domingo, 27 de noviembre de 2011

Contrapartes Nº7 No ser inmortal



Ir a la Ficha de está historia 
---------------------
No ser inmortal.
Normalmente Carmen no se quedaba inactiva, pero estaba muy preocupada y no sabía que hacer, así que estaba ahí, estática, silenciosa, sentada al lado de la fuente destruida en un bosque, mientras, a poca distancia, sus familiares y vecinos comían, bailaban y bebían, al ritmo de música variada. Estaban tan divertidos, que ni notaban su ausencia.
No sabía que hacer. Acababa de descubrir un mundo más allá de lo que imaginaba posible, y se encontraba en medio de los preparativos de una invasión... era el peor momento para enamorarse y ella habría podido concentrarse en el problema que enfrentaba y dejar el asunto del amor para después, pero, ambos temas estaban vinculados. No podía olvidarse del asunto... ¡Y eso era lo que habría querido! No por ser lo mejor, más bien por ser más fácil... De pronto, se sentía cobarde, buscando el camino más sencillo, porque si aplicaba su regla de arriesgar podría haber terribles consecuencias.
Mientras tanto, Hayden iba de visita a la casa de Álvaro, Alfredo y Rita. Alfredo no estaba, Rita hubiera querido no estar, y Álvaro realizaba ejercicios de concentración, que era lo que le estaba faltando últimamente. Ahora, como en batalla, lo distraía el problema en que sus sentimientos se habían convertido. Una terránea. Con lo bien que entendían todos que la gente de la Tierra no sabe nada de amor.... aunque ahora él parecía saber exactamente eso: Nada.
Al atender la puerta, Rita vio con tristeza que Hayden le había traído un libro. Era un buen detalle y justo ese era el problema.
―¿Por qué te haces esto? dijo Rita, aceptando el libro prácticamente por lástima.
―No sé ―respondió Hayden, sereno―. No me hace feliz que me rechacés, pero resignarme es peor. Supongo que por eso insisto. Vos te lo guardás, yo insisto; hacemos lo que creemos mejor. No te preocupes por mí; si podés disfrutar de esto, hácelo, de lo contrario, me podes ignorar. No estoy asustándote, ¿o sí?
―No Rita tenía la sensación de estar mintiendo Pero jamás...
―Si ya sé, me lo advertiste mil veces. Si esto es lo más cerca que estaré de vos, lo tomo.
Eso conmovía a Rita. Sí, la insistencia de él comenzaba a hacer estragos en el aplomo de ella.
Al fin. Pero él no lo sabía.

*****

―¿A dónde vas, jovencita?
―¿Y usted quién es? dijo Carmen, en parte alarmada y en parte creyéndose paranoica. Debía ser alguien de la fiesta, pero... ¿y si no?
―No necesitas volver tan pronto.
―¿Trabaja para Rubén? ―preguntó Carmen sin ninguna diplomacia.
Ella quería abandonar la fiesta al aire libre, había decidido ir a casa, hacer su tarea y echarse a dormir. Ya no quería pensar.
Luis quería entretenerla. Le había dicho a Rubén que ella estaba sola; y le había contado sobre unos gemelos salvadoreños que tenían la habilidad de hacer que pasara lo que ellos escribían... si usaban el papel adecuado. Rubén había decidido visitar a los gemelos y luego ir a matar a Carmen. Llegaría pronto, era cuestión de retener un minuto a la terránea. Sí Álvaro hablaba con los gemelos antes que él, perdería ese maravilloso material, en cambio a Carmen siempre podría matarla luego si perdía esta oportunidad.
No la perdió. Llegó antes de que ella se fuera.
Los gemelos le habían ofrecido una prueba para asegurarse de que era eso lo que quería y que no se enojaría luego con ellos. Uno escribió mientras el otro lo distraía, y de pronto él había sentido que debía ocuparse de sus otros asuntos (cosa que él tradujo a “matar a Carmen”) y se había marchado sin ánimos de volver.

*****

―Tengo que preguntarte ―dijo Hayden, decidiéndose al fin―. Sé que no querés hablar de esto, pero... necesito saber si vos... si... Rita, ¿tenés idea de como matar a Rubén?
―¿Qué? ¿Como iba yo a saber...? ―el cambio de tema no le resultó un alivio a la joven.
―Álvaro te dijo como se puede matar a los... inmortales.
―Si claro, sus sentimientos, pero...
―¿Sabés donde están los sentimientos de Rubén?
―Hayden – dijo Rita, sorprendida –, ¿cómo podría saber eso?
En realidad no sabía nada de eso y no se lo había preguntado nunca.
Mientras tanto, Carmen tenía que arreglárselas sola, asustada por la posibilidad de morir y preocupada porque cualquiera podría ver a Rubén y éste seguramente lo mataría. Por fin, en uno de esos arranques en que su habilidad funcionaba sin que él preguntara nada, Hayden se dio cuenta de que su amiga corría peligro. El perceptivo fue en busca de Álvaro inmediatamente, lo cual liberó a Rita de una conversación incómoda.
Mucho había ocurrido ya en el bosque para cuando Hayden le dijo a Álvaro lo que pasaba, así que no entró en detalles, puesto que no había tiempo.
Rubén había estado divirtiéndose a costa de su presa como lo haría un gato. La chiquilla de la Tierra era veloz y habla esquivado sus flechas, y solamente tenía algunas heridas superficiales causadas con magia. Se había mantenido en el área alejada del grupo, evitando gritar para que nadie fuera a averiguar que ocurría. Sabía que él la dejaba vivir a propósito, porque en su afán de no arriesgar al grupo había acabado arrinconándose un par de veces y él la dejaba alejarse un poco en lugar de matarla. Empezaba a fastidiarse con eso de correr en círculos y divertir a un extraterrestre sádico, pero no perdía la esperanza de sobrevivir así que seguía viéndolo fijamente y esquivando flechas según fuera necesario.
Habiendo jugado bastante, Rubén decidió que romperle el cuello sería lo mejor, dado que matar con magia le parecía aburrido.
Pero, por algo dicen que no hay que jugar con la comida. Álvaro era mucho mejor haciendo cosas repentinas que preparando estrategias; con éxito, atacó a Rubén por sorpresa casi al mismo tiempo en que llegó. En el breve momento en que su enemigo estaba aturdido, llevó a Carmen a la casa en que él estaba viviendo.
Álvaro y Hayden le preguntaron mil veces si estaba bien, a lo cual Carmen respondió que sí, cada vez más exasperada. Les hubiera gritado que dejaran la preguntadera si no hubiera estado tan impresionada por lo pálido que se había puesto Álvaro.
La espantan, ¿no ven? ―dijo Rita, y para alivio de Carmen agregó― Ven muchacha, huyamos de este par de miedosos.
Pese a sus palabras relajadas, Álvaro pudo notar que ella estaba preocupada, y Álvaro no creyó que fuera por Carmen, ya que sabía que Rita tenía razón: ellos, y él en particular, se angustiaban de más, porque Carmen estaba bien.
―¿Qué le dijiste a mi hermana? ―le preguntó a Hayden.
―Nada. De algún modo la enfadé, pero no fue nada.
“Nada”, no era una descripción justa, pero decirle la verdad a Álvaro no era opción.
Llevaban más de un mes tratando de llegar antes que Rubén a cada sitio. Hayden empezaba a darse cuenta en el mejor momento y en las ocasiones más recientes ellos habían llevado la ventaja, con lo que Rubén llevaba unos días sin lograr intimidar a nadie.
Pero, sin utilizar su habilidad de perceptivo, Hayden sabía que Rubén estaba llevando a cabo otro plan. Uno que, a juzgar por la preocupación de Álvaro al buscar a Carmen ese día, podría funcionar.
Él ya había encontrado la debilidad de Álvaro, y Hayden no podía encontrar la de Rubén. Eso era lamentable. Después de todo, no podían interrumpir las actividades de Rubén por siempre, tenían que matarlo. Álvaro era paciente, pero había demostrado desesperación cuando alguien moría, sin importarle demasiado que Hayden se sintiera todavía más culpable. No lo hacía a propósito y su enojo era consigo mismo.
Además de intentar ir más rápido que Luis, Hayden seguía aprendiendo defensa personal, y estaba progresando mucho. En realidad, dada la forma en que todo eso se había presentado, lo estaba haciendo bastante bien. A diferencia de ellos Alfredo y él mismo, Carmen y Rita lo consideraban brillante. Rita un poco menos que la terránea, porque había oído de perceptivos mejores, en el pasado.
Pasados dos días desde que Rubén tuvo la idea de matar a Carmen para herir a su enemigo, ella estaba lo bastante molesta para necesitar decir algo. En inglés, con términos en español que se colaron sin ella notarlo, desordenadamente le explicó a Hayden su situación, mientras esperaban a que Álvaro, Alfredo y Rita volvieran de arrebatarle un posible nuevo elemento a Rubén.
―I don’t get it. You are... in love with him, right? ―dijo Hayden, confundido por completo.
―I've already told you: sólo creo que me gusta. Is not the same ―ella estaba cansada de explicarlo.
―So, what’s the ma...?
―¡No quiero ser su punto débil! - dijo ella, furiosa por tener que admitirlo.
Oh... Ya entiendo...
―¡Qué vas a entender! Vos sos una ayuda, cuenta con vos, A mí me tiene que andar cuidando. ¡Y odio eso! la chica podía romper en llanto muy pronto, por rabia y no por tristeza.
―Sí, sé eso. ¡No sabes cuanto te comprendo! – dijo él, acariciando el cabello de su amiga, sintiéndose identificado – Look at me.
Ella, apenas, le sostuvo la mirada y él continuó:
You are strong. You are stronger than me! Don't think that you are a problem. You are as useful as I am. Do you understand?
Ella asintió, no muy convencida de ser “tan útil” como Hayden o “más fuerte” que él.
Álvaro y Rita se les unieron entonces, y tuvieron qué abandonar el tema. Carmen agradeció saber que Álvaro no entendía inglés, porque estaba casi segura de que algo habían oído.

*****

Rubén había cambiado un poco sus métodos. Ahora invertía más esfuerzo en atacarlos a ellos que buscando adeptos... o esclavos.
Ignorando que la más reciente batalla había sido una distracción, Álvaro caminaba al lado de Rita, insistiendo en saber que le había dicho Hayden para molestarla. Mientras la joven negaba la respuesta, él se armó de valor y arrancó un pedazo de vidrio que se le había incrustado en el brazo, desgarrando el musculo en el proceso.
¿Qué es eso? ―preguntó Rita― ¿Es de la ventana que rompiste con la cabeza de ese tipo tan raro? Seguro él también es del octavo mundo.
Sí... que se me clavara una parte no estaba planeado ―tampoco había pensado en lo que imaginarían los dueños de la casa al regresar y ver que su ventana estaba rota―. La herida se cerró alrededor y ya ves... ¿Me dices ya que es lo que pasa con Hayden?
Prefiero que discutamos lo que acaba de pasar ―evadió ella―, ¿de pronto Rubén nos manda matones y ya? No entiendo que hace...
Estaban muy cerca de la casa cuando Hayden se atravesó en su camino.
Ruben is looking for... dijo el perceptivo, bastante alterado.
―Hayden, no te entiendo dijo Álvaro, comprendiendo la urgencia del asunto.
Right, I... ―respiró profundo, pero cuando volvió a hablar su voz seguía agitada― Es que no pude hablarte y supe que venían para acá así que vine. ¡Yo debería poder hablarte! Tenés que ir por Carmen, Rubén está buscándola y va a matarla.
―¿Buscándola? dijo Rita, mientras Álvaro desaparecía frente a ellos ¿Luis no le dijo donde está?
―Sí, pero ella huyó y ahora está escondida en el colegio ―ya era tarde y estaba vacío, pero aún así ella lo había considerado un sitio seguro, Hayden lo consideraba extraño pero no lo mencionó―. Luis sabe donde está, pero no fue con Rubén... él creía que no le costaría nada. Yo también lo sé, por eso Álvaro puede llegar cerca de donde está ella. Bueno... si el vínculo al menos sirve para eso... si no, quien sabe a donde se fue.
Rita entendió el disgusto que representaba para Hayden que la conexión con su contraparte fallara, y lo primero que hizo fue tratar de convencerlo de tomarlo con calma. De nada le servía entrar en cólera y mucho menos comenzar a culparse.
En cualquier caso, el vínculo era lo bastante fuerte para que Álvaro entendiera a donde debía ir. Encontró inmediatamente a Carmen, y ella prácticamente corrió a abrazarlo.
Rubén llegó después, atacando justo cuando Álvaro se disponía a enviar a Carmen junto a Rita y Hayden. Una flecha lanzada perfectamente, hacia el corazón de la chica.
Álvaro no se lo esperaba y debía reaccionar sin tiempo a pensar. Daba lo mismo si él salía herido y no necesitaba cálculos para interponerse entre Carmen y la flecha, de modo que hizo eso. La flecha lo alcanzó por la espalda y lo atravesó a la derecha y hacia arriba de la zona del corazón. Nada serio, según el. Sencillamente confirmó que la flecha no había estado ni cerca de alcanzar a la terránea que ahora lo miraba con... admiración y culpa.
Álvaro sacó la flecha bruscamente, no quería repetir lo que había ocurrido antes con el vidrio. En ese momento Rubén se acercó a ellos y lo apartó de Carmen con un sólo golpe potente pero bastante lento que Álvaro hubiera tenido que ser capaz de esquivar. Álvaro no necesitaba de Hayden para saber lo que pasaba: Carmen lo distraía. Consciente además de que la vida de ella dependía de que no se distrajera, encontró la forma de verla como un objetivo y no como una persona a la cual tenía que impresionar o algo así.
Necesitaba dejar de lado el afecto que había desarrollado hacia ella. Después de todo, le faltaba el valor para vivir una vida común y corriente en familia y morir en poco tiempo. ¿Para que alimentar algo que no iba a crecer? En cuestión de segundos, estuvo claro en lo que no había podido comprender en todos esos días: él simplemente no estaría con Carmen, así que debía renunciar de una vez a lo que sentía por ella.
Tras perder poco menos de un minuto pensando, estaba de nuevo concentrado en la lucha.
En un movimiento ágil y, como de costumbre, sin cuidar su integridad física, logró patear justo la rodilla de Rubén, quien no sólo no lo vio venir si no que se encontró con el suelo repentina y dolorosamente. En un intento por evitar la intervención de Álvaro, lanzó varias flechas en busca del corazón de este. El muchacho recibió solamente dos, y ninguna en el pecho. Se le comenzó a hacer difícil respirar, y cada movimiento, ahora que luchaban cuerpo a cuerpo, le resultaba doloroso. Se sentía más lento de lo habitual, pero no había olvidado como anticipar los movimientos del enemigo, ni cuales eran los puntos débiles de Rubén. Estaba recibiendo una golpiza, pero su oponente no conseguía lo que quería: darle una muerte temporal para tener oportunidad de matar a la chica.
Carmen estaba ahí parada, sintiéndose inútil. Quería ayudar pero cada vez que algo se le ocurría, aceptaba que no sabía si en vez de ayudar complicaría las cosas. Álvaro sabía lo que hacía y ella confiaba ciegamente en su capacidad de vencer, pero como a Rita, le partía el corazón ver que lo lastimaran. Ni siquiera pensó en ocultarse de nuevo, aunque si se alejó lo suficiente de la pelea para no ser un estorbo.
Rubén era sumamente agresivo, tan concentrado en dañar al enemigo que no estaba en condiciones de defenderse. Aunque al lanzar flechas era preciso en su objetivo, ahora se basaba principalmente en su fuerza. Álvaro no esquivaba los golpes porque se encontraba débil y porque no le parecía una prioridad. Lo único que necesitaba evitar eran las heridas letales, y lo hacía. No lanzaba golpe tras golpe si no que esperaba los mejores momentos, con lo que sus golpes eran más efectivos, causaban heridas internas que duraban más de lo habitual. Y por fin, vio la oportunidad de hacer lo que a Rubén le parecía el golpe por excelencia: le rompió el cuello.
Cubierto de sangre – suya y de Rubén – Álvaro le preguntó a Carmen si estaba bien.
Con el cadáver de Rubén frente a ellos, Carmen no sabía responder eso. Solamente le pidió a Álvaro que la sacara de ahí. Pálido como la muerte, y más cansado de lo que nunca habia estado, Álvaro decidió que ella tenía razón. Pero no consiguió viajar, ni enviarla a ella a ningún sitio.
―¿Álvaro? ¿Pasa algo malo?
―Mi magia está... inactiva.
―Eso, ¿puede pasar? preguntó ella, preocupada ante la palidez del muchacho.
―Sí, pero... no a mí. Es efecto de... Álvaro empezaba a sentirse mareado de agotamiento, o de heridas graves... Esto no fue nada...
―¡Álvaro! ¿Es normal que aún estés sangrando? ¿No deberías haber sanado ya?
―Sí, así es ―dijo él, confundido ante la sensación nueva de estar a punto de desplomarse, todas sus muertes habían sido repentinas así que nunca antes había estado en ese punto. Es sólo que sangré bastante, estás heridas son escandalosas, pero no letales,..
¡Pero podés desangrarte!
Así sería dijo él, limpiando la sangre de su brazo izquierdo con la mano opuesta―, pero las heridas se cierran antes de...
Una punzada de dolor, fue el primer indicador de que, bajo la sangre, había una herida perfectamente abierta en su brazo, donde una flecha apenas había rozado.
―¿Qué me esta pasando?
Su palidez aumentaba.
¿No te estás curando? ―preguntó Carmen, asustada.
Álvaro se rindió al cansancio y se dejó caer al suelo.
―No te durmás, Álvaro, se supone que...
―No me voy a dormir pese a sus palabras, Álvaro estaba perdiendo la conciencia sólo...
―Por favor… No te dejés morir, no quiero que... ¡Álvaro, no se te ocurra morirte! ―no se dio cuenta de que dijo la frase que según ella era la mas boba de las películas― No me dejés.
La frase podía tener más de un significado y Álvaro no era muy capaz de asociar las cosas con su propia muerte, ya que nunca le había parecido posible, así que interpretó sus palabras de otra forma. Intentó decir “Está bien” pero no fue capaz.
---------------------
  Leer Capítulo Siguiente

0 personas tienen su opinión:

Publicar un comentario

Deja tu crítica.