sábado, 19 de noviembre de 2011

Contrapartes Nº6 Emociones



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Emociones.
La relación estrecha que tenían no evitó que Carmen y Hayden se sintieran incómodos al sostener aquella conversación. Pero Hayden había considerado indispensable decírselo, y ella, por más que lo quisiera, no huyó del tema.
―¿Para qué me decís eso?
Porque tenés que saberlo.
―¿Y ahora me vas a preguntar si él me gusta a mí?
―¿Gustar? Creo que no entendés, debe ser algo de idioma... Álvaro está a un paso del amor.
Como todo su tiempo libre lo pasaban con Álvaro y Rita excepto las obligadas horas de sueño tenían aquella conversación mientras un compañero de clases daba una exposición. La maestra ya comenzaba a verlos con mala cara, de modo que Carmen bajó mucho la voz antes de decir:
―Apenas nos conocemos...
―No importa. Y, no es que no importe lo que sientes; en realidad es muy importante; pero no te voy a interrogar.
―Esperá... ¿Sólo me estás informando? ¡Seguro él no te dijo que me dijeras!
―No sabe que lo sé. Pasa que... esto suena muy cursi, pero es la verdad: si lo que sea que ocurra entre ustedes... acaba mal, su próxima muerte será definitiva. Por eso él no quiere enamorarse de vos. Eso es lo que más complica todo. Si lo distanciás mucho, sufrirá, pero si te acercás mucho, sufrirá también.
Aquello era desagradable para ella. ¿La vida de Álvaro dependía del comportamiento de ella? Era demasiado transparente, no podía lidiar con la idea de comportarse de una forma específica, además, ¿cómo se suponía que debía comportarse?
En una situación distinta pero igualmente incómoda, ignorando que él mismo estaba rompiendo un corazón, Álvaro le había contado a Rita como se sentía. Contaba con ella para todo, y aunque sus sentimientos lo avergonzaban un poco pues en Ogha era un delito terrible negar el amor, tan sólo decirlo en voz alta era desahogarse. Faltaba, no obstante la parte difícil: escuchar la opinión de Rita. Seguramente le diría algo que él no podría manejar.
―Es lo más tonto que he oído jamás ―dijo, en tono neutral.
―Pero...
―No. Sé que nunca pensaste en la muerte. Y no estás al tanto, pero resulta que todos tememos morir, aún cuando lo único que importa es la forma en que vivimos. Si alguna vez has pensado en tu futuro, sabes que llegarás a adulto sin cicatrices, y que no envejecerás, porque tus células se regeneraran igual siempre. Pero, ¿que has planeado hacer con tu vida? Aparte de vigilar la seguridad de nuestro mundo, quiero decir. ¿Qué vas a hacer?
Álvaro no tenía respuesta para eso. Y tenía miedo de buscar una.
Ninguno de los dos se dio cuenta de que era casi la misma pregunta que días antes había planteado Álvaro, respecto a la reacción de Rita frente a las declaraciones de amor de Hayden. Sin embargo, Rita había tenido menos miedo de buscar su respuesta y se había dado cuenta de que no era importante.
Ese mismo día, mientras Álvaro y Carmen buscaban alguna forma de no pensar en la situación en que se encontraban, Rita encontró el momento para hablar con Hayden, más bien, preparó la situación; estaba convencida de que todas las situaciones emocionales debían ser resueltas rápido, aún si no hay inmortalidad en juego. “Sí el corazón está bien”, era uno de los pocos consejos que le había dado su madre, “podemos ocuparnos tranquilamente de todo lo demás. Nuestros otros problemas no afectarán nuestra dicha. Pero si el corazón sufre... no nos dejará hacer nada en paz.” En la opinión de Rita, un enamoramiento sin aclarar venía a ser lo mismo que el hambre o un dolor intenso: no dejaba que uno se concentrara. Su puntería, y seguramente las respuestas que podía obtener Hayden, dependían de eso.
Y aunque la verdad no fuera placentera, lo que correspondía era decírsela a Hayden.
―Lo siento. No creo que seas el tipo de la persona con la que puedo compartir la vida. Y aún así... si no estuviera enamorada te podría querer por sólo quererme, pero no creo que eso llegara a algún sitio; acabaríamos mal cuando a mí se me pasara la impresión. Pero no importa, porque sí estoy enamorada. Me guste o no, es imposible cambiar eso.
“Recién le dijo que quiere a otra, y ella sigue queriéndolo igual”, era lo que, en términos generales, pensaba Hayden al escucharla. Le parecía una reacción muy tonta, pero podía creerlo, porque a él le pasaba exactamente lo mismo. Tendría que hacer algo al respecto, pero ¿qué más? Había estado cortejándola, pese a que le parecía absurdo andar de zalamero. Además estaba tratando de aprender algunas cosas que redujeran su condición de débil. Pero ella no vería nada de eso.
Tal vez era un caso perdido y debía seguir el ejemplo de la chica y callar lo que sentía, pero no quería hacerlo.
Pese a lo mucho que le interesaba conquistar a Rita, no perdía de vista el problema que implicaba Rubén; después de todo, Rita estaba involucrada, así como La Tierra, Álvaro, y Carmen. Su amor, su mundo, su contraparte y su mejor amiga. ¡Y pensar que alguna vez su vida había sido tan aburrida que hablaba de Álvaro para que los adultos lo mandaran al psicólogo!
Ocuparse de Rubén era deber de Álvaro, y el deber de Hayden era darle a la información para cumplir con su deber. Tenía que saber como romper el corazón de alguien tan insensible. ¡Porque se negaba por completo a la otra forma!
Sí, la otra. Hayden conocía - y callaba- la otra forma de matar a Rubén... o a Álvaro.
Descubrir una manera apropiada de matar a Rubén. Dejar de ser débil. Y, por inútil que fuera, intentar conquistar a Rita. Era bastante trabajo, no tenía tiempo para convencer a Álvaro de que amar y morir no eran sinónimos, así que debía delegarle eso a Carmen.

*****

―¿Y que hicieron? dijo Rita, ansiosa.
―Nada. Ni siquiera fuimos. Ellos no le entendieron, y él tampoco les entendió. Sólo a él se le ocurre ir a reclutar a un par de rusos que ni saben identificar el idioma español―dijo Hayden.
La semana habla sido tranquila si no contaban ese incidente. Los cuatro se dieron el lujo de reírse al pensar en Rubén tratando de hablar con los cuatro hermanos telequinéticos. Daba miedo ver que esas cosas “imposibles en La Tierra” fueran tan comunes, pero a Carmen le gustaba darse cuenta de esos asuntos y Hayden ya estaba acostumbrado, así que aquellas estadísticas impresionaban más a los extranjeros. Alfredo incluso había encargado al mensajero que denunciaría los planes de Rubén frente a La Sociedad, que comentará esos datos.
En medio de situación tan rara, era mucho más extraño para Rita descubrir las flores azules que Álvaro llevaba. Preguntó de donde habían salido.
―Cosas de tu admirador sonrió Álvaro.
―Sí, él no se cansa. Pero, ¿aquí hay flores azules?
―Hay, pero estas están teñidas de algún modo ―respondió Álvaro inspeccionándolas.
Mientras intentaban comprender como se habían vuelto azules las flores, Álvaro escuchó algo similar a una voz en su cabeza; era Hayden pidiendo ayuda. No solían comunicarse así últimamente; fallaba como la señal de celular en un túnel profundo, incluso era sorprendente - y afortunado - que en aquel momento funcionara, aunque no del todo bien.
Le tomó más tiempo del que hubiera querido, entender en donde estaba Hayden, y tanto él como Rita fueron en su auxilio sin tener la menor idea de cual era el peligro. Lo que encontraron fue a Rubén y a una terránea que controlaba telequinesis, probablemente la más común habilidad en La Tierra. La mujer sostenía a Carmen aunque ninguno de los dos la consideraba importante, sólo querían evitar la distracción que ella representaba. Un anillo de fuego se cerraba alrededor de Hayden, y Rubén entró justo antes de que se cerrara.
Tenías que esconderte ―dijo Hayden, a Carmen. Le preocupaba, pues aunque no necesitaran matarla, de Rubén podía esperarse que lo hiciera.
Ella había obedecido mientras él se escondía y se escapaba, pero al ver que lo tenían, había cedido ante el acto reflejo de tratar de ayudar sin tener idea de como. Tan preocupado como Hayden, Álvaro atacó a Rubén de inmediato, mientras Rita liberaba al perceptivo.
Uno de los no demasiados colaboradores que había encontrado Rubén lo acompañaba. A diferencia de la mayoría, ella había ido por su gusto sin recibir amenazas ni promesas, quizá porque a sus veintitantos no superaba sus días de abusiva en el colegio. Esta terránea se llamaba Corina y aunque era bastante corpulenta, eso no era su más agresiva característica. Empujó a Carmen contra el suelo y se unió a la pelea. Enfrentó a Rita porque no le parecía que su jefe tuviera ningún problema para ganarle a Álvaro.
Hayden no sabía que hacer. Todavía no se sentía preparado para combatir y las peleas uno a uno ya habían dado inicio... En todo caso, Alfredo se había negado rotundamente a darle cualquier instrumento de combate(no le gustaba para nada el desempeño del terráneo en combate y creía que se podía clavar una flecha en el pie o caer sobre su propia daga), lo cual no lo hacía sentir muy capaz.
Álvaro y Rubén estaban haciendo una verdadera exhibición; aunque Rubén era más hábil - superaba al oponente en experiencia - el chico era más ágil. Álvaro tenía buenas oportunidades y Corina todavía no terminaba de conocer su habilidad, así que no era rival para Rita. La chica la confundió con la poca magia que podía manipular, y Corina, que al principio peleaba con gusto, acabó por desear haberle contestado que no a Rubén cuando le pidió unirse a su causa sin dar muchas explicaciones.
Llegaron varios individuos más, uno de ellos había estado en el colegio, buscando a Hayden, y era probablemente del octavo mundo, hogar de la raza invasora por excelencia, después de todo, la civilización actual de aquel sitio añoraba los días en que iban de un mundo a otro imponiéndose, antes de que la Sociedad de los Mundos Libres fuera formada. Los otros eran terráneos y se habían unido bajo amenazas. Ya que Corina estaba más dispuesta a correr que a luchar, y no podía controlar su habilidad, dos de los recién llegados se fueron contra Rita, mientras uno más iba por Hayden y el que no era terráneo fue directo a intervenir en la pelea entre Álvaro y Rubén.
Álvaro tuvo la impresión de que tomaban a Rita por sorpresa, y usó magia para mermar los reflejos de los nuevos atacantes. Tras dos palabras de Álvaro, a ambos les falló el equilibrio de pronto y se les hacía difícil enfocar la vista. Álvaro se había distraído y Rubén aprovechó para atacar… en el corazón, donde la muerte era segura, aunque no fuera permanente.
Mientras Álvaro moría, Rita ponía fuera de combate, a fuerza de golpes sin ninguna elegancia, a ambos atacantes.
Arrinconada en un muro de piedra que era lo que separaba a aquel jardín olvidado del resto de la ciudad, Corina estaba llorando.
Hayden ponía en práctica lo aprendido, pero pelear contra telequinésicos no era precisamente fácil, el tipo le estaba dando una paliza sin moverse.... aunque Hayden también había atinado unos cuantos golpes aceptables.
Rubén se lanzó contra Hayden de forma repentina, y Rita se interpuso en su camino. Rubén se empeñó en apartarla, pero pronto recordó que aunque no podía matarla, si la podía herir.
Rita utilizó su magia para detener las flechas, por fortuna la palabra que tenía que pronunciar para eso no era particularmente larga ni difícil de pronunciar. pero finalmente una alcanzó su brazo.
Rita no se apartó del camino ni entonces, ni más tarde, cuando Rubén comenzó a bloquear su magia y las flechas se acercaron más a su objetivo. Sí el lograba apartarla, ella volvía a proteger al terráneo.
Rita y Hayden tuvieron la misma idea al mismo tiempo: decidieron correr. Así le daban tiempo a Álvaro para sanar. Rubén, según sabía Hayden, no era muy bueno cuando de blancos en movimiento se trataba, así que siguieron una estrategia no muy específica: huir, ocultarse, atacar, huir... se estaban alejando demasiado, pero era necesario; pronto podrían dar la vuelta. Rubén se negaba a dar por perdido tanto esfuerzo, y finalmente logró alcanzarlos y poner fuera de su camino a Rita usando más magia que violencia para imposibilitarla.
Hayden había aprendido una técnica de Álvaro, y supuso que podría hacerlo. Rita no podía usar su magia, pero Rubén insistía en mirarla esperando que hiciera algo en cualquier momento, y al hacerlo, bajó la guardia frente a Hayden - el chico no le parecía peligroso - y el muchacho, siguiendo las instrucciones de Álvaro, consiguió atravesarle el corazón con su propia espada en un movimiento torpe pero eficiente. Rita lo miró con absoluto asombro.

*****

Álvaro abrió los ojos y miró a Carmen.
―Yo... siempre la veo hacerlo, así que yo... saqué… la... cosa esa con la que...te hirió...
Sí... es desagradable.
―¿Qué cosa? ―dijo Carmen, segura de que había hecho algo mal.
―Cuando la herida comienza a sanar, y algo está incrustado en ella... ¡Es horrible! Gracias, ¿Y Hayden?, ¿y mi hermana?
Álvaro se había puesto en pie y ambos caminaron tras los pasos de Hayden y Rita, mientras Carmen explicaba:
―Corrieron por aquí, pero no sé a donde irían…
―¿Qué haces? Tú te quedarás aquí ―dijo Álvaro.
―Pero...
―No.
―¡Hayden es mi amigo! ¡Rita también!
―Eres vulnerable.
―Hayden también es vulnerable, y vos jamás...
―Es indispensable, A ti no voy a arriesgarte. No es necesario y no es correcto.
Las palabras eran lógicas, pero fue su tono lo que conmovió a Carmen; ahora no le cabía duda de que lo que Hayden había dicho sobre los sentimientos de Álvaro, era cierto. Y un tercero, que no estaba presente, supo donde estaba el corazón de Álvaro.
Por supuesto. Carmen cedió, y se quedó en el sitio hacia el cual había corrido con Hayden hacía no menos de treinta minutos, mientras Álvaro seguía los rastros de lucha, preguntándose cuanta gente había notado la pelea, aún cuando se suponía que todo el mundo estaba en su trabajo y en aquella zona parecían no haber oficinas ni nada por el estilo. En Ogha, los empleos no quedaban tan alejados de los hogares, Álvaro volvió a pensar que La Tierra era un mundo extraño.
Hayden y Rita habían llegado a los límites de la ciudad como tal, y se habían internado en un bosque con árboles escasos, pero Álvaro no llegó hasta ahí, porque ellos regresaban ya.
Hayden, Álvaro y Rita fueron a hablar con Alfredo sobre lo ocurrido, porque Rubén había atacado a Hayden sin motivo aparente y éste aún no lograba “responderse” por qué. Carmen no podía ir con ellos, tenía un importante compromiso en casa.
Ya era bastante tarde y la regañaron en dos idiomas, pues su mamá y su tía se habían preocupado mucho y ambas eran bilingües (aunque en el inglés la tía era analfabeta).

*****

―Un amigo mío decía que los corazones de los enamorados laten juntos dijo Luis―. Eso debe significar que si uno se detiene, el otro también.
―¿Y para qué me cuentas toda esa poesía cursi? dijo Rubén.
―Pues, para aburrirte. Así valorarás la sorpresa: sé que corazón late con el de Álvaro.
―¿Hablas de cómo matarlo?
―Sí, eso es. Creí que no lo captarías.

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