domingo, 13 de noviembre de 2011

Contrapartes Nº5. Terráneos.



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Terráneos.
Dos chicos en una banqueta, discutiendo sus asuntos, no era algo que llamara la atención. Llevaban el mismo uniforme que la mayoría de los jovencitos que pasaban por ahí. En la esquina se encontraba el enorme edificio del colegio al que asistían.
―Vale, pero no digas que no te lo he advertido decía Martín.
―He notado que no eres nada modesto… rió Sofía.
―No lo soy, claro. Soy un genio y no tengo razón para negarlo... Soy muy presuntuoso... sobre todo ante mis primos. Y un par de vecinos. ¡Pero ellos son los que se creen superiores! Los odio cuando me tratan como...
―Ah, ya. Presumir es como tu venganza. Porque te llaman tragalibros, sabihondo...
―Cuatrojos, perdedor... la lista es muy larga.
No es tu naturaleza tomar venganza. Pero supongo que acabaron con tu paciencia. Es horrible que nos culpen por ser listos, es la historia de la mayoría en el instituto… aunque yo no soy realmente lista.
―¿Te ríes de mí? Eres mas lista que yo... y eso ya es decir.
―No soy inteligente. Vosotros comprendéis las cosas, aprendéis... Yo no soy como vosotros. Aun siendo tan listo como eres, quizá no entiendas mi situación. Yo sé muchas cosas, simplemente… Me gusta el instituto porque vosotros sois los que mejor me comprendéis, pero no soy inteligente... de pronto Sofía se sorprendió sin motivo aparente y no pudo evitar preguntar ¿Lo has notado?
―¿Que cosa?
―Me ha parecido que... No, claro, tú no lo has sentido. Sólo yo. A veces es como si fuera una sensación, pero es sólo que algo raro pasó... Sofía miró a su alrededor con desconfianza, y se puso en pie segundos antes de poder ver a Rubén en la esquina.
Rubén se dirigió hacía los jóvenes. Martín sólo se fijó en él porque su amiga lo miraba, pero supuso que le llamaba la atención su exótica vestimenta, con colores tierra que llamaban poco la atención, pero de un material extraño que engañaba a la vista dando la impresión de cambiar de color para mimetizarse. La gente reparaba en su ropa pero no llegaban a ninguna conclusión. Estaba muy cerca de Martín y Sofía cuando sin ningún dramatismo atravesó el corazón del joven con una flecha. Sofía comenzó a gritar.
―Luis dijo que, como amiga de ese idealista, jamás harías tratos conmigo. Ahora ese no es problema, y si no quieres morir como él...
Alguien hizo eco a los gritos de Sofía, la situación se había vuelto clara para las pocas personas que pasaban por ahí, casi todos estudiantes. En segundos Sofía y Rubén se encontraban solos, pues todos entraron al Instituto o alguna casa. La mayoría de las casas cercanas estaban desocupadas a esa hora, pero las pocas personas que vieron desde sus hogares, cerraron las ventanas. Uno o dos llamaron a la policía.
La llegada de Hayden, que aparecía completamente de la nada, interrumpió a Rubén. El chico aún terminaba una frase de protesta:
¿…que ir...?... ―y entonces se dio cuenta de que, lo quisiera o no, ya estaba ahí― Oh my God! He really...
¿Qué haces tu aquí? - bufó Rubén.
―¡Buena pregunta! Álvaro me dijo que salvara a la chica... en el fondo, no era mentira por completo.
―¿Tú? Pero si eres un terráneo debilucho. Yo te habría dado mejores deberes, más propios para tu naturaleza. ¿no quieres considerarlo?
―No sonó casi aburrido, ¿que no había dado ya esa respuesta?
―Bien, te mato, y luego hablo con la chica. ¡Cómo se le ocurrió enviarte a ti!
Rubén apuntó a Hayden con su arcabuz, parecido al que Hayden había visto antes, más o menos a la misma distancia.
―OK! dijo Hayden I... Podemos negociarlo.
―Yo te creí más valiente.
―I just need you to wait for...
―¿Qué? Sigo sin entender tu idioma, ¿no lo sabes?
―Nada, Pensaba en vos alta, Y sobre mi valentía. Sí, soy más valiente. Y vos sos menos inteligente sonrió Hayden, mientras Álvaro realizaba su propio acto de aparición, clavando una lanza corta, sin adornos, en el corazón de Rubén, mucho antes de que este asimilara su llegada.
Con el cadáver de Rubén entre ellos, ambos contrapartes se miraron, Álvaro sonreía, pero Hayden estaba molesto.
―¡Casi hacés que me maten!
Tenías que venir, para entenderte con ella.
Sí, pero… No, esperá, ¿por qué no te entendés con ella vos mismo?
―Ustedes se parecen, y no suelo lidiar con gente asustada...
―¿Y que hacía yo mientras venías? ―dijo Hayden, aceptando el segundo argumento de Álvaro.
―Distraerlo Álvaro sonrió―. Y lo hiciste muy bien.
Hayden comenzó a despotricar en su idioma, mientras Álvaro agradecía no tener idea de lo que estaba diciendo.
―¿Ahora que voy a hacer? los interrumpió la pálida española.
―Él, Rubén, quiere... en... – Álvaro miró a Hayden, suplicante.
―Ella lo sabe, Álvaro. Lo que no sabe, y yo tampoco, es que va a hacer cuando Rubén vuelva a buscarla. ¡No me digas que no se te había ocurrido que ella podía saber lo que pasa! ¿Te acordás por que estamos aquí? Es una perceptiva.
―La mejor, en realidad dijo ella―. Pero no soy adivina, y no me gusta la guerra... Vosotros debéis pensar en algo, porque, francamente, no sé que pasará conmigo. Ha matado a Martín así como si nada... ¡Dios mío! ¿Que voy a hacer? Supongo que tengo que tomar partido… Vosotros, podéis protegerme, aunque ya tenéis un perceptivo...
―Igual, no te dejaremos a merced de Rubén. ¿Nos vamos? dijo Álvaro.
Afortunadamente, Hayden ya había podido explicarle a su contraparte mejores hechizos para viajar.

*****

Hayden se había llevado a Rita para mostrarle “algo cool de La Tierra”, aprovechando que Rubén no tenía ningún blanco por el momento. A diferencia de Álvaro, Rita no tenía problema con unos momentos de descanso y mostraba interés en esas cosas tan extrañas de la Tierra, como los árboles, que eran verdes y crecían fuera de las cuevas, y las acumulaciones de agua que corrían en lugar de quedarse estancadas como en su mundo. La Tierra era un lugar lleno de peligros absurdos como las líneas de tren y los cables eléctricos, pero también era fascinante.
Alfredo había vuelto a Ogha, ahí habían también cosas pendientes y habían decidido que él se encargaría de eso.
Con lo qué, muy en contra de su voluntad, Álvaro se veía sólo frente a la amiga de Hayden. Él seguía concentrado en la situación que implicaba Rubén, y Carmen también pensaba mucho en eso, así que el silencio incómodo no duró ni un momento. Pronto estaban compartiendo teorías y Álvaro consiguió ver el asunto como una etapa más en su trabajo.
―Sólo no quiero que metás en esto a... la gente de mi planeta dijo Carmen, sin que realmente viniera al caso.
―Ya están en esto dijo Álvaro, con un dejo de remordimiento.
―¡Entonces hacé algo!
―Es que primero ―por algún motivo, la fuerza que Carmen ponía en cada palabra, lo hacía sentir pequeño y estaba haciendo un gran esfuerzo para poder responder― hay que pensar en como matar a Rubén... pero ¿como rayos se rompe el corazón de alguien que no lo tiene?
―¿Qué?
―No, no importa al notar que había dicho su única debilidad frente a esa chica, Álvaro sintió un nudo en la garganta.
Rubén ya lo sabia, pero... la condición de Carmen no era la misma que la de Rubén.
En su estancia en la tierra, Álvaro había llegado a conocer otra faceta de la humana asustada que había llegado a Ogha más o menos por saber demasiado. En su hogar, la chica era muy segura, y una vez superada la sorpresa, estaba siendo útil... ¡Y tenia esa mirada tan intensa en sus ojos perfectos!
“Mala idea”, se dijo por enésima vez, “enamorarte es mala idea. Enamorarte de una extranjera es peor”.
Pero, al parecer, el argumento no era lo bastante bueno.
Aunque le parecía algo absurdo, prometió no involucrar a Sofía.
―Y Hayden… dijo Carmen, pensativa.
―¿Qué pasa con él…? Es mi contraparte, no irás a decirme que no lo involucre.
―No. Él quiere ayudar. Le agradás y le agradan las causas nobles, sé bien que no puedo evitar que se involucre. Pero lo tratás… ¿Como lo digo?... Sé que es un perceptivo, pero... no es sólo un perceptivo.
―No entiendo.
―Pues... lo ves como... como... como si no fuera gente. Y sólo es un muchacho, Como vos. ¿Sabés porque te sigue a todos lados, aunque no lo ocupes?
―Eh... ¿porque le agrado? ―intentó adivinar― Soy su contraparte, y...
―Si pensaras en él como una persona, y no como un perceptivo, lo sabrías. Es porque lo entendés cuando habla. ¡Ni sus padres lo entienden del todo! Ni yo. Sos el único que lo entiende. Pero vos sólo lo ves... No lo ves, sólo a su don. Creo que él lo nota, y tal vez no le importa, pero...
―Yo sólo...no... Yo… no acostumbro tratar a las personas... yo... ¿estaba justificándose? No suelo tratar con gente.
Había intentado sonar tajante, pero no creía que hubiera funcionado... Para nada, más bien había sonado... lamentable.

*****

En su búsqueda de sirvientes terráneos, Rubén estaba teniendo que conocer personas muy extrañas, como esta muchacha a la que le explicaba la situación pese a las multiples interrupciones de ella.
―¿Y bien, hermosa dama? concluyó.
―O sea, ¿esperas que te crea? ¡No te pases!
Aquella jerga estaba sacando de sus casillas a Rubén, pero contuvo el deseo de asesinar a la chica rubia que masticaba goma de mascar y lo miraba incrédula.
―Mira niña, más vale que me tomes en serio...
―¡Heloooú! Es cierto que que soy... diferente, pero ¿que ondas con tu historia? O sea.... Yo no soy tonta, o sea helloou, ¿como te voy a creer eso? ¡No te pases!
―¿Vas a ayudarme o no?
―¿Estás loco? O sea, ¿yo en una guerra? ¡No way! Busca otra persona, o sea... ¿tengo cara de soldado? ¡No te pases! O sea, un cuero como yo en una guerra, ¡que oso!
En otras circunstancias, Rubén habría pasado a las amenazas, pero prefería matarla de una vez.
Mientras él hablaba con la muchacha, Hayden le explicaba a Rita hacía donde debían viajar. Pero la muchacha todavía estaba por su cuenta, y Rubén, ignorando que pronto tendría compañía, sólo tenía prisa en matarla porque la encontraba insoportable con su vocecita chillona. Se acercó para romperle el cuello y... la situación cambió. Fue lanzado contra un muro a fuerza de telequinesis, habilidad que la jovencita venezolana sólo podía usar involuntariamente, cuando entraba en cólera o, como ahora, en pánico.
Cuando Rubén se levantó, furioso y dolorido en el codo izquierdo y varios puntos del torso, la muchacha corría a toda la velocidad que le permitían sus zapatos rozados con tacón de 10 cm. Rubén apuntó con su arcabuz, disparó y... la flecha fue desviada. ¿Había sido la chica? ¡Pero si estaba corriendo y de espaldas a él! No había forma de que ese diminuto cerebro prestara atención.
No. No había sido ella. Era Rita, que acababa de llegar. Aquel encuentro era bastante disparejo. Él era muy fuerte, controlaba el fuego, y podía usar hechizos mucho más poderosos que ella. Aún cuando era muy rápida y ágil, Rita estaba segura de llevar las de perder. Pero sólo necesitaba que la chica humana se alejara suficiente, según Hayden, Rubén no estaba demasiado interesado.
Él atacó primero, y ella no hizo mucho más que defenderse, esquivando casi cualquier ataque. Finalmente, cuando decidió escapar, descubrió que no podía viajar, nada pasó cuando pronunció el conjuro. Rubén estaba usando magia para privarla de sus poderes.

*****

―¿Cómo que para qué? dijo Carmen ¿Acaso no querés a Rita?
―Sí, pero sólo es una. ¿Qué hace Hayden con tantos hermanos? dijo Álvaro.
―Sólo son la menor y los gemelos. En mi casa somos cinco, mis primos son siete hermanos. ¿Por qué lo mirás tan raro?
―En mi mundo dos es bastante... uno es lo más normal...
Hayden llegó corriendo.
―I’m sorry… I didn’t...
―Hayden, no te entiendo.
―¿Qué pasó? se alarmó Carmen.
―That girl... ―con esfuerzo, logró cambiar de idioma para que Álvaro entendiera― La chica iba a morir, así que le dije a Rita que lo distrajera, él no está tan interesado en la chica... yo no pude avisarte, no sé porque no funciona... pero...
Álvaro ya comprendía.

*****

Rita había evitado que alguna flecha encontrara su pecho, pero estaba muy cansada y herida. Suponía que iba a morir, Rubén la levantó del suelo mientras ella intentaba no desmayarse. Él se dispuso a romperle el cuello, ya que las flechas no hablan sido eficientes. Su expresión al tener la vida de Rita en su poder, era bastante extraña. Una sonrisa deforme y en la mirada parecía que intentaba desbordarse la locura. Quería causarle daño y una vez que la matara, sería lo último.
Pero Luis lo interrumpió. Le dijo que era mala era mala idea, y no quiso dar una explicación clara cuando Rubén preguntó por qué.
―Digamos simplemente que su papel en esto es importante. No le arranques la cabeza hasta que hayamos discutido eso... Y no vamos a discutirlo frente a ella. Si decidieras dejarla vivir, sería un problema que supiera tanto.
Rubén dejó caer a la muchacha mientras Álvaro aparecía cerca de ellos.
―Al menos puedo matarlo a él... aunque luego se recupere dijo Rubén, lanzándole una flecha al joven, que estaba demasiado preocupado por el estado de Rita como para fijarse en los movimientos del enemigo cuya presencia no ignoraba.
Rubén se marchó y Álvaro murió pensando en el garrafal error que acababa de cometer, ¿Como se había distraído tanto? Es que por un horroroso instante, había pensado que su hermana estaba muerta.
Mientras Rita sollozaba - de nuevo - ante su cuerpo inerte, Álvaro vagaba por su iluminado y cálido bosque.
Bruno caminaba a su lado.
―No comprendo, si ella es tan buena, ¿Por qué no quieres amarla?
―Papá, ella es de La Tierra... y yo tengo mil cosas de que ocuparme.
―Álvaro, dime la verdad.
Le costó trabajo poner en palabras lo que había estado intentando negarse durante largo rato.
―No quiero morir. No morir realmente. Tengo miedo. He estado aquí muchas veces. Tal vez sabiendo que mi muerte no es definitiva soy descuidado, pero morir de verdad... ¡La idea me aterra! Ni siquiera se sabe que ocurre realmente con los muertos... No puedo dejar que mi razón de vivir sea una criatura tan frágil.
Entiendo tu miedo, hijo, pero es necesario morir... ¡Ah! Ya debes irte.
Álvaro parpadeó, y Rita intentó, en vano, ocultar que había estado llorando. Ahora que había enfrentado la breve impresión de que ella había muerto, Álvaro casi comprendía que ella se preocupara tanto, pero ella sabía que él despertaría, de modo que su reacción le parecía exagerada de todas formas.
Notó que, como de costumbre, ella le había arrancado la flecha del pecho, y se descubrió agradeciéndole por ello. 
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