lunes, 24 de octubre de 2011

Contrapartes Nº2. La caída de la barrera idiomática







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La caída de la barrera idiomática.
Hayden no se parecía en nada a su contraparte.
Mientras Álvaro cuidaba de su mundo, donde se conocían los detalles de la estructura del universo y consideraban que a los 15 ya se alcanzó la madurez, Hayden se divertía en un mundo no libre(ignorante de la existencia de otros mundos, de La Sociedad, e incluso de que existían capas) y en el que a los 17 todavía se es un niño y un dolor de cabeza para padres y maestros. Álvaro era imposible de matar aún si separaban su cabeza del resto de su cuerpo, en tanto Hayden era derrotado por el más insignificante resfriado. Álvaro era bajito, fornido, fuerte; Hayden tenía una estatura dentro de la media, pero parecía muy alto(y siempre a punto de romperse) por que era flaco, flaco, flaco. Hablaban idiomas distintos, porque en la región de la Tierra donde Hayden vivía no se había oficializado el español, y no planeaban hacerlo. Cuando Álvaro quería saber algo utilizaba los grandes bancos de información de Ogha, ya fuera visitando una biblioteca o a los Contadores de Memorias, cuando Hayden quería saber algo, usaba el grande y completo banco de información del universo, cuya naturaleza nadie parecía conocer.
Ni los mismos perceptivos tenían la respuesta para preguntas básicas sobre sus conocimientos, como ser ¿de dónde viene esa información? (ni idea) ¿por qué los perceptivos son perceptivos? (sólo sabían que en la mayoría de los casos resultaba hereditario) ¿Qué determina el tipo de perceptivo? (Los Buscadores de Soluciones, una sección de La Sociedad de Mundos Libres, no habían logrado establecer la clasificación con claridad, pero en general eran tres tipos: los que sabían datos al azar, los que sabían aquello que les resultaría útil y los que sabían lo que querían saber)...
Hayden no encajaba en ninguna de las clasificaciones, pues tenía rasgos de dos. Por lo general funcionaba como preguntarle a alguien más: formulaba la pregunta, y entonces conocía la respuesta... excepto en algunas ocasiones en que se quedaba en blanco, esperando con impaciencia para no obtener nada hasta mucho tiempo después cuando algún engranaje caía en su sitio. A veces no obtenía respuesta alguna... aunque tal vez sólo estaban demorándose mucho más. En cambio, a veces se percataba de datos al azar, unos útiles y otros irrelevantes, y las revelaciones lo hacían perder la concentración en sus actividades habituales.
No sabía como aprender español. ¿Había una pregunta para eso? Nunca necesitaba el idioma, ya que sabía lo que cruzaba por la cabeza de Álvaro, aunque este pensara en otro lenguaje. No podía creer que su vínculo como contrapartes no le sirviera a Álvaro para entender, después de todo, se trataba del pensamiento. Pero, claro, aún los pensamientos se construyen de cierta manera, y ellos no lo hacían igual. A veces, sólo a veces, Álvaro captaba alguna idea que estaba tan cruda que todavía no había sido estructurada al inglés, pero esas ideas solían ser inútiles y subconscientes.
Por primera vez, Hayden necesitaba comunicarse con su contraparte, ya que tenía respuestas para él, no suficientes pero eran algo y quizá después de hablar con Álvaro, pudiera obtener la información restante.
La pregunta importante, la enfocó con ironía en el pasado, y quizá por eso no tuvo respuesta. Pero ahora, esa pregunta era todo lo que tenía: ¿Existía una pregunta cuya respuesta le proporcionara los métodos del idioma de Álvaro? La respuesta era sí, y la obtuvo sin su habilidad de perceptivo el día en que jugaban quemados en la clase de deporte y Michael aprovechó para sacarse un rencorcillo guardado hacía Carmen, lanzando el balón con fuerza contra el rostro de la muchacha.
¡Hijo de....! La pobre mujer que te parió ―dijo la muchacha, cambiando su tono del más rabioso grito a una frase impersonal, dicha solo para terminar de hablar sin pronunciar la palabra por la que su madre le había dicho que se iría al infierno, pero que su tía usaba todo el tiempo.
Así era Carmen, muy religiosa y una hija ejemplar. La mejor de la clase, aunque cuando empezaba la escuela había tenido problemas con el idioma y su madre incluso había recibido una nota diciendo que si seguían enseñándole español, la niña nunca iba a aprender inglés y no entendería nada en la escuela. La madre quería obedecer, pero no podía evitar dar el ejemplo, y ya bastante costaba que la niña no aprendiera palabrotas de sus tíos (tanto los que vivían cerca como los que la llamaban en navidad). Ahora, con dieciséis cumplidos, Carmen manejaba perfectamente ambos idiomas, y los usaba según la gente con la cual hablaba.
Carmen y Hayden eran muy buenos amigos desde que él le había ayudado por primera vez a ganar un conflicto con Michael, y conversaban mucho sin que ella dijera nada en español, aunque sí había mencionado ser latinoamericana. El perceptivo no había sido capaz de imaginar que ella era bilingüe. Pero ahora que se había salido de sus casillas y había vociferado algo que Hayden no entendió, la pregunta correcta fue evidente.
Can you teach me Spanish?
Ella asintió y, en el transcurso de un mes, Carmen hizo muy poco para que Hayden aprendiera Español. Ya fuera por ser perceptivo, o por haber estado tan cerca de las ideas en español de Álvaro, Hayden aprendía muy fácilmente.
Fue un buen mes: aprender un idioma, presentar exámenes, pelear con su hermano mayor, esconderse para que Michael no le diera una paliza... tener que entrar a deporte donde recibió la paliza después de todo... Desquitarse... Jugar en línea un día y aburrirse al siguiente. Aprobar todas las evaluaciones con excepción de deporte... Prometerse a sí mismo que haría ejercicio y olvidar la promesa. Sentirse común (tanto que no se preguntaba si lo era) a pesar de tener una habilidad rara en La Tierra.
Las vacaciones estaban cerca y todo era radiante, pero estaba a punto de cambiar. Había algo en la biblioteca del colegio que no pertenecía ahí. Una muchacha de último año, Kirsthen, encontró el libro con la portada en español. Presumiendo su calidad de bilingüe dijo en voz alta lo más parecido a la traducción correcta:
“We need knowledge... so we look for... the one who knows.”
Las letras brillaron tan débilmente que nadie llegó a notarlo, y en un mundo que no era el de Hayden pero tampoco el de Álvaro, dos esbirros de Rubén fueron capaces de viajar a la Tierra.
Hechicería. Era, probablemente, uno de los términos más generalizados entre los mundos libres. Mientras otras habilidades tenían nombres muy variados, la capacidad de hacer cambiar las cosas mediante palabras era llamada hechicería en casi todos los mundos libres y algunos no libres. No obstante, en algunos mundos se usaba indistintamente con el termino magia, o en lugar de este, mientras en otros, llamaban magia a la hechicería superior, en resumen, al hecho de poder conseguir “imposibles”. Después de todo, la hechicería era muy amplia y lo que para los habitantes de algunos mundos era hechicería común, resultaba muy difícil o imposible para los hechiceros de otro lugar.
En el caso de estos hechiceros, no podían viajar directamente de su mundo a la tierra, pero podrían haber hecho escala en otros sitios. Su problema no era el viaje en realidad, era que no sabían a donde iban. Por eso, hicieron el hechizo del libro, que apareció inocentemente y que les permitiría rastrear a su presa: brillaría en la presencia de un perceptivo. Alguien brillante en la hechicería hubiera podido poner el libro casi directamente en manos de algún perceptivo y viajar cuando este leyera la portada. Pero ellos, los mejores que colaboraban con Rubén, eran capaces sólo de viajar al ser leído el libro, y de imponer que el libro tuviera particular atracción respecto a los perceptivos, así llegaría a manos de uno rápidamente.
Había demasiado al azar, ya que en La Tierra había apenas un perceptivo por cada millón y medio de humanos, más o menos. Muchos de estos habían dejado que su habilidad se echara a perder. Podía ser que el libro pasara por un millón y medio de pares de manos antes de llegar al perceptivo. O podía ser que el primero en verlo, tuviera la habilidad. Rubén, cuya capacidad mágica era maravillosa en batalla pero inútil en cuanto a búsquedas y hechizos duraderos, había exigido resultados inmediatos y eso era la mejor idea hasta el momento.
Hicieron el viaje “guiados” por su hechizo, apareciendo en un pasillo desierto a la hora de clases, sin ningún tipo de ruido ni luces ni nada. Sólo, estaban ahí de pronto, como si siempre hubieran estado en ese pasillo. Sonó el timbre del segundo receso.
Cuando intentaron hacer preguntas, se encontraron con una desagradable sorpresa: nadie hablaba su idioma. Aquello representaba un obstáculo importante, pero no estaban del todo perdidos, ya que mientras ellos buscaban a alguien que hablara español, el libro con la portada en un idioma extranjero recorría el colegio de mano en mano hasta llegar a Carmen porque a alguien se le ocurrió que ella podía saber de que era. No sabía, por supuesto, y en el interior contenía lo que parecían ser palabras al azar.
Atraídos por el libro y por la voz de Carmen discutiendo en español con su hermana, llegaron a Hayden, aún ignorantes de que él era la persona a quien estaban buscando.
No tenían manera de identificarlo, excepto por el hechizo en el libro que funcionó como debía: las letras en la portada del libro emitían un brillo tan débil que pasaba desapercibido para los jóvenes que lo tenían pero que les sirvió a ellos para comprender que uno de los tres era a quien buscaban. Descartaron a Carmen pues sabían que de ser la perceptiva el brillo en el libro habría sido mucho mayor. Así, se las ingeniaron para poner el libro en manos de la otra chica. Eso fue fácil, pidiéndolo prestado un segundo y devolviéndolo no a Carmen si no a su hermana. Comprendieron – y Hayden supo que ellos sabían– que ella era una humana normal.
Hayden usó el vínculo que tienen todos los contrapartes, para comunicarse con Álvaro, y éste se sorprendió al “escuchar” la voz en su subconsciente:
―Hay unos hombres aquí, y quieren saber…
―¿Desde cuando sabes español? ―Álvaro formuló la pregunta en voz alta.
―Una compañera latina me enseñó español ―respondió Hayden, a prisa, directamente de sus pensamientos a la conciencia de Álvaro―. Poné atención: estos hombres quieren averiguar algo que preguntó ese enemigo tuyo, Rubén. No voy a decirles nada pero me podrían matar.
Latina: palabra terránea que más tarde averiguaría que significaba. Poné atención: ¿pon atención? Eso debía significar. Rubén: esa palabra la conocía muy bien.
―No dudes que lo harán. Voy a buscarte, pero no sé como ir a la Tierra, ¿tú lo sabes? ―esta vez, en lugar de hablar, puso la idea en la mente de su contraparte, como tantas veces lo había hecho antes sin entender las respuestas de Hayden.
―No. Puedo averiguar, pero no sé si sea lo bastante rápido.
―Pues, por ahora, di que… ¡Finge que no hablas español!
Inconscientemente, mientras dejaba de dirigirse a su contraparte, Hayden atrapó el libro que uno de aquellos tipos le había lanzado. Las letras brillaron intensamente, causando el asombro de las chicas.
En inglés, les pidió a las hermanas que no les dijeran a los extraños que él sabía hablar español. Ellas hicieron caso, y Carmen incluso mintió sin ninguna dificultad. Así, los sujetos infringieron tranquilamente las normas establecidas por la sociedad (sobre no involucrar en asuntos de mundos libres a personas que aún ignoran la estructura del universo) y usaron a Carmen como intermediaria para hacerle la primera de sus preguntas al muchacho. Pero Carmen, hizo tal embrollo, que los extraños la dieron por inepta.
¿Y entonces? ―le preguntó uno de los extraños al que lo acompañaba― ¿Nos lo llevamos?
―Seguirá sin saber el idioma general.
Lo pensaron unos instantes, siempre vigilando a los estudiantes terráneos. Finalmente tomaron una decisión y después de ordenarle a Hayden que aprendiera español tan pronto como fuera posible, se marcharon, esperando que Carmen hubiera traducido bien sus exigencias y sus amenazas.
Carmen hizo más preguntas que su hermana y no se conformó con las evasivas de Hayden. Insistió todo el día, y como todavía no tenía respuestas convincentes, continuaría preguntando al día siguiente.
Dos días después, saliendo de clases, Carmen interrogaba a Hayden sobre el incidente con la misma insistencia. No entendía porque le desagradaban si no los conocía, y finalmente ella preguntó tanto que él tuvo que responder. Cuando ya estaban más cerca de la casa de ella, en una calle sin aceras y de un sólo sentido, le explicó sobre su habilidad, y sobre la existencia de otro mundo que Rubén y otros individuos pensaban invadir, justo ahora sabía, gracias a su habilidad, que esos hombres esperaban que él les proporcionara información para salir vencedores.
Mientras él explicaba, Carmen caminaba en silencio a su lado, girando la cabeza en ocasiones para mirar su expresión. Se preguntó si no estaría eligiendo las palabras equivocadas, ya que él hablaba en español para evitar que alguien los escuchara y entendiera, pero el asunto difícilmente sería tomado en serio por alguien y ni siquiera había nadie cerca.
Ella negó con la cabeza.
―Me tomás el pelo, ¿verdad?
―What? Why should I…? ―Hayden suspiró dándose por vencido en la tarea de comprender la expresión que había usado ella― I don’t understand.
―I mean… Are you kidding me?
―You saw the words shining too. Didn’t you?
―Yes, but… I… ¿Cómo te voy a creer que sos un adivino? ―dijo ella cruzándose de brazos.
―¿Adivino? No. Eso es otra cosa. A mi me dicen perceptivo, creo. No adivino.
―¡Estás loco!
Súbitamente, Hayden vio hacia atrás con preocupación.
Damm! I hate surprises! ―se quejó, echando la cabeza hacia atrás, con expresión de fastidio.
Su amiga no comprendió a qué se refería, hasta que ella misma vio hacia atrás.

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