domingo, 27 de noviembre de 2011

Contrapartes Nº7 No ser inmortal



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No ser inmortal.
Normalmente Carmen no se quedaba inactiva, pero estaba muy preocupada y no sabía que hacer, así que estaba ahí, estática, silenciosa, sentada al lado de la fuente destruida en un bosque, mientras, a poca distancia, sus familiares y vecinos comían, bailaban y bebían, al ritmo de música variada. Estaban tan divertidos, que ni notaban su ausencia.
No sabía que hacer. Acababa de descubrir un mundo más allá de lo que imaginaba posible, y se encontraba en medio de los preparativos de una invasión... era el peor momento para enamorarse y ella habría podido concentrarse en el problema que enfrentaba y dejar el asunto del amor para después, pero, ambos temas estaban vinculados. No podía olvidarse del asunto... ¡Y eso era lo que habría querido! No por ser lo mejor, más bien por ser más fácil... De pronto, se sentía cobarde, buscando el camino más sencillo, porque si aplicaba su regla de arriesgar podría haber terribles consecuencias.
Mientras tanto, Hayden iba de visita a la casa de Álvaro, Alfredo y Rita. Alfredo no estaba, Rita hubiera querido no estar, y Álvaro realizaba ejercicios de concentración, que era lo que le estaba faltando últimamente. Ahora, como en batalla, lo distraía el problema en que sus sentimientos se habían convertido. Una terránea. Con lo bien que entendían todos que la gente de la Tierra no sabe nada de amor.... aunque ahora él parecía saber exactamente eso: Nada.
Al atender la puerta, Rita vio con tristeza que Hayden le había traído un libro. Era un buen detalle y justo ese era el problema.
―¿Por qué te haces esto? dijo Rita, aceptando el libro prácticamente por lástima.
―No sé ―respondió Hayden, sereno―. No me hace feliz que me rechacés, pero resignarme es peor. Supongo que por eso insisto. Vos te lo guardás, yo insisto; hacemos lo que creemos mejor. No te preocupes por mí; si podés disfrutar de esto, hácelo, de lo contrario, me podes ignorar. No estoy asustándote, ¿o sí?
―No Rita tenía la sensación de estar mintiendo Pero jamás...
―Si ya sé, me lo advertiste mil veces. Si esto es lo más cerca que estaré de vos, lo tomo.
Eso conmovía a Rita. Sí, la insistencia de él comenzaba a hacer estragos en el aplomo de ella.
Al fin. Pero él no lo sabía.

*****

―¿A dónde vas, jovencita?
―¿Y usted quién es? dijo Carmen, en parte alarmada y en parte creyéndose paranoica. Debía ser alguien de la fiesta, pero... ¿y si no?
―No necesitas volver tan pronto.
―¿Trabaja para Rubén? ―preguntó Carmen sin ninguna diplomacia.
Ella quería abandonar la fiesta al aire libre, había decidido ir a casa, hacer su tarea y echarse a dormir. Ya no quería pensar.
Luis quería entretenerla. Le había dicho a Rubén que ella estaba sola; y le había contado sobre unos gemelos salvadoreños que tenían la habilidad de hacer que pasara lo que ellos escribían... si usaban el papel adecuado. Rubén había decidido visitar a los gemelos y luego ir a matar a Carmen. Llegaría pronto, era cuestión de retener un minuto a la terránea. Sí Álvaro hablaba con los gemelos antes que él, perdería ese maravilloso material, en cambio a Carmen siempre podría matarla luego si perdía esta oportunidad.
No la perdió. Llegó antes de que ella se fuera.
Los gemelos le habían ofrecido una prueba para asegurarse de que era eso lo que quería y que no se enojaría luego con ellos. Uno escribió mientras el otro lo distraía, y de pronto él había sentido que debía ocuparse de sus otros asuntos (cosa que él tradujo a “matar a Carmen”) y se había marchado sin ánimos de volver.

*****

―Tengo que preguntarte ―dijo Hayden, decidiéndose al fin―. Sé que no querés hablar de esto, pero... necesito saber si vos... si... Rita, ¿tenés idea de como matar a Rubén?
―¿Qué? ¿Como iba yo a saber...? ―el cambio de tema no le resultó un alivio a la joven.
―Álvaro te dijo como se puede matar a los... inmortales.
―Si claro, sus sentimientos, pero...
―¿Sabés donde están los sentimientos de Rubén?
―Hayden – dijo Rita, sorprendida –, ¿cómo podría saber eso?
En realidad no sabía nada de eso y no se lo había preguntado nunca.
Mientras tanto, Carmen tenía que arreglárselas sola, asustada por la posibilidad de morir y preocupada porque cualquiera podría ver a Rubén y éste seguramente lo mataría. Por fin, en uno de esos arranques en que su habilidad funcionaba sin que él preguntara nada, Hayden se dio cuenta de que su amiga corría peligro. El perceptivo fue en busca de Álvaro inmediatamente, lo cual liberó a Rita de una conversación incómoda.
Mucho había ocurrido ya en el bosque para cuando Hayden le dijo a Álvaro lo que pasaba, así que no entró en detalles, puesto que no había tiempo.
Rubén había estado divirtiéndose a costa de su presa como lo haría un gato. La chiquilla de la Tierra era veloz y habla esquivado sus flechas, y solamente tenía algunas heridas superficiales causadas con magia. Se había mantenido en el área alejada del grupo, evitando gritar para que nadie fuera a averiguar que ocurría. Sabía que él la dejaba vivir a propósito, porque en su afán de no arriesgar al grupo había acabado arrinconándose un par de veces y él la dejaba alejarse un poco en lugar de matarla. Empezaba a fastidiarse con eso de correr en círculos y divertir a un extraterrestre sádico, pero no perdía la esperanza de sobrevivir así que seguía viéndolo fijamente y esquivando flechas según fuera necesario.
Habiendo jugado bastante, Rubén decidió que romperle el cuello sería lo mejor, dado que matar con magia le parecía aburrido.
Pero, por algo dicen que no hay que jugar con la comida. Álvaro era mucho mejor haciendo cosas repentinas que preparando estrategias; con éxito, atacó a Rubén por sorpresa casi al mismo tiempo en que llegó. En el breve momento en que su enemigo estaba aturdido, llevó a Carmen a la casa en que él estaba viviendo.
Álvaro y Hayden le preguntaron mil veces si estaba bien, a lo cual Carmen respondió que sí, cada vez más exasperada. Les hubiera gritado que dejaran la preguntadera si no hubiera estado tan impresionada por lo pálido que se había puesto Álvaro.
La espantan, ¿no ven? ―dijo Rita, y para alivio de Carmen agregó― Ven muchacha, huyamos de este par de miedosos.
Pese a sus palabras relajadas, Álvaro pudo notar que ella estaba preocupada, y Álvaro no creyó que fuera por Carmen, ya que sabía que Rita tenía razón: ellos, y él en particular, se angustiaban de más, porque Carmen estaba bien.
―¿Qué le dijiste a mi hermana? ―le preguntó a Hayden.
―Nada. De algún modo la enfadé, pero no fue nada.
“Nada”, no era una descripción justa, pero decirle la verdad a Álvaro no era opción.
Llevaban más de un mes tratando de llegar antes que Rubén a cada sitio. Hayden empezaba a darse cuenta en el mejor momento y en las ocasiones más recientes ellos habían llevado la ventaja, con lo que Rubén llevaba unos días sin lograr intimidar a nadie.
Pero, sin utilizar su habilidad de perceptivo, Hayden sabía que Rubén estaba llevando a cabo otro plan. Uno que, a juzgar por la preocupación de Álvaro al buscar a Carmen ese día, podría funcionar.
Él ya había encontrado la debilidad de Álvaro, y Hayden no podía encontrar la de Rubén. Eso era lamentable. Después de todo, no podían interrumpir las actividades de Rubén por siempre, tenían que matarlo. Álvaro era paciente, pero había demostrado desesperación cuando alguien moría, sin importarle demasiado que Hayden se sintiera todavía más culpable. No lo hacía a propósito y su enojo era consigo mismo.
Además de intentar ir más rápido que Luis, Hayden seguía aprendiendo defensa personal, y estaba progresando mucho. En realidad, dada la forma en que todo eso se había presentado, lo estaba haciendo bastante bien. A diferencia de ellos Alfredo y él mismo, Carmen y Rita lo consideraban brillante. Rita un poco menos que la terránea, porque había oído de perceptivos mejores, en el pasado.
Pasados dos días desde que Rubén tuvo la idea de matar a Carmen para herir a su enemigo, ella estaba lo bastante molesta para necesitar decir algo. En inglés, con términos en español que se colaron sin ella notarlo, desordenadamente le explicó a Hayden su situación, mientras esperaban a que Álvaro, Alfredo y Rita volvieran de arrebatarle un posible nuevo elemento a Rubén.
―I don’t get it. You are... in love with him, right? ―dijo Hayden, confundido por completo.
―I've already told you: sólo creo que me gusta. Is not the same ―ella estaba cansada de explicarlo.
―So, what’s the ma...?
―¡No quiero ser su punto débil! - dijo ella, furiosa por tener que admitirlo.
Oh... Ya entiendo...
―¡Qué vas a entender! Vos sos una ayuda, cuenta con vos, A mí me tiene que andar cuidando. ¡Y odio eso! la chica podía romper en llanto muy pronto, por rabia y no por tristeza.
―Sí, sé eso. ¡No sabes cuanto te comprendo! – dijo él, acariciando el cabello de su amiga, sintiéndose identificado – Look at me.
Ella, apenas, le sostuvo la mirada y él continuó:
You are strong. You are stronger than me! Don't think that you are a problem. You are as useful as I am. Do you understand?
Ella asintió, no muy convencida de ser “tan útil” como Hayden o “más fuerte” que él.
Álvaro y Rita se les unieron entonces, y tuvieron qué abandonar el tema. Carmen agradeció saber que Álvaro no entendía inglés, porque estaba casi segura de que algo habían oído.

*****

Rubén había cambiado un poco sus métodos. Ahora invertía más esfuerzo en atacarlos a ellos que buscando adeptos... o esclavos.
Ignorando que la más reciente batalla había sido una distracción, Álvaro caminaba al lado de Rita, insistiendo en saber que le había dicho Hayden para molestarla. Mientras la joven negaba la respuesta, él se armó de valor y arrancó un pedazo de vidrio que se le había incrustado en el brazo, desgarrando el musculo en el proceso.
¿Qué es eso? ―preguntó Rita― ¿Es de la ventana que rompiste con la cabeza de ese tipo tan raro? Seguro él también es del octavo mundo.
Sí... que se me clavara una parte no estaba planeado ―tampoco había pensado en lo que imaginarían los dueños de la casa al regresar y ver que su ventana estaba rota―. La herida se cerró alrededor y ya ves... ¿Me dices ya que es lo que pasa con Hayden?
Prefiero que discutamos lo que acaba de pasar ―evadió ella―, ¿de pronto Rubén nos manda matones y ya? No entiendo que hace...
Estaban muy cerca de la casa cuando Hayden se atravesó en su camino.
Ruben is looking for... dijo el perceptivo, bastante alterado.
―Hayden, no te entiendo dijo Álvaro, comprendiendo la urgencia del asunto.
Right, I... ―respiró profundo, pero cuando volvió a hablar su voz seguía agitada― Es que no pude hablarte y supe que venían para acá así que vine. ¡Yo debería poder hablarte! Tenés que ir por Carmen, Rubén está buscándola y va a matarla.
―¿Buscándola? dijo Rita, mientras Álvaro desaparecía frente a ellos ¿Luis no le dijo donde está?
―Sí, pero ella huyó y ahora está escondida en el colegio ―ya era tarde y estaba vacío, pero aún así ella lo había considerado un sitio seguro, Hayden lo consideraba extraño pero no lo mencionó―. Luis sabe donde está, pero no fue con Rubén... él creía que no le costaría nada. Yo también lo sé, por eso Álvaro puede llegar cerca de donde está ella. Bueno... si el vínculo al menos sirve para eso... si no, quien sabe a donde se fue.
Rita entendió el disgusto que representaba para Hayden que la conexión con su contraparte fallara, y lo primero que hizo fue tratar de convencerlo de tomarlo con calma. De nada le servía entrar en cólera y mucho menos comenzar a culparse.
En cualquier caso, el vínculo era lo bastante fuerte para que Álvaro entendiera a donde debía ir. Encontró inmediatamente a Carmen, y ella prácticamente corrió a abrazarlo.
Rubén llegó después, atacando justo cuando Álvaro se disponía a enviar a Carmen junto a Rita y Hayden. Una flecha lanzada perfectamente, hacia el corazón de la chica.
Álvaro no se lo esperaba y debía reaccionar sin tiempo a pensar. Daba lo mismo si él salía herido y no necesitaba cálculos para interponerse entre Carmen y la flecha, de modo que hizo eso. La flecha lo alcanzó por la espalda y lo atravesó a la derecha y hacia arriba de la zona del corazón. Nada serio, según el. Sencillamente confirmó que la flecha no había estado ni cerca de alcanzar a la terránea que ahora lo miraba con... admiración y culpa.
Álvaro sacó la flecha bruscamente, no quería repetir lo que había ocurrido antes con el vidrio. En ese momento Rubén se acercó a ellos y lo apartó de Carmen con un sólo golpe potente pero bastante lento que Álvaro hubiera tenido que ser capaz de esquivar. Álvaro no necesitaba de Hayden para saber lo que pasaba: Carmen lo distraía. Consciente además de que la vida de ella dependía de que no se distrajera, encontró la forma de verla como un objetivo y no como una persona a la cual tenía que impresionar o algo así.
Necesitaba dejar de lado el afecto que había desarrollado hacia ella. Después de todo, le faltaba el valor para vivir una vida común y corriente en familia y morir en poco tiempo. ¿Para que alimentar algo que no iba a crecer? En cuestión de segundos, estuvo claro en lo que no había podido comprender en todos esos días: él simplemente no estaría con Carmen, así que debía renunciar de una vez a lo que sentía por ella.
Tras perder poco menos de un minuto pensando, estaba de nuevo concentrado en la lucha.
En un movimiento ágil y, como de costumbre, sin cuidar su integridad física, logró patear justo la rodilla de Rubén, quien no sólo no lo vio venir si no que se encontró con el suelo repentina y dolorosamente. En un intento por evitar la intervención de Álvaro, lanzó varias flechas en busca del corazón de este. El muchacho recibió solamente dos, y ninguna en el pecho. Se le comenzó a hacer difícil respirar, y cada movimiento, ahora que luchaban cuerpo a cuerpo, le resultaba doloroso. Se sentía más lento de lo habitual, pero no había olvidado como anticipar los movimientos del enemigo, ni cuales eran los puntos débiles de Rubén. Estaba recibiendo una golpiza, pero su oponente no conseguía lo que quería: darle una muerte temporal para tener oportunidad de matar a la chica.
Carmen estaba ahí parada, sintiéndose inútil. Quería ayudar pero cada vez que algo se le ocurría, aceptaba que no sabía si en vez de ayudar complicaría las cosas. Álvaro sabía lo que hacía y ella confiaba ciegamente en su capacidad de vencer, pero como a Rita, le partía el corazón ver que lo lastimaran. Ni siquiera pensó en ocultarse de nuevo, aunque si se alejó lo suficiente de la pelea para no ser un estorbo.
Rubén era sumamente agresivo, tan concentrado en dañar al enemigo que no estaba en condiciones de defenderse. Aunque al lanzar flechas era preciso en su objetivo, ahora se basaba principalmente en su fuerza. Álvaro no esquivaba los golpes porque se encontraba débil y porque no le parecía una prioridad. Lo único que necesitaba evitar eran las heridas letales, y lo hacía. No lanzaba golpe tras golpe si no que esperaba los mejores momentos, con lo que sus golpes eran más efectivos, causaban heridas internas que duraban más de lo habitual. Y por fin, vio la oportunidad de hacer lo que a Rubén le parecía el golpe por excelencia: le rompió el cuello.
Cubierto de sangre – suya y de Rubén – Álvaro le preguntó a Carmen si estaba bien.
Con el cadáver de Rubén frente a ellos, Carmen no sabía responder eso. Solamente le pidió a Álvaro que la sacara de ahí. Pálido como la muerte, y más cansado de lo que nunca habia estado, Álvaro decidió que ella tenía razón. Pero no consiguió viajar, ni enviarla a ella a ningún sitio.
―¿Álvaro? ¿Pasa algo malo?
―Mi magia está... inactiva.
―Eso, ¿puede pasar? preguntó ella, preocupada ante la palidez del muchacho.
―Sí, pero... no a mí. Es efecto de... Álvaro empezaba a sentirse mareado de agotamiento, o de heridas graves... Esto no fue nada...
―¡Álvaro! ¿Es normal que aún estés sangrando? ¿No deberías haber sanado ya?
―Sí, así es ―dijo él, confundido ante la sensación nueva de estar a punto de desplomarse, todas sus muertes habían sido repentinas así que nunca antes había estado en ese punto. Es sólo que sangré bastante, estás heridas son escandalosas, pero no letales,..
¡Pero podés desangrarte!
Así sería dijo él, limpiando la sangre de su brazo izquierdo con la mano opuesta―, pero las heridas se cierran antes de...
Una punzada de dolor, fue el primer indicador de que, bajo la sangre, había una herida perfectamente abierta en su brazo, donde una flecha apenas había rozado.
―¿Qué me esta pasando?
Su palidez aumentaba.
¿No te estás curando? ―preguntó Carmen, asustada.
Álvaro se rindió al cansancio y se dejó caer al suelo.
―No te durmás, Álvaro, se supone que...
―No me voy a dormir pese a sus palabras, Álvaro estaba perdiendo la conciencia sólo...
―Por favor… No te dejés morir, no quiero que... ¡Álvaro, no se te ocurra morirte! ―no se dio cuenta de que dijo la frase que según ella era la mas boba de las películas― No me dejés.
La frase podía tener más de un significado y Álvaro no era muy capaz de asociar las cosas con su propia muerte, ya que nunca le había parecido posible, así que interpretó sus palabras de otra forma. Intentó decir “Está bien” pero no fue capaz.
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sábado, 19 de noviembre de 2011

Contrapartes Nº6 Emociones



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Emociones.
La relación estrecha que tenían no evitó que Carmen y Hayden se sintieran incómodos al sostener aquella conversación. Pero Hayden había considerado indispensable decírselo, y ella, por más que lo quisiera, no huyó del tema.
―¿Para qué me decís eso?
Porque tenés que saberlo.
―¿Y ahora me vas a preguntar si él me gusta a mí?
―¿Gustar? Creo que no entendés, debe ser algo de idioma... Álvaro está a un paso del amor.
Como todo su tiempo libre lo pasaban con Álvaro y Rita excepto las obligadas horas de sueño tenían aquella conversación mientras un compañero de clases daba una exposición. La maestra ya comenzaba a verlos con mala cara, de modo que Carmen bajó mucho la voz antes de decir:
―Apenas nos conocemos...
―No importa. Y, no es que no importe lo que sientes; en realidad es muy importante; pero no te voy a interrogar.
―Esperá... ¿Sólo me estás informando? ¡Seguro él no te dijo que me dijeras!
―No sabe que lo sé. Pasa que... esto suena muy cursi, pero es la verdad: si lo que sea que ocurra entre ustedes... acaba mal, su próxima muerte será definitiva. Por eso él no quiere enamorarse de vos. Eso es lo que más complica todo. Si lo distanciás mucho, sufrirá, pero si te acercás mucho, sufrirá también.
Aquello era desagradable para ella. ¿La vida de Álvaro dependía del comportamiento de ella? Era demasiado transparente, no podía lidiar con la idea de comportarse de una forma específica, además, ¿cómo se suponía que debía comportarse?
En una situación distinta pero igualmente incómoda, ignorando que él mismo estaba rompiendo un corazón, Álvaro le había contado a Rita como se sentía. Contaba con ella para todo, y aunque sus sentimientos lo avergonzaban un poco pues en Ogha era un delito terrible negar el amor, tan sólo decirlo en voz alta era desahogarse. Faltaba, no obstante la parte difícil: escuchar la opinión de Rita. Seguramente le diría algo que él no podría manejar.
―Es lo más tonto que he oído jamás ―dijo, en tono neutral.
―Pero...
―No. Sé que nunca pensaste en la muerte. Y no estás al tanto, pero resulta que todos tememos morir, aún cuando lo único que importa es la forma en que vivimos. Si alguna vez has pensado en tu futuro, sabes que llegarás a adulto sin cicatrices, y que no envejecerás, porque tus células se regeneraran igual siempre. Pero, ¿que has planeado hacer con tu vida? Aparte de vigilar la seguridad de nuestro mundo, quiero decir. ¿Qué vas a hacer?
Álvaro no tenía respuesta para eso. Y tenía miedo de buscar una.
Ninguno de los dos se dio cuenta de que era casi la misma pregunta que días antes había planteado Álvaro, respecto a la reacción de Rita frente a las declaraciones de amor de Hayden. Sin embargo, Rita había tenido menos miedo de buscar su respuesta y se había dado cuenta de que no era importante.
Ese mismo día, mientras Álvaro y Carmen buscaban alguna forma de no pensar en la situación en que se encontraban, Rita encontró el momento para hablar con Hayden, más bien, preparó la situación; estaba convencida de que todas las situaciones emocionales debían ser resueltas rápido, aún si no hay inmortalidad en juego. “Sí el corazón está bien”, era uno de los pocos consejos que le había dado su madre, “podemos ocuparnos tranquilamente de todo lo demás. Nuestros otros problemas no afectarán nuestra dicha. Pero si el corazón sufre... no nos dejará hacer nada en paz.” En la opinión de Rita, un enamoramiento sin aclarar venía a ser lo mismo que el hambre o un dolor intenso: no dejaba que uno se concentrara. Su puntería, y seguramente las respuestas que podía obtener Hayden, dependían de eso.
Y aunque la verdad no fuera placentera, lo que correspondía era decírsela a Hayden.
―Lo siento. No creo que seas el tipo de la persona con la que puedo compartir la vida. Y aún así... si no estuviera enamorada te podría querer por sólo quererme, pero no creo que eso llegara a algún sitio; acabaríamos mal cuando a mí se me pasara la impresión. Pero no importa, porque sí estoy enamorada. Me guste o no, es imposible cambiar eso.
“Recién le dijo que quiere a otra, y ella sigue queriéndolo igual”, era lo que, en términos generales, pensaba Hayden al escucharla. Le parecía una reacción muy tonta, pero podía creerlo, porque a él le pasaba exactamente lo mismo. Tendría que hacer algo al respecto, pero ¿qué más? Había estado cortejándola, pese a que le parecía absurdo andar de zalamero. Además estaba tratando de aprender algunas cosas que redujeran su condición de débil. Pero ella no vería nada de eso.
Tal vez era un caso perdido y debía seguir el ejemplo de la chica y callar lo que sentía, pero no quería hacerlo.
Pese a lo mucho que le interesaba conquistar a Rita, no perdía de vista el problema que implicaba Rubén; después de todo, Rita estaba involucrada, así como La Tierra, Álvaro, y Carmen. Su amor, su mundo, su contraparte y su mejor amiga. ¡Y pensar que alguna vez su vida había sido tan aburrida que hablaba de Álvaro para que los adultos lo mandaran al psicólogo!
Ocuparse de Rubén era deber de Álvaro, y el deber de Hayden era darle a la información para cumplir con su deber. Tenía que saber como romper el corazón de alguien tan insensible. ¡Porque se negaba por completo a la otra forma!
Sí, la otra. Hayden conocía - y callaba- la otra forma de matar a Rubén... o a Álvaro.
Descubrir una manera apropiada de matar a Rubén. Dejar de ser débil. Y, por inútil que fuera, intentar conquistar a Rita. Era bastante trabajo, no tenía tiempo para convencer a Álvaro de que amar y morir no eran sinónimos, así que debía delegarle eso a Carmen.

*****

―¿Y que hicieron? dijo Rita, ansiosa.
―Nada. Ni siquiera fuimos. Ellos no le entendieron, y él tampoco les entendió. Sólo a él se le ocurre ir a reclutar a un par de rusos que ni saben identificar el idioma español―dijo Hayden.
La semana habla sido tranquila si no contaban ese incidente. Los cuatro se dieron el lujo de reírse al pensar en Rubén tratando de hablar con los cuatro hermanos telequinéticos. Daba miedo ver que esas cosas “imposibles en La Tierra” fueran tan comunes, pero a Carmen le gustaba darse cuenta de esos asuntos y Hayden ya estaba acostumbrado, así que aquellas estadísticas impresionaban más a los extranjeros. Alfredo incluso había encargado al mensajero que denunciaría los planes de Rubén frente a La Sociedad, que comentará esos datos.
En medio de situación tan rara, era mucho más extraño para Rita descubrir las flores azules que Álvaro llevaba. Preguntó de donde habían salido.
―Cosas de tu admirador sonrió Álvaro.
―Sí, él no se cansa. Pero, ¿aquí hay flores azules?
―Hay, pero estas están teñidas de algún modo ―respondió Álvaro inspeccionándolas.
Mientras intentaban comprender como se habían vuelto azules las flores, Álvaro escuchó algo similar a una voz en su cabeza; era Hayden pidiendo ayuda. No solían comunicarse así últimamente; fallaba como la señal de celular en un túnel profundo, incluso era sorprendente - y afortunado - que en aquel momento funcionara, aunque no del todo bien.
Le tomó más tiempo del que hubiera querido, entender en donde estaba Hayden, y tanto él como Rita fueron en su auxilio sin tener la menor idea de cual era el peligro. Lo que encontraron fue a Rubén y a una terránea que controlaba telequinesis, probablemente la más común habilidad en La Tierra. La mujer sostenía a Carmen aunque ninguno de los dos la consideraba importante, sólo querían evitar la distracción que ella representaba. Un anillo de fuego se cerraba alrededor de Hayden, y Rubén entró justo antes de que se cerrara.
Tenías que esconderte ―dijo Hayden, a Carmen. Le preocupaba, pues aunque no necesitaran matarla, de Rubén podía esperarse que lo hiciera.
Ella había obedecido mientras él se escondía y se escapaba, pero al ver que lo tenían, había cedido ante el acto reflejo de tratar de ayudar sin tener idea de como. Tan preocupado como Hayden, Álvaro atacó a Rubén de inmediato, mientras Rita liberaba al perceptivo.
Uno de los no demasiados colaboradores que había encontrado Rubén lo acompañaba. A diferencia de la mayoría, ella había ido por su gusto sin recibir amenazas ni promesas, quizá porque a sus veintitantos no superaba sus días de abusiva en el colegio. Esta terránea se llamaba Corina y aunque era bastante corpulenta, eso no era su más agresiva característica. Empujó a Carmen contra el suelo y se unió a la pelea. Enfrentó a Rita porque no le parecía que su jefe tuviera ningún problema para ganarle a Álvaro.
Hayden no sabía que hacer. Todavía no se sentía preparado para combatir y las peleas uno a uno ya habían dado inicio... En todo caso, Alfredo se había negado rotundamente a darle cualquier instrumento de combate(no le gustaba para nada el desempeño del terráneo en combate y creía que se podía clavar una flecha en el pie o caer sobre su propia daga), lo cual no lo hacía sentir muy capaz.
Álvaro y Rubén estaban haciendo una verdadera exhibición; aunque Rubén era más hábil - superaba al oponente en experiencia - el chico era más ágil. Álvaro tenía buenas oportunidades y Corina todavía no terminaba de conocer su habilidad, así que no era rival para Rita. La chica la confundió con la poca magia que podía manipular, y Corina, que al principio peleaba con gusto, acabó por desear haberle contestado que no a Rubén cuando le pidió unirse a su causa sin dar muchas explicaciones.
Llegaron varios individuos más, uno de ellos había estado en el colegio, buscando a Hayden, y era probablemente del octavo mundo, hogar de la raza invasora por excelencia, después de todo, la civilización actual de aquel sitio añoraba los días en que iban de un mundo a otro imponiéndose, antes de que la Sociedad de los Mundos Libres fuera formada. Los otros eran terráneos y se habían unido bajo amenazas. Ya que Corina estaba más dispuesta a correr que a luchar, y no podía controlar su habilidad, dos de los recién llegados se fueron contra Rita, mientras uno más iba por Hayden y el que no era terráneo fue directo a intervenir en la pelea entre Álvaro y Rubén.
Álvaro tuvo la impresión de que tomaban a Rita por sorpresa, y usó magia para mermar los reflejos de los nuevos atacantes. Tras dos palabras de Álvaro, a ambos les falló el equilibrio de pronto y se les hacía difícil enfocar la vista. Álvaro se había distraído y Rubén aprovechó para atacar… en el corazón, donde la muerte era segura, aunque no fuera permanente.
Mientras Álvaro moría, Rita ponía fuera de combate, a fuerza de golpes sin ninguna elegancia, a ambos atacantes.
Arrinconada en un muro de piedra que era lo que separaba a aquel jardín olvidado del resto de la ciudad, Corina estaba llorando.
Hayden ponía en práctica lo aprendido, pero pelear contra telequinésicos no era precisamente fácil, el tipo le estaba dando una paliza sin moverse.... aunque Hayden también había atinado unos cuantos golpes aceptables.
Rubén se lanzó contra Hayden de forma repentina, y Rita se interpuso en su camino. Rubén se empeñó en apartarla, pero pronto recordó que aunque no podía matarla, si la podía herir.
Rita utilizó su magia para detener las flechas, por fortuna la palabra que tenía que pronunciar para eso no era particularmente larga ni difícil de pronunciar. pero finalmente una alcanzó su brazo.
Rita no se apartó del camino ni entonces, ni más tarde, cuando Rubén comenzó a bloquear su magia y las flechas se acercaron más a su objetivo. Sí el lograba apartarla, ella volvía a proteger al terráneo.
Rita y Hayden tuvieron la misma idea al mismo tiempo: decidieron correr. Así le daban tiempo a Álvaro para sanar. Rubén, según sabía Hayden, no era muy bueno cuando de blancos en movimiento se trataba, así que siguieron una estrategia no muy específica: huir, ocultarse, atacar, huir... se estaban alejando demasiado, pero era necesario; pronto podrían dar la vuelta. Rubén se negaba a dar por perdido tanto esfuerzo, y finalmente logró alcanzarlos y poner fuera de su camino a Rita usando más magia que violencia para imposibilitarla.
Hayden había aprendido una técnica de Álvaro, y supuso que podría hacerlo. Rita no podía usar su magia, pero Rubén insistía en mirarla esperando que hiciera algo en cualquier momento, y al hacerlo, bajó la guardia frente a Hayden - el chico no le parecía peligroso - y el muchacho, siguiendo las instrucciones de Álvaro, consiguió atravesarle el corazón con su propia espada en un movimiento torpe pero eficiente. Rita lo miró con absoluto asombro.

*****

Álvaro abrió los ojos y miró a Carmen.
―Yo... siempre la veo hacerlo, así que yo... saqué… la... cosa esa con la que...te hirió...
Sí... es desagradable.
―¿Qué cosa? ―dijo Carmen, segura de que había hecho algo mal.
―Cuando la herida comienza a sanar, y algo está incrustado en ella... ¡Es horrible! Gracias, ¿Y Hayden?, ¿y mi hermana?
Álvaro se había puesto en pie y ambos caminaron tras los pasos de Hayden y Rita, mientras Carmen explicaba:
―Corrieron por aquí, pero no sé a donde irían…
―¿Qué haces? Tú te quedarás aquí ―dijo Álvaro.
―Pero...
―No.
―¡Hayden es mi amigo! ¡Rita también!
―Eres vulnerable.
―Hayden también es vulnerable, y vos jamás...
―Es indispensable, A ti no voy a arriesgarte. No es necesario y no es correcto.
Las palabras eran lógicas, pero fue su tono lo que conmovió a Carmen; ahora no le cabía duda de que lo que Hayden había dicho sobre los sentimientos de Álvaro, era cierto. Y un tercero, que no estaba presente, supo donde estaba el corazón de Álvaro.
Por supuesto. Carmen cedió, y se quedó en el sitio hacia el cual había corrido con Hayden hacía no menos de treinta minutos, mientras Álvaro seguía los rastros de lucha, preguntándose cuanta gente había notado la pelea, aún cuando se suponía que todo el mundo estaba en su trabajo y en aquella zona parecían no haber oficinas ni nada por el estilo. En Ogha, los empleos no quedaban tan alejados de los hogares, Álvaro volvió a pensar que La Tierra era un mundo extraño.
Hayden y Rita habían llegado a los límites de la ciudad como tal, y se habían internado en un bosque con árboles escasos, pero Álvaro no llegó hasta ahí, porque ellos regresaban ya.
Hayden, Álvaro y Rita fueron a hablar con Alfredo sobre lo ocurrido, porque Rubén había atacado a Hayden sin motivo aparente y éste aún no lograba “responderse” por qué. Carmen no podía ir con ellos, tenía un importante compromiso en casa.
Ya era bastante tarde y la regañaron en dos idiomas, pues su mamá y su tía se habían preocupado mucho y ambas eran bilingües (aunque en el inglés la tía era analfabeta).

*****

―Un amigo mío decía que los corazones de los enamorados laten juntos dijo Luis―. Eso debe significar que si uno se detiene, el otro también.
―¿Y para qué me cuentas toda esa poesía cursi? dijo Rubén.
―Pues, para aburrirte. Así valorarás la sorpresa: sé que corazón late con el de Álvaro.
―¿Hablas de cómo matarlo?
―Sí, eso es. Creí que no lo captarías.

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domingo, 13 de noviembre de 2011

Contrapartes Nº5. Terráneos.



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Terráneos.
Dos chicos en una banqueta, discutiendo sus asuntos, no era algo que llamara la atención. Llevaban el mismo uniforme que la mayoría de los jovencitos que pasaban por ahí. En la esquina se encontraba el enorme edificio del colegio al que asistían.
―Vale, pero no digas que no te lo he advertido decía Martín.
―He notado que no eres nada modesto… rió Sofía.
―No lo soy, claro. Soy un genio y no tengo razón para negarlo... Soy muy presuntuoso... sobre todo ante mis primos. Y un par de vecinos. ¡Pero ellos son los que se creen superiores! Los odio cuando me tratan como...
―Ah, ya. Presumir es como tu venganza. Porque te llaman tragalibros, sabihondo...
―Cuatrojos, perdedor... la lista es muy larga.
No es tu naturaleza tomar venganza. Pero supongo que acabaron con tu paciencia. Es horrible que nos culpen por ser listos, es la historia de la mayoría en el instituto… aunque yo no soy realmente lista.
―¿Te ríes de mí? Eres mas lista que yo... y eso ya es decir.
―No soy inteligente. Vosotros comprendéis las cosas, aprendéis... Yo no soy como vosotros. Aun siendo tan listo como eres, quizá no entiendas mi situación. Yo sé muchas cosas, simplemente… Me gusta el instituto porque vosotros sois los que mejor me comprendéis, pero no soy inteligente... de pronto Sofía se sorprendió sin motivo aparente y no pudo evitar preguntar ¿Lo has notado?
―¿Que cosa?
―Me ha parecido que... No, claro, tú no lo has sentido. Sólo yo. A veces es como si fuera una sensación, pero es sólo que algo raro pasó... Sofía miró a su alrededor con desconfianza, y se puso en pie segundos antes de poder ver a Rubén en la esquina.
Rubén se dirigió hacía los jóvenes. Martín sólo se fijó en él porque su amiga lo miraba, pero supuso que le llamaba la atención su exótica vestimenta, con colores tierra que llamaban poco la atención, pero de un material extraño que engañaba a la vista dando la impresión de cambiar de color para mimetizarse. La gente reparaba en su ropa pero no llegaban a ninguna conclusión. Estaba muy cerca de Martín y Sofía cuando sin ningún dramatismo atravesó el corazón del joven con una flecha. Sofía comenzó a gritar.
―Luis dijo que, como amiga de ese idealista, jamás harías tratos conmigo. Ahora ese no es problema, y si no quieres morir como él...
Alguien hizo eco a los gritos de Sofía, la situación se había vuelto clara para las pocas personas que pasaban por ahí, casi todos estudiantes. En segundos Sofía y Rubén se encontraban solos, pues todos entraron al Instituto o alguna casa. La mayoría de las casas cercanas estaban desocupadas a esa hora, pero las pocas personas que vieron desde sus hogares, cerraron las ventanas. Uno o dos llamaron a la policía.
La llegada de Hayden, que aparecía completamente de la nada, interrumpió a Rubén. El chico aún terminaba una frase de protesta:
¿…que ir...?... ―y entonces se dio cuenta de que, lo quisiera o no, ya estaba ahí― Oh my God! He really...
¿Qué haces tu aquí? - bufó Rubén.
―¡Buena pregunta! Álvaro me dijo que salvara a la chica... en el fondo, no era mentira por completo.
―¿Tú? Pero si eres un terráneo debilucho. Yo te habría dado mejores deberes, más propios para tu naturaleza. ¿no quieres considerarlo?
―No sonó casi aburrido, ¿que no había dado ya esa respuesta?
―Bien, te mato, y luego hablo con la chica. ¡Cómo se le ocurrió enviarte a ti!
Rubén apuntó a Hayden con su arcabuz, parecido al que Hayden había visto antes, más o menos a la misma distancia.
―OK! dijo Hayden I... Podemos negociarlo.
―Yo te creí más valiente.
―I just need you to wait for...
―¿Qué? Sigo sin entender tu idioma, ¿no lo sabes?
―Nada, Pensaba en vos alta, Y sobre mi valentía. Sí, soy más valiente. Y vos sos menos inteligente sonrió Hayden, mientras Álvaro realizaba su propio acto de aparición, clavando una lanza corta, sin adornos, en el corazón de Rubén, mucho antes de que este asimilara su llegada.
Con el cadáver de Rubén entre ellos, ambos contrapartes se miraron, Álvaro sonreía, pero Hayden estaba molesto.
―¡Casi hacés que me maten!
Tenías que venir, para entenderte con ella.
Sí, pero… No, esperá, ¿por qué no te entendés con ella vos mismo?
―Ustedes se parecen, y no suelo lidiar con gente asustada...
―¿Y que hacía yo mientras venías? ―dijo Hayden, aceptando el segundo argumento de Álvaro.
―Distraerlo Álvaro sonrió―. Y lo hiciste muy bien.
Hayden comenzó a despotricar en su idioma, mientras Álvaro agradecía no tener idea de lo que estaba diciendo.
―¿Ahora que voy a hacer? los interrumpió la pálida española.
―Él, Rubén, quiere... en... – Álvaro miró a Hayden, suplicante.
―Ella lo sabe, Álvaro. Lo que no sabe, y yo tampoco, es que va a hacer cuando Rubén vuelva a buscarla. ¡No me digas que no se te había ocurrido que ella podía saber lo que pasa! ¿Te acordás por que estamos aquí? Es una perceptiva.
―La mejor, en realidad dijo ella―. Pero no soy adivina, y no me gusta la guerra... Vosotros debéis pensar en algo, porque, francamente, no sé que pasará conmigo. Ha matado a Martín así como si nada... ¡Dios mío! ¿Que voy a hacer? Supongo que tengo que tomar partido… Vosotros, podéis protegerme, aunque ya tenéis un perceptivo...
―Igual, no te dejaremos a merced de Rubén. ¿Nos vamos? dijo Álvaro.
Afortunadamente, Hayden ya había podido explicarle a su contraparte mejores hechizos para viajar.

*****

Hayden se había llevado a Rita para mostrarle “algo cool de La Tierra”, aprovechando que Rubén no tenía ningún blanco por el momento. A diferencia de Álvaro, Rita no tenía problema con unos momentos de descanso y mostraba interés en esas cosas tan extrañas de la Tierra, como los árboles, que eran verdes y crecían fuera de las cuevas, y las acumulaciones de agua que corrían en lugar de quedarse estancadas como en su mundo. La Tierra era un lugar lleno de peligros absurdos como las líneas de tren y los cables eléctricos, pero también era fascinante.
Alfredo había vuelto a Ogha, ahí habían también cosas pendientes y habían decidido que él se encargaría de eso.
Con lo qué, muy en contra de su voluntad, Álvaro se veía sólo frente a la amiga de Hayden. Él seguía concentrado en la situación que implicaba Rubén, y Carmen también pensaba mucho en eso, así que el silencio incómodo no duró ni un momento. Pronto estaban compartiendo teorías y Álvaro consiguió ver el asunto como una etapa más en su trabajo.
―Sólo no quiero que metás en esto a... la gente de mi planeta dijo Carmen, sin que realmente viniera al caso.
―Ya están en esto dijo Álvaro, con un dejo de remordimiento.
―¡Entonces hacé algo!
―Es que primero ―por algún motivo, la fuerza que Carmen ponía en cada palabra, lo hacía sentir pequeño y estaba haciendo un gran esfuerzo para poder responder― hay que pensar en como matar a Rubén... pero ¿como rayos se rompe el corazón de alguien que no lo tiene?
―¿Qué?
―No, no importa al notar que había dicho su única debilidad frente a esa chica, Álvaro sintió un nudo en la garganta.
Rubén ya lo sabia, pero... la condición de Carmen no era la misma que la de Rubén.
En su estancia en la tierra, Álvaro había llegado a conocer otra faceta de la humana asustada que había llegado a Ogha más o menos por saber demasiado. En su hogar, la chica era muy segura, y una vez superada la sorpresa, estaba siendo útil... ¡Y tenia esa mirada tan intensa en sus ojos perfectos!
“Mala idea”, se dijo por enésima vez, “enamorarte es mala idea. Enamorarte de una extranjera es peor”.
Pero, al parecer, el argumento no era lo bastante bueno.
Aunque le parecía algo absurdo, prometió no involucrar a Sofía.
―Y Hayden… dijo Carmen, pensativa.
―¿Qué pasa con él…? Es mi contraparte, no irás a decirme que no lo involucre.
―No. Él quiere ayudar. Le agradás y le agradan las causas nobles, sé bien que no puedo evitar que se involucre. Pero lo tratás… ¿Como lo digo?... Sé que es un perceptivo, pero... no es sólo un perceptivo.
―No entiendo.
―Pues... lo ves como... como... como si no fuera gente. Y sólo es un muchacho, Como vos. ¿Sabés porque te sigue a todos lados, aunque no lo ocupes?
―Eh... ¿porque le agrado? ―intentó adivinar― Soy su contraparte, y...
―Si pensaras en él como una persona, y no como un perceptivo, lo sabrías. Es porque lo entendés cuando habla. ¡Ni sus padres lo entienden del todo! Ni yo. Sos el único que lo entiende. Pero vos sólo lo ves... No lo ves, sólo a su don. Creo que él lo nota, y tal vez no le importa, pero...
―Yo sólo...no... Yo… no acostumbro tratar a las personas... yo... ¿estaba justificándose? No suelo tratar con gente.
Había intentado sonar tajante, pero no creía que hubiera funcionado... Para nada, más bien había sonado... lamentable.

*****

En su búsqueda de sirvientes terráneos, Rubén estaba teniendo que conocer personas muy extrañas, como esta muchacha a la que le explicaba la situación pese a las multiples interrupciones de ella.
―¿Y bien, hermosa dama? concluyó.
―O sea, ¿esperas que te crea? ¡No te pases!
Aquella jerga estaba sacando de sus casillas a Rubén, pero contuvo el deseo de asesinar a la chica rubia que masticaba goma de mascar y lo miraba incrédula.
―Mira niña, más vale que me tomes en serio...
―¡Heloooú! Es cierto que que soy... diferente, pero ¿que ondas con tu historia? O sea.... Yo no soy tonta, o sea helloou, ¿como te voy a creer eso? ¡No te pases!
―¿Vas a ayudarme o no?
―¿Estás loco? O sea, ¿yo en una guerra? ¡No way! Busca otra persona, o sea... ¿tengo cara de soldado? ¡No te pases! O sea, un cuero como yo en una guerra, ¡que oso!
En otras circunstancias, Rubén habría pasado a las amenazas, pero prefería matarla de una vez.
Mientras él hablaba con la muchacha, Hayden le explicaba a Rita hacía donde debían viajar. Pero la muchacha todavía estaba por su cuenta, y Rubén, ignorando que pronto tendría compañía, sólo tenía prisa en matarla porque la encontraba insoportable con su vocecita chillona. Se acercó para romperle el cuello y... la situación cambió. Fue lanzado contra un muro a fuerza de telequinesis, habilidad que la jovencita venezolana sólo podía usar involuntariamente, cuando entraba en cólera o, como ahora, en pánico.
Cuando Rubén se levantó, furioso y dolorido en el codo izquierdo y varios puntos del torso, la muchacha corría a toda la velocidad que le permitían sus zapatos rozados con tacón de 10 cm. Rubén apuntó con su arcabuz, disparó y... la flecha fue desviada. ¿Había sido la chica? ¡Pero si estaba corriendo y de espaldas a él! No había forma de que ese diminuto cerebro prestara atención.
No. No había sido ella. Era Rita, que acababa de llegar. Aquel encuentro era bastante disparejo. Él era muy fuerte, controlaba el fuego, y podía usar hechizos mucho más poderosos que ella. Aún cuando era muy rápida y ágil, Rita estaba segura de llevar las de perder. Pero sólo necesitaba que la chica humana se alejara suficiente, según Hayden, Rubén no estaba demasiado interesado.
Él atacó primero, y ella no hizo mucho más que defenderse, esquivando casi cualquier ataque. Finalmente, cuando decidió escapar, descubrió que no podía viajar, nada pasó cuando pronunció el conjuro. Rubén estaba usando magia para privarla de sus poderes.

*****

―¿Cómo que para qué? dijo Carmen ¿Acaso no querés a Rita?
―Sí, pero sólo es una. ¿Qué hace Hayden con tantos hermanos? dijo Álvaro.
―Sólo son la menor y los gemelos. En mi casa somos cinco, mis primos son siete hermanos. ¿Por qué lo mirás tan raro?
―En mi mundo dos es bastante... uno es lo más normal...
Hayden llegó corriendo.
―I’m sorry… I didn’t...
―Hayden, no te entiendo.
―¿Qué pasó? se alarmó Carmen.
―That girl... ―con esfuerzo, logró cambiar de idioma para que Álvaro entendiera― La chica iba a morir, así que le dije a Rita que lo distrajera, él no está tan interesado en la chica... yo no pude avisarte, no sé porque no funciona... pero...
Álvaro ya comprendía.

*****

Rita había evitado que alguna flecha encontrara su pecho, pero estaba muy cansada y herida. Suponía que iba a morir, Rubén la levantó del suelo mientras ella intentaba no desmayarse. Él se dispuso a romperle el cuello, ya que las flechas no hablan sido eficientes. Su expresión al tener la vida de Rita en su poder, era bastante extraña. Una sonrisa deforme y en la mirada parecía que intentaba desbordarse la locura. Quería causarle daño y una vez que la matara, sería lo último.
Pero Luis lo interrumpió. Le dijo que era mala era mala idea, y no quiso dar una explicación clara cuando Rubén preguntó por qué.
―Digamos simplemente que su papel en esto es importante. No le arranques la cabeza hasta que hayamos discutido eso... Y no vamos a discutirlo frente a ella. Si decidieras dejarla vivir, sería un problema que supiera tanto.
Rubén dejó caer a la muchacha mientras Álvaro aparecía cerca de ellos.
―Al menos puedo matarlo a él... aunque luego se recupere dijo Rubén, lanzándole una flecha al joven, que estaba demasiado preocupado por el estado de Rita como para fijarse en los movimientos del enemigo cuya presencia no ignoraba.
Rubén se marchó y Álvaro murió pensando en el garrafal error que acababa de cometer, ¿Como se había distraído tanto? Es que por un horroroso instante, había pensado que su hermana estaba muerta.
Mientras Rita sollozaba - de nuevo - ante su cuerpo inerte, Álvaro vagaba por su iluminado y cálido bosque.
Bruno caminaba a su lado.
―No comprendo, si ella es tan buena, ¿Por qué no quieres amarla?
―Papá, ella es de La Tierra... y yo tengo mil cosas de que ocuparme.
―Álvaro, dime la verdad.
Le costó trabajo poner en palabras lo que había estado intentando negarse durante largo rato.
―No quiero morir. No morir realmente. Tengo miedo. He estado aquí muchas veces. Tal vez sabiendo que mi muerte no es definitiva soy descuidado, pero morir de verdad... ¡La idea me aterra! Ni siquiera se sabe que ocurre realmente con los muertos... No puedo dejar que mi razón de vivir sea una criatura tan frágil.
Entiendo tu miedo, hijo, pero es necesario morir... ¡Ah! Ya debes irte.
Álvaro parpadeó, y Rita intentó, en vano, ocultar que había estado llorando. Ahora que había enfrentado la breve impresión de que ella había muerto, Álvaro casi comprendía que ella se preocupara tanto, pero ella sabía que él despertaría, de modo que su reacción le parecía exagerada de todas formas.
Notó que, como de costumbre, ella le había arrancado la flecha del pecho, y se descubrió agradeciéndole por ello. 
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sábado, 5 de noviembre de 2011

Contrapartes Nº4 Información Tardía



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Información Tardía
León abrió los ojos. É1 y su compañero se habían quedado dormidos de pronto y supuso que no había sido por causa del cansancio. Esperaba estar atado y encarcelado pero no era el caso, estaba en una habitación completamente vacía, tendido en el suelo de descanso, como si fuera un invitado en la casa de... quien fuera el dueño ahí; no obstante, Álvaro lo observaba.
Pudieron matarnos, encarcelarnos o engañarnos... ¿Por qué me trajeron aquí? dijo, abiertamente, el espía enviado por Rubén, sus propias palabras le hicieron notar que faltaba su compañero ¿Y donde está Ramón?
Tu compañero aún duerme, porque yo sólo quiero hablar contigo dijo Álvaro, desde el umbral―. Ves las posibilidades del futuro, ¿no es así?
Sí, a veces... ―contestó León, inseguro―vienen a mí.
Entonces deberías saber que Rubén no te dará lo que necesitas ―dijo Álvaro, acercándose―. Yo lo haría, si fuera algo que no hiriera a las personas, y me dicen que así es.
¿Quiere tratar conmigo? ―a León le sorprendió, se puso de pie, con lo que fue evidente que era mucho más alto que su interlocutor, que estaba justo frente a él.
Parece ser que mis opciones son pocas dijo Álvaro, encogiéndose de hombros.
Antes León hubiera sido muy exigente ya que Álvaro necesitaba un trato, pero Hayden tenía razón: estaba desesperado, Rubén no le daba lo prometido y él no tenía valor para alejarse.
Volvió con su compañero y el otro no sospechó que había algo raro, puesto que nunca llegó enterarse de que ambos habían perdido el conocimiento al mismo tiempo. Continuaron cumpliendo con sus labores de espionaje como si nada.
Esperó un par de días, entre prepararse y evitar posibles sospechas, y finalmente regresó con Rubén para contarle que había visto algo muy interesante en el futuro: lo había visto matar a Álvaro.
Le hizo saber a Rubén que podría matar a su joven rival si lo hacía desangrarse. Hablaron sobre heridas que no cerraran lo bastante rápido pero que tampoco le mataran, y luego León regresó a su posición como espía y desde ahí ayudó a preparar la emboscada... o mejor dicho, ambas emboscadas. Rubén necesitaba atacar a Álvaro sin que nadie acompañara a este, cualquier interrupción arruinaría un plan tan complejo. Álvaro debía esperar a que el otro llevara a cabo su plan, y darle la vuelta a las circunstancias. Cuando todo estuvo listo, León se lo advirtió, y Álvaro estaba listo para la lucha. Además, como él no tenía armas propias, llevaba una de las dagas de Rita, exclusivamente para cumplir la tarea de matar a Ruben. Matar... no lograba tomar bien eso.
Persiguió al señuelo de Rubén hasta las minas de madera que habían sido cerradas para conservar a la única variedad sobreviviente del árbol de Casa. Con la madera de éste habían sido construidos casi todos los edificios habitacionales durante demasiado tiempo. La obscuridad era mayor a la esperada, pues la iluminación sujeta a las paredes de roca había empezado a dañarse debido al abandono y los arboles habían crecido en forma desmedida. Parecía una vulgar caverna, salvo por toda la vida creciendo sin intervención de los seres inteligentes de aquel mundo.
Sí fue sorprendido por Rubén, ya que no era capaz de ver con claridad, pero pronto su vista se adaptó, y ahora podía distinguir a Rubén y a sus acompañantes en la penumbra.
Fue una lucha complicada para Rubén, buscando puntos que pudiera herir sin acabar con la vida. Para Álvaro, fue una lucha dolorosa, ya que Rubén estaba alcanzando su meta. Y en un momento elegido por inspiración, porque no habían acordado ninguno, León traicionó a Rubén y lo cegó con un hechizo que en su mundo era sencillo. Eso duraría solo un par de minutos.
Álvaro, reuniendo todo su valor, clavó una de las dagas en el corazón de su oponente, mientras León evitaba la intervención del otro acompañante de Rubén.
El joven inmortal tenía los ojos húmedos de lágrimas, pero había sido necesario. Estaba a cargo de la seguridad de su mundo, ¿acaso había pensado al asumir ese puesto, que aquello nunca sería necesario?
Pues, sí, eso había pensado. Él no podía ser asesinado de forma definitiva, de modo que no estaba obligado a matar a nadie para salvar su vida; a sus diecisiete años, no creía que fuera necesario por otro motivo. Su trabajo debía ser simplemente descubrirlos y atraparlos.
Por eso, había estado destinado a dudar en el momento de matar a Rubén; habría delatado la trampa y a León, perdiendo una oportunidad irrepetible. Pero sabiendo todo eso de antemano, había decidido no dejar vivir a Rubén.

*****

Álvaro se despidió de Carmen y Hayden al llevarlos de regreso a la tierra. El fantasma de la guerra se había marchado, y ahora era capaz de ver a las personas frente a él. Sólo entonces logró notar la valentía de la chica al asimilar todo aquello, y por primera vez vio a su contraparte como tal.
Lo extrañaría. Y Hayden lo extrañaría a él. Conociendo de cerca sus pensamientos, Álvaro le permitía hablar sin poner cara de aburrimiento ni abrumarse por sus malas explicaciones. Y es que sin importar cuanto se esmerara, Hayden era malo explicando, ya que, al simplemente saber las cosas, no veía cual era el problema de los demás para entender, ¡él lo veía todo tan sencillo siempre!
La vida de ambos volvió a su curso, Carmen empezaba a pensar que era muy interesante eso de las capas y todo, ahora que ya no se sentía inquieta por la situación. Hayden se las ingenió para mantenerse en contacto no sólo con su contraparte si no también con Alfredo y Rita.

*****

Leave me alone! exigió Hayden a su hermano mayor, que lo seguía haciéndole bromas infantiles.
El enojo de Hayden no era contra su hermano, a cuyas bromas ya estaba acostumbrado. Era frustración. Tras un par de años de compartir diversas actividades con miembros del sexo opuesto, por fin una chica había "llenado" sus exigencias: bella, inteligente, hábil en diversos aspectos, digna, libre (más o menos) y de su misma edad. Tenía dos problemas para conquistar el corazón de la fascinante joven: ella tenía un considerable interés por otro; y vivía en otro planeta.
No saber que hacer al respecto lo fastidiaba. ¿Que gracia tenia ser un perceptivo? Ya conocía los gustos de la joven y las costumbres de su pueblo, pero no tenía idea de como cortejarla con tanta distancia de por medio.
Pensó en el asunto durante todo el día, cada vez con menos esperanzas, pero sin perderlas por completo. Le sorprendió recibir una llamada de Carmen para consultar una tarea: no recordaba ninguna tarea, tan concentrado estaba en el otro asunto.
Hablaban todavía sobre eso, cuando el don de Hayden se dignó a darle un dato que antes habría sido muy útil.
No way! gritó, destrozando el oído de su amiga.
What? ―dijo ella, sorprendida y confusa, alejando el auricular de su oído.
He's immortal too!
Era imposible que Carmen supiera a quien le atribuía Hayden la habilidad de no morir, ¿cierto?
Who…? ―preguntó ella, al mismo tiempo que intentaba adivinar la respuesta, y, en efecto, había alguién cuya inmortalidad podía poner así a su amigo― ¿Rubén? ¿Rubén es Inmortal? Pero vos dijiste...
Apenas acababa de saberlo. Había pensado en el asunto de forma inconsciente, de alguna forma una pregunta había llevado a la otra y ahora se daba cuenta de que Rubén, como Álvaro, sobrevivía a todas las heridas letales. Estaba vivo y en La Tierra.
¿Qué rayos hace aquí? se alarmó Carmen al escuchar esa información en el inglés acelerado de Hayden.
Un poco más despacio, el muchacho explicó que ahora Rubén tenía un aliado. Mientras todos lo daban por muerto, había encontrado la forma de viajar a la tierra usando un método muy similar al del libro con el que habían encontrado a Hayden, y ahora tenía un perceptivo de su lado, así como algunas respuestas de las que necesitaba.
Tenés que decírselo a Álvaro ―dijo Carmen, preocupada pero sin asustarse.
Hayden ya había hecho uso de su conexión con Álvaro para dejarle saber todo aquello, y su contraparte estaba muy alarmado porque la amenaza persistía e incluso se había adelantado.
Al explicarle lo que ocurría a Rita y Alfredo, el mismo Álvaro apenas estaba asimilándolo. Alfredo hacía preguntas de cuando en cuando. Pálida, Rita escuchó en silencio hasta el fin, y luego murmuró:
Creo qué... pero no se atrevió a decir lo que creía, y sólo recomendó ir a la Tierra.
Álvaro estuvo de acuerdo y, acompañado por Rita y Alfredo, viajó esa misma tarde. No llevaban equipaje porque sus ropas eran poco apropiadas para la Tierra – a menos que no les importara parecer escapados de un circo - y sus armas eran su ingenio y habilidades... y en el caso de Rita, unas dagas que rara vez sacaba.
Haciéndose pasar por herederos de una persona que ni siquiera había existido, utilizando un hechizo que Alfredo había aprendido en su juventud para confundir a las personas, pudieron habitar una casa de una planta que había estado abandonada antes de que todos los actuales habitantes de la ciudad nacieran, quitándole con su presencia el misterio ganado en tantos años.
Después de reparar la sala y tres habitaciones de la casa (dejando tan podrido y viejo como siempre el resto) necesitaron la ayuda de Carmen y Hayden y algo de hechicería básica, para pasar inadvertidos en la zona. En Ogha, la hechicería es una habilidad común, prácticamente todo el mundo tiene la habilidad de realizar hechizos de mayor o menor grado, y la mayoría aprenden algunos para ayudarse en las tareas cotidianas, mientras otros dejan de lado esa habilidad. Aprender hechicería como disciplina en Ogha ponía al individuo en una de las categorías de hechiceros más organizadas y menos poderosas. Aprendían todos los hechizos pero podían llevar a cabo sólo un pequeño porcentaje. Álvaro era un hechicero de Ogha, desde luego, pero Alfredo y Rita no tenían todo el potencial que tenían los nacidos en Ogha, así que sólo habían aprendido a realizar unos cuantos hechizos.
Así pues, el peso de pasar por alguien que no eran, caía sobre los hombros de Álvaro, quien no tenía ningún problema con eso. Socializando lo menos posible con Terráneos, estudiaban ese mundo y a sus habitantes mientras Hayden analizaba los movimientos de Rubén. Álvaro tenía a su disposición a varios miembros de protección de Ogha, pero no hizo uso de ellos para seguir los pasos del enemigo porque La Tierra era territorio desconocido y sobre todo porque el perceptivo de Rubén podría descubrirlos fácilmente y estarían en peligro inútilmente. ¿Para que hacer eso teniendo ayuda de Hayden? Álvaro no había perdido la confianza en el terráneo porque éste no se había percatado de la naturaleza de Rubén.
Volvía a tratar a Hayden como si fuera una enciclopedia: “¿donde está?”, “¿quién es el perceptivo?”, “¿cuál es su plan ahora?”, “¿qué tanto sabe?” ...
Hayden respondía diligentemente.
Después de que Álvaro lo venciera, Rubén habla despertado furioso y con una pequeña ventaja: Álvaro lo creía muerto. Se regocijó en su cólera unos días, mientras realizaba la búsqueda de otro perceptivo en la Tierra, que era el mundo más cercano, sin conocimientos del universo, en el cual nacían perceptivos . Había sido una broma pesada del Creador de Universos que el que había encontrado antes resultara ser el contraparte de su enemigo.
Está vez encontró Luis, quien a sus veintinueve años no comprendía su don mucho mejor que Hayden pero creía saber mucho más de la vida. Conocía reglas básicas que Hayden aún ignoraba: salvar el pellejo, sacar ventaja, y otras estrategias de autoconservación. De modo que negoció con Rubén, Vendió a su propio mundo para conservar su vida y ganar una posición en el régimen que podía establecer aquel desconocido.
Rubén comenzó a perfeccionar su "convencimiento", y diseñó un plan para conquistar la tierra. La respuesta que antes Hayden no había podido encontrar, Luis la había sabido de inmediato: en la Tierra habían humanos dispuestos a negociar; Luis no necesitaba ser un perceptivo para afirmarlo.
Y, finalmente, Rubén escuchó la respuesta que más le interesaba:
Dicho de forma cursi: rompe su corazón y será un simple mortal. Sólo sanan si tienen razones para sobrevivir. Sencillo, ¿eh?
Sencillo, pero inútil ―dijo, decepcionado―. ¿Como romper el corazón de un enemigo? Para causar ese tipo de daño, habría que estar muy cerca, ¿no?
Míralo por el lado amable, él no puede matarte tampoco, y a su edad, su corazón es frágil... en realidad, es probable que cualquiera de estos días, alguien más rompa su corazón dijo Luis―. Además, a veces sólo es necesario saber algunas cosas. Si me entero de algo relevante, lo sabrás.
Sin embargo, la juventud no tenía mucho que ver. Después de todo, la razón de Álvaro para vivir, era cuidar de Ogha, no se preocupaba por la posibilidad de morir. Por el momento, concluyeron que en efecto, era muy complicado eliminar las razones de vivir de Rubén. Le dedicaron poco tiempo a esa posibilidad, y decidieron dejarlo para más tarde. Mientras no supieran para qué vivía Rubén, tendrían que conformarse con evitar que hiciera aliados en La Tierra.
Hayden, sin perder concentración en la tarea de seguir los movimientos de Rubén, estaba aprovechando ese tiempo para alcanzar sus propios objetivos.
Esto no pasará, muchacho dijo Rita, un poco apenada, cuando él fue tan directo que no pudo seguir fingiendo que no notaba su interés por ella Eres un perceptivo, asumo que me has investigado: ya debes saber que estoy enamorada de alguien. Además, no sé si seas mi tipo...
No, no lo soy ―respondió Hayden―. Soy demasiado débil para caber en tu idea de hombre perfecto... pero ya que estoy con ustedes, Álvaro me está enseñando algunas cosas sobre combate, lamentablemente no puedo aprender a usar hechizos... Pero dicen que el conocimiento es poder... Al menos en la Tierra, hay quienes lo dicen.
Aun así, por más que tú... Tu esfuerzo me parece tierno, admirable, pero la honestidad era muy importante en cualquier conversación de ese tipo, además Rita quería deshacerse del pretendienteno puedo enamorarme de ti.
¿Por él? Deberías reevaluar tus opciones. Tengo una cualidad que él no llegará a tener. Deberías considerarme en serio artes de decidir... Tomate tu tiempo.
¿Eres un poquito presuntuoso, verdad? ―eso la molestaba.
Supongo ―nunca se había considerado presuntuoso, solamente seguro de sí mismo, pero por algo debía decirlo ella―. Pero sólo quiero que entendás que esto es en serio.
Lo era. Hayden nunca había tenido esa idea de no parar hasta obtener lo que quería, y de pronto, conquistar a la hermana adoptiva de Álvaro parecía más importante que los asuntos de vida o muerte que debía manejar.
Rita, por su parte, no estaba acostumbrada a ver pretendientes tan... agresivos. No pudo evitar comentar el asunto con Álvaro. Se sentía muy extraña de hablar eso con él, pero era su mejor amigo, su hermano, y con alguien tenía que hablar.
¿Y de quien estás enamorada? quiso saber Álvaro, haciéndola sentir como si la apuñalaran.
No importa, no creo que Hayden tenga algo que él no ―dijo, superando la sensación.
Pues, no sé, pero Hayden pudo referirse a estar enamorado de ti.
¡Otra puñalada! Pero tenía sentido, y aquel atributo conmovió a la chica... Se preguntó si, al ver que ella no entendía ese detalle, Hayden se había sentido tan mal como ella cuando Álvaro daba muestras de no tener idea sobre el afecto de ella.
No digo que te enamores de él Álvaro la sacó de sus pensamientos―, pero ¿si no estuvieras enamorada del otro tipo, que harías?
Ella no lo había pensado.

*****
Álvaro y Carmen esperaban a Hayden y Rita en una cafetería cercana al colegio. Hayden había salido antes de cierto examen, y al no encontrarlo con Álvaro, Carmen supuso que había ido con Rita. La pobre muchacha seguía sin deshacerse del admirador. Mientras los esperaban, conversaban sobre la situación. No había demasiada gente y creían que al hablar en un idioma diferente no serían comprendidos... y si alguien entendía, no les iba a interesar, no se lo tomarían como una conversación sobre un tema real.
Todos ellos son prestidigitadores, y los llamamos magos dijo Carmen ¿que quiere Rubén con ellos?
Prestidigitación… ―razonó Álvaro en voz alta― ¿Telequinesia?... Porque magos y hechiceros no hay en este mundo...
¿Telequinesia? dudó Carmen You mean…?
Álvaro alzó una ceja, demandando que se le hablara en su idioma. Carmen sonrió.
¿Querés decir que Rubén cree que esa gente es... especial?
Y yo también lo creo. No todos, claro. Es sólo que la gente con ese tipo de don, busca oficios así... Pero no son los únicos. Los perceptivos, son difíciles de ubicar, pero otros dones llevan a grupos...
En nuestro mundo, eso que decís de los perceptivos no es cierto. Hay varios centros educativos a los que sólo podés entrar si sos un genio, o un perceptivo dijo ella.
Eso es interesante. Veamos... Los adivinos... Álvaro no pudo asignarle un oficio, así que dejó la frase en el aire.
Se anuncian hasta en los diarios como videntes... o viajan en las ferias.
Hayden se sentó frente a ellos, quitándose su sudadera y diciendo incansablemente "This is so wrong!" Estaba pálido y su voz ymanos temblaban. Carmen preguntó que era lo que iba mal.
He killed that boy. I didn't knew...
¿Qué pasa? preguntó Álvaro.
Mataron a alguien dijo Carmen Rubén, supongo, mató a un muchacho…
He didn’t take th... Es que era casi un niño, no creo que realmente supiera lo que significaba negarse a trabajar para Rubén y...
Era cuestión de tiempo dijo Álvaro, sintiéndose culpable―. Si no logro detenerlo...
Ahora esta buscando más ―informó el perceptivo―. Supongo que matara a todo el que se niegue a contribuir con él. ¡Y yo que creía que iba a ofrecerles algo! Lo que hace es amenazarlos.
¿Dónde, Hayden? ―lo interrumpió Álvaro― Y, ¿que pasó con los prestid-igita-doores?
Ellos aceptaron sus términos. Ahora Rubén va a un colegio... creo que es en España.
Álvaro supuso que se trataba de uno de esos colegios con “genios y perceptivos”.

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