miércoles, 22 de enero de 2014

Economizando letras

La publicación de |Equilibrio| en el blog queda suspendida. 

Los capítulos finales pueden encontrarse en las publicaciones de la revista  ¡No lo leas! .
El blog se verá un poco más desierto por un tiempo, a menos que se me ocurra un relato breve, ya que a partir de ahora sólo traeré las historias terminadas para descargar.

Recuerden que aún pueden leer publicaciones semanales en la revista, en el Blog de historias y relatos  aquí en blogger, o recorrer las Rutas de empatía en Wordpress.

Nos leemos, 

lunes, 30 de diciembre de 2013

|Equilibrio| 20 - Esa chica.

Martín me lo dijo ―informó Hayden―. Y tiene que tener razón.
No quiero ponerme a tratar de averiguar de que hablas ―respondí―. Sólo dime.
Sí, sí. A eso voy.
Me explicó lo que yo ya sabía sobre la relación de vida y muerte que tenía un inmortal con su contraparte, si es que tenía alguno. Eso había servido para que la mente superior de Martín llegará a la conclusión más obvia: que si Rubén vivía, su contraparte podía haber vuelto con él.
¿Y pasaste la noche intentando averiguar si esta viva?

lunes, 23 de diciembre de 2013

|Equilibrio| 19 - Lo que hace falta, y lo que no.

¿Qué haces aquí? ―pregunté, confundido.
Se trataba de Sofía, que llegaba junto a su media naranja. Si le estaba yendo de maravilla, ¿por qué me buscaba? Yo estaba seguro de que no la vería mientras no necesitara mi ayuda.
No te equivocas tanto ―sonrió ella, a sabiendas de que yo necesitaba que me dijeran las respuestas ahora que dudaba de mi instinto―; la idea fue de Martín, pero quizá yo hubiera venido de todos modos... O no.
En ese momento alguien más llegó al edificio. Sofía se quedo fría, primero porque pensó que era Eckard quien llegaba, y luego porque en realidad era alguien a quien cuyo encuentro temía tanto o más. Yo me llevé un susto similar al suyo, pero me resigné porque mis cuatro opciones de escape estaban destinadas al fracaso.

domingo, 22 de diciembre de 2013

Fin del camino

Colección: La Ruta del Adivino


Le pregunto si de esto se trató desde siempre. Una cama vieja pero tibia, en una noche como cualquier otra. Dijo que no. Qué sería en la mañana.

Tengo que sonreir, pero la duda sigue molestandome. ¿No es un poco... sencillo? ¿Común? Dice que no. Que para él esto es excepcional. Y, para conformarme, asegura que yo perdía algo de vista. Organiza su último pequeño discurso:

>>Es el final, mi amor. Lo que la gente no parece entender es que el  final no es un instante. Es un resultado. Una colección de recuerdos. Es el ciclo que se está cerrando, lo que queda del resto de la historia. Así que no: nada fue para llegar aquí, al contrario, estoy aquí por todo lo demás. Esto no era lo que necesitaba, es sólo el final inevitable de tener todo lo que quise.

>> Una niña secuestrada se convirtió en una esposa leal. Un empleado de La Sociedad vino a salvar mi vida y acabó inventando la fruta que yo necesitaba para todas mis recetas. El universo se movió a su antojo, y todos fueron quienes fueron. Yo, obtuve lo que pude. Todo me trajó aquí. Todo me trajo a ustedes.

Por la mañana, cuando llegan mis hijos con sus hijos, se despide de cada quien con una instrucción simple. Algunas están bañadas de futuro, otras de presente. En todas, hay afecto.

Estoy asustada.

Sus últimas palabras son: "sé la misma de siempre", y yo prometo que lo seré. Pero no sé si pueda, casi todo lo que sé que he sido, lo incluía a él.

Este es el microrelato #18 del desafío de Diciembre.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Compañía

El anciano héroe llegó con una petición que me dejó perpleja. Quería tener un nuevo compañero de trabajo.

-Usted ya tiene un compañero -comenté sin pensar.

-Así es. Pero necesito otro. Alguien joven, supongo.

-Ha. Por lo general me hacen solicitudes sobre sus habilidades, no sobre la edad -dije, y luego agregué en confidencia-. Aunque supongo que sí les interesa.

-¡Regeneración! -casi gritó, inspirado.

-¿Quiere un joven inmortal?

-No, no importa. Con que sea inmortal basta.

Entonces me di cuenta que estaba pensando en la longevidad del potencial compañero.

-Interesante.

-¿Qué?

La única persona que estaba libre en todo el laboratorio, y quizá en toda la sociedad, era precisamente un inmortal. Nadie en su sano juicio habría trabajado con él, y él no quería salir de su habitación. Sin embargo, éste hombre ya tenía un pie en la tumba y su actual compañero era inmune a la otra habilidad del joven inmortal que habitaba la bóveda.

Así que le expliqué la historia del joven asesino, le expliqué cual era el riesgo de bajar a saludarlo, y cambió de opinión. Supuse que él tampoco quería trabajar con el bebedor de vidas, y tenía razón.

Él no entró a la bóveda, pero por la tarde trajo a alguien que lo haría: su pequeño compañero.

Parecía un adolescente, mucho menor que el hombre que se temía matar una vez más, y una criatura si se le comparaba con su actual compañero. Era menor que ambos, en efecto, pero no era un adolescente. Su raza tenía esa apariencia eso era todo.

Y aunque le causaba curiosidad la persona a la que iba a conocer, su mente estaba concentrada en el anciano al que veía como un padre y una conversación que apenas se había atrevido a conversar: la tarde anterior había confirmado que su amigo pronto iba a morir.

No estaba enfermo, ni herido, pero no era posible que viviera más de 120 años. Quizá ni siquiera llegaría a los 100. Para la mayoría eso era bastante tiempo, pero para él era poco tiempo, y él era muy joven para perder a su padre.

Entonces comprendí.

El anciano le dijo al muchacho que dentro de la bóveda había un hombre muy sólo, que no podía hacer amigos porque temía lastimar a la gente, pero la posibilidad de que lástimara a alguien era mayor porque la soledad le daba poder a su lado oscuro.

-Tú lo arreglarás, le ayudarás a conectarse con el mundo -dijo.

Pero no era lo que pensaba. Lo que el anciano buscaba, era que su púpilo no se quedara solo.


Este es el microrelato #14 del desafío de Diciembre.

lunes, 16 de diciembre de 2013

|Equilibrio| 18 - Apego

Fem bostezó.
Llevaba doce horas tendido en el muelle cuando yo llegué. No es muy sencillo expresar en palabras esa sensación de frío y debilidad que me embargó tan pronto como estuve cerca de él. Me había detectado de inmediato y me analizaba de la única forma que le parecía útil.
No eres la persona a la que estoy esperando ―determinó un instante después.
Que suerte... ―me senté para no caerme―. Pero supongo que no vas a devolverme esos veinte años de vida que acabas de quitarme.

lunes, 9 de diciembre de 2013

|Equilibrio| 17 - Sueños y agotamiento

Mientras yo soñaba felizmente con campos de quives blancas, mi familia se llevaba un buen susto. Antes de que mi tía llamara una ambulancia, Soham sugirió que T fuera a buscar a “ese médico que es amigo del tío Frako”. Al principio mi hermana no entendió una palabra, pero luego se fue –de mala gana– y cuando regresó la acompañaba Hayden.
Sou convenció a su mamá de que debía hacer otra cosa (limpiar el desastre que había quedado del almuerzo, quizá) y en la habitación de Soham quedaron sólo mi tío, T y Hayden... también yo, pero estaba dormido. Mis sentidos ya se habían vuelto a conectar pero no recuerdo que su conversación afectara mis sueños en lo más mínimo.
Creía que ibas a traer al inmortal... ¿cómo se llamaba?
Álvaro ―contestó mi hermana―. Pero él dijo que mejor viniera Hayden. Supongo que por ser perceptivo tendrá... idea de lo que pasa.
Está cansado.