron rápidamente al lugar en donde Carmen lloraba sobre el cuerpo inmóvil de Álvaro.
Sus heridas no se curan ―dijo Carmen, como quien confiesa un crimen horrible.
Rita entró en desesperación inmediatamente. Hayden, que hasta ese momento había estado bastante preocupado, se relajó de pronto y sugirió que se fueran antes de que Rubén despertara.
¿Puedes llevarlo a la casa aunque esté así? ―le dijo a Rita.
Rita no hubiera podido decir si fue la forma en que lo dijo, o su pregunta, pero Hayden acababa de tranquilizarla. Consiguió responder, sin llorar, que sí podía. Estaba segura de que todo iba bien, y aunque seguía angustiada, sabía que era sólo porque siempre le había preocupado una muerte de Álvaro. Hayden se comportaba como si esta no fuera una muerte definitiva así que seguramente no lo era. No hizo preguntas, ni siquiera al llegar a casa. Buscó algún material en las heridas, como de costumbre, pero ya no había ninguno, y además las heridas estaban casi cerradas.
―What did you do? ―preguntó Hayden.
Ella lo interpretó como un “¿Qué fue lo que hiciste para que lo hirieran tan gravemente?” y Hayden, al notarlo en su expresión de angustia, se apresuró a explicar que lo que quería saber era como había evitado que él muriera de forma definitiva. Después de todo, la razón para que Álvaro dejara de sanar de pronto, él ya lo sabía: el inmortal había renunciado a algo que lo mantenía vivo. Pero no sabía qué había cambiado en último momento.
Carmen tampoco sabía qué había cambiado y no podía tomar el crédito por ello. Sin embargo, si se trataba de algo que ella había hecho, sólo que no lo sabía.

*****

La amo ―dijo Álvaro, al recuperar la conciencia y ver que estaba a solas con Rita―. No es tan sencillo como negarlo. Más bien, es peor si trato de apartarla.
Sorprendida, Rita descubrió que aquella frase – además del tono soñador y decidido en que Álvaro la había dicho – no dolía.
―¿Y ahora qué harás?
Creo que... Se lo diré. Sucedió algo raro... o lo soñé. Ella me pidió que me quedara a su lado. Y yo... quiero hacerlo. Así que, sí, se lo diré. Con las palabras menos ambiguas posibles, para evitar problemas de comprensión. Me asusta que en la Tierra sea tan diferente el concepto. Pero sin malentendidos, no habrá corazón roto... espero. En todo caso, lo que importa es como se vive, ¿no fue lo que dijiste? Moriría sin ti, o sin ella, o si Rubén lograra invadir y destruir Ogha. Es tarde para cambiar eso. Y, ahora que lo pienso, morir por ella suena mejor que vivir sin causa o sin amor. Yo creí que... tenía una misión y que no podía sacrificar eso por el amor de una extranjera, y ella estaba en riesgo también, y creía que debía apartarla para... No es tan sencillo, supongo. Y, en cierto modo, cuando me pidió que me quedara con ella... Puede sonar absurdo pero sentí que valía la pena renunciar a lo que fuera... No lo sé. Sólo siento que ya no puedo continuar igual. ¿Es muy loco querer ambas cosas?
Rita estaba encantada, escuchaba al muchacho pero también estaba en sus propios pensamientos. ¿El amor se imponía después de todo? No había pasado por alto que la había mencionado. Su afecto por ella no era menor que su afecto hacia Carmen, pero sí muy diferente. Y ya no dolía que él la quisiera como una hermana.
Estaba segura de haberlo amado, y en ese entonces el afecto de él había sido insuficiente, pero algo había cambiado, tal vez no el sentimiento en sí, pero algo era diferente. Estaba dejándolo ir, no con el corazón hecho pedazos con la renuncia, al contrario, sabía que estaba haciendo espacio para poder avanzar. Ese pensamiento de inmediato llamó a otro pero ella se repitió que no iba a enamorarse del alienígena débil que no se cansaba de ser rechazado pero parecía incapaz de ser humilde.

El problema era que había algo en su actitud odiosa que a Rita le agradaba, imposible saber si era su seguridad, el empeño que ponía en convencerla, o alguna otra cosa. Si hubiera podido contar con ese algo sin esa arrogancia que el muchacho tenía.
Lo que Rita no sabía era que, en realidad Hayden no era realmente un engreído, solamente sabía demasiado. Y ahora sabía algo que detestaba saber, un asunto importante que seguía ocultando. Pronto tuvo que mentirle al respecto a los demás.
Hablaban todos sobre la dificultad que presentaba la situación ahora, esperaban que Alfredo tuviera algún consejo y agradecieron su llegada. El había pasado largo tiempo en Ogha, donde por el momento era representante de Álvaro, así que fue necesario ponerlo al día. Por su parte, él tenía poco que informar, Rubén prácticamente no había realizado ningún movimiento en Ogha. Carmen y Rita estaban particularmente alteradas ahora que Álvaro había estado realmente a punto de morir; Álvaro, que vivía para alejar amenazas como Rubén de su mundo, comenzaba a sentir que fracasaba, ahora para La Tierra y al paso que iban las cosas, pronto podría ser para Ogha. En esas circunstancias, Alfredo fue el primero en hacer la pregunta que el perceptivo había conseguido evadir durante un tiempo:
Hayden, ¿estás seguro de que no hay otra manera de matar a Rubén?
No. Si existe otra, yo no la conozco todavía....
Supo” cuan decepcionados estaban todos. Pero decir la verdad no era una opción.
*****

Álvaro había ido a Ogha por unas horas, y Sofía, la perceptiva que hasta hacía poco estudiaba en un colegio para alumnos particularmente brillantes, lo había mandado llamar. Por el momento ella estaba en Ogha, bajo el cuidado de este mundo y a pesar de que no le dirigía la palabra a nadie, su habilidad le permitía estar al tanto de todos los hechos referentes a Rubén. Al fin había procesado la muerte de su amigo, y estaba demasiado deprimida, asustada y furiosa, con lo que no tenía ánimos de tomar ninguna decisión. Su habilidad superaba a la de Hayden, pero no le habían pedido su contribución pues veían el caos en que estaba sumida.
Sin embargo, sentía la necesidad de comunicarle a Álvaro algo que no podía seguir esperando hasta que Hayden lo supiera. Ya que lo tenía ahí, aprovechó para comentar primero la situación respecto a Rubén.
―Os equivocáis respecto a la muerte definitiva. Un “corazón roto” es más que una decepción amorosa, creo que tú has llegado a comprenderlo. Hubiera sido menos complicado decir que la gente no vive sin motivación. No sólo el amor nos hace querer vivir... o morir. En mi familia, varios viven motivados por el dinero y si fueran inmortales renunciarían al don para no vivir pobres... ―soltó una risa de burla antes de continuar― Hay motivos diferentes al amor. Rubén, estimo, vive por el poder.
―Aun así, lo veo difícil ―dijo Álvaro.
―Habría que quitarle toda esperanza de poder: sus tropas, sus aliados y sus habilidades. Imagino que sus tropas y aliados lo abandonarían por una mejor oferta...
Eso no va a pasar ―dijo Álvaro― Si Ogha trata con esa gente sería igual que aceptar la invasión. Es más, sería muy humillante.
Coincido con esa forma de pensar. Una cosa es un negocio justo con uno de sus hombres, como habéis hecho antes, y otra es favorecer a la gente horrible que comparte las ambiciones de Rubén.
Así que... se resume a quitarle su poder... quitarle sus habilidades ―dijo, pensativo, pero luego volvió a desanimarse―. Que funcionaría muy bien, si supiéramos cómo.
―Existen mundos es los que se puede despojar a determinadas personas de sus dones, pero ese no es el caso de Rubén…Él octavo mundo de Grista es tan caótico, que es una fortuna que nadie ahí tenga poder sobre los dones de otros. Aún así, debe haber maneras. Lamento no ser de más ayuda en ese aspecto.
―¿En ese aspecto? Álvaro supuso que Sofía pensaba ser útil en algún otro "aspecto".
Sofía asintió.
―Hayden debe saber que él tiene la culpa de que vuestra unión como contrapartes haya estado fallando ―dijo―. Decidle que si una región de la comunicación falla, es normal que las demás lo hagan.
Ella sabía que despertaba la curiosidad en Álvaro, y esperaba que eso no hiciera más daño que bien. La idea era que garantizara un interrogatorio; luego, sí todo salía bien, Hayden diría la verdad y descubriría que a Álvaro no le afectaba demasiado. Pero… tanto de eso podía ocurrir de una forma distinta y causar problemas nuevos, que Sofía no sabía si había procedido correctamente. Apenas estaba elucubrando, en base a lo que sabía sobre todos ellos.
La curiosidad, en efecto, fue sembrada. Pero cuando Álvaro volvió a La Tierra, Hayden no fue la persona con la que habló primero.
Él quería pasar tiempo con Carmen – pese a lo que él le había dicho a Rita, no se animaban a hablar abiertamente de su amor en plena crisis, pero querían pasar juntos todo el tiempo posible – y Hayden, al parecer, quería pasar tiempo con Rita. De vez en cuando, después de hablar a solas con él, la chica estaba tan histérica que Álvaro y Alfredo creían que no siempre estaba cortejándola. Pero ahora ni ella ni él decían a nadie más lo que realmente hablaban a solas, quizá porque nadie los veía tiempo suficiente para sonsacarles algo.
Por otro lado, tanto Álvaro como Hayden estaban demasiado ocupados como para hablar de ese tema en particular. Sofía no había considerado necesario hacer énfasis en la importancia del asunto, porque se suponía que ellos ya la entendieran, pero Álvaro era quien menos interés ponía en el nexo, y sólo se percataba de sus fallos cuando le incomodaban. Así, pues, la conversación quedaba para el momento en que acabarán con sus otras responsabilidades, que en el caso de Hayden no eran solamente los asuntos relacionados con Rubén.
A veces lo olvidaba. Llegaba tarde a casa, dejaba tareas a medias... y no tenía idea de que debía ir a examen el martes en la tarde. Por eso Carmen no había llegada, y él estuvo suficiente tiempo sólo con Alfredo el tiempo suficiente para que comenzaran a ponerlo nervioso tantas preguntas para las cuales Hayden no tenía respuesta... o no quería dársela.
Se sintió a salvo cuando vio llegar a Rita y Álvaro, pese a que acababan de perder la oportunidad de privar de un aliado a Rubén.
Está bien, debo regresar a casa. Sean cuidadosos ―se despidió Alfredo―. Y tú, muchacho, concéntrate.
Los tres guardaban silencio, estaban molestos porque un perceptivo más se había unido a Rubén. Álvaro no podía seguir pensando en eso, no era sano quedarse en lo pasado.
¿Sabes si tiene algo más en mente? ―le preguntó a Hayden.
El terráneo supo que se refería a Rubén, pero al parecer ellos no tenían más plan que eliminarlos a él y a Carmen.
Finalmente, Álvaro le contó a Hayden lo que había dicho Sofía, supuso que no causaría ningún daño que Rita escuchara, aunque sí el muchacho realmente estaba causando problemas en el nexo, ella estaría enojada.
Le preguntó cual era el problema, pero su contraparte mintió que no entendía.
Hayden se comprometió a pensar en ello, pero en realidad ya lo había pensado bastante. Esta información era nueva, pero la comprendía: mentirle a Álvaro, y el esfuerzo de evitar que descubriera ese detalle por simple coincidencia, le exigía bloquear su relación de contrapartes y eso estaba interrumpiendo su comunicación en todos los demás aspectos. Nada de eso cambiaba su decisión de callar.
Tienes muy mala cara ―comentó Rita, pero ni eso lo pudo sacar de sus pensamientos.
Hayden estaba angustiado, sí. Pero también estaba decidido. Esta información era importante pero no bastaba para tentar a la suerte diciéndole a Álvaro algo que podía cambiar todo, porque le preocupaba que el muchacho no tuviera límites.
Justamente el día después, cuando él y Carmen iban a casa de Álvaro su idea de guardar el secreto fue cuestionada una vez más. Hablaban sobre posibles formas de vencer a Rubén, a pesar de que habían comenzado hablando de como convencer al maestro de permitir la reposición del examen perdido por Hayden.
―¡Qué fácil lo tiene él! ―se quejaba Carmen― Mirá que sólo tiene que matarme. No es solamente posible, si no que ha de ser un juego para el: ¡atínale a la humana!
―Eres más rápida que yo ―se lamentó Hayden.
Por cierto, Hayden, ¿a ti por qué quiere matarte? interrogó Carmen― Digo, al principio no le parecía tan importante como ahora...
Hayden tragó grueso. Deseaba con todas sus fuerzas decirle a ella lo que pasaba. Pero, ¿resistiría ella la tentación de decírselo a Álvaro? Si Rita se había callado, era porque no quería tocar la parte del tema que se refería a ella. No había forma de que Álvaro lo dedujera, pero ella no alcanzaba a comprender eso.
¿Hayden?
Uhm?
Ella sonrió.
―No me vas a decir lo que pasa, ¿verdad? ¿Álvaro lo sabe? Si es importante, es mejor que le digas.
―No importa, el punto es que quiere matarme ―dijo Hayden a sabiendas de que eso no era cierto― Lidiar con esto, ya sabes, cuidarnos, es un lío para Álvaro... muy... eh... no logró pronunciar la palabra que había escogido, así que la cambió por otra menos adecuada – es feo.
- Te enseñaré una palabra nueva ―sonrió Carmen.
Mientras Carmen se burlaba de la pronunciación de Hayden, Rubén se surgía ante ellos gracias a un hechizo para viajar. Ambos se quedaron mudos mientras el otro los miraba como se ve un boleto de la lotería al descubrir que es el ganador.
Cuando intentó comunicarse con Álvaro y no fue capaz, consideró que bien valía la pena correr el riesgo de contarle lo que sabía a su contraparte, para restablecer el vínculo. Probablemente para cuando salieran de esto y estuviera en condiciones de hablar con Álvaro, esa idea iba a desaparecer.
Álvaro estaba en Guatemala, en una ciudad cuyo nombre seguía sin poder recordar, donde acababa de perder en su intento de convencer a un hombre importante de no prestarle sus servicios a Rubén y ahora no recordaba exactamente cuál era la ruta para volver. Finalmente, “supo” de Hayden, pero no llegó a entender que ocurría realmente. No estaba seguro de como había escuchado a Hayden, pero tenía que haber sido a través de su lazo de contrapartes. No había entendido, pero supuso que algo malo pasaba. Rita y Alfredo estaban en Ogha y Álvaro prefirió ocuparse del asunto inmediatamente... ¿Carmen estaría con Hayden? Hizo cuentas de las horas y supuso, correctamente, que estaban juntos y que ya debían ir a la casa. Así que evitando miradas inoportunas, viajó directo a la casa usando un hechizo y luego caminó hacia la escuela esperando que no hubieran cambiado su ruta habitual.

*****

Hayden al menos no retrasaba a Carmen, pero estaba rendido. Ya había desistido de comunicarse con Álvaro, y estaba más que convencido de que Sofía estaba en lo correcto y él había cometido un gran error.
Rubén los alcanzó, a él no le importaba que lo vieran las señoras que vendían dulces o tortillas en la calle, así que ahora tenía la ventaja hasta en eso. Pero los dos jóvenes terráneos no podían resignarse a ser asesinados. Carmen miró a Hayden como esperando que él tuviera una idea, pero lo único que a él se le ocurría era pelear tanto como le resultara posible.
Por fortuna, su vida pronto tuvo más oportunidad: Rita apareció de la nada. Sofía le había advertido lo que ocurría y le había explicado en donde estaban. La joven tenía la ventaja de que Rubén no quería matarla… sin embargo, no podría cuidar de Carmen y Hayden por mucho tiempo.
Él lanzaba flechas a puntos donde causarían daño, pero no la muerte, y ella... no parecía tener ningún problema con la idea de matarlo, pero no estaba en condiciones de conseguirlo, él tenía más fuerza, experiencia y habilidades.
Ella usaba magia de D'hale, que era bastante básica y tenía algunos conjuros de pronunciación demasiado difícil para ser usada en combate, y él simplemente intentaba apartarla del camino con magia más poderosa. De inmediato, ella cambiaba la estrategia y él tenía que quitársela de encima. A esa distancia no podía lanzar flechas, pero pronto tenía distancia suficiente y volvía a ese tipo de ataque.
Cuando llegaron cuatro de los esbirros de Rubén, tres de ellos terráneos con telequinesia no muy desarrollada, Hayden supo que Rita no podría ayudarlos con eso. Era demasiado luchar con Rubén.
Álvaro por fin había encontrado las primeras señales de lucha y luego los había rastreado hasta aquel sitio, donde luchaban expuestos a la mirada curiosa de cualquiera que abriera la “ventana de atrás”. Ojalá que todos en esa zona salieran tarde del trabajo.
Rita y Álvaro se distribuyeron funciones tan pronto como él hubo llegado, quedando Hayden al cuidado de su contraparte, y Rita ocupándose de la vida de Carmen. En la lucha, Rubén intentó “enmudecer” la magia de Álvaro, un truco de hechiceros más viejo que el tiempo pero demasiado complicado, que permitía quitarle toda magia a un oponente mientras pudiera mantenerse el hechizo.
No funcionó, y exigía tanta concentración, que para cuando se dio cuenta, estaba en desventaja. Rita estaba ganando su batalla contra los otros cuatro, con la ayuda de Hayden. Ellos eran novatos aún ante Hayden, cuyos reflejos y técnica habían mejorado bastante. Como parte de un equipo, Hayden era mucho más útil que trabajando solo.
Abandonando, inconscientes, a dos de sus elementos, Rubén aceptó su derrota con una fuga, pero estaba seguro de que la próxima vez podría vencer.
―¿Y ahora que hacemos con estos dos tontos? ―dijo Carmen.
 
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