lunes, 31 de octubre de 2011

Contrapartes Nº3 Preguntas y Respuestas




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Preguntas y Respuestas.

Si el mejor amigo de su padre no sabía como llevar con ellos a Hayden, quizá la respuesta la tenía él mismo, de forma subconsciente: si Bruno se lo había comentado alguna vez, era cuestión de preguntarle a la proyección que tenía de él en su subconsciente.
Rita podía viajar entre sitios de un mismo mundo, y Alfredo podía viajar entre mundos, pero no sabían como trasladar a otra persona más que por medios que deberían solicitar en mundos que no tenían tiempo de visitar. Tenían la teoría de que Bruno sabía hacer ese tipo de viajes, y podía habérselo dicho a cualquiera de los dos.
―Pero no recuerdo – concluyó Alfredo.
―Pero entonces sí podía hacerlo, ¿estás seguro?
Alfredo asintió.
―Quizás me lo dijo a mí. Después de todo, siempre me enseñaba esas cosas. Si alguna vez lo supe...
―No estarás pensando… ―Rita se alarmó.
―Sí, Rita. Lo estoy pensando. Ojala no doliera tanto.
Lo había considerado tan seriamente, que estaba preparado con una barra de metal. Le habría gustado una herida que sanara más fácil, como cortarse una arteria, pero eso sanaba antes de que él muriera desangrado. Las heridas lo suficientemente malas eran sucias y dolorosas, pero Álvaro las aceptaba aunque seguían sin gustarle. Así que, despiadadamente clavó la barra de metal en su pecho. De todas formas, comparado con caer de un risco o ser decapitado, sería una herida fácil de sanar.
Rita, tal era su costumbre, arrancó la barra del pecho de Álvaro una vez que vio que él estaba “muerto”.
En su subconsciente, Alvaro habló con Bruno y al despertar ya sabía que hechizo usaba su padre para viajar entre mundos con compañía. Debía haber un modo más fácil, pero la búsqueda de éste podía esperar.
Para usar éste método, debía escoger a una persona como enlace, y podría trasladarse a donde quisiera en su mundo o en otro, y mediante el tacto podía enviar a otros hacia su enlace; para volver, sólo debía desearlo, y para acabar con el hechizo, sólo necesitaba tocar de nuevo a la persona que servía como nexo.
Cómo Hayden lo llamaba, fue de inmediato a la Tierra, utilizando a Rita como enlace a Ogha. Desapareció dejando una escultura exacta suya, de humo.
Cuando llegó a La Tierra, sin que ningún humo lo acompañara, encontró a cuatro personas en un callejón. No demasiado lejos del sitio en que Hayden había “sabido” que habían llegado los esbirros de Rubén a preguntarle si ya dominaba el idioma.
Desde luego, se había enterado tarde: para cuando él notó su presencia, ellos ya los habían escuchado hablar en español así que le exigieron respuestas para sus preguntas. Además de correr, imitado por Carmen, Hayden había llamado a Álvaro pensando que aunque no pudiera llevarlo a Ogha, quizá podría evitar que lo mataran... por el momento.
Carmen quizá hubiera tenido oportunidad de huir estando sola, pero se había dejado guiar por Hayden, quien corría más despacio y a pesar de la advertencia de ella, se había dirigido al final de la calle, donde Álvaro los encontraba.
Uno de los dos hombres le apuntaba a Hayden con un arma pequeña, parecida en forma a un arcabuz.
―Te daré una sola oportunidad más ―decía el hombre.
A Hayden se le ocurrieron un par de discursos emotivos, pero con tan poco oxígeno apenas si logró emitir un “No”.
La flecha era grande en relación al arma usada para lanzarla. Hayden no fue quien la recibió. Álvaro había aparecido de la nada, justo a tiempo. Arrancó la flecha de su hombro mientras la herida comenzaba a sanar. Inmediatamente tocó a Hayden para enviarlo hasta Rita.
Cuando Hayden desapareció, Álvaro sólo tenía que elegir volver... pero dudó respecto a la muchacha. Fue tiempo más que suficiente para que se lanzara una segunda flecha, está dirigida a él. La flecha lo alcanzó por la espalda, pero apenas lo distrajo. Tocó en el hombro a la terránea, y de inmediato viajó también.
Al llegar a Ogha, sangraba abundantemente y sabía que la herida no se cerraría antes de que él perdiera la conciencia. Una herida innecesaria quizá. Hubiera podido traer a la chica si detenerse a decidir sí corría peligro pese a no tener nada que ver con el asunto. Y, ahora, semi-consciente, ¿no era obvio que corría peligro por sólo haber visto lo que vio? ¿Qué tal por conocer bien a Hayden? El segundo de duda más absurdo de su vida.
Justo cuando antes de perder el sentido, se percató de que Rita lo sujetaba, diciendo algo que él no pudo captar.
Despertó más tarde en su habitación, amplia, cálida y llena de objetos que le recordaban a su familia, perdida hacía tanto tiempo, pero aún parte de su vida.
De inmediato recordó que había muerto y las circunstancias. No perdía de vista la situación, así que de inmediato fue a interrogar a Hayden. Lo encontró, como esperaba, en la sala de invitados, una habitación cercana a la entrada de la casa, con muebles cómodos y coloridos, y decoración bastante diversa, donde se recibía a las visitas. Había un par de puertas cerradas que llevaban a habitaciones dispuestas para dormir, si los invitados así lo necesitaban, pero ni Hayden ni Carmen descansaban. Estaban con Alfredo y Rita, cada quien sentado en la posición que mejor le parecía, esperando a Álvaro.
Hayden le preguntó si estaba bien, se disculpó por haberlo llamado así, causando que lo hirieran. Rita, que hacía tiempo no le preguntaba a Álvaro si estaba bien, sintió algo de pena por Hayden cuando su hermano adoptivo prácticamente ignoró sus preguntas para poder ir al tema que le interesaba. Con ella era similar (por eso ella había dejado de preguntar) pero... no tan brusco.
Álvaro se apresuró a preguntarle a Hayden que era lo que la gente de Rubén le había pedido.
―Es que… Sí, se trata de su… invasión ―dijo Hayden.
―¿Invasión? ―dijo Carmen, quien aún no se reponía del susto y se revolvía el cabello nerviosamente mientras preguntaba y preguntaba cosas (incluyendo algunas que Hayden había explicado antes pero que ella no había creído), esperando que la situación cobrara sentido.
―Sí, esos hombres son parte de un plan de invasión ―dijo Hayden―. Aunque el verdadero peligro es solamente su líder.
―Lo aplastaremos si se atreve ―dijo Rita.
―En realidad ―replicó Hayden―, creo que si obtiene respuestas para sus preguntas va a tener oportunidad.
―¿Y cuales son sus preguntas?― quiso saber Álvaro.
―Necesita saber donde conseguir aliados, como conquistar un mundo que tenga una posición estratégica, el funcionamiento y la ubicación del Convencimiento y… quiere saber como matarte.
―¿Qué? ―dijo Rita, muy asustada, dirigiéndose a Álvaro y no a Hayden― ¿Acaso puede matarte?
Álvaro no lo sabía, y no estaba preocupado porque después de tantas heridas letales superadas, no era capaz de creer que alguien podía matarlo... y sin embargo, su padre había muerto, teniendo exactamente el mismo poder. Muchos inmortales habían evitado incluso la vejez, y nadie parecía saber cómo habían muerto los otros.

*****

Era la primera vez que Álvaro miraba a su contraparte, pero en lugar de ver a Hayden como eso, Álvaro sólo podía ver al perceptivo en él. Por fin habían vencido la barrera idiomática, Hayden se moría por repetir las preguntas que Álvaro no había entendido en el pasado. La mayoría habían sido respondidas por su habilidad pero, por ejemplo, seguía sin saber porque los techos en Ogha se hacían al revés, o mejor dicho inclinados hacia el interior de la casa. Sí, la gente de Rubén quería matarlo, pero estaba más impresionado por conocer por fin a la persona que “pensaba con él”. Álvaro solamente quería saber sobre los planes de Rubén y sus preguntas.
Carmen se quería ir a su casa. Seguía en su lugar en el sillón, ahora muy callada, al parecer ya no era capaz de lanzar interrogantes.
Rita, estaba alterada. Cualquiera podría notarlo, principalmente por la forma en que intentaba ver a todos al mismo tiempo, y seguía frotándose la muñeca izquierda con los dedos índice y medio de la mano opuesta.
Y es que Rita solía ver morir a Álvaro, pero jamás lo tomaba muy bien. Desde que Álvaro había sido adoptado por Alfredo, Rita se había preocupado mucho por el poco cuidado que Álvaro tenía. Las emociones de Rita habían iniciado como afecto, pero habían evolucionado y ya no era tan simple. Estaba enamorada, y si no se lo decía era porque le quedaba muy claro que él realmente la consideraba una hermana, incluso a veces, se avergonzaba por sus sentimientos, ya que en cierto modo, ella también lo consideraba a un hermano a él.
Su corazón se desmoronaba con el más mínimo rasguño de él, ¡ni hablar de cuando lo veía morir! Y ahora, ese chico de la Tierra decía que Rubén quería saber como matarlo de forma definitiva. ¡Por supuesto que Rita estaba aterrorizada!
Hayden no pudo evitar una sonrisa al saber por qué. Ese tipo de reacciones no eran comunes en su hogar. Por otro lado, aquel “romance platónico” le disgustaba: No era justo tener que competir contra el concepto que Rita tenía de Álvaro. Oh, sí, Hayden creía haber encontrado a la mujer perfecta en aquella jovencita de ojos grises y pestañas desordenadas. Fuera de esos dos rasgos, no le agradaba demasiado su físico (sobre todo porque era más alta que él), pero sabía mucho sobre ella sin siquiera haber preguntado nada, y la consideraba adorable y fuerte. ¿Se podía pedir más? Él quería un sitio en el corazón de Rita...
―¿Y tú conoces las respuestas? ―dijo Álvaro, sacándolo de sus complejos pensamientos― Comprenderás que debo saberlo antes que Rubén.
―Pues, conozco dos. Y creo que estoy asimilando otra. La cuarta te la debo. Es que mi don… Te dije cuando queríamos saber sobre los viajes: no funciona tan bien como yo quisiera.
―La información te llegará. Tu don no está fallando ―dijo Álvaro, consiguiendo ser justo con Hayden aunque no le agradaba para nada esa espera―, es que así funciona. ¡El sólo analizar tu entorno ya es bastante! Y eso funciona siempre si te concentras, ¿verdad?
Álvaro valoraba el don de Hayden… incluso más que al propietario. Eso no lo sabía Hayden, pero probablemente no hubiera sido capaz de comprender la diferencia si hubiera tenido la información. Además, en cierto modo, él también había valorado más a Álvaro por ser su contraparte, que por ser quien era. Y es que, durante su infancia, dos factores se habían unido para convertir a Álvaro en el único amigo de Hayden: primero, que Hayden tenía problemas para socializar porque, cuando sabes demasiado, o asustas a la gente o la fastidias; segundo, que Hayden encontraba mucho más fácil entender a Álvaro que a las demás personas. Nunca había sido bueno llevando conversaciones y su contraparte no tenía idea de lo que él tenía en la cabeza, el comprendía todo con sólo preguntarse.
Ahora era diferente: necesitaba hacerse entender. Sabía cuales eran las preguntas de Rubén, y sabía cual era la pregunta de Álvaro. Pero sólo conocía cuatro respuestas. Dijo que prefería discutirlo a solas con el muchacho porque no quería hablar frente a Carmen, porque muchas respuestas tenían que ver directamente con la Tierra, que resultaba ser – como le explicó a solas a Álvaro – ese mundo de localización estratégica que Rubén invadiría para poder iniciar sus planes.
Lo más apropiado, para Rubén, era una invasión discreta y paulatina en ese mundo . Los habitantes de La Tierra podían ser vulnerables e ignorantes de lo que enfrentaban, pero La Sociedad no los dejarían a merced de una persona o grupo que sí perteneciera a un mundo libre, así que la discreción era la clave. El tema del convencimiento era algo más difícil. Álvaro sabía lo que decían las historias: que una mujer había tenido una especie de herramienta para manipular a las personas. Ella era la que hablaba siempre de su arma más poderosa sin dar detalles al respecto, y poco a poco el asunto había ido al archivero de las leyendas. Pero no era un objeto. Hayden lo explicó sin estar muy seguro de si estaba poniendo en palabras lo que realmente quería decir.
Ella jamás tuvo que aceptar un no como respuesta concluyó gracias a su convencimiento, y por la forma en que ella lo decía, la gente creyó que era un objeto, o, por lo menos, un don mágico. Pero sólo era una virtud suya. No algo que pudiera dejar guardado por ahí.
Bueno, entonces, no hay de que preocuparse, Rubén no puede obtenerlo ―meditó Álvaro, en voz alta.
Pero puede perfeccionar esa virtud en si mismo ―le corrigió Hayden―. Tiene el don natural e intenta explotarlo, sólo tiene... un montón de defectos que no dejan que su habilidad para convencer salga a flote. Para empezar, es impaciente. Aún así, hay que considerar la posibilidad.
Sí, es verdad. ... Dijiste que la otra pregunta...
Lo sé únicamente porque vos lo sabés el muchacho miró a todos lados antes de continuar, aquella información a él le parecía peligrosa “Un corazón roto es algo que no sana ni con magia ni con un don como el tuyo”. Tú estabas ahí cuando se lo dijeron a tu padre.
Sí, así es, ahora que lo mencionas... ―eso no le preocupaba demasiado, no estaba demasiado consciente de su “corazón”, y algo le había llamado la atención― Hayden, dime una cosa, ¿por qué revisas con la mirada si alguien te vigila? Puedes saberlo con sólo preguntártelo.
Así es como lo sé, en realidad sonrió Hayden Es sólo que... me tomó mucho tiempo entender mi don, y manejarlo como lo hago; me acostumbré a hacer lo que hacen todos, mirar, leer libros, hacer preguntas.... Cuando hablo con la gente, es todo menos... extraño. Y ahora, quiero escucharte decirlo.
¿Decir qué?
¿Qué querés saber? Si me lo decís, me sentiré más tranquilo al responderte.
Por un segundo Álvaro se quedó mirando al otro, con expresión de desconcierto. Los perceptivos si eran gente... excentrica.
Te incomoda responderme lo que no he preguntado... pero no te incomoda decir que ya sabes qué preguntaré. Tienes que admitir que es extraño.
Sí me incomoda, pero estoy impaciente.
Quiero saber... ¿Cómo termino con esto de una vez?
Algunos de sus esbirros quieren abandonarlo. Han esperado demasiado... además, no les gusta lo que han visto al conocerlo mejor. Si lo dejás creer que puede matarte, te atacará. Entonces podrás hacer lo necesario. Necesitás que uno sólo lo traicione... uno en particular. Uno que pueda confundirlo para realizar un encuentro en que se verá en desventaja y cegarlo cuando éste ocurra. Sorprendido y ciego, lo tendrás increíblemente fácil. Y si dudás entonces, no tendrás otra oportunidad como esa: no bajará la guardia de nuevo.
¿Como sabes todo eso? ―dijo Álvaro, confuso― Suena como futuro.
Eso es. Una de las adivinas que trabaja para Rubén lo vio. No se lo ha dicho porque no le molestaría si lo matás. En todo caso, estas cosas no pasan hasta que pasan, y lo que los adivinos ven es solo... posible.
Conozco gente que podría cegarlo, ¿por qué debe ser uno de los suyos?
Porque él va a estar ahí. Sólo serán vos, Rubén, y dos de los suyos.
Y uno de ellos es el que lo tiene que traicionar... ―dijo Álvaro, intentando pensar quién podría ser ese individuo.
Sí... un adivino.
¡Ya conozco a esa persona! Un espía que detectamos hace poco tiene esas cualidades... Supongo que no puedes darme una pista sobre ese legendario convencimiento que ahora necesitaré tanto.
Pues sí, puedo. Ofrécele lo que Rubén sigue sin darle: un lugar digno para la última familia que le queda, su hermana. Sucede que ella tiene una antigua enfermedad, algo no contagioso pero sí desagradable de ver. Ah sido objeto de ascos, burlas y hasta miedo. León quería compensarle todo eso... además Rubén es algo temible y León tampoco debió tener valor de decirle que no cuando le propuso unírsele.
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