lunes, 31 de octubre de 2011

Contrapartes Nº3 Preguntas y Respuestas




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Preguntas y Respuestas.

Si el mejor amigo de su padre no sabía como llevar con ellos a Hayden, quizá la respuesta la tenía él mismo, de forma subconsciente: si Bruno se lo había comentado alguna vez, era cuestión de preguntarle a la proyección que tenía de él en su subconsciente.
Rita podía viajar entre sitios de un mismo mundo, y Alfredo podía viajar entre mundos, pero no sabían como trasladar a otra persona más que por medios que deberían solicitar en mundos que no tenían tiempo de visitar. Tenían la teoría de que Bruno sabía hacer ese tipo de viajes, y podía habérselo dicho a cualquiera de los dos.
―Pero no recuerdo – concluyó Alfredo.
―Pero entonces sí podía hacerlo, ¿estás seguro?
Alfredo asintió.
―Quizás me lo dijo a mí. Después de todo, siempre me enseñaba esas cosas. Si alguna vez lo supe...
―No estarás pensando… ―Rita se alarmó.
―Sí, Rita. Lo estoy pensando. Ojala no doliera tanto.
Lo había considerado tan seriamente, que estaba preparado con una barra de metal. Le habría gustado una herida que sanara más fácil, como cortarse una arteria, pero eso sanaba antes de que él muriera desangrado. Las heridas lo suficientemente malas eran sucias y dolorosas, pero Álvaro las aceptaba aunque seguían sin gustarle. Así que, despiadadamente clavó la barra de metal en su pecho. De todas formas, comparado con caer de un risco o ser decapitado, sería una herida fácil de sanar.
Rita, tal era su costumbre, arrancó la barra del pecho de Álvaro una vez que vio que él estaba “muerto”.
En su subconsciente, Alvaro habló con Bruno y al despertar ya sabía que hechizo usaba su padre para viajar entre mundos con compañía. Debía haber un modo más fácil, pero la búsqueda de éste podía esperar.
Para usar éste método, debía escoger a una persona como enlace, y podría trasladarse a donde quisiera en su mundo o en otro, y mediante el tacto podía enviar a otros hacia su enlace; para volver, sólo debía desearlo, y para acabar con el hechizo, sólo necesitaba tocar de nuevo a la persona que servía como nexo.
Cómo Hayden lo llamaba, fue de inmediato a la Tierra, utilizando a Rita como enlace a Ogha. Desapareció dejando una escultura exacta suya, de humo.
Cuando llegó a La Tierra, sin que ningún humo lo acompañara, encontró a cuatro personas en un callejón. No demasiado lejos del sitio en que Hayden había “sabido” que habían llegado los esbirros de Rubén a preguntarle si ya dominaba el idioma.
Desde luego, se había enterado tarde: para cuando él notó su presencia, ellos ya los habían escuchado hablar en español así que le exigieron respuestas para sus preguntas. Además de correr, imitado por Carmen, Hayden había llamado a Álvaro pensando que aunque no pudiera llevarlo a Ogha, quizá podría evitar que lo mataran... por el momento.
Carmen quizá hubiera tenido oportunidad de huir estando sola, pero se había dejado guiar por Hayden, quien corría más despacio y a pesar de la advertencia de ella, se había dirigido al final de la calle, donde Álvaro los encontraba.
Uno de los dos hombres le apuntaba a Hayden con un arma pequeña, parecida en forma a un arcabuz.
―Te daré una sola oportunidad más ―decía el hombre.
A Hayden se le ocurrieron un par de discursos emotivos, pero con tan poco oxígeno apenas si logró emitir un “No”.
La flecha era grande en relación al arma usada para lanzarla. Hayden no fue quien la recibió. Álvaro había aparecido de la nada, justo a tiempo. Arrancó la flecha de su hombro mientras la herida comenzaba a sanar. Inmediatamente tocó a Hayden para enviarlo hasta Rita.
Cuando Hayden desapareció, Álvaro sólo tenía que elegir volver... pero dudó respecto a la muchacha. Fue tiempo más que suficiente para que se lanzara una segunda flecha, está dirigida a él. La flecha lo alcanzó por la espalda, pero apenas lo distrajo. Tocó en el hombro a la terránea, y de inmediato viajó también.
Al llegar a Ogha, sangraba abundantemente y sabía que la herida no se cerraría antes de que él perdiera la conciencia. Una herida innecesaria quizá. Hubiera podido traer a la chica si detenerse a decidir sí corría peligro pese a no tener nada que ver con el asunto. Y, ahora, semi-consciente, ¿no era obvio que corría peligro por sólo haber visto lo que vio? ¿Qué tal por conocer bien a Hayden? El segundo de duda más absurdo de su vida.
Justo cuando antes de perder el sentido, se percató de que Rita lo sujetaba, diciendo algo que él no pudo captar.
Despertó más tarde en su habitación, amplia, cálida y llena de objetos que le recordaban a su familia, perdida hacía tanto tiempo, pero aún parte de su vida.
De inmediato recordó que había muerto y las circunstancias. No perdía de vista la situación, así que de inmediato fue a interrogar a Hayden. Lo encontró, como esperaba, en la sala de invitados, una habitación cercana a la entrada de la casa, con muebles cómodos y coloridos, y decoración bastante diversa, donde se recibía a las visitas. Había un par de puertas cerradas que llevaban a habitaciones dispuestas para dormir, si los invitados así lo necesitaban, pero ni Hayden ni Carmen descansaban. Estaban con Alfredo y Rita, cada quien sentado en la posición que mejor le parecía, esperando a Álvaro.
Hayden le preguntó si estaba bien, se disculpó por haberlo llamado así, causando que lo hirieran. Rita, que hacía tiempo no le preguntaba a Álvaro si estaba bien, sintió algo de pena por Hayden cuando su hermano adoptivo prácticamente ignoró sus preguntas para poder ir al tema que le interesaba. Con ella era similar (por eso ella había dejado de preguntar) pero... no tan brusco.
Álvaro se apresuró a preguntarle a Hayden que era lo que la gente de Rubén le había pedido.
―Es que… Sí, se trata de su… invasión ―dijo Hayden.
―¿Invasión? ―dijo Carmen, quien aún no se reponía del susto y se revolvía el cabello nerviosamente mientras preguntaba y preguntaba cosas (incluyendo algunas que Hayden había explicado antes pero que ella no había creído), esperando que la situación cobrara sentido.
―Sí, esos hombres son parte de un plan de invasión ―dijo Hayden―. Aunque el verdadero peligro es solamente su líder.
―Lo aplastaremos si se atreve ―dijo Rita.
―En realidad ―replicó Hayden―, creo que si obtiene respuestas para sus preguntas va a tener oportunidad.
―¿Y cuales son sus preguntas?― quiso saber Álvaro.
―Necesita saber donde conseguir aliados, como conquistar un mundo que tenga una posición estratégica, el funcionamiento y la ubicación del Convencimiento y… quiere saber como matarte.
―¿Qué? ―dijo Rita, muy asustada, dirigiéndose a Álvaro y no a Hayden― ¿Acaso puede matarte?
Álvaro no lo sabía, y no estaba preocupado porque después de tantas heridas letales superadas, no era capaz de creer que alguien podía matarlo... y sin embargo, su padre había muerto, teniendo exactamente el mismo poder. Muchos inmortales habían evitado incluso la vejez, y nadie parecía saber cómo habían muerto los otros.

*****

Era la primera vez que Álvaro miraba a su contraparte, pero en lugar de ver a Hayden como eso, Álvaro sólo podía ver al perceptivo en él. Por fin habían vencido la barrera idiomática, Hayden se moría por repetir las preguntas que Álvaro no había entendido en el pasado. La mayoría habían sido respondidas por su habilidad pero, por ejemplo, seguía sin saber porque los techos en Ogha se hacían al revés, o mejor dicho inclinados hacia el interior de la casa. Sí, la gente de Rubén quería matarlo, pero estaba más impresionado por conocer por fin a la persona que “pensaba con él”. Álvaro solamente quería saber sobre los planes de Rubén y sus preguntas.
Carmen se quería ir a su casa. Seguía en su lugar en el sillón, ahora muy callada, al parecer ya no era capaz de lanzar interrogantes.
Rita, estaba alterada. Cualquiera podría notarlo, principalmente por la forma en que intentaba ver a todos al mismo tiempo, y seguía frotándose la muñeca izquierda con los dedos índice y medio de la mano opuesta.
Y es que Rita solía ver morir a Álvaro, pero jamás lo tomaba muy bien. Desde que Álvaro había sido adoptado por Alfredo, Rita se había preocupado mucho por el poco cuidado que Álvaro tenía. Las emociones de Rita habían iniciado como afecto, pero habían evolucionado y ya no era tan simple. Estaba enamorada, y si no se lo decía era porque le quedaba muy claro que él realmente la consideraba una hermana, incluso a veces, se avergonzaba por sus sentimientos, ya que en cierto modo, ella también lo consideraba a un hermano a él.
Su corazón se desmoronaba con el más mínimo rasguño de él, ¡ni hablar de cuando lo veía morir! Y ahora, ese chico de la Tierra decía que Rubén quería saber como matarlo de forma definitiva. ¡Por supuesto que Rita estaba aterrorizada!
Hayden no pudo evitar una sonrisa al saber por qué. Ese tipo de reacciones no eran comunes en su hogar. Por otro lado, aquel “romance platónico” le disgustaba: No era justo tener que competir contra el concepto que Rita tenía de Álvaro. Oh, sí, Hayden creía haber encontrado a la mujer perfecta en aquella jovencita de ojos grises y pestañas desordenadas. Fuera de esos dos rasgos, no le agradaba demasiado su físico (sobre todo porque era más alta que él), pero sabía mucho sobre ella sin siquiera haber preguntado nada, y la consideraba adorable y fuerte. ¿Se podía pedir más? Él quería un sitio en el corazón de Rita...
―¿Y tú conoces las respuestas? ―dijo Álvaro, sacándolo de sus complejos pensamientos― Comprenderás que debo saberlo antes que Rubén.
―Pues, conozco dos. Y creo que estoy asimilando otra. La cuarta te la debo. Es que mi don… Te dije cuando queríamos saber sobre los viajes: no funciona tan bien como yo quisiera.
―La información te llegará. Tu don no está fallando ―dijo Álvaro, consiguiendo ser justo con Hayden aunque no le agradaba para nada esa espera―, es que así funciona. ¡El sólo analizar tu entorno ya es bastante! Y eso funciona siempre si te concentras, ¿verdad?
Álvaro valoraba el don de Hayden… incluso más que al propietario. Eso no lo sabía Hayden, pero probablemente no hubiera sido capaz de comprender la diferencia si hubiera tenido la información. Además, en cierto modo, él también había valorado más a Álvaro por ser su contraparte, que por ser quien era. Y es que, durante su infancia, dos factores se habían unido para convertir a Álvaro en el único amigo de Hayden: primero, que Hayden tenía problemas para socializar porque, cuando sabes demasiado, o asustas a la gente o la fastidias; segundo, que Hayden encontraba mucho más fácil entender a Álvaro que a las demás personas. Nunca había sido bueno llevando conversaciones y su contraparte no tenía idea de lo que él tenía en la cabeza, el comprendía todo con sólo preguntarse.
Ahora era diferente: necesitaba hacerse entender. Sabía cuales eran las preguntas de Rubén, y sabía cual era la pregunta de Álvaro. Pero sólo conocía cuatro respuestas. Dijo que prefería discutirlo a solas con el muchacho porque no quería hablar frente a Carmen, porque muchas respuestas tenían que ver directamente con la Tierra, que resultaba ser – como le explicó a solas a Álvaro – ese mundo de localización estratégica que Rubén invadiría para poder iniciar sus planes.
Lo más apropiado, para Rubén, era una invasión discreta y paulatina en ese mundo . Los habitantes de La Tierra podían ser vulnerables e ignorantes de lo que enfrentaban, pero La Sociedad no los dejarían a merced de una persona o grupo que sí perteneciera a un mundo libre, así que la discreción era la clave. El tema del convencimiento era algo más difícil. Álvaro sabía lo que decían las historias: que una mujer había tenido una especie de herramienta para manipular a las personas. Ella era la que hablaba siempre de su arma más poderosa sin dar detalles al respecto, y poco a poco el asunto había ido al archivero de las leyendas. Pero no era un objeto. Hayden lo explicó sin estar muy seguro de si estaba poniendo en palabras lo que realmente quería decir.
Ella jamás tuvo que aceptar un no como respuesta concluyó gracias a su convencimiento, y por la forma en que ella lo decía, la gente creyó que era un objeto, o, por lo menos, un don mágico. Pero sólo era una virtud suya. No algo que pudiera dejar guardado por ahí.
Bueno, entonces, no hay de que preocuparse, Rubén no puede obtenerlo ―meditó Álvaro, en voz alta.
Pero puede perfeccionar esa virtud en si mismo ―le corrigió Hayden―. Tiene el don natural e intenta explotarlo, sólo tiene... un montón de defectos que no dejan que su habilidad para convencer salga a flote. Para empezar, es impaciente. Aún así, hay que considerar la posibilidad.
Sí, es verdad. ... Dijiste que la otra pregunta...
Lo sé únicamente porque vos lo sabés el muchacho miró a todos lados antes de continuar, aquella información a él le parecía peligrosa “Un corazón roto es algo que no sana ni con magia ni con un don como el tuyo”. Tú estabas ahí cuando se lo dijeron a tu padre.
Sí, así es, ahora que lo mencionas... ―eso no le preocupaba demasiado, no estaba demasiado consciente de su “corazón”, y algo le había llamado la atención― Hayden, dime una cosa, ¿por qué revisas con la mirada si alguien te vigila? Puedes saberlo con sólo preguntártelo.
Así es como lo sé, en realidad sonrió Hayden Es sólo que... me tomó mucho tiempo entender mi don, y manejarlo como lo hago; me acostumbré a hacer lo que hacen todos, mirar, leer libros, hacer preguntas.... Cuando hablo con la gente, es todo menos... extraño. Y ahora, quiero escucharte decirlo.
¿Decir qué?
¿Qué querés saber? Si me lo decís, me sentiré más tranquilo al responderte.
Por un segundo Álvaro se quedó mirando al otro, con expresión de desconcierto. Los perceptivos si eran gente... excentrica.
Te incomoda responderme lo que no he preguntado... pero no te incomoda decir que ya sabes qué preguntaré. Tienes que admitir que es extraño.
Sí me incomoda, pero estoy impaciente.
Quiero saber... ¿Cómo termino con esto de una vez?
Algunos de sus esbirros quieren abandonarlo. Han esperado demasiado... además, no les gusta lo que han visto al conocerlo mejor. Si lo dejás creer que puede matarte, te atacará. Entonces podrás hacer lo necesario. Necesitás que uno sólo lo traicione... uno en particular. Uno que pueda confundirlo para realizar un encuentro en que se verá en desventaja y cegarlo cuando éste ocurra. Sorprendido y ciego, lo tendrás increíblemente fácil. Y si dudás entonces, no tendrás otra oportunidad como esa: no bajará la guardia de nuevo.
¿Como sabes todo eso? ―dijo Álvaro, confuso― Suena como futuro.
Eso es. Una de las adivinas que trabaja para Rubén lo vio. No se lo ha dicho porque no le molestaría si lo matás. En todo caso, estas cosas no pasan hasta que pasan, y lo que los adivinos ven es solo... posible.
Conozco gente que podría cegarlo, ¿por qué debe ser uno de los suyos?
Porque él va a estar ahí. Sólo serán vos, Rubén, y dos de los suyos.
Y uno de ellos es el que lo tiene que traicionar... ―dijo Álvaro, intentando pensar quién podría ser ese individuo.
Sí... un adivino.
¡Ya conozco a esa persona! Un espía que detectamos hace poco tiene esas cualidades... Supongo que no puedes darme una pista sobre ese legendario convencimiento que ahora necesitaré tanto.
Pues sí, puedo. Ofrécele lo que Rubén sigue sin darle: un lugar digno para la última familia que le queda, su hermana. Sucede que ella tiene una antigua enfermedad, algo no contagioso pero sí desagradable de ver. Ah sido objeto de ascos, burlas y hasta miedo. León quería compensarle todo eso... además Rubén es algo temible y León tampoco debió tener valor de decirle que no cuando le propuso unírsele.
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lunes, 24 de octubre de 2011

Contrapartes. Ficha.

Contrapartes

Mundos involucrados: La Tierra, Ogha.
Personajes Principales: Álvaro, Carmen, Hayden, Rita, Ruben, Alfredo.

Argumento en tres líneas: Alvaro y Hayden tienen un nexo especial: son contrapartes. Alvaro tiene una importante responsabilidad cuidando de la seguridad de Ogha, y necesitará la ayuda de Hayden ahora que Rubén planea invadir. Hayden es de la Tierra, pero igual quiere ayudar, para eso están los contrapartes. 

Incluye: Alto indice de Coincidencias  ||| Violencia ||| Romance (nah, no es tan alto).

También publicándose en Revista No Lo Leas. A partir del número 95.


Índice

Invasores.
La caída de la única barrera.
Preguntas y Respuestas.
Información Tardía.
Terráneos.
Emociones.
No Ser Inmortal.
Secretos.
Otra Manera
La Última Muerte.

Contrapartes Nº2. La caída de la barrera idiomática







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La caída de la barrera idiomática.
Hayden no se parecía en nada a su contraparte.
Mientras Álvaro cuidaba de su mundo, donde se conocían los detalles de la estructura del universo y consideraban que a los 15 ya se alcanzó la madurez, Hayden se divertía en un mundo no libre(ignorante de la existencia de otros mundos, de La Sociedad, e incluso de que existían capas) y en el que a los 17 todavía se es un niño y un dolor de cabeza para padres y maestros. Álvaro era imposible de matar aún si separaban su cabeza del resto de su cuerpo, en tanto Hayden era derrotado por el más insignificante resfriado. Álvaro era bajito, fornido, fuerte; Hayden tenía una estatura dentro de la media, pero parecía muy alto(y siempre a punto de romperse) por que era flaco, flaco, flaco. Hablaban idiomas distintos, porque en la región de la Tierra donde Hayden vivía no se había oficializado el español, y no planeaban hacerlo. Cuando Álvaro quería saber algo utilizaba los grandes bancos de información de Ogha, ya fuera visitando una biblioteca o a los Contadores de Memorias, cuando Hayden quería saber algo, usaba el grande y completo banco de información del universo, cuya naturaleza nadie parecía conocer.
Ni los mismos perceptivos tenían la respuesta para preguntas básicas sobre sus conocimientos, como ser ¿de dónde viene esa información? (ni idea) ¿por qué los perceptivos son perceptivos? (sólo sabían que en la mayoría de los casos resultaba hereditario) ¿Qué determina el tipo de perceptivo? (Los Buscadores de Soluciones, una sección de La Sociedad de Mundos Libres, no habían logrado establecer la clasificación con claridad, pero en general eran tres tipos: los que sabían datos al azar, los que sabían aquello que les resultaría útil y los que sabían lo que querían saber)...
Hayden no encajaba en ninguna de las clasificaciones, pues tenía rasgos de dos. Por lo general funcionaba como preguntarle a alguien más: formulaba la pregunta, y entonces conocía la respuesta... excepto en algunas ocasiones en que se quedaba en blanco, esperando con impaciencia para no obtener nada hasta mucho tiempo después cuando algún engranaje caía en su sitio. A veces no obtenía respuesta alguna... aunque tal vez sólo estaban demorándose mucho más. En cambio, a veces se percataba de datos al azar, unos útiles y otros irrelevantes, y las revelaciones lo hacían perder la concentración en sus actividades habituales.
No sabía como aprender español. ¿Había una pregunta para eso? Nunca necesitaba el idioma, ya que sabía lo que cruzaba por la cabeza de Álvaro, aunque este pensara en otro lenguaje. No podía creer que su vínculo como contrapartes no le sirviera a Álvaro para entender, después de todo, se trataba del pensamiento. Pero, claro, aún los pensamientos se construyen de cierta manera, y ellos no lo hacían igual. A veces, sólo a veces, Álvaro captaba alguna idea que estaba tan cruda que todavía no había sido estructurada al inglés, pero esas ideas solían ser inútiles y subconscientes.
Por primera vez, Hayden necesitaba comunicarse con su contraparte, ya que tenía respuestas para él, no suficientes pero eran algo y quizá después de hablar con Álvaro, pudiera obtener la información restante.
La pregunta importante, la enfocó con ironía en el pasado, y quizá por eso no tuvo respuesta. Pero ahora, esa pregunta era todo lo que tenía: ¿Existía una pregunta cuya respuesta le proporcionara los métodos del idioma de Álvaro? La respuesta era sí, y la obtuvo sin su habilidad de perceptivo el día en que jugaban quemados en la clase de deporte y Michael aprovechó para sacarse un rencorcillo guardado hacía Carmen, lanzando el balón con fuerza contra el rostro de la muchacha.
¡Hijo de....! La pobre mujer que te parió ―dijo la muchacha, cambiando su tono del más rabioso grito a una frase impersonal, dicha solo para terminar de hablar sin pronunciar la palabra por la que su madre le había dicho que se iría al infierno, pero que su tía usaba todo el tiempo.
Así era Carmen, muy religiosa y una hija ejemplar. La mejor de la clase, aunque cuando empezaba la escuela había tenido problemas con el idioma y su madre incluso había recibido una nota diciendo que si seguían enseñándole español, la niña nunca iba a aprender inglés y no entendería nada en la escuela. La madre quería obedecer, pero no podía evitar dar el ejemplo, y ya bastante costaba que la niña no aprendiera palabrotas de sus tíos (tanto los que vivían cerca como los que la llamaban en navidad). Ahora, con dieciséis cumplidos, Carmen manejaba perfectamente ambos idiomas, y los usaba según la gente con la cual hablaba.
Carmen y Hayden eran muy buenos amigos desde que él le había ayudado por primera vez a ganar un conflicto con Michael, y conversaban mucho sin que ella dijera nada en español, aunque sí había mencionado ser latinoamericana. El perceptivo no había sido capaz de imaginar que ella era bilingüe. Pero ahora que se había salido de sus casillas y había vociferado algo que Hayden no entendió, la pregunta correcta fue evidente.
Can you teach me Spanish?
Ella asintió y, en el transcurso de un mes, Carmen hizo muy poco para que Hayden aprendiera Español. Ya fuera por ser perceptivo, o por haber estado tan cerca de las ideas en español de Álvaro, Hayden aprendía muy fácilmente.
Fue un buen mes: aprender un idioma, presentar exámenes, pelear con su hermano mayor, esconderse para que Michael no le diera una paliza... tener que entrar a deporte donde recibió la paliza después de todo... Desquitarse... Jugar en línea un día y aburrirse al siguiente. Aprobar todas las evaluaciones con excepción de deporte... Prometerse a sí mismo que haría ejercicio y olvidar la promesa. Sentirse común (tanto que no se preguntaba si lo era) a pesar de tener una habilidad rara en La Tierra.
Las vacaciones estaban cerca y todo era radiante, pero estaba a punto de cambiar. Había algo en la biblioteca del colegio que no pertenecía ahí. Una muchacha de último año, Kirsthen, encontró el libro con la portada en español. Presumiendo su calidad de bilingüe dijo en voz alta lo más parecido a la traducción correcta:
“We need knowledge... so we look for... the one who knows.”
Las letras brillaron tan débilmente que nadie llegó a notarlo, y en un mundo que no era el de Hayden pero tampoco el de Álvaro, dos esbirros de Rubén fueron capaces de viajar a la Tierra.
Hechicería. Era, probablemente, uno de los términos más generalizados entre los mundos libres. Mientras otras habilidades tenían nombres muy variados, la capacidad de hacer cambiar las cosas mediante palabras era llamada hechicería en casi todos los mundos libres y algunos no libres. No obstante, en algunos mundos se usaba indistintamente con el termino magia, o en lugar de este, mientras en otros, llamaban magia a la hechicería superior, en resumen, al hecho de poder conseguir “imposibles”. Después de todo, la hechicería era muy amplia y lo que para los habitantes de algunos mundos era hechicería común, resultaba muy difícil o imposible para los hechiceros de otro lugar.
En el caso de estos hechiceros, no podían viajar directamente de su mundo a la tierra, pero podrían haber hecho escala en otros sitios. Su problema no era el viaje en realidad, era que no sabían a donde iban. Por eso, hicieron el hechizo del libro, que apareció inocentemente y que les permitiría rastrear a su presa: brillaría en la presencia de un perceptivo. Alguien brillante en la hechicería hubiera podido poner el libro casi directamente en manos de algún perceptivo y viajar cuando este leyera la portada. Pero ellos, los mejores que colaboraban con Rubén, eran capaces sólo de viajar al ser leído el libro, y de imponer que el libro tuviera particular atracción respecto a los perceptivos, así llegaría a manos de uno rápidamente.
Había demasiado al azar, ya que en La Tierra había apenas un perceptivo por cada millón y medio de humanos, más o menos. Muchos de estos habían dejado que su habilidad se echara a perder. Podía ser que el libro pasara por un millón y medio de pares de manos antes de llegar al perceptivo. O podía ser que el primero en verlo, tuviera la habilidad. Rubén, cuya capacidad mágica era maravillosa en batalla pero inútil en cuanto a búsquedas y hechizos duraderos, había exigido resultados inmediatos y eso era la mejor idea hasta el momento.
Hicieron el viaje “guiados” por su hechizo, apareciendo en un pasillo desierto a la hora de clases, sin ningún tipo de ruido ni luces ni nada. Sólo, estaban ahí de pronto, como si siempre hubieran estado en ese pasillo. Sonó el timbre del segundo receso.
Cuando intentaron hacer preguntas, se encontraron con una desagradable sorpresa: nadie hablaba su idioma. Aquello representaba un obstáculo importante, pero no estaban del todo perdidos, ya que mientras ellos buscaban a alguien que hablara español, el libro con la portada en un idioma extranjero recorría el colegio de mano en mano hasta llegar a Carmen porque a alguien se le ocurrió que ella podía saber de que era. No sabía, por supuesto, y en el interior contenía lo que parecían ser palabras al azar.
Atraídos por el libro y por la voz de Carmen discutiendo en español con su hermana, llegaron a Hayden, aún ignorantes de que él era la persona a quien estaban buscando.
No tenían manera de identificarlo, excepto por el hechizo en el libro que funcionó como debía: las letras en la portada del libro emitían un brillo tan débil que pasaba desapercibido para los jóvenes que lo tenían pero que les sirvió a ellos para comprender que uno de los tres era a quien buscaban. Descartaron a Carmen pues sabían que de ser la perceptiva el brillo en el libro habría sido mucho mayor. Así, se las ingeniaron para poner el libro en manos de la otra chica. Eso fue fácil, pidiéndolo prestado un segundo y devolviéndolo no a Carmen si no a su hermana. Comprendieron – y Hayden supo que ellos sabían– que ella era una humana normal.
Hayden usó el vínculo que tienen todos los contrapartes, para comunicarse con Álvaro, y éste se sorprendió al “escuchar” la voz en su subconsciente:
―Hay unos hombres aquí, y quieren saber…
―¿Desde cuando sabes español? ―Álvaro formuló la pregunta en voz alta.
―Una compañera latina me enseñó español ―respondió Hayden, a prisa, directamente de sus pensamientos a la conciencia de Álvaro―. Poné atención: estos hombres quieren averiguar algo que preguntó ese enemigo tuyo, Rubén. No voy a decirles nada pero me podrían matar.
Latina: palabra terránea que más tarde averiguaría que significaba. Poné atención: ¿pon atención? Eso debía significar. Rubén: esa palabra la conocía muy bien.
―No dudes que lo harán. Voy a buscarte, pero no sé como ir a la Tierra, ¿tú lo sabes? ―esta vez, en lugar de hablar, puso la idea en la mente de su contraparte, como tantas veces lo había hecho antes sin entender las respuestas de Hayden.
―No. Puedo averiguar, pero no sé si sea lo bastante rápido.
―Pues, por ahora, di que… ¡Finge que no hablas español!
Inconscientemente, mientras dejaba de dirigirse a su contraparte, Hayden atrapó el libro que uno de aquellos tipos le había lanzado. Las letras brillaron intensamente, causando el asombro de las chicas.
En inglés, les pidió a las hermanas que no les dijeran a los extraños que él sabía hablar español. Ellas hicieron caso, y Carmen incluso mintió sin ninguna dificultad. Así, los sujetos infringieron tranquilamente las normas establecidas por la sociedad (sobre no involucrar en asuntos de mundos libres a personas que aún ignoran la estructura del universo) y usaron a Carmen como intermediaria para hacerle la primera de sus preguntas al muchacho. Pero Carmen, hizo tal embrollo, que los extraños la dieron por inepta.
¿Y entonces? ―le preguntó uno de los extraños al que lo acompañaba― ¿Nos lo llevamos?
―Seguirá sin saber el idioma general.
Lo pensaron unos instantes, siempre vigilando a los estudiantes terráneos. Finalmente tomaron una decisión y después de ordenarle a Hayden que aprendiera español tan pronto como fuera posible, se marcharon, esperando que Carmen hubiera traducido bien sus exigencias y sus amenazas.
Carmen hizo más preguntas que su hermana y no se conformó con las evasivas de Hayden. Insistió todo el día, y como todavía no tenía respuestas convincentes, continuaría preguntando al día siguiente.
Dos días después, saliendo de clases, Carmen interrogaba a Hayden sobre el incidente con la misma insistencia. No entendía porque le desagradaban si no los conocía, y finalmente ella preguntó tanto que él tuvo que responder. Cuando ya estaban más cerca de la casa de ella, en una calle sin aceras y de un sólo sentido, le explicó sobre su habilidad, y sobre la existencia de otro mundo que Rubén y otros individuos pensaban invadir, justo ahora sabía, gracias a su habilidad, que esos hombres esperaban que él les proporcionara información para salir vencedores.
Mientras él explicaba, Carmen caminaba en silencio a su lado, girando la cabeza en ocasiones para mirar su expresión. Se preguntó si no estaría eligiendo las palabras equivocadas, ya que él hablaba en español para evitar que alguien los escuchara y entendiera, pero el asunto difícilmente sería tomado en serio por alguien y ni siquiera había nadie cerca.
Ella negó con la cabeza.
―Me tomás el pelo, ¿verdad?
―What? Why should I…? ―Hayden suspiró dándose por vencido en la tarea de comprender la expresión que había usado ella― I don’t understand.
―I mean… Are you kidding me?
―You saw the words shining too. Didn’t you?
―Yes, but… I… ¿Cómo te voy a creer que sos un adivino? ―dijo ella cruzándose de brazos.
―¿Adivino? No. Eso es otra cosa. A mi me dicen perceptivo, creo. No adivino.
―¡Estás loco!
Súbitamente, Hayden vio hacia atrás con preocupación.
Damm! I hate surprises! ―se quejó, echando la cabeza hacia atrás, con expresión de fastidio.
Su amiga no comprendió a qué se refería, hasta que ella misma vio hacia atrás.

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